Amor Yaoi
Fanfics yaoi en español

Infidelidad

Autor: bunnieboo

[Reviews - 28]  

LISTA DE CAPITULOS
- Tamaño del texto +

El teléfono empezó a sonar cuando Jaejoong, después de dejar a los mellizos acostados, bajaba las escaleras. Maldijo entre dientes, se colocó sobre la cadera al pequeño Leo y bajó apresuradamente los últimos escalones para descolgar el teléfono del recibidor. Se detuvo paralizado al verse reflejado en el espejo que había sobre la mesita del teléfono.


«¡Dios mío, estás hecho un desastre!», se dijo con desconsuelo. El pelo, de un rubio pálido despeinado, estaba húmedo y le caía sobre la frente. Tenía las mejillas coloradas y la camisa azul claro mojada en varios sitios, allí donde sus tres hijos, a los que acababa de bañar, lo habían salpicado. Leo empeoraba el aspecto de su madre todavía más tirando de los botones de su camisa, esforzándose por descubrir su pecho. Si ya normalmente era un niño inquieto, en aquellos momentos estaba, además, cansado e impaciente.


-No -le dijo Jaejoong con dulzura pero con firmeza, quitándole la mano de la camisa- Espera.


Besó su cabecita y descolgó el teléfono, sin dejar de fruncir el ceño ante lo que veía en el espejo;


-¿Diga? -dijo distraídamente, sin darse cuenta de la pequeña pausa que hizo la otra persona antes de responder.


-¿Jaejoong? Soy Boa.


-¡Hola, Boa!


Jaejoong hizo un gesto de sorpresa y se relajó al escuchar a su amiga, y, al hacerlo, se dio cuenta de que, hasta ese momento, había estado muy tenso, lo que hizo que volviera a ponerse tenso de nuevo. Estaba perplejo, últimamente, se había sorprendido muy tenso demasiadas veces.


-¡Leo, por favor! ¡Espera!


El niño gruñó y él, en broma, le devolvió otro gruñido. En sus ojos azules se reflejaba todo el amor y la alegría que sentía por su hijo. Era el más exigente de sus hijos y el de peor carácter, pero lo quería tanto como a los gemelos. ¿Cómo no iba a quererlo si tenía los mismos ojos grises de su padre?


-¿Todavía no has acostado a esos mocosos? -dijo Boa con un suspiro.


No se molestaba en ocultar que, para ella, los niños eran un incordio. Aunque era el modelo de mujer triunfadora, no tenía tiempo para los niños. Era alta y pelirroja, y su vida transcurría en un nivel muy diferente al de Jaejoong. Boa era la sofisticada mujer de mundo, mientras que Jaejoong era el abnegado amo de casa y madre de familia.


Pero era la mejor amiga de Jaejoong. En realidad, era la única amiga que Jaejoong había conservado desde los tiempos del instituto. La única que vivía en Seúl, como Yunho y él. Los demás, por lo que él sabía, seguían viviendo en Incheon.


-Dos ya están en la cama y uno está a punto -dijo Jaejoong- Leo tiene hambre y está impaciente.


-¿Y Yunho? ¿Todavía no ha llegado?


Jaejoong detectó el tono de desaprobación de su amiga y sonrió. A Boa no le gustaba Yunho. Saltaban chispas entre ellos cada vez que se veían.


-No -respondió Jaejoong, y añadió con cierta tristeza-: así que puedes meterte con él cuanto quieras, que no te va a oír.


En realidad, era una vieja broma entre los dos.


Jaejoong nunca se había molestado porque Boa le manifestara su opinión acerca de Yunho. Siempre había permitido que le dijera a él lo que no se atrevía a decirle a Yunho a la cara. Pero, aquella vez, un extraño silencio siguió su comentario.


-¿Ocurre algo? -le preguntó a Boa.


-Maldita sea -dijo Boa entre dientes- Sí, la verdad es que sí. Escúchame, Jaejoong. No me siento muy mal por hacer esto, pero tienes derecho a...


Justo en aquel momento, un diablillo en pijama apareció en lo alto de la escalera y la bajó a toda velocidad, convertido en piloto de caza y disparando la ametralladora de su avión.


