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Malefic

Autor: SoyUnUkulele

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Notas del fanfic:

ESTE FIC ESTA PUBLICADO EN WATTPAD CON EL MISMO NOMBRE

Omegaverse

Drama

Comedia

Lemon (ya l@s cache cochinot@s 7w7)

Posible aparición OC

y mucho más!!!! <3

Notas del capitulo:

Hello!!! :3 mi primer fic aquí y estoy jsjsjsjsjsjsjsj emocionada!!! :3 aclaró que este fic está en Wattpad con un epílogo que me dio pereza poner aquí porque ya son las dos y media de la mañanita :'3 así se sólo me queda decir...¡disfrútenlo! :3 comenten -3- y les daré amorsh! <3 

1. Ojos celestes.

 

El viento que corría desde el norte era cálido y sabroso en su piel, por inercia sus enormes alas se esponjaron y extendieron poco a poco, disfrutando como este se introducía entre las plumas y las hacia juguetear.

Se le antojaba salir a volar un rato pero hacia un par de minutos que ya lo había echo, estaba algo agotado por la tremenda fuerza que su espalda era obligada a sobrellevar cada que se levantaba en vuelo.

Katsuki Yuuri, ese era su nombre y lo portaba con la frente en alto; era muy joven aún, sólo tenía 223 años, pero aún con eso su encomienda era enorme. Al ser un hada de tremendo poder y bondad sus compañeros le coronaron protector de todas las tierras del Páramo. Muchas hadas de diversos clanes y funciones se opusieron, ¡era demasiado joven e inexperto, pero al final el número de aceptaciones fue mayor y ele ahí, bajo las ramas de un hermoso árbol que crecía en la cima de la montaña más alta del lugar, observando lo que es su hogar, tan tranquilo y próspero.

Yuuri balanceaba sus piernas mientras mascaba unas hojas de menta, su trabajo había terminado con satisfacción, los campos de orquídeas se estaban secando y las hadas pequeñitas y brillantes habían volado asustadas pidiendo su ayuda. No era difícil revivir un campo de orquídeas pero cada que salía de la cueva y volaba para hacer su trabajo otros más se le sumaba, el río del sur se estaba secando y había de crear otro nacimiento de agua, la fábrica de polvo del sueño explotó y se tenía que aspirar todo para evitar que el Páramo cayera en un sueño profundo, las aldeas cercanas de los elfos temían por un monstruo que se comía sus sembradíos y hierbas medicinales (lo cual resultó ser un conejo hambriento), hasta la señora de las moras solicitó su ayuda, aterrada porque su camaleón se estaba atragantando con unas semillas; todo eso y más Yuuri lo recibía con una sonrisa, sin importar que tan agotador o ridículo era él aceptaba a los que requerían su presencia, por esa razón las criaturas le amaban.

Sus hermosos y brillantes ojos se movían vivachos por todo su territorio, viendo con satisfacción lo verde y vivo que se veía el Páramo. Y pensar que todo eso estaba en sus manos le hacia sentir una opresión en el pecho, él lo relacionaba al instinto materno, cuando una madre ve a su pequeñito por primera vez y lo sostiene, se da cuenta de la gran fragilidad que se le a encomendado cuidar. En el instante en que sus ojos chocan ella dice: "este es mi hijo, tan pequeño e indefenso... y necesita de mi total protección..." Bueno, eso era lo que Yuuri pensaba cada vez que veía el Páramo.

El hada suspiró mientras llevaba a su boca otra hoja de menta, apretándola entre sus labios. -uhm...hoy el día es especialmente tranquilo...- susurró para si mismo. Se mantuvo un rato más en esa rama gruesa antes de levantarse y subir con agilidad por el árbol, desde que era un niño gustaba de trepar hasta lo más alta y tener una mejor vista, tanto que con el tiempo aprendió la forma de subir sin que sus alas se enredasen en las ramas.

Pero tal parece que su cometido no se cumpliría hoy, una criatura había llegado volando desde el peñasco, deteniéndose a los pies del árbol para inhalar y exhalar cansado.

-ahhh...ahh...Y-Yuuri...Katsuki...- jadeó el nombre de su mayor antes de dejarse caer en el suelo rocoso.

Yuuri asomó su cabeza y al verle en ese estado tan alarmante bajó del árbol de un salto, corriendo hacia la criatura e inclinándose ante ella. -por la madre naturaleza, ¿estas bien?-

La criatura levantó la cabeza ante la voz de Yuuri. -ay...s-señor...hay un...un...un...- tartamudeaba con dificultad.

El hada asentía desesperado. -un...¿qué?-

-un...¡un humano!-

Yuuri quedó petrificado ante eso. -¿humano...?- preguntó en un susurró, ¿habrá escuchado bien? ¡¿Había un humano en el Páramo?! -¿e-estas seguro?-

-¡s-si!- afirmó la criatura firmemente. -e-escuche a Minako, Mila y Sala decirlo, ellas querían subir personalmente pero sus alas son pequeñas...yo fui el único que se atrevió.-

El rostro del hada adoptó un semblante más tierno y preocupado, provocando un salto en el cuerpo de la criatura a tiempo que un sonrojo se expandía en su cara. -oh...pobre...tuviste que mandar a algún mensajero...ustedes no pueden subir hasta aquí tan fácilmente.- el hada mayor metió las manos a su bolsillo y sacó una bolsa que envolvía hojas y bayas, entregándoselo a la criatura. -toma, esto te dará energías, yo bajare enseguida y me reuniré con ellas.-

La criatura asintió y Yuuri se levantó de un salto, echando a correr al precipicio y lanzándose en el. -¡Suerte señor Katsuki!-

Las alas del hada se expandieron en su totalidad mientras el caía de picada, levantando su cuerpo en el instante en que el aire choco con ellas. El chico voló por los cielos con mucha rapidez y agilidad, preocupado por que estallase otra guerra en su hogar, era una lástima que el actual rey de los humanos, Yakov, les hubiese declarado un odio eterno, eso provocó que la primera guerra contra el Páramo comenzara. En esa guerra Yuuri perdió a su padre y su pobre madre, abatida, murió de tristeza, el simple echo de recordarlo era motivo para que sus ojos se humedecieran lentamente. Era algo que no se debía de repetir por nada del mundo.

Su vista era muy aguda, gracias a ello logró divisar sin problemas el lugar donde Minako, Mila y Sala se encontraban rodeadas de más hadas y criaturas, todas en la espera de su señor.

Yuuri llegó en un segundo y aterrizó suave, las enormes alas se cerraron y volvieron a su sitio tranquilas mientras el caminaba hacia ellas, arrastrando las puntas al hacerlo.

-¿que ocurre?- preguntó con cierta imponencia.

-Yuuri...- susurró Sala, claramente aliviada.

-¡que bueno que ya estas aquí!- le siguió la pelirroja que batía sus brillantes alitas, feliz.

-hijo.- Minako, la más madura de las dos se acercó a Yuuri, ambos mantenían una estrecha relación parecida a "madre e hijo" ya que ella le adoptó cuando los padres de Yuuri se unieron con los ancestros. -las sirenas están cantando alerta, hay un humano merodeando el "Río de las joyas brillantes"-

Los murmullos asustados de las demás criaturas no se hicieron esperar. -Madre naturaleza....un humano...no queremos otra guerra...-

La responsabilidad de evitar una catástrofe dependía de Yuuri, quién tragó saliva, nervioso ante ello. -b-bien...iré a advertirle a ese humano...-

-ten cuidado Yuuri.- rogó Minako con el ceño ligeramente fruncido.

Yuuri asintió y volvió a impulsarse con sus alas, elevandose con una potencia grande y desapareciendo entre las montañas con rapidez.

-woh...sus alas son tan hermosas...- susurró Sala, un hada bella de pelo negro mientras llevaba las manos a sus mejillas y suspiraba de forma soñadora.

-hace años que no entraba un humano aquí...¿cree que estalle otra guerra?- Mina se acercó preocupada a la mayor.

-roguemos a la madre naturaleza que no...-

 

 

Había llegado al fin al nacimiento del río, Yuuri vio desde los cielos como las sirenas transparentes nadaban en círculos, agitando las aguas y chillando con una voz aguda y no audible para los demás, sólo para él. Estaba algo nervioso, en su vida había conocido a muchos humanos, todos ellos grandes y fuertes, tan tercos como los conejos que rondaban el Páramo, la gran mayoría preferían darte pelea que obedecer una simple petición, y Yuuri no era alguien violento.

El canto de las sirenas le guiaron hasta donde se suponía que estaba el humano escondido entre la arbolada, el hada aterrizo en tierra y se mantuvo alerta, agudizando su oído, logrando escuchar la respiración agitada del humano.

-¡sal de ahí!- exclamó Yuuri con autoridad, disfrazando así el miedo de su voz.

-...n-no...- una suave y temblorosa vocecita hizo eco en el agua, captando la curiosidad de Yuuri. -s-si lo hago me comerás...-

El corazón bondadoso del hada se estrujó ligeramente y su semblante duro y autoritario cambio drásticamente. -no te comeré, lo prometo, sólo quiero verte.-

Aquella voz dura que hace un momento le exigía salir se había transformado en algo dulce, animándole a asomar su cabeza del árbol que le protegía. Una larga cabellera plateada calló como cascada de sus hombros mientras batía con pena sus largas pestañas blancas que enmarcaban unos enormes ojos celestes.

En toda su vida Yuuri había presenciado a las criaturas más bellas, tanto de su mundo como en el de los humanos, pero hasta ahora ninguna se le comparaba a aquel niño asombrado que le miraba desde el árbol, era simplemente hermoso e inocente, desbordando una elegancia sublime y un atractivo algo descarado.

-oh...pero si eres aún un pequeño.- susurró inconscientemente.

-que grosero...- el pequeño peliplateado no evitó que un puchero saliera de sus labios, demostrando el desagrado que le dio tales palabras. -si tu también eres un niño...creo...- los ojos celestes recorrieron con rapidez al joven alado, calculándole unos veinte o veintidós años. Las mejillas no evitaron teñirse cuando descubrió, con toda la vergüenza, un cuerpo bien definido debajo de las ropas ligeras que portaba el ser.

-no lo soy, puedo ser incluso mucho más longevo que tu rey.- Yuuri sonrió con ternura, extendiendo la mano hacia el niño para incitarlo a salir de su escondite totalmente, cosa que el menor obedeció rápidamente, vestía ropas bastante sencillas que se ceñían a su cintura a la perfección, el cuerpo del menor no era tosco ni frágil y por el olor dedujo que era un alfa...o tal vez un beta. -dime, ¿cuál es tu nombre?-

-Viktor Nikiforov.- respondió animadamente mientras levantaba la mano y cerraba un ojo coqueto.

-bueno Viktor ¿podrías devolverme lo que tomaste?-

La actitud de Viktor cambio rápidamente, llevando ambas manos a su espalda y enseñando los dientes en una sonrisa nerviosa. -¿yo? No~ no é tomado nada...-

El hada rodó los ojos sin hacer desaparecer su sonrisa amable. -claro que lo hiciste...es la piedra que está en tu bolso y grita por auxilio, si la dejas fuera mucho tiempo perderá su brillo y morirá.- explicó con paciencia.

Viktor levantó las cejas apenado. -oh...yo...no sabía, perdón...- metió las manos a su bolsillo y extrajo la dichosa piedra, tenía un color bonito, era un verde agua muy brillante. -tome.- el peliplateado extendió sus manos hacia Yuuri y este acercó las suyas a él. En el instante en que sus manos se tocaron un ardor casi insoportable obligó al hada a apartarse de Viktor rápidamente. -¿que sucede?- preguntó preocupado al comprobar una gran quemazón en las manos del mayor.

-ah...- Yuuri observó sus manos rojas antes de posar la mirada en las pequeñas de Viktor, comprobando que efectivamente un anillo de hierro reposaba en el dedo anular de la mano derecha del menor. -tu anillo...el hierro quema a las hadas de cualquier especie...-

-¡Oh dios! ¿De verdad?- el niño entró en un pánico inevitable. -¿y estarás bien?- Yuuri le extendió nuevamente la mano para que el peliplateado viera como la carne viva comenzaba a cerrarse sola. -oh...vaya...- el menor bajó la mirada hacia su anillo. -lo siento señor, esto no volverá a suceder.- Viktor llevó la piedra a su boca y la sostuvo con sus dientes, sacó su anillo con cierta dificultad y lo observó mientras volvía a toma la piedra. Era el último recuerdo que tenía de su padre, un simple anillo sin mucho valor para él. Viktor se giró sobre sus pies, tomó impulso y lanzó el objeto lejos, regresando la mirada al joven alado con una sonrisa satisfecha. -¡ya está! Así ningún hada será herida.-

El corazón de Yuuri dio un vuelco y latió con una rapidez excesiva, aquel gesto, lejos de ser tierno, le cautivó hondamente, el ver como el niño había lanzado sin dudar posiblemente lo único lindo que poseía sólo para no herirlo más fue motivo suficiente para que un cosquilleo revoloteara en su estómago.

Viktor volvió a unir sus manos a las de Yuuri, este se sonrojó deliberadamente, tentando entre sus dedos la piedra brillante. -puedes devolverla a su casa...- dijo el niño con una ligera risita traviesa, aquel joven alado se veía bastante guapo con las mejillas rojas, mucho más de lo que ya era.

El hada reaccionó de golpe y asintió nervioso. -oh...eh...claro.- susurró con cierta pena, se giró sobre sus pies y extendió la mano, dejando que la piedra cayera al río provocando un suave chapoteo, la bonita piedra recobró su habitual brillo y las sirenas dejaron de chillar. -ahora tu.- dijo Yuuri al volver junto al niño.

-¿yo que?- preguntó Viktor, inclinando la cabeza confuso.

-te regresare a tu hogar.- aclaró el hada con una ligera sonrisa.

-oh ya...no es necesario...puedo ir sólo, vivo en una granja cerca de aquí...- explicó el niño bajando la cabeza hacia su largo pelo.

-entonces tus padres son granjeros.- lo poco que sabía de la vida humana le había echo ver a Yuuri que esa podría ser la posibilidad más coherente.

-uhm...no.- Viktor ya había comenzado a caminar, siendo seguido por el hada quién le escuchaba atenta. -ellos murieron hace mucho, vivo ahí porque alojan huérfanos.-

-oh...discúlpame...- susurró Yuuri, completamente avergonzado.

-descuida, hace mucho que ocurrió y ya no duele tanto.- Viktor le tomó menor importancia, dedicándose a observar las puntas de su cabello algo desaliñado.

-también yo perdí a mis padres.- los ojos de Viktor se posaron en Yuuri, completamente sorprendido ante sus palabras. -pero, al igual que tu, fue hace mucho tiempo.- completo el mayor con una ligera sonrisa.

Las mejillas del menor se prendieron en ese mismo segundo a tiempo que miles de mariposas revolotearon en su pequeño estómago, obligándole a mantenerse en silencio lo que faltaba de camino.

-bueno,aquí es, puedes llegar sólo desde aquí.- nuevamente el revoloteo sacudió su cuerpo cuando el hada le dirigió la palabra dulce.

Viktor levantó a cabeza, transformandose ante los ojos atentos del mayor en un niño más coqueto, sonriendo con picardía y entrecerrando los ojos. -¿puedo volver a verte mañana?-

-ah...no, no lo creo...es peligroso si regresas.- le advirtió Yuuri con cierto recelo el la voz.

-uhm...- Viktor comenzó a balancear su cuerpo de un lado a otro, aplicando su sonrisa traviesa. -nop, volveré aquí, debajo de este mismo árbol.- el chico se giró un poco y señaló un pequeño árbol que crecía tranquilo entre la pequeña montaña a las afueras del Páramo.

Yuuri suspiró pesado. -ahh...para que te digo que no entonces si no vas a oberecer...-

-hehe~ tus alas son muy bellas, quiero verlas una vez más.- confesó el menor, casi por instinto las enormes alas del hada se esponjaron con orgullo, provocándole una suave carcajada infantil. -¡jajaja! Oye...ese lado presumido no lo conocía.-

Yuuri se ruborizó casi enseguida y desvió el rostro, avergonzado por sus gestos tan predecibles.

El semblante de Viktor se suavizó. -eres muy lindo...- susurró mientras se acercaba de forma casi insinuante. Yuuri retrocedió dos pasos pero ya no podía hacer nada, el pequeño se había recargado ya en su pecho, sosteniendo su ropa firmemente. -¿como te llamas linda hada?- susurró con mucha coquetería.

El mayor se sonrojó de sobremanera, ¿que estaba haciendo? Ese niño tímido que se escondían tras el árbol...¿era el mismo que estaba ahora, cortejandole casi con descaro? Porque era obvio que le estaba cortejando, si no ¿porqué el niño expulsaría su esencia tan fuertemente? -Y-Yuuri...- contestó.

Inconscientemente Yuuri desprendió de igual modo su olor, provocando en Viktor un estremecimiento fuerte. ¡Yuuri!- exclamó feliz mientras se apegaba al pecho del hada y frotaba su cabeza en el pecho ajeno. -ah...aceptaste mi cortejo...- cantó satisfecho. -...el olor de Yuuri es dulce...¿eres un omega?-

-n-no...- respondió el mayor que más avergonzado no podía estar.

-¿eh?- Viktor levantó la cabeza y le miró curioso. -pero tu olor es fuerte y me aceptó.

-bueno...el cuerpo de las hadas y de los humanos se asemejan mucho...sólo que no tenemos género, podemos ser alfas, betas u omegas. Yo puedo marcar a un omega así como ser marcado por un alfa.- explicó sin dejar de lado su timbre nervioso, le estaba dando muchas explicaciones a alguien que apenas conocía.

-who...¡entonces yo marcare a Yuuri cuando sea grande! ¡Eh dicho!-

-¡¿Q-Que?! ¡¿P-pero que estas diciendo?!- llegado a este punto Yuuri podía competir fácilmente con una manzana madura y ganar, el color del rostro era completamente rojo y caliente. -¡n-no! ¡I-imposible! T-t-tu no podrías...¿ah que haces todavía aquí? ¡Vete a tu granja!-

El niño sonrió burlón antes de soltar la cintura de su ahora nuevo gran amor. -¡nos vemos mañana debajo de ese árbol mi lindo Yuuri~- cantó mientras abanicaba sus largas pestañas blancas, alejándose poco a poco del hada.

-¡ah! ¡Que te estoy diciendo que no regreses aquí!- gritó Yuuri con enfado y nerviosismo, viendo como el niño se alejaba cada vez más.

-¡a medio día sin falta!- fue lo último que escuchó de ese niño antes de que se echara a correr, perdiéndolo de vista.

-¡ahg! Que no...- el mayor se dio media vuelta, formando un leve puchero con sus labios. -no vuelvas...jamás...- abrió sus enormes alas y de un impulso se elevó por el cielo. Muchas emociones en un sólo día, debía de descansar y centrarse en que no explotaría otra guerra con el pueblo vecino, de que todo estaba en perfecto orden y que no debían de temer, mañana igual, sus actividades matutinas, centrarse en su trabajo y olvidarse de ese niño para siempre.

Que mal estaba...al día siguiente si se reunió con Viktor, y el siguiente, y el siguiente...

Era difícil ignorar esos ojos azules.

 

 

 

Notas finales:

Mis beibis! Hasta aquí el capi de hoy :3 nos vemos pronto <3 Bye Bye!!!! :3

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