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Secretos Oscuros

Autor: ken22

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Me desperté con el sonido de los pájaros. Era un bello amanecer, estire mis brazos y me levanté con mucho entusiasmo. Hoy era el primer día del penúltimo año de preparatoria y finalmente vería a mis amigos más seguido, y lo más importante: vería a Dylan.

Salí de mi habitación  de paredes azules, la madera del piso crujía ligeramente con cada paso que daba, entre al baño de azulejos blancos y negros y comencé a cepillarme los dientes, mientras lo hacía me admiraba en el espejo: mi cabello negro hacia un perfecto contraste con mi piel blanca, y mis ojos grises eran como los de mi madre ya difunta.

Luego de ducharme, volví a entrar a mi habitación y me vestí con lo primero que vi en el armario: unos vaqueros azules, una franela negra y unos zapatos converse. Busque mis libros y cuadernos y los empecé a meter en la mochila sin mucho miramientos, hasta que me tope en el pequeño escritorio el folleto del próximo acto del club de actores, pertenecía a este club desde el año pasado a recomendación de mi amigo Daniel, que según un estudio reciente que él investigo, la actuación me ayudaría a mi timidez, en un principio no le creía pero me sorprendí que aquellos dotes actorales se dieron con total naturalidad y me ha ayudado un poco con mi problema de socializar con gente que no conozco.

–Hanzel –llamó mi padre desde el piso de abajo–, ¡tengo hambre, has el desayuno!

Baje por la estrecha escalera y llegue el recibidor, que carecía de muebles y decoración, pero se encontraba muy limpia, ya que siempre procuraba tener la casa en ese estado. Entre a la cocina cuyos gabinetes ya estaban un poco desvencijados pero tan limpios como el recibidor, y sentado alrededor de una pequeña mesa redonda de madera se encontraba mi padre: alto, de piel blanca, ojos cafés y cabello negro, con expresión ceñuda, lo cual hacia que su rostro se viera más viejo de lo que ya parecía a sus cuarenta años.

–Se está haciendo tarde –me replicó.

–Yo soy el que debe salir –le dije mientras cruzaba la habitación hasta llegar al refrigerador–, tú te quedaras hasta que llegue la noche y vuelvas a irte  a beber con tus amigos en el bar.

–¡Cuidado, Muchacho! –me advirtió con un dedo–. Soy tu padre y yo te mantengo, me habrán dado de baja en el ejército hace unos años, pero mi pensión llena de alimentos aquel refrigerador.

Saque dos huevos y suspire. Mi padre siempre me restregaba en la cara que me mantenía y por lo tanto él podía hacer lo que quería. No era una molestia para mí, apenas lo veía unas horas antes de irse a beber con sus amigos y lo vuelvia a ver a la mañana siguiente.

Pese a su problema con el alcohol, no he tenido ningún altercado con él. Pues yo sabía ser discreto, y si él se enterara de que era gay no me imaginaria que haría; pero él nunca se enteraría, al final y al cabo solo lo saben mis dos amigos. Aunque siempre he fantaseado con decírselo a Dylan y que él me aceptara y fuéramos novios…

–¿Qué pasa que no pones esos huevos en la sartén? –preguntó mi padre al verme absorto en mis fantasías.

Sacudí mi cabeza y empecé a freír los huevos y el beicon.

–Esto está en todos lados –bufó mi padre y volví mi cabeza, tenía en las manos otro folleto del club de actuación.

–Lo siento –me disculpe mientras mi padre arrugaba el papel–. Se coló con la correspondencia y enviaron muchos.

Acerque dos platos con los huevos y el beicon a la mesita y busque pan en la alacena.

–¿Sigues en ese club? –preguntó con frialdad–. Creí que era una moda pasajera, tenía la esperanza de que hicieras algo mas masculino.

Me senté en frente de él y le acerque dos rebanadas de pan mientras él se servía jugo de naranja.

–Es bueno tener créditos extra escolares para entrar en la Universidad –argumente.

–Deberías de estar jugando futbol, o quizá básquet.

–¿Básquet? –ahogue una risita con el jugo– ¿Con mi estatura tan baja? Sería una burla.

