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Por fallarte...

Autor: klimary

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Notas del fanfic:

No es de mis favoritas porque soy amante de lo romántico y esto no lo es xD pero si les agrada, háganmelo saber.

Dedicado a Thirteen porque se lo debo a mi amada desde Agosto 2016 

Notas del capitulo:

Podría considerarse serie (?) es como alterno/continuación de otro fic que escribí de Kardia y Dégel, les dejo por si quieren leerlo:

http://www.amor-yaoi.com/fanfic/viewstory.php?sid=166937

Estoy oxidada con este fandom

ShionxAlba

Altero personalidad de personajes (?)

Son más pensamientos y reflexiones de un Shion atormentado y hay un Alba paranoico porque no quiere que lo toquen

Personaje secundario: Dohko de libra
Mención de Kardia y Dégel

-¡Soy un idiota! –gritó a los vientos un nostálgico Shion de Aries mientras corría por las casas del santuario. Pero poco a poco detenía su correr para terminar en una caminata llena de pesar. Tanto problema en que se había metido para tener una “cita” con ese compañero de armas, tanto que se le había complicado incluso mantener una conversación con él, ya que su actitud era fría incluso más que el propio Dégel de Acuario. Todo lo había echado por la borda al haberlo dejado plantado. “¿Y ahora qué voy a hacer?” se preguntaba y al mismo tiempo, pensaba en cómo justificarse a ese de cabellos largos, a ese al que consideraba (junto a muchas personas que compartían su opinión) el más hermoso de todos. “¿Qué le diré a Albafica?”
 En sus pensamientos, también estaba el recordar en qué momento se le ocurrió olvidársele la cita más esperada de su vida. “Malditos Kardia y Dégel y sus malditos problemas amorosos” concluyó para seguir pensando en cómo comenzar siquiera su petición a entrar a la casa de Piscis.

Todo su embrollo se reduce a querer ser un buen compañero, ya que al ver a uno de sus camaradas en estado alterado, (Dégel precisamente), corrió tras él para averiguar su situación y así poder hacer algo para calmar su atormentado cosmos, y de tantas palabras con el Acuariano, se le fue el tiempo simplemente, y tarde se dio cuenta de su error. Y ahora estaba ahí, ascendiendo triste con la desesperanza de no ser recibido, y tal vez echado para siempre, de la doceava casa. Y es que no había sido nada fácil que Albafica lo considerara su amigo, ya que su problema con tocar a alguien lo había aislado de todos, y que decir de las conversaciones; Shion había hecho muchas cosas para conseguir aunque sea una palabra de él. Se sentía fatal.

FLASHBACK

-Albafica, ¿Estás aquí? Necesito ver al patriarca –comentaba el ariano cuando buscaba al otro mientras cruzaba ese templo, notando que estaba detrás de uno de los pilares; al principio sonrió, porque verlo era una dicha para él, era hermoso. Pero de un momento a otro cambió su semblante al ver que el peliceleste estaba agitado, y su mirada estaba aturdida, llena de ira, desesperado. Rápidamente se acercó pero esa misma mirada lo dejó perplejo, ya que esos ojos lo invitaban a detenerse, y alejarse.

-Déjame ayudarte –realmente no quería decir eso, pero fue lo primero que se le vino a la mente.

-Nadie puede ayudarme –susurró quedamente para intentar alejarse de Shion, así que dándole la espalda avanzó hacia sus aposentos, lo que provocó que el otro lo siguiera, quería detenerlo.

-¡Aléjate! –gritó cuando percibió la mano del ariano acercándose a su hombro. El otro solo pudo contenerse, se sentía impotente porque lo tenía muy cerca y otra vez, falló al intentar tocarlo; era su costumbre, pero también tenía que recordar que el contacto físico no era lo mejor para el caballero dorado de Piscis.

-Lo-lo siento, Alba. Yo… quiero ayudarte.

La mirada de Piscis pasó a ser una de sorpresa. Parecía que hasta había detenido su agitación y su inquietud por un instante.

-A… Alba…

-¿Cómo me llamaste?

Shion estaba intrigado. ¿Por qué le habría preguntado aquello?

-¿Que cómo… te llamé? Pues si te llamas Albafica…

-No, no. El apodo.

-El apodo… pero si solo acorté tu nombre. Eso no es un apodo –contestó un curioso Shion, provocando en el otro intrigado hombre una corta pero sincera sonrisa que atrapó al carnero en el principio de unos extraños sentimientos.

-Nadie me había llamado así. Yo… Lo que sucede es… -y miró al peliverde, no sabría si contarle su “desgracia” pero es que el carnero simplemente, transmitía confianza. Por lo que se dispuso a continuar –Verás, hay una joven mujer en el pueblo que últimamente…

Y así siguió, comentando y transmitiendo poco a poco seguridad que no le había permitido a nadie conseguir. Y el caballero dorado de Aries por su parte, estaba encantado de saber que, aunque fuera por un momento, era no solamente un compañero, sino amigo del más serio, de aquél que no quería lastimar a nadie, de aquél que se alejaba, y él lo había conseguido. Destruir un gran muro, y todo comenzó por acortar su nombre…

FIN FLASHBACK

Movió su cabeza intentando alejar esa primera vez que tenía una conversación real con Albafica, recordó que después de eso volvió a estar distante con él, y pasando las semanas, poco a poco, mecanizó las contestaciones del Pisciano de acuerdo al día y a la situación que tenían. Sus respuestas, sus gestos; sabía cuándo le contestaría que no y cuando contestaría más de tres palabras positivas. Aprendía a conocerlo como a un niño pequeño. Pero lo que más le encantaba era que cuando estaba frente a su templo, de visita, olvidaba todo lo que había aprendido de él, caso extraño; ya sea por sus nervios o por su alegría de estar ahí, y gustosamente volvía a comenzar a averiguar sus reacciones. Y lo disfrutaba; pero quería más. Y así fue como comenzó a experimentar llevando obsequios; descubriendo que con libros intercambiaban pocas palabras (quién sabe, tal vez a Albafica no le gustara mucho leer) y comprendiendo que con dulces (sobre todo chocolates) el de Piscis era un poco más receptivo, amable, y sonriente. Sus pequeñas sonrisas lo habían llevado a una conclusión: llevaría chocolates todos los días que pudiera. Pero ahora no tenía ninguno a su alcance.

-Soy el mayor tonto de todo el santuario.

-¡Hey camarada! –esa voz tan cercana lo sacó de su sufrir interno. De hecho, le había sacado un pequeño susto. Había llegado a la casa de Libra “¿Apenas en la séptima casa?” pensó agobiado.

-Hola Dohko…

-¿Por qué esa cara? Parece como si fueras de camino a tirarte al Yomotsu. Mírate nada más, ¿Alguna misión fallida y pensando que Athena te castigará? –el otro solo le miraba con cara de fastidio.

-Dohko, ahora no, tengo que ir…

-Quédate un rato en mi templo, Shion de Aries.

-No puedo, la verdad.

-¿Y por qué no?

Sabía que la respuesta lo haría enfadar. –Porque tengo que ir con Albafica y…

-¡Con Albafica! –ahora la cara de fastidio era por parte de Libra. -¿Cuántas veces te he dicho que dejes de molestarlo? Pareces un acosador.

-No es verdad…

-Por favor, Shion –Dohko había cambiado su semblante, parecía serio –Te lo he dicho muchas veces, Albafica de Piscis no desea ser molestado, es así como fue educado, deberías dejarlo en paz.

-Es un compañero más, no veo problema en…

-¡Déjalo Shion! –El castaño estaba alterado –Desde que insistes con él… -respiró profundo y se calmó un poco, volteaba a otro lado, ya que se dio cuenta de su error –Desde que insistes en querer estar con él para que corresponda a tu hablar… Dejaste de ser atento conmigo.

El ariano había abierto sus ojos más de lo normal, ¿Acaso él?… -¿Acaso estás celoso, Dohko?

-¿Qué? ¡No!

-Estás celoso porque ya no disfrutas como antes a tu compañero favorito de combates y  profundas conversaciones

-¡Ja! Como si tú fueras el más sabio Shion

-Es la verdad

-Claro que no

-Estoy en lo correcto, amigo. Pero déjame decirte algo: eres el mejor amigo que tengo. Así que no te preocupes, que ese puesto nadie te lo quitará. Solo quiero que Albafica disfrute su estancia en el Santuario, que tenga alguien en quién apoyarse cuando lo necesite. Quiero ser el primero en ayudarle a sentirse seguro consigo mismo… Quiero que sea feliz.

Y en ese momento, al escuchar esas palabras tan decididas y al contemplar esa mirada determinada, a Dohko de Libra le llegó una revelación que lo alegró y deprimió a la vez. Estaba anonadado: a su amigo, Shion de Aries, le gustaba el caballero de la última casa. Pero no pudo asimilarlo y seguir con su plática ya que el peliverde comenzó a alejarse de él, despidiéndose con la mano.

-Perdóname Dohko, te debo una cita, ¡Y un combate también, si quieres!, ¡Nos vemos!

Para cuando el otro avanzaba por las escaleras con un rápido andar, Dohko de Libra había llegado a otra gran revelación, ¿Por qué se sentía decaído sin la compañía de su mejor amigo? No quería averiguar la respuesta, por lo que rápidamente se adentró a su dormitorio para alejarse de todo pensamiento relacionado con sus compañeros, con su vida. “Necesito dormir” finalizó el de Libra.

Por otro lado, un Shion un poco menos triste gracias a la distracción de su amigo, seguía subiendo las escaleras y atravesando las casas restantes para al fin poder pedir una disculpa al santo dorado, concluyendo que la improvisación, que las palabras simplemente explotaran de su boca, sería lo más adecuado para enfrentar al compañero, ya que en una ocasión eso le había resultado.

FLASHBACK

-¿Puedo tocarte?

Había salido esa pregunta de sus labios y al instante se había asustado “¿acaso lo pensé en voz alta? ¡Por Athena!” Se sentía el peor de los hombres, mucho que se le había complicado una invitación a comer a la doceava casa para que él, sentado ahí comiendo pan, se le saliera esa estúpida pregunta de la cabeza. “Albafica me odiará, lo sé… Tengo que comenzar de cero. No puedo volver en una semana, no me dejará entrar. ¿Y si él baja a mi templo? Rápidamente intentaré una conversación, pero será corta porque de seguro pasará por ahí porque va a una misión, Albafica es tan responsable que no permitirá más que un hola y adiós. Pero quiero que sepa que no quiero perder su amistad, así que le preguntaré sobre el clima, ¡Pero siempre utilizo eso! ¿Y si le pregunto sobre su misión? ¡Qué va! No me lo diría jamás. Mejor si…”

Y sin darse cuenta, se había perdido en sus pensamientos dejando a un Albafica completamente confundido, mirando a su compañero que primero estaba asustado, y luego, como ido, como si no estuviera ahí realmente, le ganó la curiosidad.

-No podría con la culpa, Shion de Aries.

Esa respuesta lo sacó de su trance, ¿Acaso no lo había echado ya?

-¿Disculpa?

-Dije, que no podría con la culpa.

-Tú nunca me lastimarías, Alba. Lo sé.

-Ya te lo había mencionado. Mi cuerpo es veneno, y no quiero que mueras sino es en batalla, como el guerrero que eres. No será por alguien como yo.

-¿Por alguien como tú? Morir por ti sería el mayor honor de cualquier persona, Albafica, si es por tocarte, significaría que eres el mejor entre los dorados, porque sin mover un solo cabello pudiste evitar una guerra de mil días, venciendo fácilmente a tu oponente. Pero no me subestimes, que tengo mi fuerza -terminó guiñándole un ojo, volviendo a sorprender a  su compañero, y al mismo tiempo, sacándole una corta sonrisa.

-Necesitaría todo un día para darme valor y aceptar tu toque, caballero de Aries, tal vez algún día logres convencerme.

-¿Y también ese día podría convencerte de que me llames solo por mi nombre? Somos amigos, Albafica, quiero que confíes en mí como yo contigo.

-¿Cómo puedes hacerlo si apenas hablamos?

Se quedó callado por un momento –No lo sé, somos compañeros de armas. Solo… confío.

El pisciano parecía querer responder algo, y después de largo rato de espera por parte de Shion, escuchó lo que no pensaba escuchar en un día cercano.

-Está bien. Pasaremos un día juntos, haciendo lo que comúnmente realizas para tu entretenimiento. Y al anochecer, -suspiró- te tocaré, ¡Pero solo un toque rápido y pequeño!

-Albafica… ¡Muchas gracias! –Rápidamente se acercó a su compañero a abrazarlo, pero el otro al darse cuenta de sus intenciones se alejó asustado.- ¡Perdón! No quería… Gracias Alba. Prometo estar puntual y hacer de ese día el mejor para ti hasta ahora.

-Solamente te pido que no me falles, Shion de Aries.

-Tenlo por seguro, la puntualidad es lo mío. Tendremos una cita.

-Una… ¿cita?

FIN FLASHBACK

Y con ese otro pensamiento no se daba por enterado que había llegado a su destino. La casa de Piscis de alzaba ante él majestuosa, como si estuviera esperando a que la admiren, como si tuviera vida propia. Casi anochecía, la luz del sol estaba en sus últimos avistamientos. No pudo haber llegado en peor momento, y él que había esperado por ese día, meses que pasaron para que pudiera hablar con él, que pudiera acercarse, que pudiera mantener una charla amena, que lograra memorizar sus gestos, su voz, sus palabras, sus respuestas a cada ocurrencia suya. Y era la primera vez que le había fallado. Era el día y le había fallado. Lo había olvidado “En realidad, siento que tal vez no lo olvidé, solo vi en otro compañero lo que siempre había visto en él. Por eso me desvié un momento y… Soy el peor.” Finalizando su discusión mental, y con una determinación en su mirada, comenzaron sus pasos hacia dentro del gran doceavo templo del santuario.

Silencio. Es lo primero que pudo percibir al comenzar su paso por Piscis, silencio y una obscuridad que sentía acompañada de tristeza. Percibió como si el mismo Albafica hubiera transmitido su sentir a su templo. Y lo angustió aún más. Si ese lugar que lentamente fue conociendo no quería darle la bienvenida, no quería imaginar a su dueño.

Pero de pronto, sus pasos se detuvieron. A escasos metros estaba el motivo de sus pensamientos y sus alborotados sentimientos. Estaba parado frente a él como un desconocido serio, imperturbable. Como un enemigo al asecho. Shion no podía consigo mismo. Temía lo peor; pero todo estaba en su mirada: Albafica lo miraba sin sentimientos. Shion lo lamentaba, porque preferiría mil veces una mirada de decepción a la que estaba recibiendo en ese momento. “Qué hice…”

El caballero de la doceava casa por su parte, solo pasó su mirada una vez; recorrió todo el perfil del que tenía frente suyo terminando nuevamente en sus ojos. Y se quedó ahí por un momento, como si quisiera leer el alma del Ariano. Siguió esperando, pero el otro no decía nada. Y como al parecer así se quedarían hasta que alguno diera el primer movimiento, mirándose fijamente en silencio, Albafica simplemente cerró sus ojos, dio media vuelta y caminó, iba hacia su dormitorio. Pero no pudo continuar su camino porque escuchó un golpe seco que lo hizo detenerse, y lentamente giró su cuerpo para saber el motivo de aquel raro y corto ruido. Simplemente se quedó ahí viendo: El golpe extraño lo había provocado el invitado, al momento de dejar caer su cuerpo, quedando de rodillas. Shion estaba de rodillas frente a él. Albafica se preguntaba si no estaba demostrando su sentir: intriga; se supone que no debía reflejar nada.

Y volvieron a quedar en silencio. Mirándose fijamente. Solo que las miradas no estaban frente a frente, sino uno más arriba, como un sentenciado y verdugo. Esperando.

-No hubiera venido si se había arrepentido, caballero de Aries.

El hincado no dejaba de mirarle, porque notó que su compañero de armas se dirigía a él no solo frío, sino formal.

-Castígame, pero necesito un día entero para explicarte.

El de la doceava casa no le respondió enseguida. Esos momentos de silencio lo estaban matando.

-No vuelvas a pedirme algo en lo que te queda de vida.

-Albafica…

-¡Silencio! –lo interrumpió. –Eres mi compañero de armas, Shion de Aries, caballero dorado de la primera casa del santuario, servidor de la diosa Athena. Nada más. Solo me dirigirás tu palabra al momento de pedir tu paso por esta casa.

Otro silencio amargo, hasta que Shion respondió –No lo creo.

Y sin pensar en las consecuencias, Shion se puso de pie para avanzar con paso decidido a su compañero, a lo que el otro de improvisto, retrocedía rápidamente; tarde se dio cuenta de que su espalda había tocado un pilar y su camino se había terminado. Por su parte el peliverde aprovechó el momento para acorralarlo; cada que el peliceleste se movía, el otro alzaba un brazo casi tocándolo, provocando que Albafica se quedara en su lugar. El de piscis se pensó un tonto y un cobarde por haberse sorprendido y haber caído en una jugarreta de ese tipo; hubiera dejado que lo tocara, para que así muriera de dolor.
Pero de pronto, Shion abrió más sus ojos al darse cuenta, que Albafica estaba llorando. Sus lágrimas caían lentamente, y sintió mucha impotencia por no poder retirarlas de su rostro. Lo único que se le ocurrió al mayor fue hacer la cosa más extraña y dulce que pudo recibir Albafica: con su mano derecha, el de Aries besó sus propios labios, acercando su mano a la boca del otro, pero sin tocarlo, unos milímetros lo separaban de su toque.

Para eso el ojiazul, habló suavemente -¿Por qué haces esto?

-Porque quiero tu perdón, Albafica de Piscis. Comprendo que es la primera vez que te ocurre, pero soy humano. Y como persona que comete errores, quiero disculparme, y haré todo lo necesario para que no me alejes de tu lado. Así que no aceptaré tu enojo. Mañana y todos los días me tendrás aquí con tu dulce favorito, hasta que decidas aceptar otra cita conmigo. Y no fallaré.

Terminó acercando sus labios al otro, sin tocarlos, percibiendo el temblor y temor del de Piscis, y así sin más de repente, se alejó, y se fue.

Albafica por su parte, tenía sentimientos encontrados por lo que acababa de suceder. Ese caballero dorado seguramente le traería muchos más dolores de cabeza hasta el día de su muerte, y pensó seriamente en ir a buscarlo para aceptar otra cita de inmediato, para no volver a pasar lo que acababa de vivir. Lo pensaría, sintiendo unos extraños sentimientos surgir hacia su compañero, su amigo; ya no tenía idea.

 

 

Notas finales:

La continuación tendría las reacciones de Alba con el paso de los días, un Shion coqueto y un Dohko descubriendo sus sentimientos por el carnerito. Pero ahí quedó.

¡Muchas gracias por leer!

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