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Dimension War

Autor: Anotherdim07

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Notas del fanfic:

La historia de Yu-Gi-Oh y los personajes no me pertenecen.

Era un mundo totalmente nuevo al que se estaba enfrentando. Un paisaje desierto, oscuro y sombrío, tal y como se lo habían relatado antes de llegar aquí con los otros cuatro que la acompañaban ahora y que observaban el lugar con la misma pesadez.

Sabía que no era la primera generación que llegaba a cumplir con la misión que ellos tenían ahora, pero se preguntó cómo podían levantarse cada día para observar un paisaje tan desolador, un desierto de kilómetros y ningún signo de vida aparte de la que se encontraba dentro de la estructura que pisaban ahora, un edificio gigantesco con forma de pirámide.

Actualmente se encontraba en lo que podría ser la cumbre de la estructura, un lugar amplio que en su centro tenía una pequeña plataforma que parecía dar estabilidad a cierto objeto que flotaba en el aire mientras giraba en su propio eje. Ese era el símbolo que representaba lo que debía proteger, los pocos humanos incapaces de realizar algo de magia y, por lo tanto, incapaces de traspasar la puerta al mundo del cual ella y sus cuatro compañeros venían; por lo que debían agruparse y vivir en aquella estructura.

Esa era su misión, proteger a esa pequeña población de gente que quedaba viva en ese lugar y darles la mayor estabilidad posible sin la libertad de poder circular libremente en ese mundo. No lo tenían prohibido, pero todos los que vivían ahí sabían que colocar un pie fuera del lugar podría significar la muerte. Durante el día, y con la luz del sol iluminando todo, no había alma que se paseara por kilómetros a la redonda, pero al llegar la noche todo era diferente.

Y justo en ese momento se encontraban ahora, donde el sol comenzó a desaparecer por el horizonte y a lo lejos vio un par de seres caminar en su dirección. Entonces todos se prepararon, ella tomó las dos espadas que se encontraban en su cintura, Honda alzó lo que parecía un pequeño bastón mágico y que, en un instante, se volvió una extensa lanza con afiladas cuchillas en cada punta, Jōnouchi tomó una espada con su mano derecha, Marik tomó un revolver con cada mano y Yugi, él debía quedarse en ese lugar cumpliendo el trabajo más importante: crear una barrera alrededor de ese gigantesco edificio capaz de ser lo suficientemente fuerte para evitar que alguno de esos extraños seres alcanzara a las personas que se encontraban ahí.

- Cada vez van apareciendo más y más, será una noche larga – río Jōnouchi mientras observaba como el horizonte se llenaba de demonios y otros monstruos -

- Yugi, ¿podrás con esto? – le preguntó la chica preocupada y los demás se giraron a verlo, quien sonrió de un momento a otro.

- Anzu, chicos, estaré bien. – les dijo – Pero ustedes no se arriesguen demasiado. Me encargaré de proteger este lugar – finalizó firmemente el chico.

- Entonces, ¡a la carga! – gritó Honda para animarlos y empezar a correr hacia abajo para enfrentar a quienes amenazaban la seguridad de ese lugar. Yugi fue el único que se quedó en lo alto del edificio, junto al extraño símbolo giratorio, colocando sus manos frente a él para poder conjurar la gigantesca barrera.

Ya en el suelo y con la barrera en alto, los cuatro chicos comenzaron a acabar con cada demonio que se les cruzara al frente. Si bien era cierto que la barrera era capaz de evitar el paso de los demonios a su interior, cada uno que llegara a chocar con ella significaba que Yugi tendría que desgastarse más en fortalecerla. Por eso ellos estaban ahí, pues la barrera debía durar toda la noche y no podían permitir que el tricolor se agotara antes del amanecer.

Del mundo del que ellos provenían, muy diferente a éste, era un honor ser elegido para este papel pues significaba que tu poder mágico o tus habilidades de lucha eran superior al resto. Más aún lo era ser elegido como el convocador de la barrera, pues eras la pieza clave de la misión y quien poseía el poder mágico más alto de toda la escuela de magia y, posiblemente, de toda la dimensión en la que vivían. Pero no era un trabajo feliz, ser el convocador te convertía en el blanco constante del ataque de los demonios y monstruos, quienes sólo querían atravesarla para llegar a los humanos de esta y la otra dimensión. Después de todo destruir al convocador significaba que la puerta a Domino, la dimensión de la que provenían, podría abrirse.

Por otro lado, pertenecer al grupo protector significaba una lucha constante sin poder descansar por las noches y perfeccionarse tanto en magia como en estilos de pelea. Cualquier error podría significar la muerte ahí mismo.

