Login
Amor Yaoi
Fanfics yaoi en español

Bestia por reinadescalza

[Reviews - 3]   LISTA DE CAPITULOS
- Tamaño del texto +

Notas del fanfic:

Esta historia también se encuentra en Wattpad y bajo el seudónimo de "reinadescalza". Por si os es más cómodo o preferéis leerla allí.

Notas del capitulo:

Esta historia se me ocurrió hace unos días y desde entonces no ha abandonado mi mente. Tokio Hotel es una banda que descubrí recientemente ( lo sé, es para matarme. Yo misma lo haría si pudiese) así que , como los miembros me apasionaron tanto, automáticamente se me ocurrió esta historia. Espero que os guste.

- ¡Tom, deja eso!- otro estruendo se escuchó en la casa y traté de ocultarme todavía más debajo de mi cama- ¡ Tom, para por favor! ¡Tom!
 
 
Los gritos de mi madre se escuchaban por todas partes al igual que los numerosos estruendos causados por la ira de mi hermano. Tenía miedo. Mamá me había ordenado, aunque más que una orden había resultado ser una súplica, que me escondiese y que no se me ocurriera salir a menos que ella viniera a buscarme. 
 
- ¡ Tom, basta ya!
 
A pesar de las numerosas súplicas de mi madre, él parecía no querer parar o la furia le había hecho perder el poco juicio que le quedaba. Seguí oyendo cómo Tom seguía rompiendo el mobiliario del salón mientras mi madre trataba de detenerlo, obviamente sus esfuerzos resultaron ser en vano. Tan solo deseé que todo lo malo se lo llevaran los muebles y que Tom no se atreviese a pegar a mi madre, eso era lo único que pedía mientras comenzaba a rezar; al no saber qué otra cosa más hacer. Tenía miedo de salir y ver a mi hermano, o que él me viera, así que salir de mi escondite no resultaba ser una opción muy recomendable. Además, ¿ qué podría hacer yo, un mocoso de catorce años, contra una bestia de diecisiete con extra de mala leche y músculos rompe huesos?
 
- Por favor, que alguien nos ayude…- ese susurro salió de mis labios con la esperanza de que alguien, quién fuese, nos ayudase. Aunque naturalmente nadie iba a hacer nada; tanto si los vecinos escuchaban el alboroto como si no; nadie iba a jugarse el pellejo tratando de detener a la bestia. Nadie sería tan estúpido. Ni siquiera yo me acercaría para curiosear. Los vecinos ya estaban lo suficientemente aterrados como para socorrernos.
 
 
Tom ya era conocido en el barrio por sus pérdidas de estribos y su agresividad. La gente, nada más verlo pasar por la calle, agachaba la mirada o salía corriendo. En el instituto era algo parecido, él era el amo y señor de todo, y como tal; también tenía su propia pandilla de matones.  De todos esos inútiles a los cuales su hermano llamaba “amigos”, tan solo Georg le caía bien. Georg era un chico de cabellos castaños, largos hasta los hombros, y unos ojos verdes esmeralda que podían llegar a hipnotizar a cualquiera; por fortuna iba siempre con mi hermano. Digo por fortuna porque él siempre venía a jugar conmigo cuando venían a casa con el resto de su grupo y también era el único que siempre me regalaba una sonrisa sincera y cálida.
 
Georg era tan diferente a Tom que a veces me preguntaba cómo narices habían llegado hasta el punto de ser mejores amigos. Mientras que Tom era cínico y basto, Georg era cariñoso y amigable. Había veces, y cada vez se hacían más habituales, en las que deseaba que fuera Georg mi hermano; él seguramente no me gritaría ni trataría de pegarme. Seguramente sería bueno conmigo y me llevaría con él al cine, a tomar un helado, nos pelearíamos para luego hacernos bromas… cosas que dos buenos hermanos deberían hacer. Sin embargo, la suerte no estaba de mi parte y, en vez de tocarme un buen hermano, me tocó Tom.
 
De pronto unos gritos me sacaron de mis cavilaciones. En una situación normal, no me hubiesen extrañado teniendo en cuenta la situación en la que me hallaba. Pero las palabras que escuché me dejaron blanco como el papel.
 
 
- ¿¡Donde está!?- la voz de Tom resonó en la casa como un trueno anunciando una tormenta. Mortífera y profunda.
 
 
- ¡ Tom, para!- la voz de mi madre se confundió con las pisadas fuertes y apresuradas que subían las escaleras. Dios mío, venía hacia aquí.
 
- ¿¡Donde está!?- la voz de Tom resonó de nuevo y traté de ocultarme más. Entonces la puerta de mi cuarto se abrió de golpe y tuve que taparme la boca para que ningún gritito saliera de ella. 
 
Al estar debajo de la cama, tan solo tenía la visión de los zapatos de Tom y eso, era un alivio. No soportaría ver la expresión que tendría mi hermano en la cara en esos momentos. No quería ver esos ojos chocolate como los míos llenos de furia, y menos cuando ésta parecía que iba dirigida a mi. 
 
Un segundo par de zapatos apareció en mi campo de visión y vi cómo se acercaban a mi hermano con cautela. Entonces escuché la voz de mi madre:
 
- Tom, haz el favor de salir de aquí- habló más calmada, pero con la tensión reflejada en la voz- Éste no es tu cuarto.
 
- ¿ Dónde está?- el tono de Tom no varió, salvo que en esos momentos no gritaba sino que la profundidad y la frialdad de sus palabras me produjeron un estremecimiento. Estaba enfadado. Muy enfadado.
 
- No lo sé- mi madre respondió, obviamente estaba mintiendo – Estará por ahí con Gustav. Tom, por favor, sal de este cuarto.
 
Se produjo un breve silencio en el cuál llegué a pensar que los latidos de mi corazón, con lo potentes que los sentí, llegarían a escucharse. Aunque hubo algo que fue más sonoro que mi latidos, que resultó ser nada más ni nada menos que el puñetazo que le pegó mi hermano al escritorio. Tan fuerte que logró destrozar una esquina, a juzgar por los pequeños trozos que vi caer. 
 
- ¡ A mi no me engañas!- Tom se volvió para ver a mi madre, con rabia- ¿ dónde está Bill? 
 
- ¡ Te digo que no lo sé!- ella también alzó la voz- ¿ Y para qué quieres saberlo? ¡ Si pretendes hacerle daño…!
 
- ¿ Y qué si es así?- su voz engreída me hizo hervir la sangre de rabia, a la vez que de pánico- Con alguien tendré que desahogarme. 
 
- ¿ Le harías daño a tu propio hermano?- mi madre parecía no dar crédito a lo que estaba escuchando.
 
- Hermanastro – recalcó Tom.
 
Se escuchó una fuerte bofetada en la estancia y tuve que tragarme el jadeo de sorpresa que estuvo a punto de salir de mi boca. Mi madre acababa de pegar a Tom.
 
- ¡ No lo harás! ¿ Me has oído?- la voz de mi madre era temblorosa pero trataba de ser firme, respiró de una manera profunda y continuó hablando- No le harás daño jamás. No le tocarás ni un solo pelo, porque de ser así te volveré a internar en ese sitio. ¿ Te ha quedado lo suficientemente claro?
 
Mi hermano se quedó en silencio durante unos minutos. Minutos en los cuales mi corazón no dejó de latir, histérico. El mero hecho de que Tom le devolviese la bofetada me aterraba, no dudaría en salir a defender a mi madre si eso llegaba a pasar. Puede que yo fuese un chico delgado y sin músculo, sobre todo si me comparaba con él.  Pero no lo pensaría dos veces a la hora de defender a mi madre. 
 
Sin embargo, y contra todo pronóstico, vi cómo Tom abandonaba la habitación para después escuchar sus pasos por la escalera y oír cómo pegaba un portazo. Se había ido.
 
- ¿ Bill? – la voz de mi madre me sobresaltó y entonces vi cómo se agachaba para poder verme por debajo de la cama- Vamos cariño, ya puedes salir.
 
Salí de mi escondite y sólo entonces pude fijarme en los ojos aguados de mi madre. Ella me abrazó con fuerza y, por mucho que luchara, no pudo mantener los sollozos que , seguramente, llevaba aguantando desde que comenzó la pelea con Tom. Yo trataba de tranquilizarla dándole suaves caricias en la espalda, dándole unos ánimos mudos pero efectivos, o al menos esa era mi intención.
Cuando nos separamos, ella salió del cuarto y bajó las escaleras; sus pasos eran lentos y tortuosos, como si perteneciesen a un alma en pena. Decidí seguirla y, cuando bajé a la planta baja de la casa, mis pies se detuvieron al observar los destrozos causados por la bestia.
 
Realmente era aterrador  ver que la mayoría de los muebles estaban destrozados. Mamá se acercó a una vasija, o a los fragmentos de ésta, y se agachó tratando de recogerlos. Entonces no pudo aguantar más y las lágrimas comenzaron a surcar sus mejillas. Los sollozos se escucharon más fuertes y dolorosos. Me destrozaba ver a mi madre así y una gran impotencia se adueñó de mi.
 
Sin poder hacer absolutamente nada, abracé a mi madre tratando de darle apoyo moral. Ella tan solo se abrazó a mi con fuerza y sus sollozos se hicieron más abundantes. Mi mirada se posó automáticamente en la puerta, por donde minutos antes Tom había salido, y deseé que jamás regresara. Que se fuera para dejarnos en paz. Pero sabía que, por mucho que lo rogase y desease, él jamás se marcharía. Jamás nos perdonaría. Jamás me aceptaría. Y, aunque quisiese huir.
 
La bestia jamás me dejaría ir.
 
 
 
 
 
Notas finales:

Espero que os halla gustado el Prólogo y espero saber vuestra opinión y espectativas sobre esta historia.

Loading...



Introduzca el código de seguridad que aparece debajo: