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25 Lives

Autor: keny_shawol

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Notas del capitulo:

¡Hola!


Ha sido un tiempo, ¿cierto? Lo siento por eso, pero ya sabes, las responsabilidades y esas cosas me impiden escribir tanto como quisiera. Sin embargo, terminé esto. Debo decir que esta historia tiene dos versiones, pero una la deje para mí. Comenzó siendo escrita en tercera persona, pero en estas vacaciones quise experimentar con la primera persona, y así es como terminé dejándola. Es diferente, pero me gusto y quise compartirla.


Está inspirada en 25 lives, de Tongari. Lo encontré de casualidad y empecé a escribir esta historia hace más de un año, pero hasta hoy tiene un final.


No encontré ningún MinKey con esta temática y decidí escribirla. Ojalá alguien se sienta inspirado por ese poema y quiera escribir algo como eso, porque me gustaría mucho leerlo.


¡Nos leemos pronto! 

I.


 


El cabello era largo y rubio, la figura era esbelta y perfecta. La ropa es roja y negra, delicada, justo como él que la porta. Eres tú. Te reconocería en cualquier lugar. Mi corazón latió cuando giraste y sonreíste.


 


Eres hijo de Ares y eres justo como debes ser. Tu sonrisa es maliciosa, y a tus dedos les gusta salpicar sangre. Pero mi corazón no parece notarlo. Aún late por ti, como la primera vez.


 


Tu mirada es diferente, pero tus ojos siempre son los mismos. Gatunos y salvajes. Tu mirada es cínica y malvada, pero eres tú y no me puede importar menos.


 


Mi Kibum.


 


—Deberías parar.


 


Me miras con esa sonrisa tan diferente. Quiero sostenerte entre mis brazos y besarte esa sonrisa, pero te alejas de mí, porque esta vez es diferente.


 


—¿Por qué? —Tus dedos recorren mi pecho, y por un momento, cuando nuestras miradas se encuentran, pienso que eres tú, el antiguo tú.


 


—Suficiente sangre por hoy, pequeño Dios.


 


Mis palabras parecen molestarte, porque la sangre salpica la tierra una vez más. Me miras y tus dedos, toman mis brazos.


 


Tu sonríes una vez más y humedeces tus labios, después de eso, tus ojos brillan, y tus labios se estrellan contra los míos.


 


Aun es dulce. Aun te amo. Aun me gusta besarte y dejarte los labios rojos. Aun quiero tomarte y adorar tu cuerpo.


 


Pero esta vez tu no quieres lo mismo. Tus manos me empujan por el pecho, y tu sonrisa vuelve a ser traviesa.


 


—No olvides cuál es tu lugar.


 


Me das la espalda después de tus palabras. Duele justo como un golpe, duele como la realidad que es. Kibum, esta vez eres rubio y no me amas.


 


 


II.


 


Golpeas mi costado al dormir, y a veces crees que mi pecho es tu almohada. Tu cabello me causa cosquillas contra la nariz y el color oscuro brilla cuando el sol golpea en él.


 


Tu nombre es Key. Te sienta a la perfección. Los medios dicen que robaste mi corazón, que Key «abrió» el cofre y atrapó todos mis sentimientos. A veces creo que fue así. Pero también quiero decirles que me atrapaste por ser tú.


 


Eres diseñador. Yo digo que soy un actor.


 


Vistes colores brillantes, y siempre estás a la moda. Sonríes a la cámara, viajas por todo el mundo y tus fotos son admiradas por todos. A veces tomas fotos mías y a veces de ambos. Esas son privadas.


 


Yo tengo unas cuantas tuyas, en unas sonríes y en otras duermes, y esas son de mi colección privada.


 


Murmuras entre sueños y golpeas mi costado una vez más. Sigue sin importarme.


 


Tus ojos parpadean, y eres malditamente adorable cuando despiertas.


 


—Te amo. —Beso tu sien y tus ojos brillan. No necesito palabras, porque tus ojos me gritan que me amas, tus labios en silencio también lo hacen. En esta vida tu nombre es Key, eres castaño, y lo mejor de todo… me amas también.


 


 


III.


 


Tu cabello es rosado, tus labios parecen más brillantes.


 


Alguien te atrapó antes que yo.


 


Vienes de la mano de un hombre alto, con bigotes y, debo decirlo, atractivo a su manera. Su nombre es Siwon, y es mi jefe. Siwon está en lo más alto de la mafia, lleva una pistola siempre con él y también te lleva del brazo.


 


No sé tu nombre. Tampoco hablamos mucho. A pesar de eso, sé que eres tú. Siempre sé que eres tú.


 


Hemos estado jugando con fuego los últimos meses. A veces nuestras miradas se encuentran y tu muerdes tu labio inferior. Otras veces, cuando estamos solo y quiero ser realmente sucio, tus mejillas se colorean de un suave rojo cuando susurro lo que quiero hacer contigo en tu oreja.


 


Algunas otras veces, Siwon me confía tu seguridad con claras amenazas hacia mi si algo te sucediera. A veces cuando Siwon se marcha tus labios encuentran los míos.


 


Tus labios son dulces, y tienen un toque de peligro. Esta vez tu cabello es brillante y no sé si amas como yo lo hago.


 


 


IV.


 


No me gusta el arte, nunca me ha gustado, no sé entenderle, no sé qué hacer con él. Pero siempre regreso a ese pequeño museo en Italia.


 


No sé cómo acabe aquí, ni sé cómo es que me perdí entre los pasillos y pinturas. Pero agradezco infinitamente haberlo hecho.


 


Estás tú. Te reconozco, aunque no seas real.


 


Pareciera que tus ojos me miraran directamente. Tu cabello es negro y tus facciones delicadas. Tus ojos aún siguen siendo gatunos y tus dedos son largos y delgados.


 


Rio, porque es gracioso como esta vez eres una pintura como un nombre como mesa, joven y papeles.


 


¿Kibum, tú también lo crees divertido?


 


Kibum, te amo.


 


Sonrió y te miró una vez más. La gente camina a mi alrededor y estoy seguro que lo guardias encuentran extraño que regrese cada día sólo para mirarte. No me importa.


 


Cuando ellos me dicen que es hora de cerrar, yo te sonrió una vez más y me alejo, preguntándome cómo podría robar un museo.


 


 


V.


 


Tenemos diez años. Tu nombre es Gwiboon, tu cabello es rubio y algunas veces lo usas trenzado.


 


—¿Por qué me sigues? —Pregunto, cuando te veo detrás de mío. —¿No tienes amigas con las quienes estar?


 


—No las quiero ellas. —Tu cabello se agita cuando mueves la cabeza, y creo que eres adorable.


 


—¿Por qué?


 


Te acercas a mí, y desprendes un aroma a fresas que se siente extraño. Eres una niña, eres delicada esta vez, pero sé que eres tú.


 


—Porque me gustas, Minho.


 


Tus labios se estrellan contra mi mejilla y el aroma a fresas inunda mis pulmones. Te separas de mi antes de sonreír y salir corriendo.


 


Eres adorable, Gwiboon, pienso, y me gustas también.


 


 


VI.


 


Estamos en la azotea de la escuela y nuestros labios se encuentran una y otra vez. Sentimos que el uniforme nos estorba, pero nos quedamos de esa manera.


 


¿Está bien? Preguntas, mientras me besas de nuevo, esta vez enredando tus dedos en mi cabello. ¿Está bien, cierto? ¿Está bien que me gustes tú?


 


Realmente no estoy seguro de como contestar, pero te beso una vez más, y mis dedos juegan contra tu cuello. Tal vez no deberíamos besarnos, tal vez no deberíamos hacerlo en la escuela, pero no me importa.


 


Sé que es una idea loca y sé que, si tus padres y los míos se enteran, se volverían locos. Sé que muchas cosas podrían salir mal, pero no me importa.


 


Te beso, y lo hago cientos de veces en ese momento, y no me importa perder clases. Está bien, te digo, está bien, Kibum y te sigo besando, aunque sé que es una mala idea, y que tal vez me odies después.


 


 


VII.


 


Mi vida ha estado llena de malas ideas esta vez. Te hecho llorar, y se me ha roto el corazón. Te he alejado de mí y te he rogado que regreses.


 


He sido un chico malo, y tú me lo has recordado cada que puedes.


 


He tratado duramente de alejarte de mí, pero siempre termino por traerte de vuelta.


 


Hemos peleado y tú has gritado que nunca regresaras, pero lo haces y yo te espero. Es peligroso, Kibum, quiero decirte, pero es como si estuviéramos destinados a estar juntos. Yo sé que es así, pero tú no tienes ni idea.


 


Aún tienes el uniforme cuando llegas a mi casa, yo aún tengo el maletín en las manos.


 


Tus prendas desaparecen y las mías también. Tu sonríes y me besas, yo acaricio tus mejillas y pienso que en esta vida eres aún más hermoso.


 


—Te extrañe, Profesor Choi.


 


Sonrío y besas mi sonrisa, mis palabras se pierden contra tus labios, pero sé que entiendes que también te he extrañado.


 


Las malas ideas siempre me acompañan, pienso, cuando caes desnudo en mi cama, pero esta vez tengo un seguidor. Y es perfecto.


 


 


VIII.


 


Tu cabello es más largo, es rubio, ondulado. Llevas un bonito vestido con flores y el maquillaje ligero. Eres esposa de algún hombre que no conozco, pero supongo que es importante.


 


Tu casa es grande con pisos de mármol y techos grandes. Tu sonríes cuando me ves, pero me ignoras inmediatamente. No hay que darle una segunda mirada al jardinero.


 


Llegue demasiado tarde. Tu esposo sostiene tu mano, y sonríes a él con los ojos brillantes. Él te besa la mejilla y murmura algo que no puedo escuchar. Le despides con la mano y él se marcha en un automóvil lujoso.


 


Tú giras mientras él se pierde entre las calles. Me sonríes también, pero es diferente. Tampoco importa.


 


Mientras tu esposo trabaja, tú estás conmigo. Tu bonito vestido desaparece. Mis manos tocan cada parte de tu cuerpo. Y cuando tu anillo de bodas brilla, yo trato de alejar el dolor de mi corazón, porque tú estás casada, y estás bien con que seamos amantes.


 


 


IX.


 


Eres mío en esta ocasión. He llegado a tiempo y he puesto un bonito anillo en el dedo correcto.


 


A veces tengo miedo de despertar y pensar que todo ha sido un sueño, pero tu cuerpo caliente cerca del mío me recuerda que no lo es.


 


Mis dedos contra tu piel es todo lo que necesitamos. Me gusta tirarme a tu lado y tocar tu espalda con la yema de mis dedos. Me gusta que tú abras los ojos perezosamente y sonrías adorable y después traviesamente, mientras tus dedos son lo que ahora conversan con mi piel.


 


Pero me gusta más ver que el anillo que brilla en tus dedos, yo lo he puesto ahí, porque me recuerda que he llegado tiempo y que eres mío. Al fin eres mío como quiero.


 


 


X.


 


Kibum dice que parezco James Dean, y yo río y beso sus labios cada que dice eso. Sí, tengo una chaqueta cubriendo mi cuerpo, y una motocicleta peligrosa a la que Kibum odia subirse. Y sí, a veces un cigarrillo cuelga de mis labios. Pero soy simplemente Minho y no James Dean. Aunque a veces me gusta escucharle decir que me parezco a él, sobre todo cuando dice que parecerse a James Dean le pone.


 


Tomo su mano y corre a mi lado. Hemos escapado a la parte trasera de su casa, ahí donde su padre tiene un cobertizo y que sirve perfectamente para ocultarnos. Si los padres de Kibum se enteraran, estoy seguro que los dos estaríamos muertos. No puedo permitirlo, lo he encontrado y no quiero perderlo tan pronto.


 


Los años cincuenta parecen siempre tardes de otoño, parecen tonos cafés y naranjas, calles vivas. Me gusta como el color contrasta con su cabello castaño.


 


Me gusta sobre todo las noches, porque cuando el tabú está dormido, puedo correr con él hasta la parte trasera de la casa.


 


Los años cincuenta no están cerca de aceptarnos, pero está bien, porque cuando los labios de Kibum se encuentran con los míos, siempre lo encuentro correcto.


 


 


XI.


 


Hemos peleado, hemos gritado. Tú has llorado, y te has marchado. Tal vez sea la última vez que te vea. Pensarlo duele como un golpe en el estómago.


 


Me voy a casar y te he encontrado demasiado tarde. Su nombre es Yuri, y es la que mis padres quieren. No pueden aceptar el hecho de que su único hijo quiera a otro hombre para pasar el resto de su vida.


 


Te he dicho que te quiero y lo he susurrado contra su espalda desnuda por las noches.


 


Y tengo miedo, Kibum, realmente tengo miedo esta vez.


 


El día de la boda llega, y siento como si cada persona en la sala me robara el aire. Estoy harto de sus sonrisas, de sus palabras de felicitaciones y de esperar a Yuri en el altar.


 


Soy un tonto, Kibum.


 


Suspiro antes de mirar a mi padre y negar con la cabeza. No puedo hacerlo, no cuando he encontrado lo que tanto me paso buscando.


 


Mi padre grita cuando dejo el lugar y las personas me miran con los ojos abiertos cuando paso a su lado.


 


No miro atrás y conduzco directo hasta tu casa. La noche ha caído y las luces parpadean en tu casa. Golpeo incesantemente tu puerta y cuando abres, no me importa que estés con el cabello despeinado y los ojos somnolientos, eres perfecto así.


 


—Lo siento. Lo siento tanto, Kibum. Te amo. —Murmuró y me tiro hacia a ti, y tú me sostienes, siempre lo haces. A veces creo que tú eres el más fuerte de los dos.


 


—Está bien. Está bien, cariño.


 


Tú me perdonas, siempre lo haces. Justo como si entendieras lo que pasa. Como si estuvieras compensándolo.


 


 


XII.


 


Lo siento.


 


Siento no poder abrazarte y secar tus lágrimas.


 


Siento no estar ahí para decirte que todo estará bien, que tus padres te quieren y que te extrañaran también. Qué crecerás bien y serás feliz. Aunque yo no esté contigo, aunque sea yo el que no exista esta vez.


 


Tú lo harás bien, mi Kibum. Tu siempre lo haces bien.


 


Y te lo recompensaré, porque en nuestra próxima vida, te encontraré y sostendré tus manos siempre.


 


 


XIII.


 


Cuando nunca llegamos a encontrarnos, odio esas. Realmente las odio. Porque siempre siento que algo está perdido, que algo falta en mí.


 


Pero me gusta imaginarme cómo eres, me gusta pensar si otra vez tus ojos son gatunos, si tu boca es acorazonada, si tu risa sigue siendo esa melodía que tanto amo.


 


Pero odio pensar que estás lejos de mí, que no sé dónde puedes estar, ni con quien. Odio no saber si estás bien, si eres feliz, si has encontrado a alguien que te merezca.


 


Odio pensar en esas vidas en donde no nos encontramos.


 


Pero cuando en otras, te encuentro, sonríes y murmuras: —Hola, mi nombre es Kibum.


 


Créeme, Kibum, no importa nada más.


 


 


XIV.


 


Somos grandes ya. No puedo recordar exactamente nuestra edad.


 


Por un momento pensé que no te encontraría, pero el destino jugó de nuevo a nuestro favor.


 


Tienes canas en el cabello y arrugas en el rostro. Tu sonrisa aun sincera y tus ojos aún tiene forma de gato. Pero créeme, amor, aún eres hermoso antes mis ojos.


 


Sostienes mis manos cuando las enfermeras no miran y susurras que me amas cuando la noche cae.


 


Ah, Kibum, te amo también.


 


 


XV.


 


No necesitas tener un arma y matarme, lo has hecho ya, sin embargo, aún recuerdo esa ocasión.


 


Pero tú, mi amado, siempre has sido bueno con las palabras.


 


Caminas siempre del brazo de un chico llamado Son Dongwoon, se te ve feliz, al menos eso creo. Tu sonríes y ríes, tus ojos brillan, y le besas en los pasillos suavemente cuando vas tarde a clases.


 


Yo te he dicho que te amo, que te quiero, que me gustas. Pero tú me has mirado diferente, has negado con la cabeza y has dicho Yo no te quiero, Minho.


 


Y con eso, mi amado, me has matado.


 


 


XVI.


 


Sostuve tu mano por primera vez cuando teníamos 5. Caíste en el patio de juegos, y una lagrima resbaló por tu mejilla. Te reconocí en ese instante, mi corazón latió cuando tu mano apretó la mía. Y supe que nada sería igual cuando me agradeciste con una sonrisa.


 


Nos besamos por primera vez cuando teníamos 15. Fue mágico, cariño. Me estrellaste contra la pared y murmuraste un suave me gustas, Minho, antes de estrellar nuestros labios juntos. Me hiciste demasiado feliz en ese momento, Kibum.


 


Peleamos fuertemente cuando teníamos 18. Querías estudiar en el extranjero, yo no quería dejarte ir. Te marchaste, sin embargo. ¿Sentiste que perdiste a tu otra mitad también, Kibum?


 


Regresaste cuando tenías 24. Llegaste de la mano de un extranjero de ojos grandes. Es amor, dijiste, nos casaremos en julio. Rompiste mi corazón esa vez, cariño.


 


Te divorciaste dos años después. Lloraste en mis brazos, y te abrace como hacía mucho tiempo no lo hacía. Aun desprendías un olor a coco. Aun te amaba.


 


Salimos por primera vez después de tu divorcio un año después. Sostuviste mi mano y dijiste que me habías extrañado por mucho tiempo. Me besaste en la puerta de tu casa, pediste perdón contra mis brazos, y te perdoné.


 


Porque, ¿Cómo no perdonarte, cariño? ¿Cómo no perdonar a tu alma gemela?


 


 


XVII.


 


Ríes cuando la primera gota cae del cielo. Tomas mi mano y en lugar de correr hacia la casa corres hacías las calles. 


 


Has querido besar bajo la lluvia siempre que el cielo llora. He cumplido cada capricho, porque simplemente te amo.


 


Tus pómulos marcados me sonríen cuando la lluvia se hace más fuerte. Tu cabello castaño es un adorable desastre. Tus labios son de un rojo más fuerte. Y tu risa es fuerte como siempre.


 


—Te amo. —Murmuras antes de besarme. —Te amo tanto.


 


Tus labios son fríos, y perfectos. Son dulces sin importar qué.


 


Y cuando te separas de mí, y me regalas esa sonrisa que ilumina lugares, mi corazón late como si hubiera corrido un maratón. Te tomo el rostro, acaricio tus mejillas y mientras tus ojos gatunos miran directo a los míos, me pregunto, ¿será esta la última vez?


 


Tengo miedo de que lo sea, cariño. Tengo miedo porque ahora somos felices, porque ahora puedo tenerte entre mis brazos y decir que eres mío. Y mientras el agua cae sobre nosotros y te siento temblar ligeramente, deseo que no sea la última vez.


 


Aun quiero decirte muchas veces que te amo. Y aun quiero verte sonreír. Aun quiero amarte, aunque tú no lo hagas, porque amarte, es mi adicción y realmente no quiero ser curado.


 


—Te amo, también, cariño.


 


Y espero que está no sea la última vez. Porque no soportaría no tenerte una vez más.


 


 


XVIII.


 


A veces me pregunto si realmente eres tú.


 


Eres tan diferente algunas veces.


 


A veces eres ella. A veces eres él.


 


Tus ojos no son siempre los mismos. Tus labios son delgados otras, acorazonados la mayoría de las veces. A veces ríes tímido, pero me gusta más cuando tienes que apoyarte en mi para reír.


 


A veces cantas, otras actúas. Unas me quieres y otras no.


 


A veces no creo que realmente seas tú, sobre todo cuando te miro de lejos. Pero cuando te acercas y mi corazón te reconoce, sonrío, porque realmente eres tú.


 


Siempre eres tú.


 


 


XIX.


 


Una vez más he llegado tarde. Es gracioso como te encontré en esta ocasión.


 


Te reconocí cuando salías de la mano de tu, ahora, esposo. Sonreías a las personas y tu esposo. Tus ojos brillaban felices como en las otras vidas, en las que sí llegaba a tiempo.


 


Lo siento, cariño, no llegue a tiempo.


 


Me miraste a los ojos cuando pasabas a mi lado. Por un momento pensé que me reconocieras, pero es imposible, ¿no es así, Kibum?


 


Sin embargo, sonreíste, y te mirabas tan feliz que sólo pude sonreírte también, aunque verte marcharte con otra persona, estuviera destruyéndome por dentro.


 


Te amo, mi Kibum. Y aunque no podamos estar juntos, no significa que no te amaré.


 


 


XX.


 


Cuando la bala impactó directo en mí, lo primero que hice fue pensar en ti.


 


—¡Sargento Choi! —El soldado me sostuvo, el aire escapó de mí.


 


¿Sientes, Kibum, no haberme conocido en esta ocasión?


 


—Sólo resista un poco más, ya casi estamos ahí.


 


La sangre comenzaba filtrarse por mi ropa, y reí porque esta vez nunca llegaría a ver tus ojos.


 


La muerte me llama antes, cariño.


 


Abrí los ojos y comencé a sentir frio, pensé que esto era todo. El soldado me sostuvo más fuerte, mis piernas cedieron, pero a lo lejos, pude ver el cuartel con las personas desesperadas.


 


—Sólo un poco más.


 


Pero tal vez ya era demasiado tarde y tal vez en esta vida no podría conocerte.


 


—¡Ayuda!


 


Tal vez eran palabras mágicas, porque otras manos me sostuvieron y otras cortaron mi ropa. Abrí los ojos de nuevo, pero era realmente difícil mantenerlos abiertos.


 


¿Cómo eres esta vez, cariño? ¿Aún eres hermoso? Qué tonto, lo sé, siempre lo eres.


 


—Sargento Choi. —Una voz diferente habló. Mis ojos miraron directamente a otros. Y eras tú. —Está bien, todo está bien, resista un poco.


 


Eres tú, mi amado.


 


Tus gatunos ojos sonrieron hacia mí, y por un momento creo que realmente sabes quién soy.


 


—Te… amo. —Murmuro, y sé que es demasiado tarde. Tus ojos parpadean, pero yo sonrío.


 


Soy feliz por verte… aunque sea un momento.


 


 


XXI.


 


No hemos dormido en lo absoluto. Ojeras adornan nuestros ojos todos los días. Aun así, todo ha valido la pena.


 


Tú aún estás durmiendo, pero mis dedos juegan con tu piel. Es suave como terciopelo. Tu cuello está descubierto, parte de tu espalda baja también, quiero besarte en cada lugar descubierto.


 


Un llanto estalla en la noche. Tú te remueves y suspiras. Mi mano presiona tu espalda y mis labios besan tu cuello.


 


—Está bien, es mi turno.


 


Tu sonríes y yo acaricio tu espalda un momento más.


 


Mis pies me llevan a ese pequeño cuarto rosado en donde ella descansa. Cuando la miro, y ella regresa la mirada con esos grandes ojos y unas mejillas regordetas ligeramente rosas, creo que eres tú.


 


Y sabes, cariño, creo que, de todas nuestras vidas, esta me gusta un poco más.


 


 


XXII.


 


Hemos huido de casa. Tú has nacido en una familia adinerada, yo no. Tus padres no te querían conmigo, pero a ti no te importó.


 


Hemos alquilado un pequeño lugar. Y trabajamos todo el día. Pero en las noches estás en mis brazos.


 


—Lo siento, —te digo, y mis manos recorren tus brazos de un lado a otro. —Trabajaré duro. Y te daré un lugar que puedas llamar hogar.


 


Pero tú niegas con la cabeza. Una suave sonrisa cruza tus labios, y tu mano cae sobre mi cintura, mientras tu rostro se esconde en mi cuello.


 


—Está bien. Mi hogar siempre estará donde estés tú.


 


¿Oye, cariño, como puedes decir siempre las palabras correctas?


 


 


XXIII.


 


Tenías 29, yo 31.


 


Me había cansado de buscarte en esta vida, y por un momento, pensé que de nuevo no te encontraría.


 


Pero llegaste, bailaste conmigo esa noche, me besaste cuando las luces se apagaron, y tus dedos… ah, como amo esos dedos, me acariciaron como si fuera tu más magnifico tesoro.


 


Pero oye, cariño, tú eres mi tesoro y eres todo lo que estaba esperando.


 


 


XXIV.


 


Eres cada puesta de sol. Eres cada día maravilloso. Eres cada canción de amor que amo. Eres cada fotografía juntos. Eres cada noche estrellada.


 


Tu risa aún sigue siendo mi melodía favorita, y tu sonrisa aún sigue siendo la más brillante entre todas.


 


Lo siento, cariño, te marchaste antes. Y es agridulce y duele tanto.


 


Odio cuando pasa eso, porque te extraño más que en otras vidas.


 


 


XXV.


 


Somos Minho y Key de SHINee.


 


Comenzamos mal, tal vez muy mal, pero, querido, lo hemos superado, ¿no es así?


 


—¿Crees en la reencarnación? —Tus manos sostienen las mías después de mi pregunta y tomas mi pecho como almohada.


 


¿Kibum, te he dicho ya que amo tenerte en mis brazos?


 


—Realmente no lo sé, Minho, ¿Por qué me preguntas?


 


Porque te he buscado y te he amado, quiero decirte, porque no es la primera vez que nos amamos, y no es la primera vez que te tengo en mis brazos. Pero no te digo, porque seguro piensas que soy un loco, y tal vez lo sea, querido.


 


—Te buscaré en nuestra siguiente vida, y después de esa también, y no te dejaré ir, cariño, serás mío para siempre.


 


Ríes, y tus manos juegan con el borde mi camisa.


 


—¿Es así? —Besas mi mandíbula y tus hermosos ojos de gato sonríen hacia mí. Yo asiento y tu sonríes, como si amaras mi respuesta. —Tan cursi.


 


Lo soy. Siempre lo soy por ti, amor.


 


Me besas y te acerco aún más, hasta que mis pies tocan los tuyos y nuestros labios no tienen separación alguna. No puedo tenerte suficiente de ti, amor.


 


Y te perseguiré a través de diez, veinticinco, cientos de vidas hasta que encuentre esa donde tu regresaras a mí.


 


 

Notas finales:

Realmente no sé cuándo pueda volver a escribir, pero sé que tengo una historia sin terminar, y la terminaré, lo prometo.

Nos estamos leyendo~

 

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