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Game Over (JaeBomb) por ALittlePhantom

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Notas del fanfic:

JaeHyo x B-Bomb

 

 Un torpe e inapropiado suspiro escapó de sus labios y JaeHyo los mordió con fiereza para evitar que vuelvan a caer en la tentación una vez más. Pero, ¿cómo demonios podría controlarlos si todo su sensible cuerpo estaba alerta y estúpidamente sensible por causa de él?


 Observó a la causa de sus más infames fantasías llevar el pulgar hasta la comisura de sus labios y barrer con él una mancha de crema y chuparla deliciosamente. La boca inmediatamente se le hizo agua ante la veloz imagen que formó su desquiciada cabeza, donde era su propia lengua la que repasaba con sutileza aquel lugar y acababa siendo devorada con la misma delicadeza y fruición que ese afortunado dedo.


 Sacudió esos insanos pensamientos mientras sentía el calor ascender hasta sus mejillas y colorearlas. Era un estúpido. Fantasear en su trabajo a medio tiempo cuando estaba tan lleno que podría colapsar, era lo más idiota que podía hacer. Aún más sabiendo que la mitad de su clase estaba allí también. Y ellos obviamente no perderían la oportunidad de molestarlo cuando esta se le presentaba. No le iba a dar chances para que las cosas empeoraran. Suficiente tenía con que terminaron descubriendo que era un empleado a tiempo parcial en una cafetería no muy alejada, y que eso lo sintieran como una invitación divina para acosarlo sin piedad.


 Imbéciles.


 — JaeHee, ¡El café está frío!


 — ¡El mío no tiene crema!


 — ¿¡El servicio siempre es tan malo!?


 La vena en su sien comenzó a palpitar violentamente mientras apretaba sus dientes con tanta fuerza que su mandíbula dolía.


— Así lo has ordenado... —soltó en un susurro duro rechinando los dientes furiosamente al primero—. El americano no lleva crema  —escupió pasando repentinamente al segundo y fulminándolo agresivamente e irascible con la mirada— y sí... —terminó echando humo de las orejas mientras calcinaba al tercero con sus ojos encendidos— el servicio siempre es igual de malo, por lo tanto no me molestaría en lo absoluto que salgan por aquella puerta y no vuelvan más...


 Las risas no se hicieron esperar mientras daban media vuelta y buscaban un asiento que, JaeHyo esperaba, no encontraran.


 Realmente se divertían a su costa. Estaba claro.


 ¿Molestarlo era tan agradable? ¿debería intentar aplicarlo mientras se miraba al espejo?


 Quería gritarles que maduraran de una vez, que ya no estaban en primaria y que aprendieran finalmente a comportarse, pero se tragó todo con rabia. No les iba a dar el gusto. No iba a perder la compostura.


— Vamos Jae, una sonrisa no te matará —masculló bajo, con su aliento haciéndole cosquillas sobre el oído el nuevo empleado y quiso golpearlo a él también por la familiaridad con la que le hablaba.


 Lo enfrentó con el ceño profundamente fruncido.


— MinHyuk no entiendes, ellos no son clientes... son los anormales de mis compañeros.


 El chico se encogió de hombros con una sonrisa divertida pendiendo de sus labios.


— Aún así...  —dijo acercándose nuevamente y bajando la voz hasta que solo fue un murmullo— haces quedar mal al personal...


 JaeHyo soltó un bufido exasperado y decidió que estaría mejor en la parte trasera del establecimiento. Allí no tendría que soportar burlas de sus tontos compañeros y del nuevo idiota. Dejó finalmente la atención al cliente para los demás empleados, y sacrificó así también la deliciosa vista de YuKwon degustando de forma inocente el dulce pastelito, escena que alegraba su día y que a la vez le traía a la mente imágenes para nada sanas.


 Aunque sabía que podría verlo en otro momento. Era un cliente verdaderamente asiduo y regular, para su fortuna.


 Sin embargo, el resto del buen humor que le pudiera quedado luego de la deliciosa imagen que le regaló el chico, se perdió una vez más cuando MinHyuk lo siguió hasta el fondo de la cafetería donde había ido a deshacerse de la basura.


 El chico se apoyó en la pared del pequeño pasillo mientras prendía un cigarrillo y lo observaba llevar torpemente la pesada bolsa hasta el contenedor. Quiso ignorarlo, pero sintió un escalofrío recorrerlo entero cuando con voz pausada y profunda exclamó:


— Eres demasiado obvio...


 Se giró suave. ¿De qué demonios hablaba ahora?... 


 Estaba completamente desconcertado y desorientado por la brusca incriminación, pero una absurda y sospechosa idea lo asaltó.


 No podía ser... No hablaba de YuKwon, ¿verdad?


 La sonrisa perversa que le obsequió no le dio buena espina.


— ¿Q-qué?... ¿d-de qué...? —no quería tartamudear pero inevitablemente su lengua parecía tener problemas para modular como debería.


 Le sonrió de una forma aún más terrorífica, o así lo sentía en esos momentos. Aunque, para ser honesto, a MinHyuk en realidad todo aquello de divertía demasiado.


— El chico rubio de la mesa 2 —explicó lentamente y la bolsa que sostenía cayó a sus pies con un ruido sordo y fuerte.


 Calmatranquilízate... repitió varias veces en su cabeza. Él no sabe nada, sólo lo dijo para molestar.


 Sin embargo, la seriedad y sobriedad con la que lo dijo lo turbó sobremanera. 


— Él t-también es... es un compañero...  —logró mascullar atropelladamente y sabía que se habría visto patético. 


 Lo confirmó cuando el chico le dio una larga calada al cigarro y le regaló una incrédula sonrisa de lado que le hizo retorcer las entrañas de manera desagradable.


— Pero él no es molesto, ¿no es así?...


 Jae apretó sus dientes con fiereza. Con un movimiento brusco botó la basura dentro del contenedor, como si estuviera tirando allí al muchacho y no a la maloliente bolsa, y con pasos fuertes y decididos se aproximó hasta quedar frente a él.


 Quería escupirle que no hablara si no tenía idea de lo que decía. Que no podría comprender sus sentimientos aunque quisiera y que no se riera de ellos como si fuera la broma más divertida que oyó en mucho tiempo. 


 Sin embargo, dudó al encontrarse con su mirada.


 Sus ojos no parecían entretenidos y su sonrisa, que creyó socarrona a la distancia, en realidad era una máscara vacía de emociones.


 Si no se reía de él, entonces... ¿qué significaba todo eso?


— Joder, el lugar está lleno y ¿¡ustedes juegan a las escondidas!? —gritó el encargado irritado y ambos saltaron sorprendidos— ¡vuelvan acá de inmediato!


 Dieron sendos suspiros frustrados y Jae le dirigió una mirada de reproche, aunque el chico ni se inmutó. Repelió una última bocanada del caliente humo de su interior y aplastó la colilla sin miramientos sobre la acera. Estiró sus músculos y sin siquiera darle una última mirada se dispuso a entrar.


 JaeHyo lo detuvo. Se aferró a su brazo y el chico lo miró de forma larga, simplemente aburrido.


— ¿C-cómo lo supiste? —preguntó Jae duro y entredientes como si le costara cada gramo de voluntad que poseía soltar aquellas palabras


  Sus labios se curvaron de manera lenta y, habría apostado todo lo que tenía, a que también podía leerse en ella, una sincera y profunda tristeza.


— Esas cosas no pueden ocultarse...


 


 


 Aquella frase se le grabó a fuego en la mente y, por más que quiso desentrañar algo más de él, nada consiguió ese día. Sin embargo, las vacaciones habían acabado al fín y la sorpresa más shockeante de su primer día de vuelta al aula fue encontrarse a MinHyuk sentado sobre el pupitre y charlando de manera animada con el profesor de filosofía.


 Lo comprendió todo en ese instante.


 La mirada de melancólico embeleso que intentaba disfrazar tras una sonrisa petulante lo hizo consciente de la verdad tras las palabras que le había soltado aquella vez, y la certeza lo golpeó con violencia...


 Ambos compartían un desafortunado destino.

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