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Pelirrojo Enredo

Autor: okami andro

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Notas del fanfic:

Hola, hola bienvenido a esta nueva historia, llena de recuerdos y secretos que te invito a descubrir. A apreciar como se crean, rompen y fortalecen lazos.

Espero que la disfruten

-¡Eres una perra inútil!- el sonido de un fuerte golpe había resonado hasta la parte de arriba de aquella casa.

 

-¡Tú eres un borracho de mierda!-  se escuchó por parte de una mujer seguido después los sollozos se hicieron presentes en la habitación del fondo, sollozos que  pertenecían a una pequeña niña que se aferraba a una chica muy parecía a ella.

 

-Shh, tranquila… Ya pasara- Susurró mientras le acariciaba el cabello a la pequeña niña, ella contenía sus lágrimas no se permitía derramar ni una sola. Tenía que ser fuerte por su hermana, no podía romperse no allí. El estruendoso sonido de un cristal  rompiéndose  hizo que el llanto de la pequeña aumentara.

 

-¡Te quiero a ti y a esas bastardas fuera de mi casa!- La chica pelirroja palideció al escuchar esas palabras.

 

-¿Vicky nos vamos a quedar en la calle?- pregunto  la niña alzando la cabeza dejando ver esos hermosos ojos azules que estaban rojos e hinchados  gracias a las lágrimas que derramaba.

 

-Claro que no Abby, claro que no- dijo acariciando los cabellos igualmente pelirrojos de su hermana –Todo va a estar bien te lo prometo, mírame –La niña obedeció mirando los ojos  verdes de su hermana, ambas eran muy similares –Necesito que empaques tus cosas ¿Si?- pregunto la chica de ojos verdes-Te espero en 20 minutos aquí, empaca sólo lo que necesitas – ordeno dulcemente acariciando la mejilla de su pequeña hermana.

 

-¿El señor Mike puede ir?- pregunto inocentemente mientras alzaba a la altura del rostro de su hermana un oso de peluche –Claro que si pequeña, el señor Mike puede venir ahora ve apresúrate- ordeno a su pequeña hermana la cual segundos después se encontraba corriendo hacia su habitación. La chica dejo salir un suspiro.

 

-Joder Victoria ¿Que mierda vas hacer?- dijo apoyando su rostro en sus manos, después de unos segundos se froto la cara y se levantó. Tomó una mochila y empezó a empacar todo lo necesario para emprender ese viaje cuyo rumbo era incierto. Si de algo estaba segura era de que no continuaría viviendo en esa casa.

 

Minutos después su hermana llego con una pequeña mochila rosa y en sus brazos el inseparable señor Mike.

 

-¿Estás lista?- preguntó más para a ella que para su hermana que simplemente asintió –Bien vamos-

 

Ambas pelirrojas salieron por la ventana con sigilo, Victoria agradeció enormemente a aquel hombre que gritaba, había dejado aquella rama de la casa del árbol creciera hasta hacer una especie de puente que daba directo a la casa del árbol facilitándole el trabajo de poder escaparse de aquel infierno.

 

Cuando ambas pelirrojas lograron bajar de aquella casa del árbol ambas dieron una última mirada  a aquella casa donde se seguían escuchando los gritos y el sonido de golpes. La chica mayor tomo la mano de su hermana mientras dejaba salir un suspiro y empezaba a caminar por aquella oscura calle.

 

-¿Vicky crees que podríamos ir a casa de Mama Andrea?- la niña miro a su hermana fijamente suplicándole con la mirada, la chica no tuvo más opción que aceptar no le podía negar nada a esos ojos.

 

Ambas caminaron con rumbo a la casa de la señora Andrea Harrison que estaba ubicada en Kensington, ambas pelirrojas observaron el  Royal Albert Hall aquella majestuosa sala de conciertos. La pelirroja mayor admiraba aquella arquitectura tan majestuosa era simplemente arte. También pudieron observar el Victoria and Albert Museum Definitivamente Londres era mágico.

 

La niña no soltaba la mano de la mayor en ningún momento y tampoco dejaba de abrazarse aquel peluche.

 

Victoria no dejaba de mirar a su pequeña hermana con una sonrisa, sus ojos se llevan de tristeza no quería que ella dejara de sonreír nunca.

 

Ambas pelirrojas se detuvieron frente a una enorme casa o mejor dicho mansión. La reja  era enorme totalmente negra dejaba ver la hermosa mansión, se podía observar una fuente y en sus alrededores la naturaleza abundaba.

