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Hyacinthum

Autor: Neko Komori

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Notas del capitulo:

Creo que solo puedo decir que...espero le den una oportunidad ^^U

En un país muy muy lejano predominaban cuatro reinados; el reinado del norte, Hyacinthum; el reinado del sur, Aenean; el reinado del oeste, Hydrangea; y el reinado del este Helianthus

En el gran reino de Hyacinthum vivían los reyes y la pequeña princesa Gi...

-hey, hey, hey...¿pequeña? ¿Que con eso? Obviamente estas mal de la vista y segunda...¿es enserio? Si tu intención es contarlo como un cuento de hadas mejor deja que yo me encargue, ¿si?

-si cree que puede contarlo mejor que yo...

-por supuesto que puedo contarlo mejor que tu, es mi historia después todo

-princesa...

-cállate y mira como se hace; veamos...el viejo ya les dijo sobre los reinos, así que lo omitiré, empecemos...por el inicio; es decir, 10 años atrás...

********

El sonido de los pájaros revoloteando en los arboles, intentando luchar por un lugar para dormir era lo único que me acompañaba en aquella habitación, mi habitación, en la torre sur del castillo de mis padres; me encontraba recostada a lo ancho de mi cama veía en la pared del frente y el techo como los últimos rayos del sol desaparecían; comiendo bayas de una bolsa que tenia a mi costado derecho esperaba pacientemente a que mi madre entrara desesperadamente...como siempre...a decirme que me arreglara para la cena de esta noche.

5....

4....

3....

2....

1....y...

-¡¡Gilia!! -el golpe de la puerta contra el muro llamo mi atención, sin duda el que ese muro se estuviera despedazando era culpa de esa loca mujer de rizos castaños y ojos verdes que me miraba con desaprobación mientras yo seguía comiendo bayas sin moverme ni un ápice, de mi lugar.- ¿como puede ser que aun no estés lista? El carruaje estará aquí en cualquier momento.

-le deje muy en claro a mi padre que no le seguiría el juego en esa tontería.

-pero es tu fiesta de compromiso, el príncipe pedirá tu mano y tu...

-exacto, esa es la tontería de la que estoy hablando-mencione con una sonrisa torcida para después meter una baya en mi boca-y yo no voy a ir, ustedes vayan, diviértanse, y al final le dicen al tipo ese que lo sienten mucho pero su hija rechaza fervientemente esa...-me detuve un momento, mirándola fijamente para después escupir la ultima palabra con asco- oferta.

-Hija...-intento convencerme con una miraba de suplica pero yo solo le mire con fastidio; eso jamas funcionaria conmigo, no entiendo porque lo sigue intentando.

-Madre.

-¿que pasa contigo? ¿Todavía no estas lista?-y ahí estaba el "rey" con su voz autoritaria como siempre, suspire y metí otro par de bayas a mi boca, dejare que mi madre hable.

-tu hija dice que no ira-

-¿como que no ira?..¿como que no iras, Gilia?-paso de verla a ella a verme a mi en cuestión de segundos y yo solo suspire

-¿cuantas veces me harán repetirlo? NO-VOY-A-CASARME, al menos no con ese idiota- rodé los ojos tras mencionarlo, aquel niñito mimado era mas fastidioso que estas dos personas en mi habitación.

-¡Gilia! ¿Que forma de hablar es esa?- dijo mi madre con clara alteración en su voz, por favor, como si fuera la primera vez que me escucha hablar así.

-¿que? Si al menos supiera contar hasta el 20 tendría mas consideración de su nombre-

-te quedaras esta vez, pero no saldrás en una semana-"sentencio" mi padre yo solo solté una pequeña risa y lo mire.

-ya lo habías dicho, viejo- el me miro con sorpresa y luego recordó que esa mañana ya me había castigado de esa manera por llenar de lodo todo el salón.

-sin clases de arquería ni equitación por una semana- de nuevo bufe y metí unas bayas a mi boca, esto era demasiado divertido.

-ya- ese castigo me lo había dado el día de ayer por subirme a un árbol y espantar a las sirvientas que pasaban.

-sin...sin salir al jardín y...ehm...-

-¿que? ¿Se te acabaron los castigos? Jajaja~~~- no pude evitar carcajearme ante la mirada de furia de mi padre y la de consternación de mi madre.