- Eso no pasará, no voy a caer aquí – Se dijo firmemente Anzu antes de dar un golpe al demonio frente a ella. Habían pasado algunas horas en las que perdió la cuenta de cuantos había logrado cortar con ambas espadas, aun no se veía el amanecer y el agotamiento estaba haciéndose presente en ella y en sus compañeros. Por suerte la barrera seguía en pie y se preguntó cuánto faltaría para poder descansar.

Fueron tan sólo segundos en los que se desconcentró para tomar un respiro, que no vio como a su espalda uno de los monstruos levantaba sus garras para atacarla sin piedad. Giró su cabeza asustada y sin poder reaccionar.

- ¡Anzu! – escuchó en un instante mientras veía cómo las garras de detenían a centímetros de su cara y el monstruo se deshacía por un corte a mitad de su horrendo cuerpo - ¿Estas bien? – le preguntó Honda mientras se acercaba a ella preocupado.

- ¿Honda? – preguntó ella incrédula - ¡Gracias, me has salvado! – casi le gritó ella, con los ojos dilatados y ganas de llorar, sintiéndose indefensa por unos segundos – por un momento pensé que me haría daño.

Honda le sonrió mientras se acercaba a ella, pero una voz lo interrumpió - ¡Chicos! ¿están bien? – gritó Marik a lo lejos corriendo. Fue cuando Anzu se dio cuenta de que a su alrededor ya no estaban más que ellos tres y Jōnouchi, quien después de ver a lo lejos que estaban bien comenzó a subir rápidamente la estructura hacia la parte más alta.

- Anzu casi no lo cuenta, pero estamos bien – respondió Honda, mientras Anzu se fijaba que el amanecer había llegado y, por lo tanto, los demonios habían desaparecido. Era hora de descansar.

- Jōnouchi ya subió, vamos nosotros también – los animó Marik y comenzaron a subir juntos.

Cuando Jōnouchi llegó a la cima de la pirámide se encontró a Yugi sentado en el suelo, suspirando cansado.

- ¿Fue duro, eh?  - le dijo el rubio, ofreciéndole la mano derecha para ayudarlo a levantarse.

- Si, dormiría dos días después de esto – contestó el tricolor aceptando la ayuda del mayor para ponerse de pie – lástima que sólo será una tarde, solo quiero descansar. ¿Cómo están los demás?

- Míralos tú, ahí vienen – le dijo Jōnouchi apuntando en la dirección en la que los otros chicos venían. Yugi sonrió al verlos en buen estado y, cuando llegaron, los cinco se dieron un abrazo de victoria.

Pues habían triunfado la primera noche.

La primera de muchas.

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Diez horas habían pasado de eso y los cinco se encontraban en la sala de estar del último piso, el cual fue hecho exclusivamente para que habitaran aquellos que cumplían con la misión de proteger Azahar. Habían dormido y descansado lo suficiente durante el día, cada uno en su propia y cómoda habitación.

Ahora estaban sentados en mullidos sillones, observando impresionados la pequeña mesa de centro repleta de comida.

- Había escuchado que la gente aquí era muy agradecida, pero es demasiada comida – Dijo Anzu tomando un poco de fruta para dejar en un plato frente a ella y comer.

- Podríamos ir a dar una vuelta y agradecerles personalmente antes del anochecer – dijo Yugi comiendo sonriente una especie de dulce. Los demás, que estaban atragantados en comida, sólo asintieron con la cabeza. Anzu y Yugi sólo sonrieron al verlos así.

- ¡Esto está delicioso! – gritó Marik con una radiante sonrisa – desde que ingresé a la escuela de magia que no había comido algo de tan buen sabor –

- Tienes razón – Contestó el castaño a su lado – La comida ahí no era tan buena -

- Yo no sabía que se podía cultivar en este lugar – dijo Anzu observando la roja manzana en su mano – es muy poco lo que nos comentan en la escuela sobre esto – miró a los demás.

Los demás dejaron de comer y la observaron – Ni siquiera sabemos cómo es la vida aquí, cuando desperté la comida ya estaba puesta en la mesa – dijo el rubio pensando.

- ¿por qué no vamos a conocer a la gente? Aprovechamos de visitar el lugar, aún queda tiempo para que anochezca – propuso la castaña, a lo que los cuatro chicos asintieron.

Como no conocían el lugar, dieron vueltas sin sentido durante un rato sin encontrar la forma de bajar a los pisos inferiores. A punto de rendirse, encontraron una puerta que guiaba a un cuarto oscuro donde se encontraban las escaleras.

- Es algo terrorífico este lugar – habló la única chica en el grupo.

- Hey, Anzu. ¿Tienes miedo? – la provocó el rubio, a lo que la castaña lo miró furiosa.

