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Sobreviviendo a mi suegra

Autor: desileo

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Notas del fanfic:

Como siempre, los personajes no me pertenecen (tal vez un poco la personalidad del Inquisidor) todo este mundo es de Bioware, si me pertenecieran, no sería ni la mitad de genial de lo que son.

Puede contener spoiler de este juego y del segundo de la saga.

Notas del capitulo:

¡Hola a todos!

Es la primera vez que escribo en esta sección, (por lo regular me encuentran en Sekaichi Hatsukoi) pero quise provar con esta pareja que tanto me gusta en los videojuegos.

Varric peleaba contra los demonios que no paraban de salir de aquella brecha, con la ayuda de Bianca, su ballesta, y el elfo apóstata que, si mal no recordaba, su nombre era Solas.

Por si eso no fuera difícil, había comenzado a caer más nieve de la que ya estaba, provocaba que la temperatura se redujera mucho más, era difícil realizar sus acrobacias para atacar a los demonios y ver su ubicación entre la ventisca.

Siendo escritor desde hace varios años, sabía cómo debía acabar una escena de este tipo: con la muerte de los personajes que estaban peleando en ella. Podía sonar cruel, pero él tendía a escribir relatos de ese tipo porque la realidad no distaba de ella.

Era estúpido escribir cosas que no se basaran en la realidad y llegar a pensar que había finales felices para los protagonistas, por lo que las tragedias eran su tema favorito.

Después de un largo momento, Varric se preguntó qué sería lo último que vería al morir. Pensó en toda la gente que deseaba volver a ver para despedirse o disculparse, saltando a la mente uno en particular de éste último rubro.

Para su sorpresa, una visión apareció frente a él, la cual hizo que se distrajera por unos momentos de la batalla.

Un elfo de piel oliva y ojos verdes se acercaba hasta donde se llevaba a cabo la batalla. Por unos momentos, Varric solamente pudo pensar en que el Hacedor le estaba jugando una broma muy cruel, haciendo una ilusión de uno de sus más grandes errores.

Sin embargo, algo que lo sacó de su ensimismamiento fue que el elfo lanzó una bola de fuego a uno de los demonios que estaba a punto de atacar a Varric, quien vio por primera vez cómo era éste realmente.

Era un jovencito (a los ojos del escritor), con el cabello negro lacio largo hasta los hombros, con tatuajes blancos en sus mejillas que para el enano parecían ramas.

Justo cuando acabó la batalla, Solas tomó la mano del joven y la acercó hasta la brecha, ésta se cerró instantáneamente y se reveló así la identidad del elfo.

Era el prisionero que la Buscadora pensaba era el responsable de todo ese caos. Con presentaciones apresuradas, emprendieron su camino para llegar hasta donde la hermana Leliana se encontraba, pero antes de partir, Solas preguntó.

─¿Cuál es tu nombre?

Por la mente del enano pasó un nombre adecuado para el elfo, sin embargo, éste respondió.

─Dacio Lavellan.

Mientras partían, Varric se preguntaba qué clase de héroe sería ese chico y cómo su historia quedaría grabada en las eras.

De su mano, por supuesto.

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Varric veía alrededor de Feudo Celestial, observando a Dacio pasar furtivamente por su  lado para ir a visitar a su novio, el engreído y mimado mago Tevinterano Dorian Pavus. A pesar de que ese par pensaba que eran discretos, prácticamente toda la Inquisición sabía que estaban en una relación.

Todo había comenzado desde que fueron a reclutar a los magos en Risco Rojo, en donde se habían hallado con la desconcertante vista de éstos sirviendo a un Maese llamado Alexius y la cosa se puso aún más bizarra cuando visitaron la capilla del lugar para encontrarse con una persona que los podía ayudar, al final se vieron en una brecha y a Dorian explicando que todo eso era resultado de magia del tiempo.

Al menos agradecía que los enanos no pudieran hacer magia, porque todo eso parecía tan complicado.

A partir de ahí, el ahora Inquisidor lo había seguido constantemente, haciendo “sutiles” coqueterías al hombre y el enfrentar al padre de Dorian, teniendo como resultado que los dos magos comenzaran a salir juntos.

Fue sacado de sus meditaciones por la hermana Ruiseñor que preguntó.

─Varric, ¿ha visto al Inquisidor?

Sabiendo que la mujer se enteraría por otros medios y no queriendo hacer perder su tiempo, el escritor respondió.

─Lo acabo de ver yendo con Sparkler*, ¿por qué?

Con un rostro serio, Leliana respondió.

─Ha llegado una carta acerca de su madre. Al parecer, quiere venir a la Inquisición. Si me disculpas.

Leliana pasó junto al enano, mientras que éste hacía hasta lo imposible para no reírse. Si lo que Ruiseñor decía era cierto, cierto mago iba a estar en un enorme apuro, porque era bien sabido que los elfos libres y los Tevinteranos no se llevaban bien, y no creía que la madre de Dacio estuviera muy complacida de ver a su hijo con uno de ellos.

Esto se iba a poner interesante.

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Dacio caminó felizmente hasta la biblioteca, en donde sabía que estaría su novio, Dorian. A pesar de que el hombre podía ser muy sarcástico y un dolor en el trasero, también podía llegar a ser muy dulce, siempre y cuando presionara los botones correctos.

Además, tenía las más divertidas maneras de pasar el tiempo juntos, entre ellas ver y criticar los uniformes de la inquisición, fingir que hablaban mal de Cassandra frente a ella y, por supuesto, ir a su habitación para “hablar”.