–Hay buenos basquetbolistas con baja estatura, Hanzel.

–Sabes que soy terrible con los deportes.

–Si le pidieras a tu amigo, el rubio ese que es una estrella de futbol en tu escuela a que te enseñara a jugarlo también, te saldrías de esta pérdida de tiempo del club de actuación.

–Ya te dije que no es una pérdida de tiempo, papá. Además, no voy hacerle perder el tiempo a Dylan en enseñarme en lo que soy malo.

–Con esa actitud no vas a conseguir que…

–Adiós papá –me levanté rápidamente para no seguir escuchando su sermón.

–Pero si apenas has comido, y ya estás muy delgado.

–Llegare tarde –le di un abrazo en la espalda y él la acepto poniendo sus manos sobre mi antebrazo–. Somos los únicos que quedamos en esta familia –le susurré–, así que apóyame y deja de ser tan mandón.

Salí de mi casa y camine en la calle que flaqueaban casas idénticas a las mías, excepto que la fachada de mi casa necesitaba una nueva capa de pintura, todas eran de dos pisos con chimeneas y un pequeño jardín frontal.

Podía tomar el ómnibus hasta llegar a la escuela, pero me gustaba caminar. Salir del vecindario y llegar a otros, aspirar el aire fresco de los últimos días de verano. Lo único que no disfrutaba era pasar por un pequeño edificio quemado y abandonado, decían que estaba maldito, aceleraba el paso cada vez que tenía que pasar por el. Claro que podía tomar el camino del centro de la ciudad, pero disfrutaba mas viendo los patios de las casas que las ajetreadas calles del centro.

Finalmente llegue al estacionamiento frontal de la escuela, repleta de alumnos que charlaban en grupos sobre sus aventuras de las vacaciones de verano. Mas allá se imponía un edificio de tres pisos de ladrillos rojos y altas ventanas, arriba de la puerta principal había un letrero de fondo negro y letras naranjas que rezaba: <<Preparatoria Thompson>>

Camine cabizbajo entre la multitud, con la esperanza de pasar desapercibido, mi timidez se hacía latente cuando estaba rodeado de grupos grandes.

–¡Hanzel! –grito a los lejos una voz de mujer muy emocionada, me detuve a pocos metros de la entrada del edificio.

Entorne los ojos y escudriñe a una chica menuda y de cabello castaño, con un conjunto algo estrafalario (repleto de colores cálidos) y una sonrisa risueña. Me abrazó como si no hubiera un mañana.

–Tranquila, Hanna –le di palmaditas en la espalda para que me soltara–. Nos vimos hace dos días en mi casa.

–¡Shhhh! Finge que nos hemos visto por primera vez luego de dos meses –me soltó y me vio con ojos divertidos–. Les dije a muchos que me fui de vacaciones a Francia. No me veas así –añadió cuando le lance una mirada reprobatoria–. Todos esos tontos alardeando de sus fabulosas vacaciones, pero ¡Jah! Yo les gane a todos con mis vacaciones a Francia, aunque sean mentiras.

–Hola Hanzel y Hanna –saludó un chico unos pocos centimentros mas alto que yo, cabello rojo y con mirada de aburrido y unos libros en las manos ya que la mochila estaba a reventar.

–Hola Daniel.

–¡Bon uiurrrrrrr! –saludó Hanna en una pésima imitación del francés.

–No voy a cubrirte en tu mentira esta vez, Hanna –le replicó Daniel.

–Siempre tan aburrido –dijo Hanna–. Nunca cambias –lo tomo del brazo y nos dirigimos al corredor principal, que flaqueaba por casilleros a los lados de las puertas de las aulas.

–Mejor apúrate a tu casillero y vámonos a la clase de química –dijo Daniel con aire de mandón.

–A mi me toca bilogía a primera hora –me lamente por el hecho de que no podía compartir la primera clase con mis amigos.

–Anímate, Hanzel –dijo Hanna a unos pocos tramos de Daniel y yo, revisando su casillero–. Pronto estaremos contigo, y recuerda que cuando fui a Paris…

–¡Hanzel! –Gritó un chico rubio y alto, con una sonrisa tan perfecta como sus ojos azules.

