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3.- ROSES DE MUÑEQUITA

Autor: Liss83

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Notas del fanfic:

Ojala les guste la tercera parte de la serie

 

    Muchas veces Michel Almodóvar se ponía a pensar cómo había podido aprender a disfrutar de ese lugar, pero así era. Disfrutaba del hecho de levantarse cada mañana y pasearse frente a todas las miradas lascivas de ese reclusorio. Miradas que no podían pasar de ahí, ya que su cuerpo tenia dueño. Disfrutaba entrar a la cocina y ver como se hacía magia allí. Disfrutaba tomar los ingredientes y mezclarlos. Pero lo que más disfrutaba eran esos “roses accidentales” que él mismo buscaba al estar cerca de su compañero de celda. Esos roses, y la forma como era llamado por este. Todo había comenzado como una burla y se había convertido en un sobrenombre que ni bajo tortura confesaría que le encantaba, por lo cual fingía indignación cada vez era llamado así.  Sin embargo aún sonreía cuando recordaba la primera que se lo había dicho y como había terminado aquella discusión       *** FLASHBACK ***       Esa tarde Roque le había dicho que le ayudaría hacer el inventario mensual de la despensa contigua a la cocina  donde se almacenaban los víveres. Todos había estado perfecto hasta que el calor había hecho presa de él, por lo que se quitó la polera       - ¿Qué crees que haces? – dijo Roque mirándolo de pies a cabeza y deteniendo su vista sobre su torso desnudo - Solo me hace calor, así que me quite la polera – dijo mientras  anotaba algo en un cuaderno - Póntela nuevamente en este momento – ordeno  - No – dijo Michel sin dejar de tomar nota en su cuaderno  - Por última vez Michel – dijo Roque cerrando los ojos – Póntela nuevamente en este momento – ordeno  - Por última vez Roque – levanto el rostro de su cuaderno – te dije… ¿Qué haces? – dijo viendo como este cerraba la puerta del lugar y se quitaba su camisa - Yo también tengo calor – dijo Roque mientras se acercaba a él  - Terminemos y… – dijo tomando su camisa - Lo acabo de pensar mejor y creo – dijo deteniéndolo – que recordé algo de mi niñez - ¿Qué cosa? – dijo Michel nervioso - Cuando era niño tenía unas primas de mi edad que vivían a un par de casa de la mía – dijo antes de respirar hondo mientras hundía su nariz en el cuello de su compañero – y nos visitaban casi a diario. – le acaricio el cabello y aunque Michel quiso retroceder, no lo consiguió –. A ellas les encantaba jugar con muñecas – continúo relatando –. Yo las miraba de lejos y pensaba: ¿Por qué no puedo jugar como ellas? Con el tiempo descubrí que no solo existen muñecas de goma, sino también de carne y hueso con las que yo sí puedo jugar  - ¿Y eso que tiene que ver conmigo? – dijo Michel más nervioso - Que tú eres toda una muñequita de carne y hueso, la más linda que existe – susurro mientras lo abrazaba por la cintura y le rosaba el rostro con la otra mano – y yo quiero jugar contigo - Pero yo no – dijo intentando zafarse del abrazo - Vamos, es divertido – le susurró al oído –, te va gustar - No por favor – suplico Michel – Ya entendí. No lo volveré hacer       Las manos de Roque recorrieron sus brazos mientras subía hasta sus hombros donde siguió hasta sus mejillas, la caricia fue tan suave que instintivamente cerró los ojos esperando que sus labios fuesen rozados de la misma manera, sin embargo el roce no llego. Abrió los ojos y se dio cuenta que sus rostros estaban a escasos milímetro del suyo       - Eres bellísima, muñequita – le dijo Roque y por segundos sus labios si se rozaban - Yo… – susurro Michel - Vístete por favor – dijo y salió de prisa       Michel respiraba agitadamente y sentía como la parte baja de su cuerpo ya había reaccionado a la cercanía del otro. ¿Por qué no podía normalizar su respiración? ¿Por qué estaba temblando de pies a cabeza después de haber estado entre los brazos de ese hombre? ¿Y sobre todo, porque se había echado a correr tras él con unas ansias locas de…?. Sin darse cuenta llego a los baños y vio a todos salir de ahí en tropel, sin pensarlo entro en él y encontró a Roque golpeando una pared. Sin pensarlo, lo agarro del brazo y lo hizo girar. Percibió un bulto entre las piernas de su compañero y coloco su mano sobre él.       - Aun me hace mucha calor – le susurro Michel al oído – ¿me puedes ayudar? - Si juegas con…  – empezó a decir Roque - ¿De verdad te gustan las muñecas? – interrumpió Michel - ¿Por qué? – pregunto Roque cerrando los ojos - Porque yo soy una – le susurro Michel al oído –. Juega conmigo y aprovechas y me refrescas… no, mejor me quemas por dentro       Roque no resistió más y atrapo esos labios. Los devoro como si no hubiese mañana. Sus manos lo aferraron mas a esa cintura que nunca le pareció del todo masculina. Michel se aferro a esos anchos hombros para entregarse sin reparo a un beso que hacía tiempo ansiaba       - ¿Seguro que quieres esto, muñequita? – pregunto Roque con malicia - ¿Seguro que podrás apagar este fuego? – respondió con la misma malicia       En ese instante y como por arte de magia sus ropas desaparecieron. Roque lo abrazo de la cintura y de un salto enredo sus piernas en la cintura del contrario. Los besos subieron de tono y sintió como su trasero era acariciado. Se dejo llevar por las sensaciones que eso le producía. No supo en que tiempo ni como, pero estaba acostado de espalda. No sentía el frio del piso a pesar de estar en pleno invierno, pero si sabía que algo lo quemaba por dentro. Jamás su piel había recibido tanta atención. Su cuerpo era adorado como si fuese un dios. Cada beso, cada caricia le hacia convencerse de que ese era su lugar.        Cualquiera que escuchara ese tonto apodo pensaría que él solo era un juguete mas, pero ahora él sabia la verdad que había detrás esas palabras. Él no era un juguete, era algo valioso e importante. Él era la muñequita de Rompe Huesos       *** FIN DEL FLASHBACK ***       - ¿Lista mi muñequita para jugar? – le susurro al oído Roque cuando entro a su celda y lo vio acostado en su cama - ¿Crees que tu cama aguante otra vez...? – dijo Michel sonriendo al sentir la caricia en su cuello - Si no jugamos – dijo Roque – no lo sabremos       Una sábana aislaba la cama de Roque del resto. De ella se escuchaban solo risas y carcajadas que intentaban ser ahogadas, pero que se escapaban como irrefutable de como Michel disfrutaba de ser una muñequita para el recluso más temido del lugar  

 

Notas finales:

¿Opinienes? Los escucho, o mejor dicho, nos leemos

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