Amor Yaoi
Fanfics yaoi en español

Idénticos, pero distintos

Autor: SonAzumiSama

[Reviews - 12]  

LISTA DE CAPITULOS
- Tamaño del texto +

Notas del fanfic:

Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Madoka Takadono y Utako Yukihiro. Yo sólo los he tomado prestado para crear esta pequeña historia sin fines de sacar provecho de ella.

Notas del capitulo:

Sólo diré que cuando me llega algo a la mente, debo escribirlo. Así que espero y les guste.

¡A LEER!

No podía ser más molesto tener que ver como su hermano gemelo se envolvía de alegría al estar conversando con los chicos más populares del colegio. Manteniendo esa estúpida sonrisa que parecía nunca borrar y esa esmeralda mirada que emanaba calma con sólo perderte en sus ojos. Pero lo que en verdad le molestaba, era tener que oír como aquellos chicos reían bobamente por Salomón. En más de una ocasión, ambos llegaron a pelearse por su compañía como si realmente se tratase del verdadero Salomón bíblico y eso era algo que realmente le sacaba de quicio. Y la verdad, tenía sus motivos para estar molesto, motivos que jamás se los haría saber a nadie.

Cerró con fuerza su casillero al no encontrar el libro que buscaba y, recordando de repente, que se lo había prestado a su hermano unos días atrás.

Suspiró con cansancio.

Sus planes para ese día era mantenerse alejado de esos tres subnormales para intentar permanecer en calma, pero vio que no era posible. Con paso lento, comenzó a acercarse a su hermano y compañía, pero una estrepitosa voz le detuvo sus pasos y casi siente sus oídos estallar por lo aguda que era.

— ¡William! - chilló un pelirrojo acercándose al susodicho con lágrimas en sus carmesí ojos y mostrándose verdaderamente desesperado, como si William fuera la última esperanza que tuviera en ese momento — ¡Ayúdame a estudiar para la prueba de mañana! -

— ¡Olvídalo! - se negó sin pensarlo dos veces el contrario, cerrando los ojos y haciendo firme su negación — deberías estudiar desde antes en vez de hacer un berrinche un día antes de la prueba -

— Pero… - quiso convencerlo, pero William no le dio la oportunidad -

— Si no leyeras tantos libros de ocultismos, tuvieras más tiempo para estudiar, así que deja de quejarte - prosiguió su camino dejando a su amigo llorando y sin sentir ni un poco de compasión por éste — ¡Hey, Salomón! - llamó a su hermano obteniendo, no sólo su atención, sino también la de sus acompañantes -

— ¡William! - saludó encantado de ver a su hermano -

Abrazaba de manera muy sobreprotectora a Sytry, un chico popular entre los hombres por poseer la apariencia envidiada de cualquier mujer, mientras que éste mismo se recostaba en el hombro de Salomón de una manera muy amorosa. Mientras que Dantalion, el segundo acompañante, estaba de pie frente a los dos, notándose un poco molesto por como Sytry se aferraba a Salomón.

William decidió ignorar la posición tan cómoda en la que se encontraba su hermano junto con aquel chico, yendo directo al grano. De cualquier modo, no tenía tiempo que perder.

— ¿Tienes el libro que te presté? -

Salomón soltó a Sytry para registrar en su bolso y, luego de unos segundos, dejó de hacerlo mirando a William con una sonrisa apenada.

— Lo siento. Creo que lo olvidé en casa -

Entre los cuatros reinó el silencio total. William intentando descifrar por completo la información que acaba de recibir y los otros tres esperando su reacción, que no tardó en llegar. Tomó a su hermano por el cuello del uniforme, y lo sacudió con fuerza.