-Necesitamos agua -informó el piloto a su madre, desapareciendo por el pasillo en dirección a la cocina.


-Mira... -dijo Boa con impaciencia-, ya veo que estás ocupado. Te llamo después... o mañana. Yo...


-¡No! -intervino Jaejoong de repente- ¡No cuelgues!


Estaba distraído, pero no tanto como para no darse cuenta de que lo que quería decirle era importante.


-Espera un momento que voy a ocuparme de estos mocitos. Dejó el auricular sobre la mesa y fue a buscar a su hijo mayor.


Jaejoong no era alto, pero era esbelto y tenía una bonita figura. Sorprendentemente bonito, teniendo en cuenta que había dado a luz a tres niños. Sin embargo, no era del todo extraño porque, siempre que encontraba tiempo, acudía al gimnasio local, donde nadaba, hacía aerobic y jugaba al badmington,


-¡Te pillé con las manos en la masa! -dijo sorprendiendo a su hijo con la mano en la lata de las galletas. Lo miró con severidad y el niño se puso colorado- Está bien, pero llévale una a Jiji. Y no quiero ver ni una miga en la cama -dijo viéndolo salir corriendo, con una sonrisa triunfal, por si su madre cambiaba de opinión.


-¡A que estás casado con un sinvergüenza! -exclamó Boa- ¡Maldita sea, Jaejoong, te está tomando el pelo! ¡No está trabajando, está saliendo con otro doncel!


Aquellas palabras golpearon a Jaejoong como un látigo.


-¿Qué? ¿Esta noche? -se oyó decir, sintiéndose como un estúpido.


-No, no esta noche en particular -respondió Boa con pesar- Algunas noches, no sé si muchas o pocas. Lo único que sé es que tiene una aventura. ¡Y todo Seúl lo sabe menos tú!


Se hizo el silencio. A Jaejoong se le heló el aire en los pulmones, fue como si le clavaran alfileres en el pecho.


-Perdóname, Jaejoong... -dijo Boa con voz grave, tratando de hablar con suavidad- No creas que me gusta esto, no importa que...


Boa iba a decir qué poco le gustaba Yunho y cuánto le gustaría verlo caer, pero se contuvo. No era ningún secreto que no se gustaban mutuamente, y que sólo se soportaban por Jaejoong.


- Y no creas que te digo esto sin estar segura -añadió- Los han visto en varios lugares. En algún restaurante... ya sabes, demasiado intimidad para que se tratara de una reunión de negocios. Pero lo peor es que los he visto con mis propios ojos. Mi último novio vive en el mismo bloque que HyungJoong Kim, los he visto salir y entrar muchas veces...


Jaejoong había dejado de escuchar. No dejaba de recordar ciertas cosas, indicios que convertían lo que Boa decía en algo demasiado probable para que pudiera tomárselo como si fuera una simple habladuría. Detalles en los que debía haber reparado hacía semanas. Pero había estado demasiado ocupado, demasiado absorto en sus propios asuntos para darse cuenta. Nunca había desconfiado del hombre cuyo amor por él y por sus hijos no había puesto en duda jamás.


En aquellos momentos, se daba cuenta de muchas cosas. El frecuente mal humor de Yunho, su irritación con él y con los niños, las numerosas veces que se había quedado en su estudio en lugar de subir a acostarse con él.


Se estremeció de la cabeza a los pies. Cerró los ojos y recordó que, otras veces anteriores, Yunho había querido hacer el amor y él le había respondido que estaba demasiado cansado.


Pero él creía que habían solucionado aquel problema. Pensaba que, desde hacía un par de semanas, desde que Leo dormía sin despertarse en toda la noche y él estaba más descansado, todo había vuelto a la normalidad.


Sólo habían pasado unas noches desde que hicieran el amor con tanta ternura que Yunho se había estremecido entre sus brazos al despertar. ¡Dios...!


-Jaejoong...


¡No! ¡Ya no podía seguir escuchando a su amiga!


-Tengo que colgar -dijo con voz grave-, tengo que dar de comer a Leo.


En aquel momento, recordó algo mucho más doloroso que el mal humor de Yunho. Recordó el delicado aroma de un caro perfume que una mañana descubrió en una de las camisas de su marido al recogerla para echarla a la lavadora. Estaba impregnado en el algodón de la camisa. En el cuello, en los hombros, en la pechera. El mismo delicado aroma que Jaejoong había detectado sin reconocerlo desde hacía algunas noches, cada vez que su marido volvía a casa tarde y lo saludaba con un beso. En su mejilla, en el cuello, en el pelo... ¡Qué estúpido había sido!


-No, Jaejoong, por favor, espera...


Colgó bruscamente y el auricular se le cayó de las manos, golpeó sonoramente sobre sus piernas y sobre el suelo y quedó a los pies de la escalera. Imaginaba a Yunho. Lo imaginaba con otro doncel, teniendo una aventura, haciendo el amor, ahogándose en suspiros...


Le dieron náuseas y se cubrió la boca con una mano, apretando el puño contra sus fríos y temblorosos labios.


El teléfono sonó otra vez. Un llanto cansado que provenía de la cocina se mezcló con el sonido del teléfono. Se puso de pie. Poseído de una extraña calma, levantó el auricular y lo volvió a colgar. Luego, con la misma calma, que no era más que una manifestación del profundo choque que acababa de sufrir, lo agarró, lo dejó descolgado y se dirigió a la cocina.


Nada más terminar su cena, Leo se durmió. Se tumbó boca abajo, hecho un ovillo, abrazado a un osito de peluche. Jaejoong se quedó mirándolo un buen rato, aunque sin verlo realmente, sin ver nada en absoluto.


Se le había quedado la mente en blanco.


Echó un vistazo a las habitaciones de los mellizos.


Hiro estaba dormido, con las sábanas arrugadas a los pies de la cama, como siempre, y los brazos cruzados sobre la almohada. Se acercó, le dio un beso y lo tapó. De sus hijos, Hiro era el que más se parecía a su padre, moreno y con una barbilla prominente, señal de su carácter decidido, como el de su padre. Era alto y fuerte, igual que Yunho a la misma edad, tal y como había visto fotos del álbum de su suegra.


Luego, fue a ver a su hija. Jiji era muy diferente a su hermano mellizo. Al entrar por la mañana en su habitación, se la encontraba siempre en la misma posición en que se había dormido. Jiji tenía el pelo sedoso y rubio, esparcido sobre la almohada. Era el ojito derecho de Yunho, que no ocultaba su adoración por su princesa de ojos azules. Y la pequeña lo sabía y explotaba la situación al máximo.


¿Cómo podía Yunho hacer algo que le pudiera doler a su hija? ¿Cómo podía hacer algo que pudiera rebajarlo a ojos de su hijo mayor? ¿Podía ponerlo todo en peligro sólo por el sexo?


¿Sexo? Le dieron escalofríos. Tal vez era algo más que sexo, tal vez era amor, un amor verdadero. La clase de amor por la que un hombre lo traiciona todo.


Pero, tal vez, fuera todo mentira. Una mentira sucia y estúpida, y estaba cometiendo con él la mayor de las indignidades con tan sólo suponerlo capaz de algo así.


Pero recordó el perfume, y las muchas noches que había pasado fuera, echandole las culpas al contrato de TVXQ'S. ¡Maldito contrato!


Se tambaleó y salió de la habitación de Jiji para dirigirse a su cuarto, donde, la semana anterior, se habían encontrado de nuevo y habían hecho el amor de una manera muy tierna por primera vez en muchos meses.


La semana anterior. ¿Qué había pasado la semana anterior para que Yunho volviera a él de nuevo? Que Jaejoong había hecho un esfuerzo, eso es lo que había ocurrido. Él había estado muy preocupado por cómo iba su matrimonio y había hecho un esfuerzo. Había dejado a los niños con su madre y había cocinado el plato favorito de Yunho. Se había puesto un traje de seda negro y habían cenado con velas. Sin embargo, recordó la tensión del rostro de Yunho al estar desnudos en la cama, una tensión que él achacaba a menudo al estrés, y sintió un escalofrío.


Cerró la puerta y se dirigió al cuarto de estar. Se daba cuenta de muchas cosas, cosas que en su estúpida ceguera no había visto hasta entonces.


La fuerza con que la había agarrado por los hombros, en un intento desesperado, pero evidente de guardar distancias. La triste mirada de sus ojos grises mientras observaba su boca. El suspiro con que había recibido su confesión: «Te quiero, Yunho», le había dicho, «siento mucho que haya sido muy difícil vivir conmigo».


Yunho había cerrado los ojos y tragado saliva, frunciendo los labios y apretando los puños sobre sus hombros hasta que sintió dolor. Luego, lo había estrechado entre sus brazos y había hundido el rostro en su cuello, pero no había dicho una palabra, ni una sola palabra; Ni una disculpa, ni una declaración de amor, nada.


Pero habían hecho el amor con mucha ternura, recordaba con un dolor que recorría todo su ser. Fuera cual fuese su relación con el otro doncel, todavía lo deseaba con pasión, con una pasión que no podría sentir por ningún otro hombre.


¿O tal vez sí? ¿Qué sabía él de los hombres? Había conocido a Yunho con diecisiete años. Había sido su primer amante, su único amante. Él no sabía nada de los hombres.


Y, por lo visto, nada de su marido.


Vio su rostro reflejado en el espejo que había sobre la chimenea de mármol y lo miró fijamente. Estaba pálido y tenía un rictus de tensión en los labios, pero, por lo demás, su aspecto era el normal. Ni sangre ni cicatrices. El mismo Jaejoong de siempre. Veinticuatro años, madre y esposo, por ese orden. Sonrió amargamente. Aquella era una verdad a la que nunca se había atrevido a enfrentarse.


«Lo querías», se dijo, «y lo conseguiste, en el corto espacio de seis meses. No está mal para un ingenuo muchacho de diecisiete años». Pero Yunho tenía veinticuatro años, pensó con cinismo, y la suficiente experiencia como para dejarse atrapar por el truco más viejo del mundo.


Pero, entonces, el cinismo lo abandonó. No había sido ningún truco, no tenía derecho a denigrarse a sí mismo llamando truco a algo que en absoluto lo fue. Tenía diecisiete años cuando conoció a Yunho, y era muy inocente. Era la primera vez que iba a una discoteca, acompañado de un grupo de amigos que se rieron de su miedo a que les preguntaran la edad y no les dejaran pasar.


-¡Oh, vamos! -le dijeron- Si te preguntan cuántos años tienes, miénteles, como hacemos nosotros.


Fue consciente de la presencia de Yunho desde el momento de entrar. Era fuerte, delgado y moreno, y muy atractivo, tanto como una estrella de cine. Sus amigos también advirtieron su presencia, y se rieron tontamente al comprobar que no ocultaba su interés por ellos. Pero, en realidad, era a Jaejoong a quien estaba mirando. Jaejoong, con su pelo largo, rubio y ondulado, que le caía hasta los hombros y enmarcaba su preciosa cara.


Su amigo Junsu lo había maquillado y le había prestado uno de sus minishorts ajustados y un pequeño top que dejaba al descubierto su ombligo cada vez que giraba al ritmo de la música. Si sus padres lo hubieran visto así vestido, se habrían muerto del susto. Pero estaba pasando el fin de semana en casa de Junsu, mientras sus padres se habían ido a visitar a unos parientes, así que no podían ver cómo su único hijo pasaba el tiempo mientras ellos estaban fuera.


Y fue a Jaejoong a quien Yunho se acercó cuando pusieron una canción lenta. Le dio un toquecito en el hombro para que se volviera y sonrió, con gracia y confianza en sí mismo. Consciente de la envidia de los otros chicos, dejó que lo tomara entre sus brazos sin una palabra de protesta. Jaejoong todavía podía recordar aquel hormigueo al sentir su tacto, su proximidad, su suave pero firme masculinidad. Bailaron durante mucho rato antes de que él hablara.


-¿Cómo te llamas?


-Jaejoong -le respondió él con timidez- Jaejoong Kim.


-Hola, Jaejoong Kim -dijo Yunho con un murmullo- Yunho Jung.


