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El Chico de las 6:30pm

Autor: Mino kaze

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Notas del capitulo:

¡Aqui esta el segundo capitulo!

Espero les guste.

Capítulo 2.

Han pasado dos días desde que lo vi, y no puedo creer que aquel chico no haya abandonado ni un segundo mi cabeza. Me causa algo de gracia, porque realmente no recuerdo cuando fue la última vez que me obsesione tanto con alguien.

Tal vez fue el primer año de universidad, pero de eso ya hace algún tiempo. Creo que fue por la época en que decidí renunciar a todo aquello que concernía a lo “Social”.

En fin, mi mayor preocupación, por decirlo de alguna manera, era poder verle una vez más, pues empezaba a creer que aquel chico era de ese tipo de “Amores platónicos” que ves una sola vez en la vida.

¿Debía intentar buscarle?

Un golpe. Ni siquiera me moleste en voltear para ver de dónde provenía aquel sonido, la única persona capaz de hacerlo era mi compañero de oficina, el que se quejaba cada dos minutos de su trabajo.

-Knight…

Me llamo con voz cansada, lo cual hizo que girara levemente mi cabeza, alzando una ceja. Graham era algo así como un amigo, pues llevábamos casi dos años compartiendo oficina, y dado que solo éramos nosotros dos tendíamos a distraernos de nuestro trabajo hablado o jugando algún videojuego.

Darrell era realmente divertido, completamente extrovertido, supongo que por eso nos llevamos tan bien, porque yo me considero introvertido. Siempre habla de videojuegos, música y comida, y por muy extraño que parezca es el único hombre que conozco (Claro, sin mencionarme) al que no le gusta el futbol. Según él “Prefiere ver cualquier otro deporte, a un grupo de chicos persiguiendo un balón durante noventa minutos”.

Creo que comparto su pensamiento.

Con respecto al físico, Darrell (Y en palabras de la población femenina de la empresa) era “Demasiado guapo”. Supongo que es verdad. Su cabello es castaño, y como tendía a dejarlo largo pasaba su mano por este y terminaba su look matador esbozando una envidiable sonrisa perfecta.  Sus ojos son cafés claro, sus cejas las cuidaba constantemente, sus dientes blancos, su piel bronceada, cuerpo moldeado por el gimnasio, y otras cosas que no me interesa resaltarle.

Su belleza llego al punto más alto cuando, un día que estaba aburrido y él se había quedado mirando la pared como en trance, decidí medir la simetría de su rostro, y descubrí que además tiene las facciones perfectas definidas por los griegos. Maldito idiota esculpido por Miguel Ángel.

Parpadee un par de veces, meditando toda la explicación que acababa de dar de mi compañero, sintiéndome… ¿Mal?

Mierda.

-¿Qué te sucede Graham? – apenas dije, intentando concentrarme en su molestia y no el físico.

-Otra vez estamos teniendo problemas con la mensajería – suspiro, señalando el pequeño conglomerado de hojas, que poco antes había lanzado en su escritorio –. Dado que la última vez fuiste tú, ahora me toca a mí.

Oh, maldición, debía ser cosa del destino. Mire un par de segundos el techo del lugar, sin posibilidad de ocultar mi sonrisa de satisfacción.

-No hay problema, te acompaño.

-¿Qué? – frunció el ceño, sabiendo que por nada del mundo lo ayudaría. Tenía razón, en otras circunstancias lo hubiera dejado morir solo.

-Si no tomas tu maldito abrigo te dejo en el tren.

Mire el reloj, cinco treinta. Si no partíamos en ese preciso instante tal vez no le vería.

Claro, suponiendo que por milagro le encontraría a la misma hora.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

6:30 pm. No le veía en ningún lugar.

Gruñí un poco, viendo como el tren llegaba puntual y no veía rastro alguno de aquel chico. No podía darle más excusas a Darrell, tiene la mala costumbre de, con esa sola mirada, saber exactamente lo que pasaba por mi cabeza.

Subimos al tren, y poco pude disimular la molestia que me resulto haber hecho aquel viaje en vano.

-¿Qué te parece si todo el viaje me guiñas un ojo y me rio de tus estupideces?

Me susurra. Oh, claro, la maravillosa obra de Miguel Ángel tiene un problema: aunque es endemoniadamente atractivo y extrovertido, cuando se trata de chicas es la persona más tímida que conozco. Asentí levemente, mirando de reojo como cada mujer, e incluso uno que otro hombre, le miraban, como si de algún famoso se tratase.

-Eres una contradicción hecha persona.

Se ríe, como si realmente hubiese dicho algo chistoso. Gruñí un poco, apenas sintiendo como Darrell se acercaba más a mí. Ah, vaya, que mal momento.

-Sabes que no me interesa que me miren… – me había dado cuenta, sí. Irónico –. Cuando son de nuestra edad, pero las adolescentes me asustan.

-¿Sera por qué prácticamente pedían a gritos que les violaras?

-Que indecente – me golpeo, ladeando un poco su cabeza.

Alce ambas cejas y voltee a mirar, encontrándome un grupo de cinco chicas, que miraban a Darrell como si en cualquier momento atravesarían todo el vagón del tren para hablarle.

Oh… no. Otra vez mi corazón se detuvo y no pude evitar que una corriente de felicidad me atravesara más rápido de lo que haría un rayo. Ahí estaba, tal vez no le había visto porque esta vez no corrió como paranoico al tren.

¿Cómo confundir ese cabello negro?

Un escandaloso grito del grupo de chicas llamo la atención de todos, y no pude estar más agradecido porque el chico alzo la mirada, pero, aunque fueron unos pocos segundos, nuestras miradas se cruzaron. Mierda, sabía que debía estar completamente rojo.

-Hey, Max… – gire a verle de inmediato, sonriendo como un estúpido –. Oh, rayos, te tomaste demasiado bien lo que te pedí.

Mi sonrisa se borró de inmediato.

-Púdrete.

Él solo se burló, pero lo deje pasar. Al fin y al cabo, había tenido la oportunidad de verle otra vez.

Notas finales:

¡Nos vemos el proximo capitulo, adios!

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