Daniel puso los ojos en blanco cuando el rubio se acercaba, y Hanna le hizo una mueca burlesca que Dylan ignoro, tras de él estaban sus amigos fornidos: David y  Paulo; y el pequeño y nervioso Isaac.

–Que bueno verte –me abrazó y mis piernas temblaron ligeramente, debía mantener mi postura– ¿Cómo pasaste el verano? Yo hice…

La campana de inicio de clases sonó y los alumnos del corredor se apresuraron en sus casilleros para dirigirse a las aulas.

–Tengo que irme –dijo Dylan–. Nos veremos más tarde ¡Oh, hola Daniel! Nos vemos luego, Hanzel –y el chico se alejo mientras sus perfectos rizos dorados se movían al compas de sus pasos.

–¡Vaya! –Dylan cerró el casillero con estrepitó–. Todavía no le han puesto los deberes y ya te está buscando.

–Solo vino a saludar –lo defendí mientras me apuraba con las cosas en mi casillero, ya el pasillo había quedado vacío–. Además me dijo que nos viéramos.

–Si –se acerco Hanna–, para pedirte favores como siempre. Él no entiende que tú ya no eres su tutor como alguna vez lo fuiste por orden del profesor Mcquillan, y que no tienes que ayudarlo en sus tareas, pero se aprovecha de su atractivo para que tú le hagas todo.

–Yo solo quiero ayudarlo.

–Si no estuvieras tan obsesionada con ese idiota, ya tendrías un novio –terció Hanna–. Eres lindo y podrías conseguir a cualquier chico que le gusten los chicos.

–Olvídalo, Hanna –intervino Daniel–, él no va a desistir, es tiempo perdido hacerlo entrar en razón, mejor nos vamos que ya estamos atrasados. Nos vemos, Hanzel –ambos se alejaron. Luego de ordenar mi casillero, salí corriendo hasta el aula de biología.

Llegue a la puerta, me detuve para tomar aire y gire el pomo. El aula era de paredes blancas y piso de un mármol marrón claro. Los alumnos estaban en parejas en las mesas repartidas por toda el aula con microscopios inspeccionando lo que parecía sapos diseccionados.

Frente a las mesas estaba el escritorio de la profesora Cooper, sentada en la silla con las piernas sobre el escritorio y leyendo una revista de dudosa reputación.

–Buenos días, profesora Cooper –saludé y la profesora soltó la revista abruptamente.

–¿Queeeeé? –se incorporo y se llevo las manos al pecho–. ¡Por todos los cielos Hanzel! Me diste un susto de muerte –muchos alumnos la ignoraron, todos sabían que la profesora Cooper era extremadamente escandalosa y muy distraída.

–Llegue tarde, ¿Dónde me ubico?

–Ahí –señalo con el dedo–, con el nuevo.

Me volví y pase una ojeada a las mesitas hasta que encontré a la única donde estaba ocupada por una sola persona: estaba un chico de piel bronceada, cabello y ojos castaño, muy alto, dos perforaciones en la oreja izquierda, delgado pero con músculos marcados, con cierto aire de <<salvaje>> y con expresión seria.

Muchas chicas tenían la mirada perdida hacia el chico, y un par de ellas suspiraba cada diez segundos. Me acerque y mis nervios se hicieron latentes, pues siempre tenía problemas en conocer a alguien nuevo.

–Ho-hola –tartamudee–, seré tu compañero.

El chico solo asintió y se limito a ver el sapo con el microscopio mientras tomaba notas. Yo cogí la hoja de instrucciones y, mientras memorizaba lo que tenía que hacer, el chico hablo:

–¿Cómo te llamas ojos bonitos? –me puse colorado, sentía que mis mejillas ardían. Ningún hombre y menos un desconocido me había llamado <<ojos bonitos>> lo miré por unos pocos segundos y seguía teniendo una expresión seria. Gire mi cabeza y con voz temblorosa dije:

–Ha-Hanzel –susurré.

–¿Qué?

–Hanzel –subí el tono de voz tan innecesariamente alto que los vecinos de la mesa se quedaron viéndonos por un instante.