- ¡Por supuesto que no, idiota! –

- Calma chicos – habló Marik interponiéndose entre los dos – bajemos los cinco juntos y no pasará nada. Además, somos magos ¿lo recuerdan? – todos lo miraron – si no hay luz, podemos ayudarnos de magia – y con un pequeño movimiento de su mano derecha el cuarto enfrente de ellos se iluminó.

- Marik, eres un genio – hablo Honda y entró para comenzar a bajar las primeras escaleras.

- Es algo obvio – le respondió riendo, mientras lo seguía.

Cuando bajaron un par de escaleras, notaron que había una puerta. Al abrirla se enfrentaron a un pasillo muy similar al que había en el piso superior, donde se encontraban sus cuartos. Caminaron hasta escuchar ruidos de los parecían choques de metal y personas conversando y riendo a lo lejos, además de un ligero aroma a comida casera.

- Acabo de comer y ya quiero probar eso que huele tan delicioso – dijo Jōnouchi ansioso.

- Eres un glotón – le dijo el tricolor – te comiste toda la comida de la mesa y quieres más – rio junto a los otros.

- Esto parece ser la cocina – habló Anzu – siga… - fue interrumpida por lo que parecían ser un par de ollas de metal cayendo al suelo estrepitosamente. Todos se giraron hacia un lado donde había una chica peliazul sorprendida y algo temerosa de verlos ahí.

- ¡Lo…lo siento! – se disculpó mientras se agachaba a recoger las cosas en el suelo.

- Descuida – le dijo el tricolor mientras se agachaba a ayudarla – nosotros te hemos asustado, así que no es tu culpa – le dijo conciliador - ¿Cómo te llamas? -

Una vez con las cosas en sus manos y la cabeza gacha respondió – Miho Nosaka, señor -

El tricolor la miró incrédulo - ¿Señor? Soy joven aún, no me llames así – le dijo tranquilamente – Soy Yugi, sólo Yugi. – La chica lo miró a los ojos y él se giró para presentar a los otros – ellos son Marik, Jōnouchi, Honda y Anzu – los apuntaban mientras cada uno bajaba la cabeza en modo de saludo.

- Mucho gusto – respondió la chica bajando también la cabeza.

- Miho, ¿qué es este lugar? – le preguntó Honda, a lo que la chica se sonrojó de repente.

- Es donde se prepara la comida de toda la gente que vive aquí – comentó incómoda mirando hacia un lado – eso los incluye a ustedes. Si desean algo para comer, no duden en pedirlo -

- ¿Hay algo que te moleste? Te veo incómoda – le preguntó el tricolor.

- No es eso – la chica los miró – solo es extraño verlos caminando libremente por aquí. Los anteriores magos no solían tener mucho contacto con nosotros ni salir de sus habitaciones, salvo aquellas ocasiones en las que nos pedían algunas cosas. Además, la gente aquí les tiene mucho respeto, por lo que evitamos molestarlos al mínimo -

Los cuatro estaban ligeramente sorprendidos – Ehm, ¿podrías llevarnos a la cocina? – dijo de repente el pelicenizo – queremos agradecerle a la gente que cocinó la deliciosa comida que disfrutamos hace un rato –

La chica sonrió - ¡Claro! – comenzó a caminar seguida de los demás.

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Estaba anocheciendo y los cinco se encontraban nuevamente en el ápice de la gran estructura que servía de refugio, cuatro preparando sus armas y el quinto, comenzando a conjurar la barrera de protección. Mientras, uno en uno comenzaron a aparecer los extraños seres en la lejanía, caminando unos y arrastrándose otros, volando con sus grandes alas o simplemente apareciendo de la nada. Toda clase de criaturas que jamás habrían imaginado ver.

Muy lejos de ahí, alguien observaba con ira tras una pantalla mágica lo que estaba pasando - ¡Tan sólo un mes se demoraron en enviar un nuevo convocador! – se paseaba de un lado a otro mientras otros tres seres la observaban.

- Eso nos complica las cosas, tuvimos un mes en el que la barrera se fue debilitando poco a poco funcionando de manera automática. Ahora, evidentemente será más difícil de destruir – dijo uno.

- Nos confiamos – dijo otro, mientras la primera lo observaba con rabia y dejaba de dar vueltas – pensamos que sería como en otras ocasiones, donde demoraban casi un año en traer a un grupo nuevo –

- Tranquilas, chicas – dijo el último, sonriendo – aún nos quedan recursos que utilizar.

Las otras tres en el lugar observaron al último intrigadas – Hieron, ¿Qué planeas? – le preguntó una de ellas.

- Ya verán…- respondió el pelinegro acercándose a observar la pantalla mágica y sonreír.

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