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Préstame un pedazo de ti. por Akudo

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Notas del fanfic:

Los personajes son de Fujimaki Tadatoshi.

Notas del capitulo:

Me sentí un poco débil
Y traté de borrar de mi mente ese augurio incierto.
Para no delatar mi comportamiento
Sonreí y fingí no estar lastimado.

No tenía noción de cuánto tiempo llevaba observando ese techo, pero le gustaría volver a dormir por una eternidad. Acababa de despertar y ya estaba siendo aturdido por demasiadas voces.

Kazunari trató de enfocarse en otros sonidos, sin embargo el pitido de las máquinas médicas no resultaba demasiado reconfortante. Quiso hablar, pero una venda estaba fuertemente ajustada a su cabeza y mandíbula, y sentía su boca hinchada como si le hubieran sacado todos los dientes.

Tampoco podía enfocar bien, al menos logró diferenciar las voces que discutían a su alrededor.

— No podemos dejarlo así. ¡Mi niño fue atacado, tenemos que llamar a la policía!

— Deja de hacer un escándalo, ya hablamos de esto. No es un niño, seguro este vago calentó a sus amigos y luego dijo que no. —ese era el cariñoso de su padre, apretando con fuerza el brazo de su madre para que dejara de llorar— No hace más que dar problemas.

«Sí, papá. Perdón por que se me ocurriera ser apaleado y violado tan inoportunamente.»

Intentó tomarlo como un amargo chiste, pero eso no evitó que una lágrima rodara por la esquina del ojo que Takao no tenía golpeado.

— Esa debe ser la misma excusa que pones para obligar a mi hermana a tener sexo contigo, bastardo asqueroso.

— Yumi, no te metas. —la detuvo su marido, el tío de Kazunari.

Vaya, si se trataba de toda una reunión familiar.

— Sí, Yumi. No te metas en los asuntos de otro matrimonio, mejor ocúpate en dejar de matar a los hijos de tu esposo.

— ¡Eres un desgraciado!

El tío político tuvo que agarrar a su mujer para que no se le fuera encima a Yunichi. Ambas parejas estaban en lados opuestos de la cama donde descansaba el muchacho, como si se tratara de una línea fronteriza. Su madre no paraba de llorar.

Kazunari notó un tímido apretoncito en su mano vendada y con suma tristeza vio que era su hermanita, con las mejillas rojas y líneas de lágrimas silenciosas sobre ellas. Tenía los ojos apretados por el miedo que le provocaban tales gritos.

El pelinegro ya sabía que a su familia le valía tres huevos jalarse las greñas delante de él, ¿pero eran tan desalmados como para no respetar la presencia de una niña? Le acarició los dedos para que lo mirara e hizo lo posible por sonreírle, aunque le doliera toda la cara.

— ¡Kazunari-kun!

Fue la tía quien por fin se dio cuenta de que se encontraba despierto, y con los ojos cristalizados no tardó en agarrarse de los hombros del muchacho hablándole muy cerca. Incluso sonreía.

— ¡Kazu, hijo! ¿Cómo te sientes? —Ryoko se hincó junto a su hija menor para verlo entre sus devastadas lágrimas.

— ¿Eres estúpida o qué? ¿No ves que no puede hablar?

El joven de mirada celeste observó cómo su progenitora se concentraba solo en él, con una sonrisa cortada para tratar de ignorar las hirientes palabras de su marido. Es lo que hacía todas las veces, aguantar.

— Nos alegra tanto que recuperaras la consciencia, Kazunari-kun. —su tía le apretó los hombros para llamar su atención. Su sonrisa era extraña, parecía intentar verse feliz pero sus ojos mostraban desesperación— Sé que ahora mismo solo quieres descansar y olvidarte de todo, pero necesitamos pedirte algo antes de que tomes una decisión apresurada.

— Yumi, podemos hablar de eso después. Aún está afectado. —dijo Ryoko.

— ¡No puedo esperar! Si él hace algo… —la mujer volvió a mirarlo con sus ojos muy abiertos, daba algo de miedo la verdad— Tú no quieres un bebé ahora, ¿cierto? Menos de esta forma, así que no tienes que conservarlo, nos lo puedes dar.

¿Qué estaba diciendo?

El ojo sano de Kazunari tembló de un lado a otro al asumir el significado de esas palabras. ¿Había quedado embarazado? Oh, dios… la máquina a la que estaba conectado indicó que su presión se había disparado pero nadie le prestó atención, se habían envuelto en una nueva riña.

— Por supuesto que abortará, un hijo mío no va a tener un bebé bastardo. ¡Qué vergüenza!

— Tiene 20, no puedes obligarlo. —intervino el tío para apoyar a su esposa.

Sus tíos no eran malos, pero ya se le había hecho muy raro que vinieran desde Shizuoka solo para ver cómo estaba, su única preocupación era lo que se había sembrado en su vientre en contra de su voluntad. Todos los intentos de Yumi y su marido por engendrar habían terminado en abortos naturales, así que estaban dispuestos a pasar por encima del bienestar de Takao para aferrarse a esta oportunidad.

Eso le hizo preguntarse cuántos días estuvo inconsciente como para que ya supieran que existía un embrión. Ni siquiera esperaban una opinión suya, intentando aprovechar su vulnerabilidad para hacerlo pensar que esa era la decisión correcta.

— Pero es cruel hacerlo pasar por el embarazo. —su madre le acarició la mejilla lo más suave que pudo para no lastimarlo, mientras Kazunari continuaba aturdido— Existen otras maneras.

— Gastamos todo lo que teníamos en tratamientos y adoptar es muy difícil. Hermana, si no me apoyas en esto nunca te lo perdonaré.

¿Por qué no había ningún médico presente para apaciguar el alboroto y hacer valer su salud mental? Debían estar todos muy ocupados en otras cosas menos insignificantes que él.

Yunichi le aseguró que si continuaba con el embarazo no iba a seguir viviendo bajo su techo. La noche en la que lo dieron de alta y volvió a casa no tardó en oír gritos desde la habitación de sus padres; al parecer Ryoko se puso del lado de su hermana y rogaba a su marido para que Kazunari se quedara.

Amaba a su madre, pero ni siquiera ella se había parado a preguntarle qué es lo que quería hacer. Cansado, salió de su cuarto para ir al de su hermana que se encontraba más apartado, ahí se escuchaban menos las peleas. La encontró hecha un ovillo bajo sus sábanas de Sailor Moon, se metió con ella e hizo lo de siempre; con los auriculares conectados a su celular le puso uno a ella y él se llevó el otro a su oído, comenzando a reproducir la misma lista de música. Kazuki se abrazó a él y en algún momento lograron dormirse.

En la mañana se enteró cómo su madre se ganó la compasión de Yunichi, llena de moretones que debían verse mucho peor bajo tanto maquillaje. Kazunari explotó reclamándole, pero ella solo le tomó las manos pidiéndole que por favor le diera ese pedacito de felicidad a su hermana. Perdió el año en la universidad porque tuvo prohibido asomar un solo cabello fuera de casa, su padre no quería que nadie se enterara de su estado. De hecho, ni siquiera él quería verlo, por lo que Kazunari se quedaba encerrado en su cuarto cuando el hombre regresaba de trabajar.

Era extraño, al principio fue tan trágico como si le anunciaran una enfermedad terminal, pero con el pasar de los meses ese cada vez más grande organismo aferrado a su interior se volvió una silenciosa compañía que lo tranquilizaba. Le daba un propósito para no dejarse arrastrar por la mierda a su alrededor.

— Me alegra que no tenga que quedarse aquí. —tirados en la cama de Kazunari su hermana jugaba con su ombligo, se le hacía chistoso lo salido que estaba encima de su panza redonda. Era como el moño de un gran globo.

Con 12 años ella era muy consciente de lo mal que estaba su hogar, por eso le daba alivio que un bebé no tuviera que pasar por lo mismo.

— A mí también. —él pensaba igual.

Se sentía responsable por la niña que crecía en él y estaba seguro de que no sería una pérdida. Gracias a que le prestaba su cuerpo esa pequeña podría nacer para llevar luz a una pareja que la deseaba como a nada, no había mejor pronóstico para ella y eso era suficiente para Kazunari.

Fue la decisión correcta después de todo.

 

 

 

10 años después.

Resultaba imposible para Takao contener su sonrisa, mientras más abajo veía a Himuro sobre su gran vientre hablándole de todo lo que se le ocurriera al hijo que venía en camino. Los dedos de Tatsuya eran largos y sus palmas se sentían grandes y cálidas sobre su panza, causando que un emocionante cosquilleo se propagara en él haciéndolo tan feliz y no podía pensar en un mejor hombre a quien quisiera convertir en papá. Este sería un niño bendecido.

— Ya deja de molestarlo, Tatsuya. Todo el día estás sobre él.

Nijimura se asomó a la sala bebiendo de una botella de agua y automáticamente la sonrisa de Kazunari se transformó en una fina línea sin expresión.

— Eso no es cierto, ¿verdad, Kazunari?

— Para nada, es tu bebé después de todo, y estoy seguro de que lo disfruta. —para apoyar eso ambos sintieron algo de movimiento en el interior de Takao.

— ¿Ves? Tengo la aprobación de ambos, así que puedo ser todo lo empalagoso que quiera.

En respuesta Shuuzou rodó los ojos y le dijo que mejor se pusiera a hacer la cena. Estuvieron de acuerdo en llenar sus estómagos con pollo frito bajo en grasa, y como ya se había hecho costumbre últimamente Tatsuya le preguntó al embarazado si se le antojaba algo en especial.

— Umm, tal vez si el mío lo rebozas con galletas de chocolate molidas.

— Wow, en serio lo vuelvo a decir, los embarazados serían buenos chefs. —se puso de pie abandonando el regazo de Kazunari para tristeza del menor, y pasó junto a Shuuzou para perderse dentro de la cocina.

Incómodo, Takao se dio cuenta de que el de ojos grises se le había quedado viendo un rato antes de irse también. Todo sería perfecto si en esa casa solo fueran él, Tatsuya y el bebé, pero no podía quejarse; antes de que él llegara Nijimura ya estaba ahí. Tampoco es que lo odiara, no interactuaban mucho pero Shuu era un buen sujeto y estaba pendiente de su embarazo, nada más tenía envidia de todos los años de ventaja que éste le llevaba, sin dudas conocía muchas más cosas sobre Himuro y no podía evitar sentir que competían.

Probablemente Shuuzou también se sentía en guardia y por eso mantenía su distancia con cautela, limitándose a apretar los puños tras su espalda al ver a Tatsuya tan apegado a él.

Con la tripa a gusto Kazunari se quedó dormido en el hombro de Tatsuya a mitad del capítulo estreno de Criminal Minds, el del lunar no se perdía ninguno. Entre sueños el menor pudo oír su voz como si fuera lejana, mientras Himuro lo cargaba para llevarlo a su habitación y él se acurrucaba en su pecho inhalando profundo. El más alto lo recostó con suavidad y le deseó buenas noches, depositando un beso en su estómago antes de salir.

Takao nunca había sentido algo así con nadie, pero definitivamente no se le podía culpar. Tatsuya era como el príncipe de un cuento con el que todas las niñas soñaban casarse y Kazunari era dichoso por haberlo conocido y poder estar tan cerca de él, de llevar su hijo adentro. Ojalá pudiera durar para siempre.

Sin embargo, quizás la realidad no era tan buena. En medio de la noche despertó con la cama completamente para él y su longitud de embarazado, y aunque trató no pudo volver a dormirse. Quizás con un aperitivo nocturno el inquieto jovencito o jovencita con el que cargaba podría calmarse y dejarlo conciliar el sueño, así que salió a tientas en busca de la cocina, pero debió detenerse cuando suspiros y sonidos de besos lo alertaron. Kazunari apenas fue capaz de percibir entre la oscuridad las dos siluetas que se escabullían en la habitación de al lado.

— No debemos, Takao está aquí junto.

— Solo no hagamos mucho ruido. Joder, Shuu, ¿cuándo fue la última vez? Te juro que me voy a volver loco.

Nijimura se mordió el labio con deseo. No tenía que imaginarse cuántas ganas tenía Tatsuya de hacerlo, él también lo necesitaba. Pasó su mano por el pantalón de Himuro y no fue difícil notar la sublime erección que tenía, haciendo que él se pusiera igual; volvieron a besarse profundamente y terminaron de atravesar el umbral, cerrando la puerta tras de ellos con mucha discreción.

Ya no quería comer nada. El pelinegro más joven regresó a su cama y apretó las manos sobre sus ojos sabiendo muy bien que esto pasaba, así que era estúpido sentir que se moría pero era imposible evitarlo. El pecho le dolía tanto que tuvo que llorar y dejarlo salir. Al final no pudo descansar nada y se levantó muy temprano, tanto que era el único activo en la casa y con la peor cara que podía tener se quedó parado frente a la puerta de la otra habitación, no se escuchaba un solo ruido adentro y aun así Kazunari necesitó cubrirse los oídos. Dentro de su cabeza se reproducía nítidamente el sonido de aquellos besos intensos, la saliva de Himuro y Nijimura chasqueando, sus lenguas y manos presionando en la piel ajena y el gemido de sus cuerpos uniéndose. No lo resistió y salió de ahí.

Regresó una hora después para encontrarse a Tatsuya parado justo en la entrada en cuanto abrió la puerta; estaba despeinado, sin camisa y con los pantalones sin abrochar. Cualquiera se le habría quedado mirando con la baba cayendo, pero Kazunari cerró la puerta y se apoyó en ella desviando la mirada, no quería seguir viendo el torso de Himuro y descubrir más marcas y rasguños hechos por Nijimura.

— Creí que habíamos dejado claro que no debías salir solo en tu condición. —la voz de Tatsuya salió ronca, era obvio que se acababa de despertar.

Fue la primera vez que Takao lo escuchó con ese tono bajo y severo, por supuesto que al del lunar no le hacía gracia que desobedeciera algo que tenía que ver con la protección de su hijo.

— No… no salí a la calle, me quedé en el jardín. Esperaba que un poco de aire calmara a este peleonero.

Sintió a Himuro acercarse y siguió sin querer mirarlo, hasta que el mayor se hincó a la altura de su estómago para sobarlo.

— Hey, pequeño rufián. No le causes problemas a Kazunari. —juntó su mejilla al vientre abultado sin dejar de susurrarle y propagar caricias circulares, y Kazunari sonrió con ganas de llorar. ¿Cómo es que este hombre podía ser tan dulce y cruel al mismo tiempo?

El tiempo pasó y la hora de salir de cuentas estaba muy próxima. Takao dejó a un lado el tensiómetro luego de contar sus latidos y tomarse la presión para asegurarse que estaba todo normal, tal como estuvo haciendo todos estos meses. Tenía sus ventajas trabajar en un hospital. Se vistió y fue a devorar el desayuno que Tatsuya había dejado, se tomó su tiempo para reposar y suspirando hondo se dirigió al cuarto de ejercicio donde Nijimura estaba usando la cinta de correr. Éste presionó el botón de apagado y se bajó todo sudoroso con cara de preocupación.

— ¿Sucede algo con el bebé?

— No, no, nada. —negó deprisa con sus manos y Shuuzou se relajó tomando un gran trago de su botella de agua, preguntándole entonces qué es lo que necesitaba— Bueno, es que hoy vas a buscar el regalo de Tatsuya y pues quería saber si puedo acompañarte.

Shuuzou se secó con una toalla pequeña, colgándola en su hombro después. Su físico era increíble, obviamente se veía mucho más atractivo que él; delgado pero macizo en cada lugar, muy masculino. Algo que se esperaría de un artista marcial.

— Quieres ir a comprarle algo también.

No fue una pregunta. Takao encogió los hombros un poco avergonzado, era muy raro pedirle este favor a quien internamente consideraba su rival pero ya no le quedaba tiempo.

— No le gusta que salga solo con esta barriga y no tendría chiste que él fuera conmigo, pero si no quieres…

— No, a mí también me inquieta que vayas por ahí sin nadie que te cuide. ¿Pero seguro que deberías hacerlo justo ahora? —Shuu frunció el ceño, apoyando su peso en la pierna derecha— A Tatsuya no le va a importar si no le das nada.

Kazunari ya se había excedido de la fecha estimada, tenía 41 semanas y ese bebé nada que quería salir así que debieron programar un parto inducido, y como estaban a finales de octubre no vieron mejor opción que coincidir con el cumpleaños de Tatsuya.

Himuro trabajaba como seiyuu en un popular estudio y este último mes había logrado vacaciones para poder estar atento al alumbramiento, solo que lo llamaron de volada porque hubo un problema con las voces de los capítulos finales de un anime y debían volver a grabar. Habría sido problemático y poco profesional negarse, solo por eso es que no se encontraba ahora mismo abrazado al vientre de Kazunari.

— Como el parto será hoy pensaba mandarlo a buscar, puedo pedirle a alguien que compre lo que quieras.

En respuesta el más bajo puso ojos de cachorro.

— Por favooor, quisiera comprarlo yo mismo. —Shuuzou seguía dudoso, no quería arriesgarse— No habrá problema, estarás conmigo. Además, con lo que se ha tardado no creo que a este niño se le antoje nacer por su cuenta justo hoy.

Nijimura suspiró. Le sentaba mal que le rogaran, y aunque no estuviera feliz con la idea de que Takao consiguiera un obsequio para Tatsuya no era tan infantil como para encelarse y prohibírselo.

— De acuerdo, dame diez minutos para ducharme y salimos.

Ya estaban de cara al invierno así que Shuuzou se abrigó con una chaqueta y un gorro, mientras que Kazunari se envolvió en un grueso suéter y una bufanda. Ya que Himuro se llevó el auto esperaron en la parada de autobús y fueron directo a la joyería donde Nijimura hizo su encargo, y tal como le avisaron ya estaba listo; era un relicario de plata donde Tatsuya guardaría una foto del bebé, tenía grabada la frase “Te amo, papá”.

Había pagado un adelanto, así que sacó su tarjeta para completar el monto y no hizo esperar más a Kazunari, preguntándole si tenía una idea de lo que quería comprar o usaría la estrategia antigua de mirar todos los escaparates y luego decidir.

Estaban saliendo del local cuando fueron intervenidos por un grupo de hombres muy interesados en Nijimura, quien maldijo entre dientes. Lo habían reconocido.

— Mierda. Takao, por aquí.

Sin pensarlo tomó la mano del menor para intentar huir, pero fue como si aquel grupo se multiplicara de repente y quedaron totalmente rodeados. Por su trabajo y galanura Tatsuya era mayormente popular con las chicas, en cambio Nijimura atraía más a los hombres, sobre todo los que estaban interesados en las peleas profesionales y lo habían visto en televisión.

— ¡Es Nijimura Shuuzou!

— ¿Ese es su novio? Está preñado.

— ¡Hey, Nijimura! ¿Dejaste las artes marciales porque tendrás una familia?

— ¿No regresarás a los torneos? ¡Eres mi favorito!

— Si estaban en este lugar es que hay anillo. ¿Se van a casar?

Descolocado, así se encontraba Nijimura. Había mucha gente asfixiándolo con preguntas, se sentía mareado y encerrado; no era bueno manejando estas cosas. Pero debió reaccionar cuando empezaron a dirigir su atención a Takao.

— Oye, muéstranos el anillo.

Alguien había jalado a Kazunari por la muñeca y éste se quejó tratando de soltarse, sin embargo aquel sujeto se arrepintió de inmediato cuando el feroz agarre de Nijimura casi le quiebra la mano.

— ¡No lo toquen, tengan algo de respeto! —el pequeño tumulto cobró un poco de consciencia y le abrieron paso, a lo que Shuuzou salió de inmediato con el de ojos celestes e hizo parar un taxi para irse de regreso. Con lo varonil que se vio defendiendo a Takao más iba a pensar la gente que eran pareja— Lo lamento, no pudiste comprar nada.

— Viendo las circunstancias creo que no hay de otra. —Takao lo miró extrañado y un poco divertido— No pensé que te pusiera tan nervioso recibir atención, digo, tienes público y sales en la tele.

El más alto resopló.

— Es diferente, en el ring solo estamos mi oponente y yo, no me preocupo por los que están observando, pero cuando están tan cerca y no hacen más que preguntar cosas… ahg. —no quería recordar sus traumas con las entrevistas— ¿Estás bien?

Takao asintió rodeando su vientre.

— Estamos bien.

Se lamentaba por no haber podido conseguir nada para Himuro, ya que en cuanto naciera el bebé cualquier otro regalo sería insignificante en comparación. Llegaron a casa para preparar todo y esperar a que Tatsuya los fuera a recoger, irían al hospital a que Kazunari se aliviara de una vez por todas.

— Sí, sí, llevamos todo. No se nos olvida nada. —Shuuzou hablaba por teléfono con el del lunar, haciendo una mueca con su labio superior— Sí, llevo la cámara. Sí, Tatsuya, la dejaste cargando toda la noche, está perfecta. Ya trae el auto.

Himuro no lo dejaba colgar, así que bufando fue a ver si Takao ya había terminado de usar el baño. Tocó la puerta.

— ¿Todo bien ahí? Tatsuya llegará en unos minutos.

— Nijimura-san… —en cuanto escuchó aquel hilo de voz Shuuzou no se lo pensó dos veces antes de abrir de golpe. Kazunari estaba sentado contra la pared respirando muy agitado, y le sonrió con su expresión contraída en dolor— Jeje… ¿Tatsuya puede apurarse un poco? Su hijo está excavando fuera de mí.

Con espanto Nijimura vio que el otro había roto fuente.

— Oh, demonios. Te llevaré yo.

— No, no. —Takao evitó que Nijimura lo levantara, tensando sus piernas para resistir la contracción— Uff… ya está saliendo como si se deslizara en mantequilla. Es mejor tenerlo aquí.

— ¡¿Qué?!

— Shuu, ¿qué está pasando? —el de ojos grises volvió a ser consciente del teléfono que mantenía contra su oreja, había olvidado que Himuro seguía al otro lado de la línea.

— Tú solo llama a una ambulancia y apúrate, parece que el bebé decidió nacer en casa. —colgó deprisa, sin esconder muy bien su nerviosismo al mirar a Kazunari— Escucha, yo no sé qué hacer.

El mayor ya estaba sudando la gota gorda, ¿qué se suponía que hiciera? Takao se rió como pudo al verlo tan alterado, siendo que el que estaba a punto de parir era él.

— Cuando ya has pasado por esto las demás veces son pan comido, descuida. —le señaló la bañera al más alto— Llénala para poder meterme.

— ¿Para qué? —Shuuzou intentó no congelarse, poniendo el tapón para abrir la llave a toda potencia.

— Solo me apetece un baño… es broma. —le pidió a Nijimura que le sacara la ropa y se sujetó del cuello ajeno para ser cargado y sumergido en la tina— Como no tenemos ninguna intervención médica aquí es más seguro hacerlo bajo el agua, hay menos tensión para mí y el bebé y disminuirá el dolor.

— Bien, bien… ¿y ahora? —Nijimura se sujetaba del borde de la bañera en el extremo opuesto, mientras Kazunari flexionaba sus piernas y hundía sus manos para revisar su dilatación y qué tan próximo estaba el bebé.

Exhaló profundo.

— Ahora prepárate para capturarlo. —sin más aviso se agarró del filo de la bañera y empezó a pujar, provocando que el corazón de Nijimura estuviera a punto de salirse.

Cuando empezó a ver la cabeza a través del agua Shuuzou se arremangó la camisa y metió sus manos preguntando si debía hacer algo más, a lo que Kazunari le pidió que dejara que el niño saliera solo. No hizo falta más que un último puje para que el resto del cuerpecito saliera expulsado y flotara hasta las manos de Shuu, a quien el momento dejó de parecerle aterrador para convertirse en algo fascinante. Tomó al pequeño y lo sacó para de inmediato oírlo llorar a todo pulmón.

En ese momento oyeron pisadas que se acercaban con rapidez y Himuro llegó acompañado de dos paramédicos. Shuuzou le sonrió mostrándole al bebé.

— Lo siento, se me olvidó grabarlo.

— Oh, dios… —Tatsuya se cubrió la boca con una mano, inclinándose junto a Nijimura para ver a su hijo de cerca. Los ojos se le aguaron en un segundo— Te dije que sería varón, es nuestro Shin.

El orgulloso padre posó una mano sobre la cabeza empapada del niño, tomando la mejilla de Shuuzou con la otra para atraerlo y darle un emotivo beso. Por fin tenían en brazos a su hijo, el hijo de ambos. Por su parte Takao mostraba una sonrisa agridulce, no había ninguna sorpresa, cada día supo que esto acabaría igual; Himuro y Nijimura terminarían de pagarle su servicio y volvería al departamento con su hermana para reintegrarse a su trabajo principal como enfermero.

Atesoraría cada momento, cada atención que Tatsuya tuvo con él; las veces en que los tres aguardaban turno para las consultas periódicas, y cuando Nijimura se iba a comprar una bebida quienes lo veían a él junto a Himuro pensaban que se trataban de una linda pareja esperando a su primer bebé.

Takao era feliz por ellos, así como lo fue todas las veces anteriores. Con la primera niña que dio a luz fue diferente, claro, sin ninguna premeditación, pero manteniendo el poco contacto con sus tíos sabía que había crecido sana y contenta, y eso lo hacía enorgullecerse de su decisión.

Cuatro años después de eso, en la facultad de medicina su buen amigo Shin-chan (quien se negaba a aceptar que lo eran), cansado de que Kazunari lo acosara luego de enterarse de que Midorima falló en un examen, algo que nunca jamás podría haber pasado, terminó contándole lo que obviamente le afectaba; su pareja que ya estaba graduada y desde hace tres años trabajaba quería empezar a tener hijos, pero ninguno de los dos podía gestar.

— Yo lo haré. —fue lo que le dijo Takao en un impulso, y por más que lo pensó luego de eso no llegó a arrepentirse.

A raíz de lo que había pasado antes estaba desarrollando una especie de altruismo hacia las parejas que necesitaban hijos y no podían tenerlos, buenos padres que le darían un hogar a esos bebés totalmente diferente al que él tuvo.

— Y bien, ¿con quién voy a acostarme? ¿Contigo o con Miyaji-san? —lo molestó.

— ¡Con ninguno de los dos!

Como ninguno podía producir huevecillos debían usar uno de Takao, así que la idea fue esperar a que el pelinegro terminara su carrera para inseminarlo primero con los genes de Miyaji y si era posible, posteriormente tener un nuevo bebé que se pareciera a Midorima. Cuando nació de él un precioso rubiecito al que llamaron Kaoru, al ser amigo de Shintaro pudo ser cercano al bebé, tanto que la pareja empezó a ver alarmas encendiéndose y decidieron apartar a Takao antes de que se encariñara demasiado y se le pudiera ocurrir intentar quitarles al niño.

Él no se creyó capaz de hacerles algo así pero no saldría nada bueno de pelearse con ellos, y si se sentían mejor sin su presencia no podía negarse. Al menos conservó una foto de Kaoru, guardándola junto a la de la niña que estaban criando sus tíos, Mana.

Cuando tenía 27 vivió un corto amorío con uno de los jefes de la clínica en la que estaba trabajando, era un hombre mucho mayor pero bien conservado llamado Harasawa que toda su vida había sido soltero, ya que al igual que con Kazunari nunca estableció nada serio con nadie. Esto se debía a su incapacidad de confiar en el amor de otras personas, era un hombre de dinero y resultaba fácil que se quisieran acercar por eso y no por él, razón por la que Harasawa añoraba experimentar un amor que sería puro e incondicional sin lugar a dudas, el amor de un hijo.

Hizo el trato con Kazunari, embarazándolo de la manera tradicional. Y una vez que el joven azabache parió, al igual que los demás Harasawa apartó su camino de él y se centró en su nueva felicidad con sus hijas gemelas.

Y ahora mismo, mientras le cortaban el cordón umbilical Shuuzou lo miraba de la misma manera que todos ellos, agradecido, pero deseando que no se volviera a acercar a sus vidas ni a su nuevo hijo.

— Gracias, de verdad muchas gracias. —Tatsuya fue a abrazarlo muy emocionado, sin importarle lo sudoroso que estaba Takao. Tanto el del lunar como Shuu sufrieron pánico ante la idea de embarazarse y por eso lo contactaron a él; Shin era resultado de un huevecillo de Shuuzou fecundado por Himuro que fue hospedado en el interior de Kazunari, así que el pelinegro de ojos verdes estaría toda la vida agradecido con él.

Takao le respondió con la misma fuerza, sabía que sería la última vez.

— Feliz cumpleaños.

— Es el mejor regalo. —Tatsuya le dejó un beso en la sien al menor antes de alejarse junto a su pareja y su primogénito envuelto en una toalla, permitiendo que los paramédicos se encargaran de él.

Así fue como en un espacio junto a Mana, Kaoru y las gemelas, se unió la foto de Shin a su pequeño álbum.

Notas finales:

Bien, esta fue una historia que desde hace mucho quería escribir. Salió un poco diferente al principio pero estoy satisfecha. La pareja de padres resultó ser Himuro y Niji, mientras que Takao fue el vientre de alquiler que terminó prendándose de Tatsu, aunque no podía aspirar a algo más que una ilusión.

Y al igual que en “La verdad del corazón”, el hijo HimuNiji es un varón llamado Shin que nace en el cumpleaños de Tatsuya. También se menciona al mismo hijo mayor de Miyaji y Midorima, Kaoru.

Pd: por si alguien no se acuerda, Harasawa es el entrenador de Too Gakuen.

Gracias por leer.

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