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Un monstruo viene a verme por elenaa

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Notas del fanfic:

Hace no mucho lei un monstruo viene a verme de Patrick Ness y mientras lo leia no pude evitar comparar de cierta forma a connor con Severus y a su bulling James con James Potter, hasta la amiga de connor se llamaba Lily.

Aquellas pequeñas conicidencias, inevitablemete hiciero que me dieran ganas de adaptar la historia a un James/Severus.

Esta es la primera adaptacion que hago, no se si me quedara bien, pero quiero poder convinar mi idea y que la escencia del libro se mantenga.

Notas del capitulo:

 

 

«Vete», susurraba Severus a la oscuridad de su habitación intentando que la pesadilla retrocediera, de que no lo siguiera al abrir sus ojos.

Despertó abruptamente, nuevamente habia soñado con la pesadilla, pero esta no era cualquier pesadilla era la pesadilla, la que llevaba atormentándolo ya tanto tiempo que no quería recordar cuando habia iniciado.

Acostado sobre su cama aun podia sentir la oscuridad, el viento, los gritos y  unas cálidas manos que se escapaban de las suyas por más que él se aferrara a ellas. Nunca le había contado a nadie sobre su pesadilla, lo que sucedía en esta no tenía por qué saberlo nadie.

Miró adormilado su habitación y frunció el ceño, al ver la hora en su reloj de mesa. Las 00.07 marcaba este.

Se sentó en la cama, un poco más despierto olvidando poco a poco la pesadilla que habia tenido apenas unos momentos, pero había algo que no podía precisar, algo diferente, algo que le inquietaba…

Agudizo el oído intentando desentrañar el silencio, pero solo oyó los ruidos propios de cualquier casa a esas horas de la noche. No habia nada fuera de lo común.

Hasta que alguien casi como un murmullo dijo su nombre —Severus—

Sintió una oleada de pánico, se le encogieron las tripas. ¿Lo había seguido? ¿Había conseguido salir de la pesadilla y…? «No seas idiota —se dijo—. Eres mayor para creer en monstruos».

Y lo era, había cumplido los trece el mes anterior.

—Severus—

Allí estaba otra vez.

Trago saliva al mismo tiempo en que se convencía así mismo que nada decía su nombre y de que solo se trataba del roce de las cortinas movidas por la brisa del viento.

Pero su nombre fue pronunciado de nuevo,

Severus. Vale, no era el viento. Era una voz, pero no una voz conocida. No era la de su madre, eso seguro. No era para nada una voz de mujer, y por un instante se preguntó si su padre no habría hecho un viaje sorpresa desde Estados Unidos y habría llegado demasiado tarde para llamar por teléfono y…

—Severus—

No, su padre no. La voz que susurraba su nombre no tenía ningún parecido a la de su padre, esta era un sonido monstruoso, salvaje e indómito.

Aun intentando reconocer la voz que lo nombraba, escucho muy claramente un crujido, igual a como si un ser gigantesco caminara por un suelo de madera.

No quería levantarse a mirar, que era lo que provocaba aquel crujir y definitivamente no quería conocer al dueño de la voz. No obstante una pequeña parte de él necesitaba hacerlo.

Con valor se zafó de las mantas, se levantó de la cama y fue hasta la ventana. A la tenue luz de la luna vio claramente la torre de la iglesia en la pequeña colina que había detrás de la casa, donde las vías del tren trazaban una curva, dos líneas metálicas que lanzaban un pálido resplandor en mitad de la noche. La luna también brillaba sobre el cementerio alumbrando a la iglesia, llena de lápidas a las cuales apenas y se les podia leer el nombre.

Severus vio también el enorme tejo que crecía en el centro del cementerio, un árbol tan viejo que parecía hecho de la misma piedra que la iglesia. Sabía que era un tejo porque se lo había dicho su madre; primero de pequeño, para que no se comiera las bayas, que eran venenosas; y luego otra vez el año anterior, cuando ella miró por la ventana de la cocina con una expresión rara y le dijo: «Sabes que eso es un tejo, ¿verdad?».

Y entonces oyó de nuevo su nombre— Severus—Como si se lo dijeran muy bajito a los dos oídos al mismo tiempo.

— ¿Qué? —dijo, con el corazón a punto de salirse de su pecho, impaciente de pronto por ver qué sucedía.

Una nube que surcaba el firmamento cubrió la luna, dejándolo en tinieblas al mismo tiempo en el que el susurro del viento que descendía a toda velocidad por la colina se metía en su habitación meciendo las ligeras cortinas.

Sonó nuevamente el crujido seco de la madera, como el gemido de un ser vivo, como el estómago hambriento del mundo pidiendo a gritos su comida. Entonces la nube siguió su curso y la luna volvió a brillar en el firmamento nocturno, cubriendo al el tejo con su luz.

Que ahora se encontraba plantado justo en medio de su jardín en forma de monstruo.

 

Notas finales:

Espero que les haya gustado

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