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Sin esperanza.

Autor: kamiryukyo

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Notas del fanfic:

 Inspirado en dos canciones.

Olvidar de la ley.

Aunque no te pueda ver de Alex Ubago 

Mis dedos recorrer tu cuerpo; lento, paulatino, delineando cada músculo. Mi toque es suave, de cierto modo delicado. Elevo  mi mirada y me encuentro con  tu rostro, permanece serio, sin expresión. No me agrada. Acaricio tu pecho, me inclino y ahora es mi lengua la que delinea tus músculos. Desciendo lentamente hasta llegar a tu vientre. Mi lengua sigue su rumbo; me distraigo y subo mis manos para desabrochar tu pantalón y bajar la cremallera. Encuentro lo que busco. Te tomo con suavidad y acaricio lento; inclino mi rostro y uso mi lengua, recorro esa parte; lento, gustoso. Quiero que me sientas.

 

Permanecí con esos movimientos varios minutos; ascendí lentamente y llegue hasta tu rostro; bese tus labios sellados.

 

« ¿Por qué?»

 

Tu mirada distante. Me apuñala.

 

Pero sigo con mi labor.

 

Lamí con lentitud tu mandíbula y parte de tu cuello. Me deslice hacia la parte trasera de tu oreja. Te bese una y otra vez. Volví a buscar tu boca y provoque un beso profundo, abriste tus labios y me dejaste pasar; correspondiste el beso, pero no de la manera que yo quería.

 

Acaricie tus brazos mientras nos besábamos; busque tus manos y las coloque en mi cintura. Tú me sostuviste, o simplemente descansaste tus manos ahí. Tus intenciones eran las mismas.

 

« ¿Por qué?»

 

Moví mi cuerpo sobre el tuyo; te quería sentir, quería tu instinto salvaje de hace años. ¿Dónde quedó? ¿Qué es esto ahora? ¿Qué buscas?

 

Soy yo quien comienza con movimientos lentos, tus manos permanecen en mi cadera, no presionas. Me uno nuevamente en un beso voraz no concernido, tú me dejas hacer lo que deseo. Tu mirada esta fija en mí, pero no encuentro expresión alguna. Sonrío con amargura. Muevo mi cuerpo más rápido y tú no apartas tu mirada.

 

Me estremezco cuando siento la explosión de mis sentidos, y a pesar de tu poca cooperación, tú terminas dentro de mi cuerpo.

 

Permanezco unos minutos en esa posición, abrazándote, mi cabeza apoyado en tú hombro. No haces nada por alejarme, pero tú no haces nada agradable para mí. Es como si mi presencia no importara más.

 

Tu mirada está perdida en el techado y tus propios pensamientos permanecen lejanos.

 

Lejanos de mí.

 

Acaricio tu pecho ligeramente húmedo y deposito un beso virginal sobre tu hombro.

 

« ¿Por qué?»

 

Tu calor es agradable, pero con dificultad me separo. Sonrío hacia ti. Tú desvías tu mirada.

 

Me levanto de la cama y me dirijo al baño. Abro la regadera y me sumerjo en la quietud que me brinda el agua tibia. Mi mente se llena de recuerdos pasados. Después de una sesión de sexo, siempre concluíamos la noche duchándonos juntos.

 

Recargo mi frente en la pared.

 

 ¿Cuándo comenzó esto? Pregunta tonta, siempre ha sido así, siempre fue así…pero ahora.

 

El velo del vapor me agobia y mi pecho duele al recordar.

 

Mis manos acompañan mi posición en la pared de mosaicos blancos. Pienso, pienso… Yo decidí seguirte, tú no me lo pediste. Pero yo aseguraba que eso es lo que querías. Poseerme y que yo te poseyera.  

 

« ¿No era así?»

 

Sí, eso era así en el principio…pero ahora, ¿ahora qué nos queda?

 

El agua escurre por mis cabellos, me siento perdido en la bruma de tu rechazo. Podemos ser compatibles en la intimidad, pero no basta, necesito más de ti, necesito tu atención, necesito tu calor, necesito… tu yo pasado.

