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Mi niñera

Autor: Miky15E

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Notas del fanfic:

Copyright: los personajes (a excepción de los personajes OC) y las imágenes no me pertenecen. Todos los derechos van a su autor/a. Sólo la trama es mía. ¡NO se permite el plagio o la publicación de este fanfic en otras cuentas y/o páginas! 

Día de actualización: viernes. 

Notas del capitulo:

Utilizaré dos marcas a lo largo del fanfic: 


-n- = significa cambio de fecha, que puede ser de un día, semanas, meses o años. A veces especificaré cuánto tiempo transcurrió, pero si es innecesario, no lo haré. 


... = significa cambio de escena en un mismo día. 


Los diálogos de las llamadas estarán en cursivas


¡Disfruten!

Yuuri.


Cerré la puerta de mi apartamento y me di la vuelta, encontrándome con mi tormento diario: Viktor Nikiforov, y claro, su amable padre, Vladimir Nikiforov; los rusos guapos del edificio. Eran conocidos por todos como la familia número uno, a la que muchas mujeres querían pertenecer, pero ese mocoso impertinente de cabellos largos grises, sonrisa perfecta y ojos más azules que el mar o el cielo, siempre ahuyentaba a las candidatas.


Oh, por si no fuera suficiente, ¡el maldito mocoso me odiaba! Y sí, yo también lo odiaba.


—Buenos días, Katsuki. ¿Cómo amaneciste? —preguntó el señor Nikiforov mientras caminábamos hacia el elevador.


—Bien, gracias. ¿Las galletas de ayer estuvieron deliciosas? —Me acomodé a su lado derecho para no ver a su desagradable hijo.


—Insípidas —siseó el innombrable, burlándose de mí, como era su costumbre—. Espero y no te dediques a eso o quebrarás.


—Vitya, basta —lo reprendió su bondadoso padre de melena blanca y ojos igual de azules que su hijo—. Tus galletas eran sabrosas. Las devoré con una taza de café, Yuuri.


—¿Sí? Me alegra —afirmé y me encargué de presionar el botón para que las puertas del ascensor se abrieran.


—Vitya participará en una demostración y tengo pases libres en la zona VIP, ¿quieres asistir?


—Si no vas a ir, dímelo y no invites a extraños —gruñó Viktor y se metió al elevador en cuanto éste le dio acceso.


Vladimir Nikiforov no era popular sólo por su despampanante figura ni por su dinero, sino por su labor de científico. A menudo venían a grabar al edificio o lo entrevistaban. Gracias a eso, yo había podido conocer el interior de su enorme apartamento, uno de lujo, y tal vez el mejor de las instalaciones.


Por el contrario, mi apartamento era el de un pobre con sueldo base y comisiones extras. Lo que cobraba en mi trabajo de medio tiempo costeaba mis gastos de la universidad, y así, ayudaba a mis padres a solventar mi brillante futuro.


—Suerte, Yuuri —se despidió el señor Nikiforov con su diablillo frunciendo la boca en una ligera mueca.


—S-Sí, adiós. —Asentí sin fijarme que ya habíamos aterrizado en la planta baja.


Nosotros somos vecinos, por esa razón, Viktor y yo tenemos encuentros en las mañanas y en las tardes. Yo llego del trabajo y él de sus prácticas. No sé cómo le vaya en el patinaje, nunca he ido a sus presentaciones, pero es famoso. Lo he visto en portadas de revistas y en comerciales. Él es como una estrella en ascenso y su padre no se queda atrás.


El señor Nikiforov sale en la televisión anunciado sus éxitos en experimentos y creo que es colaborador en una empresa muy reconocida. Su esposa falleció hace años y de él depende su hijo, pero la relación que tienen no es perfecta. A veces escucho que el señor Nikiforov grita y minutos después, Vitya se va.


Viktor.



—¿Un viaje? ¿Sabes que este fin de semana es mi demostración? —Envolví mis manos en puños y aguanté las lágrimas que me amenazaban—. Mi presentación definirá mi puesto en el evento de apertura.


—Perdón, pero necesito hacer el viaje. Me hablaron de emergencia y debo estar en Canadá mañana. Ya compré mis boletos y prometo volver pronto. Te marcaré en la noche. —Agarró su maleta y un maletín negro, y se acercó a mí—. Prohibido mi laboratorio y las chicas.


—Vete —mascullé y agaché la cabeza—. Y no me marques en la noche. No quiero y a ti se te olvida.


—Viktor, esta conversación la tuvimos antier. —Resopló y alzó mi cara, sosteniéndome del mentón—. Te amo, hijo.


—Dijiste que estarías en mi presentación y no cumpliste tu promesa. —Me solté de su agarre y lo empujé para cruzar el pasillo del recibidor.


Oí el sonido de las llaves y comencé a llorar al saber que se había marchado. El sistema de seguridad se activó y, nuevamente, yo me hallaba solo en un lugar grande. La historia se repetía y por más que intentara detenerlo, él desaparecía. Era como un sueño o una terrible pesadilla que ya no deseaba revivir.


Lancé mi mochila de entrenamiento en el suelo y avancé rumbo a la cocina. Limpié mis mejillas y frené mis pasos al divisar un vaso con agua en la mesa del comedor.


—Genial, se larga y deja los trastes sucios. ¿Soy su sirvienta o qué? —Chasqueé los dientes y recogí el vaso para beber el contenido: agua natural.


Yuuri.


-n-


¡AAYY, NO! —Mi cuerpo se erizó ante el repentino grito y me volteé. Corrí unos metros y golpeteé la puerta un par de ocasiones.


—Hum, ¿Viktor? ¿Señor Nikiforov? ¿Sucedió algo malo? —Pero no me atendieron y me asusté.


—¿Quién? —cuestionó una vocecilla adentro del apartamento—. Viktor.


—¿Ah? Viktor, ¿y tu padre? ¿Está contigo? —¿Lo estarán secuestrando y debo avisar a la policía?


—No —murmuró y me concedió el permiso de ingresar a su palacio. Mi vista no encontró al chico que me molestaba, por lo que bajé la mirada y entreabrí la boca a causa de la sorpresa: un niño de ¿cinco años?, pelo platinado a mitad de espalda y ojos de un intenso azul.


—¿Tú quién eres? ¿Un hijo del señor Nikiforov?


—¿Tú quién eresh? —replicó mi pregunta, pero carcajeó y se dio la vuelta.


—S-Soy Yuuri Katsuki —balbuceé siguiendo al menor, que arrastraba una camisa blanca en el piso.


—Shuuri, tengo hambre —avisó y se trepó al mueble de tres, en donde se acostó y tomó el control del televisor—. Shuuri, dame comida.


—¡Alto! —Me interpuse entre él y la televisión. Todavía estoy en estado de trance y este niño me dice que tiene hambre—. ¿Cuál es tu nombre?


—Vitsha, el rey. —Extendió sus brazos hacia arriba sonriendo y esa diminuta curvatura en sus labios era tan linda y adorable. ¡Él era una preciosura!


—¿Vladimir escondía a un hijo? ¿Y por qué tu papá no está? ¿Qué haré? ¿Por qué yo? ¡Yuuri, cálmate! —exclamé. Me estaba volviendo loco. Era demasiada información en mi cerebro para un día.


—Shuuri, ¡cálmate! —Me señaló con el dedo índice, uniendo sus cejas en una—. Primero dame de comer.


—¿Y qué comen los niños? ¿Cereal? ¿Quieres cereal? —Reí, aunque no sabía por qué reía en estos momentos de incertidumbre y desesperación. ¡Había tensión en el ambiente y el niño continuaba burlándose! Me recuerda a Viktor—. No me digas…


¿Ese niño es Viktor Nikiforov? Los rasgos exteriores son idénticos, a pesar de que ahora sea un menor de cinco años y no de quince. No obstante, ¿por qué se hizo pequeño? ¿Es culpa del señor Nikiforov?


—Cocinaré cereal —susurré sacando mi celular de los bolsillos de mi pantalón para buscar el contacto que me urgía—. Ve caricaturas.


—¿Shuuri? —Alcanzó mi mano izquierda, obligándome a enfrentar la ternura de su rostro angelical—. Shuuri, hambre.


—Sí, sí, voy a cocinar un estupendo cereal —aseveré y me escapé a la cocina o Vitya se preocuparía. Oprimí unas teclas en el celular hasta que aceptaron mi llamada, luego de un rato—. ¡Señor Nikiforov, su hijo rejuveneció y quiere comer! ¿Qué hago?      


—¿Rejuveneció? ¿Qué?


—Vitya, no, Viktor tiene la edad de cinco años. 

Notas finales:

¡Nos leemos la siguiente semana! <33

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