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Esclavo Comprometido

Autor: happyKiss_krey

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Notas del fanfic:

Resubido :v

                          Hoy 
 
Do Kyungsoo estaba preparado para morir. 
 
Tenía una pistola, una Glock de 9 mm que había pedido prestada a un amigo policía, y sabía cómo usarla. Tenía todos sus asuntos en orden incluido su testamento, en el que le dejaba todo a su novia, hyeri. Como socio menor, uno de los más prestigiosos bufetes de abogados de Corea del Sur, había muchas cosas que dejaba incluida su casa de la ciudad, el barco, el Jaguar que a ella tanto le gustaba, y una enorme cartera de acciones. 
 
Desde el punto de vista económico tenía más que la mayoría de los hombres de su edad, pero eso no lo había hecho feliz, esperaba que quizás fuera diferente para hyeri. Darle todos sus bienes materiales era lo menos que podía hacer por ella, ya que nunca había sido capaz de darle su amor. La única cosa que ella no iba a conseguir era Link, su husky siberiano de raza. 
 
Link era para kim Jongin, su compañero de habitación de la Universidad. Kyungsoo no lo había visto en casi seis años, desde la noche en que… apartó a un lado los malos recuerdos. La cuestión era que, sin importar cómo de mal habían terminado las cosas entre ellos, sabía que a jongin le gustaban los animales y quería que su antiguo compañero de habitación tuviera algo para recordarlo, algo que era muy valioso para kyungsoo. Y quería que Jongin supiera que había pensado en él antes de morir. 
 
Había conseguido la dirección actual de correo electrónico de Jongin de uno de esos sitios web ''localiza a tus antiguos compañeros de clase'' y esperaba que fuera correcta. Si no, suponía que hyeri tendría que encontrar un hogar para Link. No sería difícil, el husky era un hermoso animal de carácter dulce. 
 
Kyungsoo solo esperaba que si alguien aparte de Jongin se 
quedaba con la perra, dispusiera de más tiempo para pasar con ella del que él había tenido. Últimamente parecía que pasaba más tiempo trabajando que en casa y cuando no estaba trabajando, estaba fuera 
planificando la enorme boda de cinco cifras que hyeri había insistido en tener. La boda que ya nunca tendría lugar. Sentía un gran alivio por eso. Al menos no iba a tener que estar de pie frente a quinientos amigos, familiares y extraños y mentir, eso ya era algo. 
 
Pensó que quizás fue la perspectiva de la boda lo que 
finalmente lo llevó al límite. La idea de atarse para siempre a alguien que no amaba, cuando la persona que le interesaba de verdad estaba fuera de su alcance para siempre, era demasiado. Llevaba viviendo con hyeri un tiempo ya, pero solo habían anunciado su compromiso la noche anterior en una enorme fiesta en la casa de sus padres. Kyungsoo apenas podía recordar el contorno borroso de caras sonrientes, de manos zarandeando la suya, de voces felicitándolo por su buena suerte. Si solo supieran cómo se sentía en realidad, como si se estuviera ahogando en un mar de mentiras, luchando en una telaraña de engaños que él mismo había tejido. 
 
Kyungsoo respiró profundamente y se libró de los recuerdos de la noche anterior. Tenía que volver al asunto que tenía entre manos. La nota de suicidio, tal era en realidad, estaba terminada. La colocó con cuidado en el alféizar de la ventana de su cara casa de ciudad de más de 700 metros cuadrados. 
La nota simplemente decía: 
 
Lo siento. Ya no puedo seguir con esto. Por favor, perdóname. Kyungsoo.
 
No quedaba nada por hacer excepto apretar el gatillo. Se apartó de la ventana y fue a buscar la pistola a la cómoda. Yacía como un juguete mortífero entre su reloj Omni y los gemelos tachonados de diamantes que hyeri le había dado como regalo de compromiso. 
 
Cuando levantó el frío y metálico peso del letal instrumento en su 
mano, dejó de examinar sus pensamientos. 
 
El pesado espejo de marco de caoba que colgaba en la pared 
frente al aparador mostraba un hombre, con una estatura pasable, con cabello cafe oscuro y grandes ojos bordeados por densas y negras pestañas. Sus rasgos eran un poco demasiado finos, un poco demasiado delicados para ser tan masculinos como a él le habría gustado, pero entre los que tenían una —cara bonita— él no se salía de lo normal. Iba al gimnasio de forma regular para mantenerse en forma, pero no tenía músculos marcados sino más bien un cuerpo delgado de nadador. Tenía puesta una simple camisa azul sin abrochar y un par de pantalones que le sentaban bien, lo cual era gracioso, considerando que era la última ropa que se habría puesto nunca. 
 