 

-¡Vamos, Vicky!- Dijo la niña emocionada –No creo que sea buena idea es muy tarde Abby – Dijo la mayor con inseguridad

-Vicky pero si mama Andrea nos ha dicho que podemos venir cuando quisiéramos – Dijo la niña incitándola a tocar aquel intercomunicador

 

La mayor dejo salir un suspiro –Esta bien- La chica toco aquel intercomunicador no muy segura de lo que hacía, segundos después  una voz salió de el –Residencia Harrison que desea- aquella voz la conocían muy bien era el cuidador de aquella mansión uno de los fieles amigos de Andrea, el señor Steve.

 

-¡Señor S!- Dijo emocionada Abby –Oh pero si es la damita rojita – Dijo el hombre haciendo reír a ambas pelirrojas -Esperen unos segundos les abriré personalmente a tan hermosas damitas-

 

Efectivamente aquel hombre mayor apareció delante de ellas unos minutos después con una sonrisa en su rostro.

 

-Hola mis niñas – Saludo con cariño ambas saludaron aquel hombre decabellera canosa con una sonrisa.

 

-Que las trae por aquí – pregunto mientras tomaba la mano de Abby la cual daba saltitos emocionada antes de escuchar la pregunta –Dina estaba discutiendo de nuevo con Philip – Dijo la niña de seis años con tristeza sorprendiendo a su hermana y al señor Steve.

 

Victoria le dio una mirada a el señor Steve el cual el entendió de inmediato, después hablarían del tema.

 

-¿Sabes que hay en la cocina damita?-pregunto mientras se doblaba quedando a la altura de la pequeña la cual lo miro con curiosidad.

 

-¿Qué?- dijo la niña mirándolo con una sonrisa

 

-Pues unas ricas galletas que la misma señora Andrea preparo- Le guiño el ojo acto seguido la pequeña hecho a correr en dirección a la cocina

 

-Dios cuanta energía- comento mientras reía aquel hombre la pelirroja se encontraba mirando la sala, donde se encontraba hacia mucho que no visitaba a su querida Mama Andrea como le había dicho que le podían decir ambas años atrás.

 

La señora Andrea Harrison una diseñadora de modas sumamente famosa, una mujer que a sus cincuenta y cinco años se veía radiante. Sin necesidad de haberse hecho ningún tipo de cirugía o algo así. La mujer tenía unos hermosos ojos verdes, su piel era muy blanca y estaba bien cuidada, su cabello que antes fue cobrizo ahora se encontraba  empezando a verse las canas.

 

-Mi niña- la voz de la dueña de la mansión resonó sacando a la pelirroja de sus pensamientos – ¿Por qué no has venido a visitarme más seguido?- pregunto bajando de las escaleras con una elegancia increíble.

 

-Lo siento mucho, mama Andrea pero el trabajo no me dejaba mucho tiempo- hablo Victoria bajando la cabeza avergonzada. Hacía más de tres meses que no había podido visitar la casa de aquella elegante mujer ya que había conseguido un nuevo empleo en un pequeño café. Y entre las clases y el trabajo no tenía mucho tiempo.

 

-Oh mi niña no te preocupes ven acá- abrió sus brazos para abrazar maternalmente a la pelirroja la cual dejo salir un suspiro. Se sentía realmente bien la mujer que la abrazaba maternalmente había sido una especie de madre para ambas pelirrojas, mientras su madre estaba discutiendo con su marido ellas estaban en la mansión Harrison llenándola de alegría.

 

-El, él nos hecho- susurró la pelirroja sintiendo las lágrimas acumularse en sus ojos, la mujer se apartó un poco de la chica sin dejar de abrazarla para mirarla la fijamente a los ojos.

 

-Discutieron, esta vez fue muy fuerte se escuchaban los golpes y como se rompían los cristales, mama Andrea nos hemos fugado… No quiero que Abby esté en las calles al igual que yo, ella no debe pasar por eso – la voz de la chica se había roto completamente pero ella no se permitía derrumbarse, había aprendido a mantenerse en pie frente a lo que sea. La mujer miro con tristeza a la chica frente de ella. Recodaba perfectamente como hace seis años había encontrado a una mujer junto con sus dos hijas. Una niña de apenas un año y medio  con una hermosa melena rojiza y unos hermosos ojos azules llenos de brillo. Y una chica de once  años con la misma cabellera  pero con unos ojos verdes totalmente opacos y llenos de tristeza.