Cuando estaba absorbiendo todavía las dulces resonancias de su voz suavemente modulada, Yunho le puso la mano bajo el top y él se estremeció al sentir su tacto sobre la piel desnuda de la espalda, Yunho la atrajo hacia sí, pero no hizo ningún intento de besarlo, tampoco le dijo que saliera del local con él y dejara a sus amigos. Tan sólo le pidió el número de teléfono y prometió llamarlo muy pronto. Jaejoong pasó la semana siguiente pegado al teléfono, esperando con impaciencia su llamada.


En su primera cita, lo llevó en coche. Un Ford rojo.


-Es el coche de la empresa -le dijo con una sonrisa que no llegó a comprender bien.


Amablemente, pero con una intensidad que le hacía contener el aliento, Yunho le dio confianza para que le hablara de sí mismo. De su familia, de sus amigos, de sus gustos. De su ambición de estudiar Arte para dedicarse a la publicidad. Al decirle aquello, Yunho frunció el ceño y le preguntó su edad. Incapaz de mentir, Jaejoong se sonrojó y le dijo la verdad. Yunho frunció el ceño todavía más y él se mordió el labio porque sabía que lo había echado todo a perder. Yunho lo llevó de vuelta a casa y se despidió con un escueto «Buenas noches». Jaejoong se quedó destrozado. Durante muchos días, apenas comió y no pudo dormir. Estaba a punto de tener un problema serio de salud cuando Yunho lo llamó una semana más tarde.


Lo invitó al cine. Jaejoong se sentó a su lado en la oscuridad y no dejó de mirar la pantalla, pero no vio nada, sólo podía concentrar su atención en la proximidad de Yunho, en el sutil aroma de su colonia, en su rodilla a unos centímetros de la suya, en el tacto de sus hombros, que se rozaban. Con la boca reseca, tensa y con temor a hacer cualquier movimiento por no echarIo todo a perder una segunda vez, no pudo evitar un gritito cuando él le agarró la mano. Con expresión seria entrelazó sus dedos.


-Tranquilo -murmuró-. No voy a morderte.


El problema era que él estaba deseando que lo mordiera. Incluso entonces, ingenuo como era, sin saber cómo debía comportarse con un hombre, lo deseaba con una desesperación que debía ser patente en su rostro. Yunho murmuró algo y apretó su mano entre la suya mientras volvía a concentrarse en la película. Aquella noche lo besó con tal deseo que Jaejoong sintió cierto temor antes de que lo dejara marchar.


En su siguiente salida, lo llevó a un restaurante muy tranquilo y no dejó de mirarlo durante la cena, mientras le contaba cosas acerca de sí mismo. Acerca de su trabajo como vendedor en una gran empresa de ordenadores que le obligaba a viajar por todo el país. Acerca de su ambición de tener su propia empresa, de cómo ahorraba todas sus comisiones para poder hacerlo algún día. Hablaba con tal calma y suavidad que Jaejoong tenía que inclinarse hacia delante para no perderse palabra de lo que decía. No dejaba de mirarlo, no para observarlo, sino para absorberlo. Cuando lo llevó a casa, Jaejoong estaba en peligro de explotar por la tensión sexual acumulada. Sin embargo, se limitaron a darse un beso. Lo mismo sucedió otra media docena de veces, hasta que un día, inevitablemente, en vez de llevarlo al cine lo llevó a su apartamento.


Después de aquel día, apenas iban a otros lugares.


Estar solos y hacer el amor se convirtió en lo más importante de sus vidas. Yunho se convirtió en lo más importante, por encima de sus notas, de sus ambiciones, de la opinión de sus padres, que no paraban de manifestarle su desaprobación sin menoscabar lo que sentía hacia Yunho.


Tres meses más tarde, y después de que Yunho estuviera fuera dos semanas, él le estaba esperando en el apartamento.


-¿Qué haces aquí? -le preguntó Yunho.


Sólo en el momento de recordarlo, siete años más tarde, se daba cuenta de que no le había gustado encontrarlo allí. Tenía el rostro serio y cansado, igual, pensaba Jaejoong sentado en el cuarto de estar de su casa, que en los últimos meses.


- Tenía que verte -le dijo, agarrándolo de la mano y arrastrándolo al interior del apartamento. Inevitablemente, hicieron el amor, luego él hizo café y lo bebieron en silencio. Yunho, que sólo llevaba un albornoz, se sentó en su viejo sillón de orejas y él se hizo un ovillo a sus pies, y se abrazó a sus rodillas.


Entonces, le dijo que estaba embarazado. Yunho no se movió ni dijo nada y él no lo miró. Yunho le acarició el pelo y él apoyó la cabeza en la pierna.


Al cabo de unos momentos, Yunho dio un largo y profundo suspiro. Agarró a Jaejoong y lo sentó en su regazo. Él encogió las piernas, como un niño, como Jiji cuando se sentaba en brazos de su padre para buscar consuelo.


-¿Estás seguro?


-Completamente -dijo Jaejoong, asiéndose a él, asiéndose al eje sobre el que giraba su vida- Me sentía mal y compré una de esas pruebas que venden en la farmacia. Ha dado positiva. ¿Crees que puede ser incorrecta? ¿Voy al médico antes de que decidamos algo?


-No -dijo Yunho- Así que estás embarazado. Me pregunto cómo ha ocurrido -añadió pensativamente.


Jaejoong se rió nerviosamente.


-Es culpa tuya -le dijo- Eres tú el que tiene que tomar precauciones.


-Y eso he hecho -replicó él- Bueno, al menos tenemos tiempo de casamos antes de que toda la ciudad se entere de por qué lo hacemos.


Y aquello fue todo. La decisión estaba tomada. Yunho se ocupó de todo, evitando que él sufriera cualquier pregunta indiscreta, cualquier inconveniente, ayudándolo a soportar la decepción que suponía para sus padres.


Una vez más, fue siete años más tarde, cuando se dio cuenta del verdadero significado de sus palabras: «Al menos tenemos tiempo de casamos antes de que toda la ciudad se entere de por qué lo hacemos». Y, por primera vez, pensó que, tal vez, en otras circunstancias, Yunho no se habría casado.


Él lo había atrapado. Con su juventud, su inocencia, con su confianza infantil y su ciega adoración. Yunho se había casado con él porque creía que era lo que tenía que hacer. El amor no tenía nada que ver con el asunto.


El sonido de una llave en la puerta principal lo devolvió al presente. Se dio la vuelta. Sentía una extraña calma, un extraño alivio. Miró al reloj de pared. Eran las ocho y media. Yunho no iba a volver a casa hasta varias horas después. Tenía una cena de negocios, le había dicho. Qué burda le pareció aquella excusa, se dijo sonriendo amargamente y acercándose a la puerta del cuarto de estar.


Yunho le daba la espalda. Jaejoong se dio cuenta de la tensión de los músculos del cuello y de la rigidez de su espalda bajo la tela de su abrigo negro.


Se dio la vuelta lentamente y sonrió. Jaejoong observó su rostro cansado, pálido. Yunho miró al teléfono descolgado. Se acercó, dejó la cartera de cuero en el suelo, y levantó el auricular. La mano le temblaba ligeramente al dejarlo en su lugar.


Boa debía haberIo llamado. Debía haber sentido pánico al ver que él se negaba a contestar al teléfono y lo había llamado para decirle lo que había hecho. Le habría gustado oír aquella conversación, pensaba Jaejoong. La acusación, la defensa, la confesión y el veredicto.


Yunho lo miró, y él dejó que lo observara durante unos instantes. Luego, sin decir nada, se dio la vuelta y volvió al cuarto de estar.


Era culpable. Lo llevaba escrito en su aspecto. Culpable sin atenuantes.

Notas finales:

Yo sé lo mucho que nos gusta sufrir... este es un libro que nos hará sufrir x3

Mis conejitos hermosos!!!! si ustedes me vieran cuando editaba esta historia... jajajaja se horrorizarian... es que en un momento casi le hago Vudu al pinshi Yunho por ser taaaaan....

Gracias por todo, cuentenme que les parece este comienzo ;3

Loading...



Introduzca el código de seguridad que aparece debajo: