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HECHIZOS DE AMOR

Autor: nesamor

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Notas del capitulo:

Hola chicos, bienvenidos a mi nuevo fic original, espero les guste

Me llamo Aneska Barta, tengo 26 años y vivo en la ciudad de Budapest – Hungría, en el reconocido barrio judío.


Trabajo como mesero en una pequeña cafetería, donde comencé a trabajar hace 3 años luego de que saliera del orfanato donde me crie luego de que mis padres me abandonaran cuando estaba recién nacido.


En esto momentos me encontraba terminando de limpiar las mesas de la cafetería, junto a Timea, mi mejor amiga y compañera de trabajo, la cual a diferencia de mí que tenía una lacia y larga cabellera negra y ojos azul marino, tenía una larga y ondulada cabellera pelirroja y ojos verdes.


-          ¡Listo, termine, An! – me dijo, estirándose un poco, para luego quitarse el delantal marrón del uniforme, el cual estaba constituido por una camiseta de botones blanca y una falda/pantalón negro - ¿Necesitas que haga algo más?  - me pregunto, fijando su mirada en mí.


-          No – le contesté, terminando de limpiar la última, mesa – Ya puedes irte, Timea – le dije, dedicándole una leve sonrisa.


-          Está bien – dijo ella, tomando su bolso rosado de encima de uno de los sillones, para luego dirigirse hacia la salida – Nos vemos mañana entonces – se despidió, saliendo del negocio.


-          Nos vemos mañana – conteste a la nada, soltando un suspiro lleno de cansancio – Estoy tan cansado – dije, acariciando la leve curvatura que se había formado en mi vientre, gracias a mi segundo mes de embarazo. Embarazo que casi fue interrumpido por el estúpido de mi ex, el cual me pidió que abortara, decisión que consiguió que lo agarrara a golpes dejándolo semiconsciente.


-          Buenas noches – oí decir a una voz masculina, sacándome de mis pensamientos y cuando fijé mi mirada en la entrada me encontré con un hombre vestido con un traje totalmente negro, al igual que las gafas de sol que llevaba puestas.


-          Buenas noches, ¿necesita algo? – le pregunte curioso, mirándolo de arriba a abajo.


-          ¿Es usted, Aneska Barta? – me pregunto, mientras de la nada aparecían detrás suyo otros hombres vestidos igual que él, causando que me tensara y retrocediera por inercia.


-          S…si, ¿Quiénes son ustedes? – pregunte aterrado, retrocediendo aún más.


-          Venga con nosotros por favor – me dijo, comenzando a acercarse junto a su comitiva.


-          ¡No lo hare! – exclamé, corriendo hacia la puerta de la cocina, pero antes de siquiera poder tocarla, fui agarrado por la espalda y alzado en el aire - ¡Déjenme ir! – les pedí aterrorizado, forcejeando con quien me tenía agarrado, pero de repente sentí un extraño calor recorrer mi cuerpo y luego de eso no supe más de mí.


Cuando volví en sí, me sentía terriblemente aturdido y cuando abrí levemente mis ojos, me encontré sumido en una profunda oscuridad.


-          ¿Dónde estoy? – dije, tratándome de levantar, chocando sin querer mi cabeza contra algo duro, causando que soltara un quejido de dolor - ¿Qué es esto?  - pregunte tocando todo a mi alrededor dándome cuenta de que me encontraba dentro de una caja al parecer de madera - ¿Pero qué rayos? – dije, comenzando a empujar la parte de arriba, tratando de abrirla sin éxito, pero pare cuando oí algo moverse afuera - ¡Hola! – dije, tratando de llamar la atención de quien sea que estaba ahí, pero al no recibir respuesta, decidí golpear con mis puños la tapa mientras hablaba  - ¡Sé que está ahí, déjeme salir de aquí! – le grite pero de repente me comencé a sentir débil y deje de golpear, quedándome inmóvil – Po… por favor – dije, mientras mi cabeza comenzaba a dar vueltas.


-          Habrán el ataúd – le oí decir a una voz femenina.


-          Pe…pero el amo dijo que…- comenzó a decir una voz masculina, pero ella le interrumpió.


-          Les recuerdo que yo también soy su ama así que ábranlo – dijo aquella mujer con tono seco y de repente la tapa se comenzó a mover, dejando ver unas sombras creadas por una tenue luz.


-          ¿Estás bien?  - le oí decir a la mujer, pero yo me sentía demasiado débil como para hablar o moverme- Sáquenlo de ahí, pero con cuidado para que no se haga daño el, ni mi nieto – les ordeno a los hombres y la palabra nieto resonó en mi mente, mientras era tomado en brazos por uno de los hombres, dejando que mi cabeza quedara colgando hacia atrás, permitiéndome detallar as la mujer que había hablado antes, la cual tenía un largo y ondulado cabello cobrizo y ojos tan azules como los míos, la cual iba vestida con un vestido de la época victoriana negro – Oh mi cielo, te extrañe tanto – me dijo, acercándose a mí y acariciando mi rostro. Se me hacía conocida pero no recuerdo donde la había visto – Duerme un poco más mientras llegamos a casa, ¿Si? – me ordeno y todo se volvió oscuro a mi alrededor.


Cuando volví en sí, fui despertado por un molesto vaivén y cuando abrí mis ojos, me encontré dentro de un carruaje totalmente negro, frente a la mujer que había visto antes de quedarme dormido, la cual me observaba sonriente.


-          Hola cariño, no creí que despertaras tan pronto, de todas maneras, no importa, pronto llegaremos al castillo – me dijo sonriente.


-          ¿Quién es usted? – le pregunte, pegándome lo máximo que podía en la pared.


-          Te daré una pequeña introducción ya que falta poco para que lleguemos a casa – me dijo levantándose y sentadose a mi lado a lo cual yo reaccione apartándome de su lado, pero me sentí mal al ver la cara de tristeza que puso – mi nombre es Donatella, soy la reina de las brujas y tu madre – se presentó, estirando una de sus manos hacia mí, pero yo me aparte.


-          Yo no tengo madre – le conteste.


-          Si la tienes, es solo que desde que te tuve que dejar en el mundo mortal, perdí todo contacto contigo mi cielo – me dijo, colocando sus manos sobre su regazo.


-          ¿Qué me confirma que usted lo sea? – le pregunte, angostando mi mirada.


-          Sé que desde que naciste tienes un gran lunar bajo tu amiguito – me dijo, señalando mi entre pierna, haciéndome sentir avergonzado. Jamás le había dicho eso a nadie.


-          Mamá, ¿realmente eres tú? – pregunte, aguantando las lágrimas que amenazaban con salir de mis ojos. Malditas hormonas.


-          Si, bebe – me contesto, para luego rodearme con sus brazos.


-          ¿Por qué lo hiciste? – le pregunte, dejando caer mis lágrimas.


-          Porque después de que tu padre me abandonara, no creí ser capaz de ser una buena madre para ti, así que te saque de Darkland, pero cuando volví a por ti, ya no estabas donde te deje, perdiéndote la pista. Pero prometo que nunca más te volveré a dejar solo mi pequeño – me dijo, abrazándome mas fuerte y yo solo me deje hacer.   

Notas finales:

Espero le haya gustado

CIAO

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