 

Abandono el cuarto de baño y me dirijo a la habitación, te contemplo en silencio mientras busco ropa cómoda; tú permaneces de pie frente al ventanal, tú mirada divisa la luna, de entre tus labios está oscilando un cigarrillo, pero no haces nada, dejas que se consuma; como me consumo yo en esta angustia.

 

Quiero acercarme y abrazarte, pero sé que no te interesa mirarme, tu expresión lejana lo confirma. Tú actitud inflexible me aleja.  

 

Aprieto mis manos en puños y alejo mi mirada de tu persona. Me introduzco en la cama en silencio, pero no importaría que causa algún ruido, tú no me escucharías.

 

¿Acaso nunca oíste mis palabras? Todo lo que yo te decía, nunca lo escuchaste.

 

El cariño que te entregue, que te entrego… ¿ya no es suficiente? ¿Qué es necesario entonces?

 

¿Qué tan importante soy para ti? 

 

Tuvimos conversaciones y tú parecías entretenido con ello; o era mi imaginación la que me hacía creer todo aquello.

 

Mi amor ¿te importaba?

 

Me envuelvo en las sábanas  blancas acogiendo mi tormento, y silencio mi agobio contra la almohada. Mis ojos arden y mi garganta duele; un grueso nudo está atravesado e impide que mis palabras salgan.

 

Pero ¿Qué es lo que quiero decir? Pienso que he dicho demasiado, y creí que era suficiente.

 

 No quiero llorar, no es digno de mí. Nunca le he hecho, y… no es necesario.

 

Arropo mi cuerpo para permanecer cálido, porque tú no estás a mi lado y tu calor es esencial.  Sin embargo, no me lo brindadas.

 

El sueño será mi salvación en estos momentos.

 

 

A la mañana siguiente me despierto y como usualmente sucede. Tú ya no estás aquí. Suspiro y me arropo con las sábanas. Dejo que la mañana siga su curso. No quiero comenzar la rutina de siempre. La rutina donde no estas.

 

Al mediodía estoy levantado y desayunando: pan, café, fruta, jugo, leche… y no sé qué más esta sobre la mesa del comedor. Todo un nutritivo desayuno de lo cual, lo único que consumo es el amargo café negro.

 

Tecleo el mando del televisor, no me detengo a ver alguna programación en especial; no me interesa.

 

Me levanto de la mesa dejando toda la comida y me dirijo a la computadora. La enciendo, y al igual que en el televisor, no encuentro nada que me entretenga.

 

Por alguna razón doy con una publicidad sobre bandas de rock, leo un poco más y descubro que hay una reseña de la banda en la cual estas participando. 

 

Leo para enterarme que te presentaras en un local en los suburbios de la ciudad. Solo de este modo puedo saber de ti. Porque nuestras conversaciones son silencio puro.

 

La imagen de tu banda es mística; no, eres tu quien es místico; atrayente, cautivador, provocativo…único.

 

Tanteo la pantalla y rozo la imagen simulando que te acaricio. Tu expresión es la misma: seria, distante, solitaria…

 

Ni siquiera con tu música  cambias de actitud, y creí que solo era conmigo.  

 

Me entretengo leyendo la reseña de las otras bandas, pero me aburro al instante.

 

Me alejo del escritorio y me dispongo a limpiar el comedor, nuevamente tirare toda esa comida.

 

Creo que estos últimos meses he perdido peso. Que importa.

 

Tardo alrededor de una hora en terminar de limpiar. Sonrió al recordar que antes lo hacía con gusto, porque sabía que tú regresarías y te gustaba que todo estuviera ordenado. Era tu manía. Cuando todo estaba desordenado, que era casi siempre, terminábamos riñendo y a veces peleábamos. Pero no importaba, porque lo disfrutábamos.

 

Las peleas siempre fueron parte de nosotros; y aunque estuviéramos juntos, nunca terminaban.

 

Pero nuestra última pelea nos alejó en demasía, y no supimos dar marcha atrás.

 

Arrojo el paño y vuelvo a la habitación.

 

Todo es un asco.

 

Me dirijo al cuarto de baño, arrojo mis prendas y me meto a la tina que ya estaba esperando. Deseo relajarme.

 

Permanezco ahí varias horas hasta sentir que mi piel se arruga y está por romperse por un leve arañazo.

 

Salgo para distraerme, ir de paseo siempre resulta satisfactorio. Puedo ir de visita con alguno de mis amigos, pero no, no es lo que busco.

 

Recorro las calles ms transitadas de Tokio y miro los locales que están animados, chicas lindas me sonríen y unos  más me  regalan propaganda de nada de interés para mí. En un local donde venden instrumentos musicales, llama mi atención un pequeño rotulo pegado en la vitrina, es el mismo que vi en la web. Doy unos pasos para ver más de cerca. Habla de aquella presentación. El nombre de tu banda está escrito con letras rojas enormes, eso confirma que serán los anfitriones.  Me gustaría asistir, pero sé que tú no esperas mi presencia ahí. Suspiro afligido y doy media vuelta. Sigo con mi camino.

 

Llego al departamento alrededor de las siete de la noche, las lámparas se encienden cuando detectan mi presencia. Como es usual, tú no estás aquí. La noche anterior llegaste como a las diez de la noche, ahora quizás llegues como a las once.

 

« ¿Ya no deseas que permanezca aquí?»

 

Tal vez nuca lo deseaste.

 

Coloco la bolsa de comida sobre la mesa, me siento y me dispongo a cenar. Como pequeños bocados pero el hambre no llega.

 

Un día, después de regresar de un paseo, preparaste la cena; cocinaste bastante carne y bien sabias que yo prefería el pescado. Ese día comí solo verduras y deje que tú comieras todo esa monstruosidad de carne; lo merecías. Tuvimos una pelea y no nos hablamos durante una semana. Pero  no aguantamos más y terminamos arreglando las cosas en la alcoba.

 

Ahora no hemos tenido una larga charla en varios meses. Esta casa esta muda. Al igual que tú… al igual que yo.

 

Dejo la comida y me dirijo al sillón, enciendo el televisor. La misma rutina de siempre. Esperare ahí hasta que mi cuerpo exija descansar.

 

 O hasta que te dignes en volver.

 

Pensare en lo que fue, pensare en lo que es… pensare en lo que pudo llegar a ser. Todo el día, todos los días, solo pienso en ti. En el tiempo que demoraras en volver, en preguntarme si tú piensas tanto en mí, como yo lo hago en ti; te extraño, no sabes cuándo te extraño, y cada día que pasa me sintió más abandonado.

 

«Vuelve»

 

Hazlo ahora, en este instante, te necesito. Suplico al silencio que me permita oírte.

 

Entra por esa puerta ahora mismo, dime que no pasa nada, dime que siempre estarás ahí para mí.

 

Me recuesto en el sillón para recordar las veces que estuvimos ahí; tu recostado sobre mi regazo y yo acariciando tu cabello; mirando el televisor y riendo por cosas insignificantes.

 

Cierro mis ojos, quiero que esos recuerdos inunden mi mente y me permitan saborear la dicha pasada.

 

 

Cuando despierto me doy cuenta que la medianoche ha llegado, y tú no.

 

Sonrió con ironía mezclada con agonía.  

 

Me levanto y me dirijo hacia la habitación. Tomo una ducha antes de dormir. Termino pronto. Todo está vacío sin ti.

 

Antes de acostarme busco en los muebles algún cigarro, lo encuentro y lo enciendo.

 

Me quedo de pie frente al gran ventanal, contemplo la luna que tu voz proclama. Ahora creo que ella es la única que te entiende.

 

Termino el cigarrillo y me dirijo nuevamente al baño para lavar mi boca.

 

Vuelvo y me recuesto en la cama que ahora me perece más grande de lo que era antes.

 

Todo es más vano y solitario.