-te quedaras aquí esta noche, mañana hablaremos de tu comportamiento- volvió a "sentenciar" el viejo de cabellos mas blancos que negros y ojos azulados

-venimos haciendo eso desde hace años~~ ¿en serio no tienes nada nuevo?- ante aquello su rostro ya era mas rojo que un tomate de la furia que tenia, amaba molestarle, sus expresiones me mataban de risa; salió a grandes zancadas, mientras yo volvía a reír.

-...-mi madre tras mirarme un momento con reproche salió cerrando la puerta a su espalda.

Escuche los pasos de ambos en las escaleras, después el relincho de los caballos y el rechinar de las ruedas del carruaje, habían llegado por "nosotros" escuche una discusión de no se que en el salón y después la puerta principal siendo abierta; tras unos minutos escuche los tacones de mi madre saliendo, como subía al carruaje seguido de un portazo, seguramente de mi padre tras subirse, aun molesto, al carruaje; escuche como avanzaba hasta llegar al puente, espere un poco mas hasta que no escuche nada en absoluto, me levante de la cama con prisa y saque una maleta ligera de abajo de mi cama, tenia poco mas de cuatro horas si quería irme de allí.

-bien, es ahora o nunca- comencé a guardar algunas cosas; un par de pantalones que ocupaba para mis clases de equitación, tres camisas y dos chalecos, guarde un espejo y todas mis joyas, con suerte me servirían mas adelante, tome las monedas de oro que había ahorrado desde que tenia memoria, eran casi diez pequeñas bolsas. Guarde mas cosas que supuse necesitaría, cuchillos, una soga, velas, entre otros utensilios.

Al terminar cambie mi ropa a algo mas práctico, un pantalón de equitación, azul marino, una camisa blanca de mangas largas y abombadas con tres olanes en la parte superior del cuello, y un chaleco azul marino con bordados de enredaderas espirales en toda su extensión.

Ya tenia casi todo, solo faltaba...mire el cuchillo que había dejado afuera de mi maleta, sobre el mueble de la habitación; un mueble grande que casi tocaba el techo, la mitad de abajo la ocupaban cajones y la mitad de arriba era un gigantesco espejo...

Tome el cuchillo y mire mi cabello en el espejo, lo tenia poco mas abajo de la cintura; era verdaderamente negro, tan oscuro como la noche, mi madre siempre decía que me parecía a mi padre, con mi ojos azules.

Suspire. Seria mas difícil de lo que pensaba, realmente amaba mi cabello, era lo único que veía lindo en todo mi ser.

Desde que tengo memoria nunca me sentí como una princesa, de esas que están con vestidos y tiaras, que toman el te y aman el drama, princesas a las que mi madre tanto idolatra...al contrario yo...siempre tuve una actitud muy valiente, orgullosa y altanera, siempre retando a los demás sin importarme si eran niños o niñas, competitiva hasta el final, algo mal hablada y ni que decir de los modales que se supone debía tener, vestía como un niño para mayor comodidad en mis aventuras y a mi padre eso siempre le molestaba; aun ahora solo me permite vestir como un chico cuando tengo que ir a mis clases de equitación y de esgrima, sin embargo...a pesar de mi rebeldía y mis miles de travesuras, mi nana siempre me decía que tenia...el corazón de un caballero.

Tanto me había perdido en mis recuerdos que no note cuando la puerta se abrió.

Un mujer mayor de cabellos realmente blancos y ojos color miel me miraba con una mezcla de tristeza y preocupación, mientras intentaba esbozar una sonrisa para mi.

-¡nana! -voltee rápidamente hacia donde el reflejo del espejo me indicaba que estaba y ella solo poso su dedo indice sobre sus labios indicando que guardara silencio.

-te traje comida para el camino; no se a donde iras, mi niña, pero no debes dejar de comer.- y tras eso me extendió una gran cantidad de frutas, para después depositarlas sobre la cama.

-oh...nana...yo...- intente darle una explicación mientras tomaba sus manos entre las mías; ella era la única persona a la que le guardaba un cariño sincero, la única persona que realmente me importaba en todo ese lugar; había estado a mi lado desde que tengo memoria, me cuidaba y muchas veces abogaba por mi con mis padres, nunca le importo mi extraña forma de ser y siempre tenia un abrazo para mi cada que lo necesitaba. Ella era como la cálida madre...que nunca tuve.

-lo entiendo, cariño, lo entiendo...yo tampoco estuve de acuerdo en ese matrimonio arreglado- me miro con tristeza y ternura mientras acariciaba mi mejilla; poso su vista en momento en el mueble para después voltear a verme nuevamente- ¿necesitas ayuda?

-yo...creo que si.-suspire con desgano, mas que pasar desapercibida, con aquello quería aparentar ser un hombre...o bueno...un chico. Tal vez así las personas dejarían de tratarme como una frágil florecilla y yo...me sentiría mas...cómoda conmigo.

-de acuerdo, ¿que tan corto lo hago, cariño?- tomo el cuchillo entre sus viejas manos e hizo que me sentara frente al espejo.

-como...como un...caballero.-termine por decir un poco avergonzada, aun no creía que esto realmente estaba pasando, por fin...seria libre.

-claro- y así...poco a poco....vi las mechas de mi cabello caer al suelo, una tras otra, hasta que toda mi larga cabellera se había ido; mi nana lo había dejado un tanto largo, lo suficiente para aparentar ser un caballero sin sentirme tan extraña por el nuevo corte. -¿te gusta?

-si, muchas gracias, nana-voltea hacia ella y le abrace por la cintura, en verdad la extrañaría.

-no agradezcas, es lo menos que puedo hacer por ti, pero el tiempo se acaba, tienes que irte- menciono con apuro, separándose un poco de mi agarre y dejando el cuchillo en mis manos, era verdad, habían pasado casi tres horas desde que mis padres se habían ido y...tomando en cuenta que esa fiesta era "para mi" lo mas probable era que ya estuvieran volviendo.

-te extrañare tanto; te escribiré, lo juro, te mandare una carta en cuanto encuentre un lugar donde estar.-

-pero cariño, tus padres podrían descubrirte-suspire, ella tenia razón, tras meditarlo un momento volví a mirarle.

-yo...me pondré otro nombre...aun no se cual...pero será un nombre de chico y tu...tu dirás que soy tu sobrino o tu nieto o tu hijo ¡o lo que quieras!-

-mi sobrino, esta bien.-me sonrió cálidamente, mientras acariciaba mi cabeza con ternura.

-entonces seré tu sobrino desde ahora-un escalofrío recorrió mi cuerpo al darme cuenta de algo muy importante, ella era quien cuidaba de mi, si me iba...¿no se metería en problemas? con gran terror decidí sacar mis temores- pero...¿tu estarás bien?¿mis padres no te harán nada?

-no, mi niña...-se detuvo un instante y con una sonrisa en sus labios prosiguió- mi niño, estaré bien, hay cosas que esta vieja todavía puede hacer y sin duda les seguiré siendo de utilidad, aparte...yo estaba tejiendo cuando todo esto sucedió, cuando la princesa Gilia desapareció mágicamente de su alcoba, cuídate mucho- su sonrisa me daba tanta tranquilidad, la abrace por ultima vez y con la maleta colgada a la espalda salte del marco de la ventana al árbol que estaba frente esta.

Voltee y allí estaba dándome una ultima despedida con su mano por la ventana, le correspondí el gesto y baje del árbol con cuidado, apenas hube pisado la tierra, pase mi capa negra por sobre mi cuerpo y corrí lo mas rápido que pude hacia el bosque, escabullendome de todo aquel que creía podría verme.

Era una gran ventaja que fuese de noche, que los sirvientes estuvieran ocupados y que mis padres hubieran salido...si, era una "ventaja" que había estado planeando cuidadosamente por semanas.

Llegue al bosque en cuestión de minutos, baje la capucha de mi capa y camine mirando el lugar, de noche se veía aun mas solitario, camine por bastante tiempo hasta que di con un buen lugar para dormir esa noche, era un árbol muy grande con mucho follaje, sin duda serviría para camuflajearme cuando el sol saliera, subí sin muchas dificultades, acomode mi maleta en una de las grandes ramas.

Suspire y subí a la copa del árbol un instante, era una luna menguante, en un precioso cielo estrellado; mire el cielo por un gran rato hasta que comencé a sentir sueño, baje hasta donde había acomodado mis cosas y tras un rato comencé a quedarme plenamente dormida.

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