Mirándolo ahora, nadie podría adivinar que era el próximo en 
convertirse en socio del bufete y conseguir un salario de seis cifras o que iba a conseguir al casarse la máxima esposa -trofeo del sur – una espectacular chica como un bombón de una de las principales familias. 
 
Parecía más un chico cualquiera de casi veinticinco años que podías ver por la calle. Kyungsoo pensó con amarga satisfacción que podían vestirlo elegantemente con un traje de Armani, a los que hyeri les tenía mucho cariño y que su padre había insistido que vistiese para ir a la oficina, en su funeral. Ahora mismo había decidido morir cómodo. 
 
Fue con una mezcla de alivio y pesar que levantó el frío y firme peso de la Glock hacia su cara y deslizó la boca de la pistola entre sus labios. El cañón sabía a aceite y se sentía frío contra su lengua y él lo dirigió apuntando al paladar de su boca. Había leído historias terroríficas en Internet sobre personas que se habían lobotomizado o que se habían volado la mandíbula en chapuceros intentos de suicidio, y él estaba decidido a hacerlo bien. La bala entraría por el medio de su cerebro y saldría por la parte de atrás de su cabeza, matándolo instantáneamente. No más dudas, no más remordimientos. Solo el final de Do kyungsoo.
 
Su dedo ya estaba apretando el gatillo cuando oyó un gemido 
intranquilo procedente del piso de abajo. Link andaba de un lado a otro de la cocina, las uñas de sus patas chasqueaban en las baldosas italianas importadas. Ella siempre quería estar a su lado, pero kyungsoo había decidido que era mejor encerrarla en la cocina mientras él hacía lo que tenía que hacer. No le gustaba la idea de su sangre salpicando su pelaje blanco como la nieve o de que pudiera colocarse de alguna manera en la trayectoria de la bala una vez que ésta saliera por detrás de su cabeza. 
 
Perdona, Link, pensó con el dedo presionando un poco más sobre el gatillo. Te quiero, pero llegó el momento de marcharme. No te preocupes, estoy seguro de que Jongin te cuidará mucho. Sé que siempre me cuidó mucho a mí… Empujó el pensamiento fuera de su mente rápidamente. No había tiempo para remordimientos, solo para la acción. Un apretón y todo acabaría. Una única bala era todo lo que hacía falta para acabar con la mentira 
interminable en que se había convertido su vida. 
 
De repente, se oyeron golpes frenéticos en la puerta delantera. 
 
Kyungsoo sufrió una sacudida y el cañón de la pistola chocó 
dolorosamente contra sus dientes delanteros antes de que la sacase de un tirón de su boca. ¿Qué demonios…? La pregunta apenas tuvo tiempo de formarse en su mente antes de ser contestada. 
 
—¿Kyung? ¡Kyung! —Una profunda y enfadada voz gritó desde fuera. —Maldita sea, ven a abrir esta puerta ahora! 
 
Solo había una persona que siempre lo había llamado así, solo una persona que era posible que estuviera en su puerta delantera.
 
Jongin. Pero ¿cómo lo había sabido? Y ¿Por qué estaba allí? ¿De verdad le preocupaba lo qué le había pasado a kyungsoo después de todos aquellos años? 
 
—¿Kyungsoo? Maldita sea, ¡no hagas que tire abajo la jodida puerta! 
 
Kyungsoo miró por la ventana. Efectivamente, era Jongin, su altura, su cuerpo de anchos hombros era inconfundible en la menguante luz de la puesta de sol. Alta en una esquina del cielo, se levantaba una fantasmal luna llena, de alguna manera lo hacía parecer incluso más grande. Incluso aunque habían pasado años desde que kyungsoo lo había visto por última vez, sabía que nunca olvidaría su poderoso cuerpo, su grueso cabello negro y sus insondables ojos que podían mostrar furia en un momento y estar llenos de risa al siguiente. 
 
Antes, la visión de su viejo amigo aporreando la puerta, 
pidiéndole que la abriera, ordenándole bajar, habría hecho detenerse a kyungsoo. Pero esos tiempos habían pasado y quedado atrás, cuando se habían encontrado por primera vez. Atrás en aquellos pocos y mágicos meses en los que habían compartido más que una amistad y antes de la noche que había cambiado sus vidas para siempre. 
 
Aquellos días y el vínculo que él y Jongin habían compartido estaban perdidos ahora, idos para siempre fuera de su alcance. Era demasiado tarde. 
 
Kyungsoo volvió a colocar el cañón de la pistola en su boca.
 
Notas finales:

Lo siento xd

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