— ¡¿Cómo que lo olvidaste?! ¡Lo necesito ahora! - regañó absteniéndose de aterrizar su puño en la cara idéntica de su hermano -

— Lo siento en verdad - se disculpó Salomón con esa característica sonrisa suya logrando un suspiró de frustración en William, quien lentamente le soltó, peinando su rubia cabellera con sus dedos -

— Salomón… - susurró con su puño fuertemente cerrado intentando controlar el enojo que sentía en ese momento — quiero matarte - terminó de decir chocando su verdosa mirada con la de su hermano, reflejando las ganas de ser un asesino en ese momento -

Salomón sólo rió con sus manos alzadas en son de paz. Sabía como era su hermano cuando se enojaba y a nadie le gustaba ver a William enfadado.

— Por cierto, hoy no me iré contigo - informó Salomón calmando el enojo de su hermano -

— ¿Por qué no? - sintió curiosidad -

— Hoy iré al partido -

— ¿Al partido? - se extrañó William. Salomón no era la clase de personas que le gustaba ese tipo de eventos (y a él tampoco, la verdad) -

— Sí, Dantalion jugará y no quisiera perderme el juego del mejor deportista del colegio - ante las palabras de Salomón, los ojos rojos-violeta de Dantalion brillaron con alegría, provocando envidia en los azulejos de Sytry e irritación en los esmeraldas de William — ¿No quieres venir? - invitó Salomón aún sabiendo cual sería la respuesta -

— No, para mí éste sólo es un idiota - declaró señalando a Dantalion con su dedo pulgar -

— ¿Qué? - se quejó el señalado mirando con furia a William -

— ¡Lo que oíste! - se retiró del lugar mostrándose bastante molesto por muchas razones -

Dantalion bufó por lo bajo observándolo alejarse. Podía ser muy parecido a Salomón físicamente, pero era todo lo contrario a éste, y era esa diferencia por la que aveces Dantalion sentía ganas de romperle la nariz a ese maldito arrogante.

— ¿Cómo lo soportas? - preguntó Dantalion con el ceño totalmente fruncido -

— Es mi hermano, no me queda de otra - sonrió posando sus verdes ojos en la espalda de William — por lo que es alguien muy importante para mí - ambos voltearon a ver a Salomón, para luego dirigir su mirada a William que se alejaba cada vez más — nacimos el mismo día, pero aún así es mi hermano menor y siento ganas de protegerlo - Dantalion y Sytry miraron el relajado rostro de Salomón y sonrieron. Algo tenía que lograba colocar en plena paz tu alma — además, puede llegar a matarme si se lo propone -

La sonrisa de ambos se esfumó y fruncieron el ceño. Salomón nunca cambiaría, pero era justo ese Salomón del cual ambos estaban endemoniadamente enamorados.

William, por su parte, mantenía el celular en su oído, esperando que su llamada fuera atendida, y para cuando lo hicieron, una vena ya estaba palpitando en su frente de todo el estrés que sentía en ese momento.

Mansión Twining, ¿Qué se le ofrece? - se escuchó al otro lado de la línea -

— Kevin, soy yo… -

¿Señorito? -

William esperaba fuera del colegio angustiado. Sus clases empezarían en quince minutos y su mayordomo no hacía acto de presencia.

Su rostro se relajó al ver la limusina familiar detenerse frente a él. Se acercó a una de las ventanillas mientras ésta se abría dejando ver con quien, segundos atrás, tuvo una conversación por teléfono, su mayordomo Kevin.

— ¿Lo trajiste? - preguntó William -

— Sí, ¿Es este? - preguntó el mayor entregándole el libro -

— ¡Sí! - se alegró William — ¡Muchas gracias! -

Mientras ocurría todo aquello, unos ojos vinotintos lo observaban desde la ventana de la biblioteca. La razón por la que conocía bien como era William, es porque estaban en la misma clase, y para él, era sólo un mocoso arrogante. Nada parecido a Salomón, quien justo le llamó con esa voz tan dulce que para Dantalion era la melodía más hermosa que sus oídos podían escuchar.

— Dantalion, ¿Qué haces ahí? - preguntó sin apartar la mirada de su libro -

La biblioteca escolar pocas veces era visitada, por lo que sólo se encontraban ellos dos. Sytry estaba en su clase y él tenía el placer de estar a solas con su Salomón

— Viendo a tu hermano - respondió sin apartar la mirada de la ventana -

— ¿Y qué está haciendo? -

— Hablando con tu mayordomo -

— ¿No tienes clases? - seguía cuestionando sin dejar de leer -

— Como dentro de diez minutos -

— ¿Y no te sientes solo ahí? Acércate - ordenó de un modo que a Dantalion se le fue imposible desobedecer -

Se acercó despacio sentándose a su lado y observándolo detenidamente mientras leía.

— ¿Te quedarás leyendo hasta que comiencen tus clases? - llevó la mirada al libro que Salomón tenía en sus manos al formular la pregunta -

— Sí - fue lo único que respondió antes de que el silencio se postrara entre ambos -

Para Dantalion era suficiente con sólo mirarlo. El sólo realizar esa acción, estaba en completa armonía con él mismo y con su alrededor.

Al cabo de un rato, Salomón dejó el libro sobre la mesa y posó una mano en la negra cabellera de Dantalion, mirándolo con esa ternura que sólo los esmeraldas ojos de ese rubio te podían regalar.

— Creo que ya debes asistir a clases -

Dantalion colocó su mano encima de la de Salomón y se aferró a ella fuertemente.

— Faltaré. No quiero dejarte -

Salomón sonrió aún más tomando el rostro del moreno entre sus manos y acariciando sus mejillas con sus pulgares

— No quiero que arriesgues tus asistencias por mí. Ve a clases -

Dantalion suspiró y se aferró a ambas manos, alejándose lentamente. No soltó a Salomón hasta que la distancia le obligó a soltar una mano y luego la otra.

El rubio mantuvo sus manos extendidas hasta que Dantalion despareció por la puerta, para posteriormente sonreír y proseguir con su lectura.

La paz de Dantalion se esfumó cuando vio a Sytry pasando por su lado y entrando a la biblioteca. Odiaba que estuviera a solas con Salomón. No sabía qué era capaz de suceder cuando Sytry se aprovechaba del momento. Pero sin más opción, Dantalion, se retiró a su aula donde sabía que tendría la desdicha de ver a William.

Los ojos azules de Sytry se posaron en Salomón, manteniéndose alejado de él sin querer molestarlo.

Salomón pasó de página y, sin dejar de leer, se dirigió a Sytry.

— ¿No te acercarás? -

El ojiazul dudó un poco, pero terminó por ceder sentándose donde, minutos atrás, Dantalion se había sentado. Recostó su cabeza en el hombro del rubio sintiendo como una de las manos de Salomón comenzaba a acariciar sus azulados cabellos con toda la delicadeza posible.

— ¿No tienes más clases? - preguntó sin dejar su lectura -

— Ya no -

— ¿No irás a casa? -

— No por el momento. Quiero pasar tiempo contigo - confesó aferrándose más al rubio -

Salomón sonrió sin dejar de hacer nada de lo que estaba haciendo.

 

 

 

No sólo era el hecho de haber dejado a Salomón a solas con Sytry, no sólo era el hecho de tener que asistir a esas tediosas clases, no sólo era el hecho de tener que soportar al hermano de Salomón presumiendo su inteligencia con todo lo que el profesor preguntaba, era el hecho de que hubiera un proyecto semestral y al maldito del profesor le hubiese dado por colocarlo en pareja mencionando juntos los apellidos Twining y Huber.

— A mí tampoco me agrada la idea de tener que hacer un trabajo junto a ti - informó William fuera del colegio esperando su limusina, mientras Dantalion esperaba a Salomón — pero no arriesgaré mi calificación perfecta por alguien como tú. Nos reuniremos cada fin de semana en mi casa y no quiero excusas -

Dantalion chasqueó la lengua con disgusto, pero con sólo pensar que ir a la mansión Twining era la ocasión perfecta para pasar más tiempo con su Salomón, sonrió con grandeza dirigiéndose a William.

— No te preocupes, por mi parte no tendrás ninguna excusa -

El corazón de William descontroló sus latidos al ver aquella sonrisa. Él era alguien sumamente realista y sabía lo que sentía por Dantalion y, con lo realista que era, también sabía que nunca sería correspondido por un motivo. Y cuando vio los vinotintos ojos de Dantalion brillar con alegría mientras su sonrisa se ampliaba supo que en ese momento aquel motivo había llegado. Su hermano gemelo se estaba acercando.

— ¡William! ¡Dantalion! - saludó con esa sonrisa que tanto odiaba el primero y que tanto amaba el segundo — ¿Qué hacen aquí? -

— Esperándote - se apresuró a responder Dantalion sin molestarse en ocultar su felicidad -

— ¡Vaya! - expresó Salomón ampliando su sonrisa — ¡Qué considerados! -

— ¡Yo no te estaba esperando a ti! - aclaró William con enojo — estoy esperando la limusina -

Salomón fingió tristeza mientras lo abrazaba por la espalda y recostaba su mentón en el hombro.

— Me entristece que digas esas cosas - susurró en el oído de su hermano -

— ¿No tienes un partido al que asistir? - preguntó con una vena palpitándole en la frente por la actitud de su hermano -

Muchas veces le había aclarado a Salomón que odiaba los abrazos, pero éste parecía hacerse el sordo ante esas palabras.

— Sí, lo tengo - deshizo el abrazo — la invitación aún está en pie, por si quieres venir -

— No, gracias - se negó mientras la limusina familiar se detenía al frente — tengo mejores cosas que hacer - sin decir más nada, subió al auto -

— Bien, nos vemos más tarde - se despidió Salomón observando el auto alejarse — ¿Vamos? - se dirigió a Dantalion quien asintió con firmeza -

 

 

 

Las calles de la ciudad eran observadas desde la ventana de un auto por los verdes ojos de William. Recordaba la mirada de Dantalion que se llenaba de alegría con sólo oír a Salomón respirar.

Por una vez, muy en el fondo de su ser (aunque jamás se lo admitiría a nadie), desearía ser él quien ocasionara esa sonrisa estúpida en la cara de Dantalion.

Observó su transparente reflejo en la ventana del auto. Su rostro era el mismo que el de su hermano, pero no era quien quería Dantalion.

Suspiró con frustración intentando alejar esos pensamientos de su cabeza. Ya estaba comenzando a actuar como una colegiala enamorada.

 

 

 

Luego de que su equipo quedara triunfador (gracias a él, cabe agregar), Dantalion se acercaba con una gran sonrisa a Salomón, quien lo esperaba con el mismo rostro calmado de siempre.

— Jugaste bien - halagó al terminarse de acercar Dantalion -

— Te lo dije; en los deportes soy un demonio - dijo orgulloso de sí mismo -

— Sí, lo eres - tomó el rostro contrario entre sus manos y lo atrajo al suyo con delicadeza — mi amado Nephilim -

El corazón de Dantalion palpitaba con furia. Podía sentir como golpeaba contra su pecho al tener el rostro del ser que tanto amaba tan cerca del suyo y como se oía tan bien con esa hermosa voz ese apodo que el mismo Salomón le había bautizado. Siendo reconocido, gracias a ello, como Dantalion “Nephilim” Huber. Era un seudónimo que le quedaba a la perfección, y le encantaba al ser su Salomón quien se lo colocó. Y ahora, tenerlo tan cerca, era algo demasiado tentador para él. Quería robarle un beso a esos labios que, seguramente, eran vírgenes. Pero antes de que sus deseos se convirtieran en acciones, Salomón se alejó dedicándole una hermosa sonrisa

— ¿Nos vamos? -

Tal vez nunca pudiera llegar a ser algo más para Salomón. A fin de cuentas, nunca sabía en que pensaba éste siempre.

Notas finales:

Espero y les haya gustado y gracias por haber llegado hasta aquí.

Nos leemos en un próximo capítulo.

Loading...



Introduzca el código de seguridad que aparece debajo: