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Corazón Intrépido

Autor: CaptainPanda

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Notas del capitulo:

Les advierto que vana odiar en sobremanera a Shiki en esta adaptacion :3 ♥

 

Akatsuki Kain se sentía solo. Su último hermano soltero, Rey , se había casado hacía un año. Kain estaba solo con la asistenta, que iba dos veces por semana y amenazaba constantemente con jubilarse. Eso lo dejaría sin sus bizcochos, a no ser que fuera todos los días a desayunar a un restaurante y aquello era prácticamente imposible teniendo en cuenta su horario.

Se echó hacia atrás en la silla de su despacho, de aquel despacho que ya no compartía con nadie. Se alegraba por sus hermanos. Excepto Rey, la mayoría de ellos tenían ya hijos. Taiga y Kei tenían dos niños. Haruka y Tamaki uno. Kazuma y Kaoru un niño y una niña. Kain se dio cuenta de que hacía tiempo que no tenía una relación. Estaban a finales de septiembre. Los rodeos acababan de terminar y había habido tanto trabajo en el rancho que no había tenido tiempo de salir ni una sola noche.

En ese momento, sonó el teléfono.



—¿Por qué no te vienes a cenar? —le preguntó Rey nada más descolgar.


—¿Te parece normal invitar a tu hermano a cenar en tu luna de miel? —sonrió Kain.


—Nos casamos hace casi un año —apuntó Rey.


—Por eso, todavía estáis de luna de miel —no Kain.


—El trabajo no lo es todo. Es mucho mejor el amor.


—Qué te lo digan a ti, ¿verdad?


—Bueno, haz lo que quieras, pero la invitación está en pie. Ven cuando quieras, ¿de acuerdo?


—Gracias, lo tendré en cuenta.


—Bien.

Tras colgar, Kain se estiró. Junto con sus hermanos tenía cinco ranchos, pero era él quien se ocupaba de casi todo el trabajo físico con el ganado, como ponía de manifiesto su enorme cuerpo. A menudo se preguntaba si no trabajaba tanto para no pensar en otras cosas. De joven, las mujeres habían revoloteado a su alrededor y se había hecho de rogar para aceptar sus invitaciones, pero ahora, a los casi treinta, las aventuras de una noche no le satisfacían.



Había pensado pasar un fin de semana tranquilo en casa, pero Lee Shiki, un amigo íntimo de Hanabusa, lo había convencido para que la acompañara a cenar a Houston y al ballet. A Kain no le hacía mucha gracia lo del ballet, pero Shiki le había explicado que no podía ir solo porque tenía el coche en el taller. Era un chico guapo y sofisticado, pero Kain no quería nada con el porque no quería que le fuera contando nada de su vida privada a Hanabusa, que estaba patente e incómodamente enamorado de él.
Sabía que Shiki jamás le habría pedido que saliera con el en Jacobsville, Texas, porque era un sitio pequeño y Hanabusa se enteraría enseguida. A Kain le habría gustado hacerlo para que Hanabusa se diera cuenta de que era un hombre libre, pero aquello no habría favorecido en absoluto su amistad con su padre, Aidou Takuma.

Lo bueno que tenía salir con Shiki era que se libraba de ir a cenar a casa de los Do. Takuma  era uno de sus mejores amigos, además de ser su socio, y le encantaba su compañía, pero había dos elementos en su casa que detestaba: su hermano, Touya, que era un cotilla pero que no vivía con ellos, y su hijo Hanabusa, que tenía veintidós y era psicólogo. Había vuelto loco a Haruka analizando sus preferencias alimenticias y Kain solía buscar excusas para no ir a casa de Takuma si estaba el.
No era feo. Tenía una cabellera rubia, lindos ojos y tenía buen cuerpo. Lo malo era que estaba enamorado de él y todo el mundo lo sabía. Kain no lo tomaba en serio porque la conocía desde que tenía diez años y llevaba aparato dental. Era difícil olvidar esa imagen.
Además, no sabía cocinar. Su pollo calcinado era famoso en la ciudad, como sus bizcochos, que eran armas letales.


Al pensar en aquellos bizcochos, Kain descolgó el teléfono y llamó a Shiki.

—Hola, Kain —lo saludó encantado.


—¿A qué hora quieres que te recoja el sábado?


—No le dirás nada de esto a Hanabusa, ¿verdad?


—Sabes que procuro verlo lo menos posible —contestó Kain impaciente.


—Por si las moscas —bromeó Shiki preocupado—.Estaré listo a las seis.


—¿Y si me paso a las cinco y cenamos en Houston antes del ballet?


—¡Perfecto! Me apetece mucho. Hasta luego.


—Hasta luego.



Kain colgó y marcó el número de los Aidou. Por desgracia, contestó Hanabusa.

—Hola, Hanabusa—le dijo con simpatía.

 

—Hola, Kain —saludó el sin aire en los pulmones—. ¿Quieres hablar con papá?


—No, bueno, era solo para deciros que no voy a poder ir a cenar el sábado. Tengo una cita.


—Ya —dijo el tras una pausa apenas perceptible.


—Perdón, pero ya había quedado hace tiempo —mintió Kain— y se me había olvidado cuando le dije que sí a tu padre. Dile que lo siento.


—Claro —contestó Hanabusa—. Pásatelo bien.



Estaba raro.



—¿Pasa algo? —preguntó Kain dubitativo.


—¡No, claro que no! Hasta luego, Kain.



Hanabusa  colgó el teléfono y cerró los ojos completamente decepcionado. Llevaba toda la semana planeando el menú, practicando aquel pollo tierno y suculento y la creme brulée porque sabía que era el postre preferido de Kain. Le había costado, pero incluso sabía utilizar el aparatito para poner el caramelo por encima. Todo el trabajo tirado a la basura.

Estaba seguro de que Kain no tenía una cita de antes. Se la había buscado para no ir a cenar con ellos.


Se sentó junto a la mesa del pasillo, con el delantal y la cara llenos de harina. Desde luego, era todo menos la cita perfecta. Llevaba un año intentando que Kain se fijara en el. Había flirteado con él abiertamente en la boda de Kuran Kaname y Kiryuu Zero hasta que lo había visto fruncir el ceño enfadado por haber agarrado al vuelo el ramo del novio. Se había muerto del corte ante su mirada reprobadora. Meses después, había intentado encandilarlo con sus virtudes, pero no había servido de nada.

No sabía cocinar y, según su mejor amigo, Shiki, que le estaba ayudando a cazar a Kain, parecía un figurín. Shiki y lo aconsejaba mucho y le decía todo lo que a Kain no le gustaba de el para que  Hanabusa lo fuera puliendo. Incluso estaba haciendo todo lo que podía para acostumbrarse a los caballos, al ganado, al polvo y al barro. Pero si no conseguía que Kain fuera a su casa para mostrarle sus nuevos conocimientos, ¿de qué le servía todo aquello?


— ¿Quién era? —preguntó Ruka, la asistenta, desde lo alto de la escalera? —.¿Era el señor Takuma?


—No, era Kain. No puede venir el sábado a cenar. Tiene una cita.


—Oh —sonrió Ruka con simpatía—. No te preocupes, habrá otras cenas, cariño.


—Claro que sí —sonrió Hanabusa levantándose—. Bueno, cocinaré para papá y para ti —añadió decepcionado.


—Kain no tiene obligación de venir el fin de semana porque tenga negocios con tu padre —le dijo con amabilidad—. Es un buen hombre, pero un poco mayor para ti, bueno según tu padre...


Hanabusa no contestó. Sonrió y volvió a la cocina.



===


Kain se duchó, se afeitó, se vistió y se montó en el Lincoln negro que se acababa de comprar. Estaba listo para pasar una noche en la ciudad y, desde luego, no iba a echar nada de menos el pollo quemado de Hanabusa
Sin embargo, la conciencia le remordía un poco. Tal vez fuera por todas las cosas que Shiki le había dicho de Hanabusa. La semana anterior le había estado contando lo que había dicho de él. Iba a tener que tener cuidado con lo que decía delante de Hanabusa porque no quería que se hiciera falsas ilusiones. No le interesaba lo más mínimo. Era más joven que él.


Se miró en el espejo retrovisor. Su pelo era negro como la noche, tenía la nariz perfectamente delineada y su boca normal con dientes perfectos. Comparado con la mayoría de sus hermanos era atractivo. Además, no le hacía falta ser guapo porque tenía dinero de sobra.


Sabía que a Shiki le parecía de lo más atractivo precisamente por su cuenta bancaria, pero era guapo y no le importaba sacarlo por Houston y enseñarla, como los trofeos de pesca que llenaban su despacho. Un hombre tenía sus debilidades. Sin embargo, al pensar en la decepción de Hanabusa al decirle que no iba a ir a cenar y en cómo se sentiría si supiera que su mejor amigo lo estaba traicionando, sintió una punzada de remordimientos que no le gustó nada.


Se puso el cinturón y encendió el motor. Mientras avanzaba por la carretera, se dijo que no tenía motivos para sentirse culpable. Estaba soltero y nunca había hecho lo más mínimo para darle a entender a Hanabusa que quería ser el hombre de su vida. Además, llevaba solo demasiado tiempo. Una velada cultural en Houston era lo que necesitaba para aliviar la soledad.

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