 

 

El ruido fuera de la habitación me despierta, limpio mis ojos y me levanto. Salgo y me encuentro que tú estás en el sillón componiendo una melodía. Quizá sea para aquella presentación que tendrás.

 

Sonrió débilmente y me acerco a ti, elevas tu mirada levemente, pero enseguida la desvías.

 

Me dirijo a la cocina a preparar un poco de café. Al terminar vuelvo a la sala y te ofrezco una taza de la bebida caliente. No dices nada.

 

Me quedo ahí, mirando tus agiles movimientos sobre las cuerdas, estas muy concentrado. Tomas la taza y sorbes un poco de café.

 

Eso me hace sentir bien.

 

Pregunto algunas cosas y tú me respondes. Eran cosas sencillas, pero me satisfacían.

 

Me alegre al saber que no saldrías en el día.  Te interesaba terminar esa melodía.

 

Después de cruzar pequeñas frases nos sumergimos en el silencio que ya era habitual, no me queje, aprendí a entender y escuchar  tu silencio; era suficiente con estar cerca de ti.

 

Verte, sentirte…era suficiente.

 

Pase todo el día allí, mirándote esforzarte para que la canción quedara perfecta. No querías errores.

 

Seguí ahí hasta verme sumergido en un sueño, el cual era entre tú y yo.

 

 

Cuando abrí los ojos, el departamento estaba iluminado con colores naranjas de la tarde; todo estaba limpio y olía a lavanda. Tú no estabas más delante de mí. Me incorpore con velocidad y recorrí el departamento con la vista, no te halle. Me sentí perdido y fui a buscarte a la habitación. No estabas, pero los ruidos de la regadera me tranquilizaron.

 

Me senté en el borde de la cama, me relaje.

 

Te vi salir del baño envuelto en una toalla, me miraste, yo sonreí.

 

Te giraste y comenzaste a buscar tu ropa,

 

Pregunte si saldrías, tú me respondiste si yo quería salir. Te respondí que sí. 

 

Eso me entusiasmo, me revivió.

 

Entre rápidamente a ducharme, no tarde, quería salir tan rápido como fuera posible.

 

 

Recorrimos las calles de Tokio, fuimos a comer a un restaurante. El camino fue silencioso, no hablaste, no hable. La compañía era suficiente. Tu silencio me lastimaba, pero no quería romper con el momento.

 

Fuimos a un parque y nos sentamos en una banca, cada quien en una esquina. Nos quedamos mirando a los niños que jugaban. Uno lanzo una pelota y llego a mis pies, yo se la regrese y el niño lo agradeció. Te mire furtivamente, pero tu seguías con la mirada perdida en otro punto.

 

 El silencio entre nosotros no se rompía.

 

Tú te incorporaste y te alejaste, por un momento creí ver que te tambaleabas, pero descarte eso cuando vi que retomabas tu caminar habitual. Yo te seguí.

 

Caminamos por las mismas calles que nos llevaban de regreso a nuestro hogar.

 

Hogar... ¿huh?

 

Ya no sé si se puede seguir llamándolo hogar.

 

Fue un paseo corto. Y satisfactorio. En lo que cabe.

 

No fue como aquellos donde platicábamos y reíamos. Los lugares que frecuentábamos en el pasado, no fueron solicitados. Tenía que conformarme con eso.

 

Cuando terminábamos nuestros paseos siempre terminábamos en la cama; pero esta no sería la ocasión.

 

Al llegar al departamento tú fuiste directo hacia el escritorio, te entretuviste con el ordenador, afinarías los últimos detalles de tu creación. Eso era importante; más importante que yo.

 

Nuevamente permanecí en el sillón, vi la programación del televisor, era aburrido. Prefería mirarte a ti. Era lo único que podía hacer, porque tocarte…era imposible. Pero encontraba paz con solo contemplarte.

 

..

 

Recuerdo que me llamaste y me sugeriste ir a dormir a la alcoba. Mire el reloj y ya era más de las once. Más tiempo perdido. Me aleje del sillón, recuerdo que pregunte si vendrías, tu respondiste que por ahora no.

