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Colisión Dimensional

Autor: Whitekaat

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Notas del fanfic:

Vengo con algo atrasado que era para el cumple de Saga, pero debido a mi falta de tiempo y que para estos días debía entregar avance de mi tesis no lo logré.

Aclaraciones del fic:

  • No se necesitará leer otros fics de mi autoría para entenderlo.

  • No aondaré demasiado con las conclusiones de otros fics.

  • Lo que ocurré en este fic puede o no ser canon para los otros, ok la verdad es que si será canon pero como un pequeño guiño epílogo de algunas historias.

  • Será una historía corta de quizás sólo tres capítulos.

  • Tenía la necesidad de hacerlo, ustedes ya saben que cuando se me ocurre escribir alguna locura no hay quien me detenga.

 

Notas del capitulo:

Espero les guste el primer cap, saludos.

 

 

CAPÍTULO I

 

Además de un poderoso cosmos y lealtad existía otro requisito para ser portador de una armadura dorada, y era algo que no se podía obtener, con aquello se nacía y aquello corría por su sangre, porque sólo quien llevase dentro de su cuerpo la sangre de una criatura mitología podían portar el nombre de santo dorado, gorgonas, ninfas, minotauros, centauros, hidras, arpías, etc. Cualquiera que fuese su ascendencia y teniendo los otros requisitos podían ser parte de la tropa de elite de la diosa Athenea.

Doce caballeros eran presentados ante los gritos y aplausos de los demás caballeros, doce jóvenes caballeros que tenían edad parecidas, tan sólo unos adolescentes llevando una poderosa carga sobre sus hombros cada uno brillando con aquel vibrante color oro del metal.

Y tal como a la casa que pertenecía el joven caballero de leo alzaba orgulloso su pecho sintiendo los vitoreos del público, toda su vida había sido preparado para ese momento, al igual que su hermano, pertenecientes a una de las diez familias encargadas de entregar a los caballeros en cada generación, por su sangre corría la misma que una vez portó el león de nemea y al igual que él poseían algunas de sus cualidades su fiereza y una piel tan resistente imposible de ser atravesada por un arma.

Esas diez familias, generación tras generación entregaban al santuario a sus hijos para cumplir con el deber de proteger a la diosa de la sabiduría, como un honor, pero en esta ocasión era diferente, porque ahora se encontraban los doce caballeros reunidos, algo que no había ocurrido en más de tres siglos cuando la familia encargada de entregar al caballero de géminis perdió toda descendencia llegando al final de ella con su último caballero quien murió en batalla.

Pero esta vez uno nuevo había aparecido, un chico, uno que ocultaba su rostro bajo aquel enorme adorno que era el cascado dorado de la armadura, un chico de cual no se tenían antecedentes, un chico del cual no se conocía su nombre, su edad, la sangre de criatura que poseía, ni mucho menos como era que había conseguido el puesto, un enigma para los otros once caballeros.

— Creo que para todos es algo nuevo, pero digno de comentar, al fin están todos reunidos, los doce caballeros, algo que no había ocurrido desde  hace siglos atrás, este año la armadura de géminis tiene un nuevo portador— Acallada la voz del patriarca los aplausos se hicieron aún más intensos.

Para Aioria aquel caballero era alguien intrigante, un misterio que deseaba resolver, sus debilidades, sus fortalezas, un oponente con el cual probar su fuerza y valentía y juzgar por sí mismo si este nuevo caballero merecía el honor de estar a la par de los descendientes de siglos de tradición.

 

***°***°***°°***°***°***

 

No todo había salido tal como el castaño hubiese querido, habían pasado más de un mes desde su llegada al santuario y tras la bienvenida el caballero de su interés había desaparecido por completo, aquel chico quizás tenía parentesco con pitón por lo escurridizo  que era, ninguno de los otros caballero sabía nada de él y la información que consigo desde el patriarca había sido nula, no porqué este no supiera nada de él, sino que se excusó en el hecho de que toda información personal del santo de géminis era privada y que de su boca no saldría.

— Aioria, deja de obsesionarte con eso, si él no quiere relacionarse con nosotros está en todo su derecho— la cuerda fue soltada de sus dedos y aquella flecha había dado en el blanco al igual que las veces anteriores, Aioria al igual como lo hacía siempre ignoró a su hermano.

— Concuerdo con Aioros, estas obsesionándote y se está volviendo molesto— su rostro como siempre no demostraba ninguna emoción que no fuese una perpetua paz, sus ojos permanecían cerrados por aquel voto de ceguera que había tomado.

— Hazle caso león, no querrás que medusa te transforme en piedra— una sonrisa juguetona se posó en aquellos labios teñidos de rosa— pero si quieres ayuda podría llenar su templo con rosas como muestra de tu eterna devoción, nada mejor que regalar flores creadas por un descendiente de una ninfa— a la risa del caballero de piscis se le unió la de sagitario, un bufido de parte de virgo y un ceño fruncido del caballero de leo.

— Esto no es gracioso, no sabemos nada de él, podría ser perfectamente un traidor que está bajo nuestras narices, han pasado años desde el último géminis y ahora aparece uno de la nada, que no da la cara, que pareciera que no existiera y todos hacen como que no les importan— los puños de Aioria se cerraron y se levantó de su asiento— no sé ustedes, pero yo no dejaré esta situación se aplace aún más y por cierto Afrodita a veces tienes más parentesco a una arpía que a una ninfa.— aun con el ceño fruncido abandonó las gradas haciendo oídos sordos a lo que sus compañeros y hermano decían.

Pero eso no llegó ese mismo día y al siguiente tampoco, ni tampoco esa semana, no lo encontró a medio día, tampoco durante la tarde, ni tampoco cuando lo llamó durante media hora en su templo, ni cuando tuvo la desfachatez de pasear libre por el templo, no lo encontró y si lo pensaba bien es como si en realidad no hubiese nadie viviendo en ese templo, todo estaba ordenado, limpio, pero le faltaba vida en cada rincón.

Quizás sus sospechas si eran ciertas y el caballero de géminis era igual de escurridizo y sigiloso que una especie de serpiente, pero si había algo que destacar del castaño era su perseverancia y la virtud/desgracia de no saber perder, y tras sus fallidos intentos de buscarlo durante el día, tomó las riendas del asuntó y esperó la llegada del caballero a su templo sentado en la entrada de este.

Cuando la luna se posó sobre el cielo, la paciencia del león estaba a un pestañeo de terminar, era el frío, era el hambre, la sed y el hecho que el enigmático dorado aun no hacía acto de presencia, pero al igual como una luz de esperanza el brillo blanco reflejado sobre un cuerpo que iba cubierto con una capucha se hizo notar.

Su paso era relajado, como si flotase sobre el piso, subía las escaleras probablemente perdido en sus pensamientos, sus pasos dejaban huellas por donde pisaban, mientras más se acercaba un ligero olor a sal se hacía más notorio y un fresco olor a mar el cual podía tener relación por la humedad que dejaba su paso.

— Al fin, realmente deseaba verte en persona nuevamente, caballero de géminis— la voz del león detuvo el tranquilo caminar de la otra persona cuando se encontraron a muy poca distancia— mucho gusto, mi nombre es Aioria, soy el caballero de Leo— prosiguió con su presentación alzando su mano a modo de saludo.

— Mucho gusto, caballero de leo— para Aioria la voz de su compañero sonó agradable, melodiosa, casi irreal. Su mano fue tomada con fuerza, devolviéndole el saludo y humedeciéndola en el proceso.

— Podría conocer tu nombre, eres un misterio para todos en el santuario— continuó hablando el castaño, cuando su mano soltó la del otro.

— Mi nombre es Saga, y en realidad no hay nada interesante en mí como para causar misterio, sólo soy como todos los demás— a pesar del trato ameno y agradable que había entre ambos se sentía un dejo de incomodidad, una sensación de una conversación forzosa mantenida sólo por educación.

— Tu llegada como el caballero de géminis es difícil que pase desapercibida y que no nos preguntemos tus orígenes, o incluso algo tan básico como conocer tu rostro, recuerdo que aquel día estabas cubierto por el casco de la armadura y ahora lo hace esa capa ¿Hay alguna razón para aquello? — aunque quisiese ocultarlo o disimularlo, el castaño hablaba con soberbia y con un tono demasiado inquisidor para alguien que trata de mantener una buena relación con su par.

— Es algo tarde y estoy algo cansado, es hora de que regrese a mi templo, que tengas buena noche caballero de leo— y así sin más el misterioso chico cortó cualquier otra intención que el león tuviese y avanzó por el costado adentrándose a su templo, dejando a un no muy contento Aioria que había perdido toda la paciencia posible.

 

***°***°***°°***°***°**

 

Aioria había demostrado ser un hueso duro de roer y si no conseguía información de una manera civilizada, lo haría utilizando todas sus cartas y esas cartas que le quedaban era el espionaje y seguimiento, algo que de ese día no pasaría, sacrificando su sueño y comodidad se mantuvo escondido estratégicamente mirando la entrada del tercer templo, esperando hora tras hora mientras la luna cambiaba de color y posición en el cielo.

Sus ojos varias veces se cerraron, dormitando por algunos segundos, pero si algo era más fuerte que su falta de paciencia y su sueño era el hecho de no querer perder ante el enigma que significaba Saga, porque ahora al menos ya sabía algo más, que su nombre era Saga y que su voz era extremadamente agradable.

Cuando la luna se tiño de rojo entre las montañas Aioria seguía atento, comenzaba a pensar que tal vez esa no había sido una de sus mejores ideas, pero aquel pensamiento se fue tan rápido como llegó, aquella silueta cubierta por una capucha obscura volvió a aparecer entre los pilares de la entrada del templo de géminis.

El castaño siguió al otro santo más allá del templo de Aries, cruzando al costado del coliseo, atravesando la zona donde los demás santos dormían, más allá del espeso bosque de los límites de tierra santa, cruzando el poblado e incluso más allá de las montañas que rodeaban las afueras de las últimas casas, un largo camino, manteniendo su presencia apartada del joven caballero, conservando la distancia y manteniendo su papel de espía en todo momento.

El olor a sal que llevaba Saga la noche anterior volvió a adentrarse por sus fosas nasales a medida que caminaba, comenzó a escuchar el sonido de las olas, el de gaviotas y la fresca brisa del mar golpeando su rostro, sus ojos enfocaron el paisaje frente a él con sorpresa, aguas cristalinas, arena blanquecina, un sol radiante y un muchacho  que al quitar aquella tela que lo cubría dejaba ver una larga caballera azul índigo y piel blanca hasta donde dejaba mostrar la ropa, un chico que se mezclaba perfectamente con la escena.

Aioria comenzó a caminar como hipnotizado hacía el frente queriendo acercarse aún más a Saga, pero con cada paso que daba esto otro se alejaba uno más en dirección al agua. Aioria vió fascinado como parte de las piernas del geminiano se fueron cubriendo de un brilloso tono azulado que combinaba a la perfección con su cabello cunado sus pies estuvieron en contacto con el mar.

Pero su ensimismamiento fue parado por algo inusual que al parecer el otro chico no notaba, aquella extraña abertura que se formaba de la nada, una especie de portal místico que empezaba a dejar pasar una enorme mano obscura que desprendía humo, una mano que tomó por desprevenido al de cabellera azulada y lo aprisionó en ella.

Aioria como un caballero dorado no dudó, no se detuvo a pensar, el actuó sólo como un portador de la armadura de Leo haría y corrió a toda velocidad aferrándose a los dedos de esa mano siendo arrastrado junto a Saga hacia dentro del portal.

Varios colores los rodeaban, todo como un eterno vórtice que no tenía fin, un remolino de luces, un lugar irreal. El castaño fijó su vista al frente y vió lo que continuaba aquella extremidad, un enorme ser de un color obscuro casi tétrico, un monstruo que expelía humo de su cuerpo, de ojos rojos, cuerpo corpulento y que en su otra mano portaba una guadaña.

Al escuchar la voz de su compañero gritar de dolor al ser aplastado el león concentrando su cosmos lanzó su ataqué contra lo que apresaba a Saga, rayos de color amarillo se dispersaron por todo el lugar, y llevando esa electricidad a través del cuerpo de ese monstruo logrando su cometido, el puño que mantenía cautivo al chico se abrió dejándolo libre y a la vez dejándolo caer, el castaño en cosa de segundos se soltó también alcanzando a tomar la muñeca del caballero de géminis con una de sus manos al mismo tiempo que ambos desaparecían de ese lugar al traspasar vórtice.  

 

 

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