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¿Y tú...?

Autor: YuuukiChan12

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Notas del fanfic:

Holaaa! Otra vez estoy acá con un fic de KNB, el cual espero les guste! 

Esta vez tratare una narracion en primera persona, y narrare toda la odisea que tuvo Kuroko, todos sus amores, sus peleas, toda su vida desde su punto de vista. 

No hay una pareja definida, habran varias a lo largo del fic, tanto para el como para los demas personajes de la trama. Si gustan tambien pueden pedir alguna que les guste y vere si puedo incluirla en el fic, es bastante abierto en ese tema. Pero desde luego ya tiene bien definido su final. 

Espero que les guste! 

Notas del capitulo:

Bueeeenooo este es el primer capitulo del fic, la verdad estoy algo insegura si el fic les pueda gustarrr. Pero realmente queria compartirlo con ustedes. 

Sin más les dejo el capitulo! 

¿Por dónde comenzar mi historia? Desde el inicio quizá, el problema es que no se realmente como empezó.

Mi nombre es Kuroko Tetsuya y mi historia es más que una de amor, es más bien la historia de una travesía, una odisea en la que me vi envuelto. Ame, sufrí y odie. Incluso varias veces intente suicidarme del dolor, pero por suerte o desgracia sobreviví.

Si lo que buscan es amor, pues claro que lo tendrán, porque en toda historia dramática, en toda historia de dolor, el amargo y dulce amor siempre está presente.

Pero bien… ¿Qué es el amor? Bien, podríamos definirlo como un sentimiento de afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno. Según nuestro querido diccionario claro está. Pero el amor es mucho más que eso, el amor es darlo todo por el otro, el amor es dolor, el amor es pasión, el amor por sobre todo es una obsesión.

Desde niño pensé que el amor era algo complicado, era una especie de rayo que vuelve imbéciles a las persona. Con el pasar de los años lejos de cambiar mi pensamiento se acentuó. “El amor es una droga” era lo que le decía a cada persona que me preguntaba sobre él. Y pues mi pensamiento tenía mucho de verdad, la ciencia misma había comprobado que al estar enamorado el cerebro actúa de una forma inusual, libera sustancias como la dopamina o la serotonina, haciendo que estas provocan reacciones muy fuertes en el mismo. Cada vez que miramos a la persona de que amamos se incrementa la producción de dopamina que se asocia con una energía excesiva, euforia, y atención enfocada solo a nuestro amado. También hay un aumento de serotonina que incrementa la felicidad. Nos volvemos dependiente de esta, adictos a esta sensación. Es por ello que hay tantas personas que se enamoran tan fácilmente, más bien no se enamoran de la persona, sino de la droga, del amor.

¿Y a qué viene tanto preámbulo? Como ya les dije esta historian está repleta de drama odio y por sobre todo, amor.

 Comenzare por el año 2010, cuando yo tenía tan solo 15 años. Era el primer día de case, como rara vez en mi ciudad el cielo resplandecía, ni una sola nube se atrevía a aparecer en este.

Había un mar de gente como de costumbre, era mi primer año en esa escuela, ya había terminado el primer ciclo y ahora comencé a estudiar en la escuela de Seirin. Yo había pasado mis primeros años en el ciclo inferior en la escuela Teiko, lugar donde pase unos dulces años acompañado de mis amigos del club de Basket. Pero contar eso es historia vieja.

Como siempre ese primer día los estudiantes de diferentes clubes acosaban a todos los ingresantes de primer año, agradecía mi poca presencia ya que fui ignorado por todos estos. No es que me molestara mucho eso, bueno, debo admitir que de niño me dolió bastante, pero con el tiempo me agrado y aprendí a usarlo a mi favor, como ese día lo hice.

 Me inscribí claramente en el club de Basket, lo había pasado bien el año anterior en mi escuela, nos fue bastante bien e hice grandes amigos. Varios de ellos igual se anotaron en mi escuela para permanecer juntos.

-          ¡Kurokocchi! – Escuche un grito a la distancia, mientras entre suspiros y miradas de deseo un chico se acercó. Sus rubios cabellos resaltaban de entre la gente y las miradas no podían apartarse de él, su rostro delicado y sus alargados ojos gatunos eran seductores, era muy difícil no fijarse en él, más aun si eran mujeres. - ¡Kurokocchi! – Repitió ya en frente y salto sobre mi abrazándome con fuerza

-          Kise-kun me asfixias. – Dije intentando apartarlo de mí, claramente fracasando en mi intento.

-          ¡Es que te extrañe mucho Kurokocchi! – Dijo sin dejar de abrazarme fuertemente. Se inclinó y refregó mi rostro contra el suyo.

-          Está bien Kise-kun no fue mucho tiempo.- Dije alejándolo de mi lentamente. Finalmente este se apartó y me miro con un brillo especial en sus ojos, siempre me miraba así. Él era mi mejor amigo, habíamos construido un vínculo especial el año anterior, era a quien le contaba mis más íntimos secretos, éramos unidos y a pesar de que a veces me sacaba desquicio  o me molestaba lo cariñoso que era conmigo y desde luego, su incesante parloteo, no podía negar que lo apreciaba mucho y no quería que deje de ser así.

Nos anotamos como era de esperase en el club de Basket, pasaríamos gratos momentos en ese lugar, de esto yo estaba seguro. Grande sería mi sorpresa cuando todas mis fantasías de un año de paz en mi nueva escuela fracasaran. Pero no nos adelantemos al tema.

En fin. Luego de inscribirnos fuimos platicando, o más bien yo escuchando mientras Kise monologaba, hasta nuestros cursos, este año nos tocaba en el mismo cosa que me alivio bastante ya que si bien no me molestaba la soledad a la hora de hacer trabajos grupales se me complicaba un poco.

Es duro admitir que siempre estuve solo. Al ser tan tranquilo y con tan poca presencia era fácilmente ignorado y dejado de lado, no es que la gente me tratara mal ni nada por el estilo, era que simplemente no podía integrarme a los grupos, no podía tener amigos. Lo mismo ocurría con mis familiares, no pude relacionarme con mis primos o tíos, y por desgracia mis abuelos fallecieron cuando yo solo era un bebe. Mis padres siempre fueron fríos y distantes, solía pasar mucho tiempo entre niñeras y guarderías, sin embargo yo los apreciaba mucho, apreciaba cada mínimo momento en que estábamos juntos.

La primera vez que logre sentirme acompañado fue cuando conocí a mi primer amigo, Ogiwara Shigehiro. Fue cuando yo tenía 8 años, nos conocimos en una cancha de Basket muy cerca de mi hogar, ambos disfrutábamos el deporte y comenzamos a jugar juntos, no lo podía ver tan regularmente como hubiera querido ya que ambos teníamos escuela y yo debía quedarme en casa con mi niñera.

Tristemente él se mudó a otro lugar y yo volví a quedar solo por muchos años más.

Contarles mi historia con Ogiwara seria largo y tedioso, la verdad no pasaron cosas tan interesantes que contar así que prefiero obviar el tema.

Pero en síntesis decir que mi vida estuvo rodeada de mucha soledad es correcto. Pero aprendes a amarla, es dolorosa claro, pero de alguna forma te acostumbras a ella, y sabes que tu vida siempre será así, que por más gente que te rodee ese sentimiento no desaparecerá. Naces solo y mueres solo, esa es mi teoría.

Ese día me senté en mi lugar pre electo por los profesores. Era el último asiento del lado izquierdo junto a la ventana, un lugar agradable ya que podía tomar siestas sin ser descubierto y perder mi mirada en el cielo de la ciudad.

Me agradaba mirar por la ventana cuando el resplandeciente sol lo iluminaba todo, debo admitir que detesto la lluvia, no por ser húmeda, sino más bien porque era en esos días de lluvia cuando la casa estaba más vacía, cuando la soledad se aferraba a mí. Solía mirar como el vidrio se mojaba, como lentamente las gotas iban trazando líneas en su caída, también podía sentir el frio que irradiaba el vidrio. Las niñeras a veces no iban cuando llovía, permanecía solo, sin poder escapar de esa cárcel. Sin embargo debo admitir que el olor a tierra mojada me atraía, la verdad jamás entendí por qué la soledad siempre me atrajo.

En fin, ese año había comenzado, y me traería grandes sorpresas.

-          Vamos a comer a la terraza Kurokocchi- Me dijo Kise al finalizar la primera clase – Los chicos nos están esperando. – Yo asentí suavemente y me pare para acompañarlo en silencio hasta el lugar. Mire con calma como las personas platicaban y se movían, analizando cada gesto, cada movimiento, era un hobbie, uno que me servía para poder entender lo que ocurría con la gente. Una vez en la terraza pude mire a mis amigos, los cuales ya estaban sentados e instalados hablando. - ¡Hola chicos! – Gritó Kise animado y corriendo llego hasta ellos.

Yo por mi parte me tome la calma de costumbre para llegar y tomar asiento junto a ellos.

Eran 5 de ellos, estaba Midorima Shintarou, Takao Kuzanari, Murasakibara Atsushi, Himuro Tatsuya y el más importante de ellos Aomine Daiki.

En ese entonces yo había desarrollado una gran atracción por Aomine, lo quería, lo apreciaba tanto, me gustaba, me encantaba. Para mi escuchar su típico “Tetsu” lo era todo. En ese entonces no sabía bien lo que era el amor. Como les dije anteriormente yo realmente no comprendía el amor.

Desde el día que conocí a Aomine pase momentos grandiosos, aproveche cada instante junto a él, si bien no soy una persona expresiva o demostrativa debo decir que fue con el que aprendí a disfrutar la vida y fue quien me saco las más sinceras sonrisas, esas que siempre oculte.

Hasta el día de hoy no puedo evitar formar una leve sonrisa al recordar esos gratos momentos jugando al basket, esos días comiendo helado y las típicas charlas sin sentido que cada amigo podía tener. Era grato recordar eso, solo que a la vez pensar demasiado me dejaba un sabor amargo.

Volviendo a ese día, como siempre tome asiento junto a Aomine, agradecía ser cercanos así podía estas al lado suyo sin generar sospechas. No sé realmente si alguno de los chicos sabia de mis sentimientos por él, quizá sí, quizá no, sin embargo no le di demasiada importancia.

Lo mire fijamente unos momentos perdiéndome en sus azules ojos, recuerdo con claridad la sensación de verlo, de tenerlo tan cerca de mí. Mi estómago se revolvía, mi corazón latía y me sentía extrañamente feliz. No sé si era amor, no sé si solo era atracción, pero lo que sé es que algo sentía cada vez que lo veía, algo dentro de mí.

Ese año había planeado confesarme al fin, es más, tenía planes de conquistarlo, de hacer llegar de verdad mis sentimientos y a pesar de que sabía podía ser rechazado algo dentro de mi hacia que yo creyera que estar juntos no era algo imposible.

Ese primer día transcurrió con calma, converse con mis amigos, vi como Takao molestaba a Midorima, como Aomine y Kise discutían, como Murasakibara no paraba de comer, y como la suave risa de Himuro acompañaba mi sonrisa.

Ese día fuimos a la cancha de baloncesto de la escuela, no había clases aun, era una escuela pequeña y su equipo de basket era diminuto, había con suerte 9 estudiantes de segundo, y ahora desde luego nosotros.

Yo a pesar de no tener grandes habilidades para el basket como mis amigos gracias a un misterioso joven que conocí por casualidad en un partido de basket callejero, aprendí a jugar a mi modo, aprendí a ser una sombra.

Explicarles como juego sería difícil de decir, pero digamos que me especializo en los pases, uso mi poca presencia para desaparecer de la vista de los jugadores y haciendo un juego mental, algo así como un truco de magia, logro hacer los pases precisos para que mis compañeros anoten. Es algo así, bueno quizá en algún momento les pueda contar mejor de que se trata.

No recordaba mucho a ese joven, solo sabía que me ayudó mucho, gracias a él pude cumplir mi sueño, jugar con Aomine, y algún día, jugar con Ogiwara.

Pero desde el año pasado ya jugar con Aomine no era lo mismo, en el último tiempo en Teiko él había comenzado a faltar y prefería tirarse a holgazanear que practicar conmigo, es más ya ni siquiera jugábamos juntos. Sin embargo en nuestros momentos libres, lejos del basket el seguía para mi siendo el mismo.

Como ya habrán notado yo soy homosexual. Y créanme cargar con esto es duro. A pesar de estar en pleno siglo 21 la sociedad sigue siendo cerrada y discriminadora, ser homosexual es duro, es algo que se repudia y discriminada, es mal visto y según escuche de boca de muchos es una falta de respeto hacia tus padres. Por ende yo preferí mantener en secreto de todos mis preferencias sexuales, digamos que jamás salí del “closet”.

Sin embargo ese año quise cambiar las cosas, poder mostrarme como soy, poder amar a un hombre sin el temor, poder ser como era en realidad.

Pero volviendo a ese día, digamos que después de clase todos decidimos salir a tomar helados, helados que fueron cortesía de Kise. Fue una tarde-noche cálida, no había viento no había frio y por sobre todo no había dolor.

-          ¡Hoy debo ir a la casa de mi tía así que ya es hora de irme chicos! – Anuncio Kise con su radiante sonrisa

-          Si nosotros también ¡¿No Shin-chan?! – Exclamo divertido Takao sonriendo de par en par.

Todos no despedimos con un saludo grupal y cada cual tomo su camino, yo agradecía que el mío era similar al de Aomine así que podría caminar con él un rato. El sol ya estaba terminando de ponerse en el horizonte, la tranquila y cálida noche había llegado.

No sé muy bien lo que hable con Aomine ese día, fueron palabras sin sentido, pero llenas de magia, cada palabra que decía hacia mi corazón latir con fuerza, no quería que el recorrido terminara, quería seguir caminando a su lado por siempre.

Pasamos junto a una cancha de basket, nos detuvimos un instante a ver como otros chicos jugaban entretenidos entre risas y pases mal hechos. Permanecimos en silencio, un silencio por demás cómodo.

Él me miro, uniendo sus ojos contra los míos, quería besarlo, quería abrazarlo, quería que por una vez en mi solitaria vida poder estar acompañado de alguien, ser de alguien y que ese alguien fuera mío.

-          Sabes Aomine-kun. – Dije irrumpiendo el silencio – Eres muy especial para mi.- Comente avergonzado, me sentía inquieto nervioso sin embargo también en paz, como si por fin mis labios pudieran decir lo que mi corazón sentía. No era una confesión, faltaba mucho para que tomara el valor de decir eso, pero si era verdad era algo que no podía ocultar, algo que ya no quería ocultar.

-          ¿Por qué tan de pronto con eso Tetsu? – Preguntó algo confundido. Mis ojos brillaron, mirándolo con ensoñación, sin embargo estaba feliz de saber que él no podía leerme, nadie podía leerme.

-          Simplemente lo pensé.- Dije doblando la mirada una vez más a la cancha de basket. Sonreí suavemente, diminuta, casi imperceptible, es más estoy seguro de que Aomine ni siquiera la noto.

-          Tú también eres especial para mi Tetsu. – Esas palabras las guarde en lo más profundo de mi corazón, con recelo y cuidado. Las ame en silencio. Nos miramos por unos instantes, ahora frente a frente, uniendo nuestros ojos en una danza, se inclinó hacia mí, tan cerca como nunca antes. Su sonrisa se ancho, yo no pude evitar agrandar la mía. – vamos a casa Tetsu…-

No me beso ese día. Yo tampoco lo intente. Pero nuestras miradas dijeron más que cualquier acción, mucho más de lo que nuestros cuerpos no se atrevían a hacer. Luego de eso yo apenas si pue susurrar un simple “me gustaría verte otra vez”. Al día siguiente lo vería en la escuela, yo lo sabía, él lo sabía. Sin embargo Aomine noto lo que yo quería, verlo fuera de la escuela, tener un momento en que solo estemos él y yo.

No recuerdo bien que fue lo que dijo, pero quedamos en vernos ese mismo fin de semana a comer en Maggy Burger, y yo desde luego a tomar un batido de vainilla. Estaba tan ilusionado, era jueves y nos veríamos ese mismo domingo, tan solo faltaban unos días para por fin hacerlo, para soltar de una vez por todas mis sentimientos por él.

El día siguiente fue viernes y entramos oficialmente al club de basket.

-          Mucho gusto. Yo soy Aida Riko y seré su entrenadora este año. – Fueron las primeras palabras que escuche de ella, nuestra entrenadora. Era una joven tan solo un año mayor que nosotros, cabellos castaños y ojos del mismo color, era delgada, en todos los sentidos de la palabra. Al escuchar su presentación todos los reclutas saltaron asombrados, yo igual me sorprendí un poco debo admitirlo, y como no si era una chica tan joven, agradecí que nadie notara mi sorpresa no me gustaba que la gente notara expresiones en mi rostro. Y no lo notaron, no solo por mi nula expresión en el rostro sino más bien porque nadie noto que yo estaba allí, es más creo que ni mis propios amigos notaron mi presencia, era fácil olvidarse de mí.

Ella no hizo quitarnos la remera y medir cada uno de nuestros potenciales, y como imaginaran el mío era bajo, el estado físico no era para mí. Pero claro yo había aprendido a jugar a mi modo, y todo gracias a ese misterioso joven, joven que pronto les presentare.

Pero ahora mismo voy a presentarles a alguien que de algún modo marco mi vida también.

La entrenadora estaba sorprendida por el gran talento de los novatos de este año, todos eran brillantes, tato en su físico como en su talento excepcional, estaba más que claro que ella armaría jugadas muy buenas con todos nosotros. Pero hubo alguien fuera de nosotros que igual destacó. Su nombre es Kagami Taiga. Alto de cabello rojo opaco tirando a marrón sus ojos eran feroces los de un tigre enjaulado, su físico era espectacular, hombros anchos y abdominales bien marcados. Él venia de Estados Unidos, había aprendido de la fuente original, así que su talento era admirable pero aun así no podía compararse a él de Aomine, faltaba mucho para eso.

Luego de que cada uno se presente hicimos un partido contra los sempais del grupo, el cual cave decir ganamos con facilidad. Sin embargo éramos muchos así que no todos jugaron. No sabía cómo sería la formación este año, pero ansiaba poder estar como regular.

El primer entrenamiento fue simple, corrimos, saltamos e hicimos lo mismo que solíamos hacer en Teiko, incluso un poco más duro. Pero lo pasé bien, estaba alegre de poder jugar otra vez con mis amigos, de jugar otra vez con Aomine.

Nos separaron en parejas para entrenar ¡Y sorpresa! Me toco con Kagami, el sería mi compañero de entrenamiento. Era bastante engreído y feroz pero yo noté de inmediato que no era lo que aparentaba ser, que había más dentro de él.

Ese primer día no tuvimos mucha relación, él se quejaba de lo pésimo que era yo jugando sin embargo aceptó que mi basket era bueno.

Para mi ese primer día fue muy significativo fue el inicio de algo especial con ese chico.

El sábado Riko propuso venir a entrenar quienes quisieran y pudieran para pulir más el trabajo en equipo que estábamos practicando. Yo ese día decidí no asistir. Mis padres volvían de viaje y estarían esa tarde conmigo, como ya les dije pocas veces podía verlos y para mí era un tesoro invaluable poder estar con ellos un momento.

Preparé todo para verlos, ordene la casa para que quedará perfecta, cocine galletas y prepare la mesa para comer juntos, era de tarde por lo que tomaríamos té y comeríamos las galletas que hice, sabía que estás les encantaban. Estaba ansioso, quería ya poder verlos con mis propios ojos, sentir su calidez, su aroma, sus abrazos, me sentía sólo. Y moría de ganas de por una sola vez, tan sólo una vez, sentirme acompañado.

Tristemente ese día no vinieron. Su avión había tenido una demora y llegarían a la madrugada. Al día siguiente trabajaban por lo que me sería imposible verlos otra vez.

Cuando me llegó el mensaje de que no vendrían no pude evitar que una lágrima escapara se mi rostro. No hice mueca de dolor, no llore, no grite, sólo deje que esa  fina lágrima recorriera mi rostro, sólo una, una que demostraba mi profundo dolor.

Ya era tarde pero decidí ir al entrenamiento aunque sea para saludar a mis amigos, no quería quedarme en casa no quería estar solo en ese momento. Fue un error grave lo sé, sin embargo necesario.

Extrañamente ese día llovía, días pasados el sol era hermoso y resplandeciente, y ese día llovía. Sé que suena dramático, muy al estilo romántico de la literatura pero así fue. Llevé un paraguas para evitar mojarme en el trayecto y cuando llegué quedaban Riko y el sempai Hyuga juntando balones y ordenando un poco el lugar. Los saludé suavemente sin embargo ambos saltaron del espantó el verme allí. Me gané un par de golpes por parte de Riko sin embargo la calidez que ellos desprendían era reconfortante.

-          Ya se fueron casi todos a casa decidimos terminar  entrenamiento antes por la lluvia- me informó Riko - ya estamos por cerrar. ¿Podrías llamar a Kise y Aomine? Estaba terminado de guardar varias cosas en los casilleros.

Yo asentí suavemente y a paso rápido me apresuré a buscar a los chicos. Kise y Aomine vivían yendo hacia mi casa Aomine se despedía primero por lo que tendría un trayecto largo solos con Kise para poder contarle se mi cita con Aomine de este domingo.

Pero cuando entre todas mis fantasías quedaron en la basura.

Allí frente a mis ojos estaba una escena que quedaría marcada por el resto de mi vida. Frente a mis ojos estaba el,  mi mejor amigo, mi compañero, mi confidente, una de las personas más especiales para mi, con Aomine, el chico que me gustaba, a quien “amaba”, mi luz, mi adoración, besándose, tocándose, y en ese momento pensé amándose.

Ese día, ese fatídico día conocí lo que era la traición. 

Notas finales:

¿Y bien? ¿Qué les parecio el primer capitulo? 

 

Estoy algo ansiosa e insegura con respecto al fic (como siempre), por ello me gustarias saber su opinion ¿Vale la pena seguir este fic? Se que es muy corta y poco se ve de como va la mano pero no se si esto tiene buen futuro, asi que diganme ¿Qué piensan?

El fic entero sera narrado en primera persona, para denotar más los pensamientos que con un narrador omnisciente.

En fin, espero que les haya gustado este capitulo. Comenten amo saber lo que piensan y mas que nada quisiera saber si seguir o no el fic, diganme con sinceridad, graciaaaass

Muchas gracias por leer! Adios! 

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