 

No insistí.

 

..

 

El frio que se deslizaba por el ventanal abierto, ocasiono que me despertara alrededor de las dos de la mañana; cierto, olvide cerrar la puerta de cristal.  No es tan grave.

 

Miro tu lugar, estaba vacío.

 

Decidí ir a buscarte, la sala estaba oscura, y no había indicios que estuvieras. La puerta principal estaba abierta.

 

Me afligí por tus acciones.

 

Me dirigí de nuevo a la alcoba, cerré la puerta y me recargue en ella.

 

 Lastimaba. Tu abandono lastimaba. Tu silencio lastimaba. Mi pecho punzaba. Mi cabeza palmita y me sentía mareado, asqueado, quebrado…insignificante.

 

Todo lastimaba, hasta respirara lastimaba.

 

En ese instante sentí que me desgarraba por dentro.

 

Resbale mi espalda por la madera de la puerta  y caí sobre la alfombra, sostuve mi cabeza en mis rodillas y me envolví con mis manos.

 

« ¿Por qué?»

 

« ¿Por qué?»

 

« ¿Por qué?»

 

¿Por qué no estás aquí?

 

¿Por qué te marchas así?

 

¿Por qué no vienes?

 

¡¿Dónde estás?!

 

Duele, no sabes cuánto duele, tu rechazo duele, tu abandono duele, todo duele.

 

Ya no lo soporto.

 

Aprieto mis rodillas con fuerza, no quiero elevar mis ojos, no quiero llorar, pero no puedo, no puedo contenerme.

 

Sollozos escapan de mis labios, y mis lágrimas ruedan hasta estrellarse en la alfombra hasta perderse. Tan patético y miserable.  

 

Estoy aquí, siempre he estado aquí, estoy para ti, vine para ti.

 

Y no me ves.

 

¿Por qué no piensas en mí?

 

Este amor no solo son palabras, mi corazón se cierra y espera por ti, hare lo que sea por ti, haría lo que sea por ti.

 

¿No te das cuenta que no podría seguir sin ti? 

 

¿No te das cuenta que te necesito para seguir?

 

Solo dime que me necesitas y llegare hasta el final, por ti, por mí…

 

Pídelo, déjame amarte, déjame cuidarte,

 

Pero te niegas. Y yo estoy cansado de suplicarte.

 

Esperarte hiere y cansa.

 

Permanezco varios minutos así; sollozando, renegando, odiando, clamando… aun amando.

 

 

Después de varios minutos limpio mis ojos y me incorporo, subo nuevamente a la cama, sé que no vendrás.

 

Mis palabras son desconsoladas y no llegan hasta ti. Tan dolosamente desconsoladas.

 

Pretendo dormir y olvidar.

 

 

Al día siguiente, me levanto temprano, cambio las sabanas de la cama, retiro el polvo del diván que por meses no había sido utilizado, lo miro y sonrió con aflicción, cuantos bellos momentos quedaron ahí.

 

 Limpio todo, aseo cada rincón del departamento.

 

Sonrió por mi esfuerzo.

 

Todo quedo perfecto, como te gusta. Me dirijo a la habitación, me aseo y tomo algunas cosas.

 

 Recorro la casa y la miro con cariño.

 

Me detengo en la puerta principal. Y vuelvo mi mirada hacia atrás.

 

Los mejores momentos de mi existencia están dentro de estas cuatro paredes, están junto a ti.

 

Desde que comenzamos esta aventura, todo fue mejor a tu lado; las alegrías, las tristezas, las sonrisas, los reproches, las peleas…todo fue mejor y todo lo dejo contigo.

 

Te amo, y lo sabes, pero ya no más, ya no puedo soportar esta vida.

 

Es momento de olvidar.

 

Deposito la llave en el mueble de la entrada. Tomo mi maleta y salgo del departamento. Una lagrima escapa cuando la puerta se cierra tras de mí.

 

Me hubiese gustado verte una última vez. 

Notas finales:

gracias por leer. 

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