Lo encontró leyendo un libro en su silla favorita, por lo que en un impulso por llamar su atención, dijo su nombre suavemente.

─Dorian.

El mago levantó la vista de su libro, reconociendo la voz de su amante y apareció en su rostro una sonrisa que no podía denominarse de otra manera más que llena de amor.

Viendo directamente hacia Dacio preguntó.

─¿Qué pasa, Amatus?

El Inquisidor no pudo evitar sonrojarse por el apodo que le había hecho Dorian en su lengua natal, por lo que avergonzado, respondió.

─¿Quieres hacer algo interesante?

Tomándole el pelo a su amante, Dorian bromeó.

─¿Más interesante que ir matando personas desconocidas por el campo? ¡No lo puedo creer!

A pesar de decir esas palabras, dejó de lado su libro y se acercó hasta Dacio, tomándolo gentilmente del mentón, dispuesto a darle un beso, sin embargo, fueron interrumpidos por una voz que tosió disimuladamente.

Ambos se separaron para ver a Leliana, la cual tenía una expresión divertida en su rostro. Recuperando su seriedad anterior, la maestra espía informó.

─Lamento interrumpir su momento íntimo, pero acaba de llegar una carta para el Inquisidor. Su contenido parecía… importante.

Dacio sabía que esas palabras significaban “he abierto la carta y he leído su contenido, pero parece importante” por lo que tomó la carta que le tendía Leliana y comenzó a leer.

Da´len

Espero que te encuentres bien y que los dioses te favorezcan en tu nueva misión como líder de la Inquisición. He escrito esta carta a causa de las preocupantes historias que han llegado hasta el clan sobre tus aventuras y tus varias evasiones a la muerte.

Yo sé que tener un cargo así conllevaría un riesgo de ese nivel, pero tu madre no parece pensar lo mismo, se está preocupando demasiado, sobre todo el rumor de que estás con alguien. A pesar de que la última vez pude detener sus ideas sobre ir a la Inquisición, ahora me resulta imposible, por lo que temo informar que está en camino hacia haya.

Espero que puedas hacer algo para que llegue con bien, ya que últimamente ha habido muchos peligros por los caminos, porque es imposible que cambie de idea.

Deshanna Istimaethoriel Lavellan.

Alzando la vista hacia Leliana, Dacio salió corriendo de la biblioteca, mientras gritaba hacia la mujer.

─Reúne a Cullen y Josephine a la mesa de guerra.

Sabía que la custodio tenía razón y no había manera de que su madre cambiara de idea una vez que se decidía a hacer algo, sobre todo si lo involucra a él, por lo que necesitaba asegurarse de que llegara ileso.

Una vez que llegó a la mesa de guerra y sus consejeros llegaron, comenzaron a darle ideas para su adecuado transporte hasta la inquisición, agradeciendo mentalmente de que la maestra espía le hubiera ahorrado tiempo y les hubiese explicado todo antes de llegar ahí.

La primera en hablar fue Josephine, sugiriendo algo con referencia a su fuerte: la nobleza.

─Podemos pedirle a uno de los nobles que estén cerca de donde se encuentre su madre para que nos preste una de sus carrozas y lo acompañe con su escolta personal y ganarse el favor particular del Heraldo de Andraste.

Dacio reflexionó por unos momentos esa opción y la desechó rápidamente.

─No lo creo, mi madre podría hacerse de palabras con el noble y arrancarle el corazón. No tiene mucha paciencia con los nobles, sobre todo si son humanos.

Ante la negativa del Inquisidor, Cullen dio una sugerencia más directa; utilizando a sus hombres.

─Podemos enviar a los soldados de la inquisición para que se aseguren de que llegue con bien. Así podría no sentirse tan incómoda e incluso le demostramos el poder que tiene su hijo.

Casi en cuanto Cullen terminó, Dacio lo desechó.

─Y le estaría diciendo que no es fuerte. Me mataría nada más llegar hasta Feudo Celestial.

Viendo todas las objeciones del Inquisidor, Leliana sugirió algo más discreto.

─Qué le parece si enviamos una carroza de comerciantes que, casualmente, vaya a Feudo Celestial y se encuentre a su madre en el camino. Claro, mis agentes seguirán el vehículo a una distancia prudente y sin revelar su ubicación.

Como anillo al dedo, Dacio aceptó.

─Es perfecto, ahora, si no es mucha molestia, me gustaría acomodar las habitaciones de mi madre. En unos momentos te mando una descripción de cómo es. Con su permiso.

Más tranquilo, emprendió su búsqueda para acomodar el cuarto de su madre para su inminente llegada, sin embargo, en cuanto se decidió por un cuarto, recordó un asunto que sabía le iba a morder el trasero.

Dorian.

Claro, su madre sabía que tenía un novio (había sabido desde siempre que le gustaban los hombres), que era un mago y que básicamente lo quería mucho, pero nunca se le ocurrió decirle sobre que era un magister de Tevinter.

Ya podía ver cómo pegaba el grito al cielo en cuanto viera a Dorian y a él siendo regañado por ser tan ingenuo y caer en las garras de un magister que solamente lo querría como esclavo y bla, bla, bla.

Bueno, por el momento, solamente tenía que enfocarse en tener todo preparado para su llegada y luego se preocuparía cuando tuviera que cruzar ese puente.

Esperaba que Dorian y él sobrevivieran a la furia de su madre que hacía ver la pelea contra Corífeus como un simple día de campo.

Notas finales:

* En español sería chispas, pero siempre me ha gustado cómo se escuchan en inglés, por lo que lo dejaré así.

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