 

Le dio un techo y un trabajo a la mujer en su mansión que obviamente lo acepto. Pasaron los años y la señora Harrison se convirtió en mama Andrea adoraba a esas niñas con todo su corazón ellas llenaban de alegría aquella mansión vacía.

 

Andrea Harrison la famosa diseñadora de modas había perdido la posibilidad de tener hijos

 

Flash back

38 años atrás

Narrador omnipresente:

 Londres, Inglaterra

El cielo de Londres era adornado por las nubes grises que sumían en las  sombras aquella hermosa ciudad, las personas se apresuraban a salir de sus empleos para poder llegar a casa antes de que la lluvia  empezara azotar, el ambiente desprendía un olor maravilloso: Tierra húmeda el clima perfecto para acurrucarse, leer un buen libro mientras se toma una buena taza de café o simplemente estar acostado viendo alguna película.

 

-Vamos- dijo un hombre que tomaba de la mano a una chica embarazada de cabellera cobriza.

 

-Papa… por favor no- Suplico la chica con lágrimas en los ojos, el hombre la miro por unos segundos desviando su mirada de sus ojos a su vientre el cual ya estaba lo suficientemente grande como el de unos seis o siete meses de embarazo.

 

Por un momento el hombre dudo Thomas Harrison el famoso sastre de la realiza británica se imaginó a su nieto o nieta correr  por los jardines de su mansión, se imaginó enseñándoles el arte de ser un verdadero Sastre pero como dije sólo fue por un momento ya que el hombre negó cerrando los ojos quitando aquellos pensamientos de su cabeza.

 

 No iba a permitir que el apellido Harrison fuera manchado por que su hija había tenido una Aventura con uno de los jardineros. El hombre se detuvo en un hospital donde con cautela se adentró a la recepción.

 

-En que puedo ayudarle- dijo una enfermera al verlo

 

-Tengo una cita con el doctor Damon – fue lo único que dijo, la vista de la enfermera se fue hacia la chica junto a él  y su rostro se entristeció al ver a aquella chica con los ojos rojos mientras acariciaba su vientre.

 

-Acompáñeme-  dijo guiándolos por los blancos y estériles pasillos de aquel hospital caminaron hasta el final del pasillo y se detuvieron en una puerta que decía Dr: Lucas Damon. La enfermera toco la puerta con los nudillos y segundos después un hombre canoso atendió la puerta.

 

-El señor Harrison –El hombre de la bata los hizo pasar inmediatamente al escuchar aquel apellido.

 

-Quiero que interne a mi hija- dijo al ver que la puerta era cerrada completamente –Quiero que la interne mientras dura el embarazo y cuando el niño nazca quiero que lo entregues a un orfanato – El sollozo de la chica resonó en aquel consultorio médico –No me importa cuánto dinero tenga que pagar, no quiero que nadie por ningún motivo se entere de que mi hija está aquí- Aquel medico miro con compasión a la chica que lloraba junto a aquel poderoso hombre con la mirada tan seria. Padre e hija tuvieron una batalla de miradas, negro y verde batallaban, ambos se sostuvieron la mirada por varios minutos hasta que Andrea bajo la mirada, dejando correr sus lágrimas.

 

-Necesito que me acompañe un momento señor Harrison – Le dijo el doctor abriendo aquella puerta. Ambos hombres salieron dejando a la chica llorando.

 

-Eso no sería ético – Fue lo que le dijo Damon a Harrison segundos después de la puerta haber sido cerrada –No me importa  te he dicho que pagare lo que sea y si no quieres ayudarme me largo a cualquier otro hospital - fue lo que dijo el hombre permitiéndose dudar un segundo –No voy a dejar que esto arruine el apellido sé que lo que hago no es correcto pero no voy a permitir que a mi hija la señalen en la calle-

 

 Fue lo que le dijo volviendo a su pose seria, aquel doctor suspiro pesadamente no iba a convencer bajo ninguna circunstancia Thomas ambos se conocían desde hace años, desde mucho antes de que el fuera un gran doctor y el un reconocido sastre.

 

El acepto sin más remedio, interno a Andrea ese mismo día, la chica no dejaba de llorar no quería comer, ni pararse de la cama esto trajo consecuencias dos semanas después cuando tuvo que ingresar de emergencias en el quirófano, tuvo una cesárea de emergencia donde le hicieron creer que su pequeño hijo había muerto y recibió la triste noticia de que no podría tener hijos nunca. 

Fin del flash back

Notas finales:

Y ese fue el primer capitulo ¿Que les parecio?

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