–Yo soy Tobias –extendió su mano, yo se la estreche sin mirarlo; el no me soltó y sentí como sus dedos acariciaban la palma de mi mano–. Tienes unas manos muy suaves, Hanzel –me libere de su agarre y el soltó una risita–. Eres muy tímido, eso es tierno –volvió a mirar el microscopio como si nada.

Me sentí fatal durante toda la clase. Aunque no volvimos hablarnos a menos que fuera para consultarnos algo respecto al informe que teníamos que completar, sentía su mirada fija en mí de vez en cuando, y como él era muy alto tenía que alzar mi cabeza. Además, no sé si eran imaginaciones mías, pero cada vez que nos pasábamos los instrumentos, él acariciaba muy ligeramente mis brazos.

Veía de soslayo a la clase, con miedo de que notaran lo sonrojado que estaba con este chico. Pero todos estaban concentrados en sus sapos y las chicas que miraban a Tobias, me ignoraban por completo.

–Déjame ayudarte con eso –dijo Tobias cuando yo intentaba ajustar el microscopio, se acerco detrás de mí y sentí su respiración en mi oreja cuando el movía la ruedita con las manos. Me quería morir, nunca había tenido a alguien tan cerca de mí, y menos un desconocido–. Muy bien –murmuro–, prueba si quedo bien.

Dubitativo me incline para ver por el microscopio y no me di cuenta hasta que fue demasiado tarde que mi parte trasera choco contra su pelvis. Di un brinco.

–Lo lamento –musité.

–¿Por qué?

–Nada –fingí que no había pasado nada, y trate de concentrarme.

La clase había llegado a su fin y yo le entregue el informe a la profesora Cooper con mucha parsimonia, para que Tobias desocupara el aula junto con los demás y no tener que encontrármelo, pues aquel chico me ponía más nervioso de lo acostumbrado.

–¿Estás enfermo, muchacho? –preguntó la profesora preocupada mientras ponía la palma de su mano en mi frente con tal descuido que di un pasito hacia atrás–. Mmmm no tienes fiebre, pero estas rojo como tomate.

–Yo… hasta luego profesora –deje el informe en el escritorio y fui el ultimo alumno en abandonar el aula.

Apoye mi espalda contra la pared del corredor intentando calmarme.

<<Relájate Hanzel –me dije–. No paso nada del otro  mundo, si no fuera tan tímido no reaccionaria tan raro>>

–Vaya clase de química –llego Daniel disgustado–. La brillante de Hanna por poco hacer explotar la escuela.

–Ya te dije que no es para tanto, además yo seguía tus instru…

–¿Estás bien, Hanzel? –interrumpió Daniel.

Yo solo asentí mientras seguía apoyándome  a la pared.

–¿Paso algo? –preguntó.

–Un chico… muy extraño, es nuevo y…

–¿Quién es extraño? –llego de repente Dylan con su característica sonrisa. Rememore que cuando conocí a Dylan muna me había puesto tan nervioso como con ese Tobias, muy probablemente porque Dylan respetaba mi espacio personal.

–Un chico nuevo –le dije–, se llama Tobias.

La sonrisa de Dylan se borro de inmediato al escuchar ese  nombre. Puso sus manos en mi hombro y me miro muy seriamente.

–Hanzel, alejate de ese tipo. Es muy peligroso, no te le acerques.

Daniel y Hanna lo miraron sorprendidos. Por primera vez  yo le prestaba más atención  a las palabras de Dylan que a sus ojos azules.

–¿Qué dices? –preguntó Daniel rápidamente–. ¿Por qué es peligroso?

–Solo les digo que es muy peligroso y será mejor que ninguno se les acerque –Dylan se alejo dando grandes zancadas. Yo y mis dos amigos nos intercambiamos miradas.

–¿Qué quiso decir el chico popular con que <<es muy peligroso>>? –inquirió Hanna.

Decidí alejarme de esos dos, absorto en mis pensamientos. Aun no se me borraba el rostro de aquel chico, muy serio pero a la vez algo descarado.

Notas finales:

Hola, espero que disfruten esta nueva historia.

Me ayudaria a continuar si dejan review.

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