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Amando como dioses

Autor: Fany no Hime

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Notas del fanfic:

La historia es de mi autoría y los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Hace mucho tiempo que tengo esta historia guardada pero no estaba segura de si publicarla o no, ya que promete ser algo larga y mi cerebro es muy escaso en ideas..., Pero finalmente me anime a hacerlo ya que uno nunca sabe sino lo intenta.

No tengo fechas se actualización, todo depende de mí cerebro, están advertidos.

Otra cosa que deben saber es que no esperen una historia con una trama muy elaborada, la idea central del fic es muy común y superficial, y por ello la novela será algo predecible.

El sol griego quemaba con intensidad su espalda desnuda, a pesar del potente protector solar que se había aplicado aquella mañana. Sus ojos, grandes y azules, se encontraban entrecerrados detrás de sus costosas gafas versace, mientras su cabello largo y rubio revoloteaba a su alrededor al compás del delicado movimiento de sus caderas.
 
Inhaló profundamente, sintiendo el fuerte olor salubre del mar.
 
Hace 8 años había estado allí, y se había prometido colericamente no volver. Había tratado de romper la realidad y huir de ella,forzando un futuro que solo sería una ilusión, porque su destino ya estaba sellado, y por muchos años pensó que lo había logrado, hasta hace unas semanas, cuando lo encontró sentado en su departamento y sus ojos, fríos y dominantes, habían puesto su atención en él. Entonces supo, con rabia, que no lo había logrado. Nunca había olvidado,... ni dejado de sentir.
 
Bajó su mirada, observando detenidamente  el brillante color carmín que lucían las uñas de sus pies descalzos. Sus finos labios, se había curvado en mohín de disgusto. Le habría gustado haber sentido,más bien odio en vez de aquella sensación de nerviosismo que lo recorrió ante el recuerdo de su voz firme y demandante, y de sus palabras que aún hacían eco en sus oídos.
 
- "He venido por ti".- aquellas palabras lo había envuelto en un sutil desconcierto, sin embargo y por más que tratara de negarlo, también había sentido cierta felicidad y complacencia, que le había sido imposible ocultar.
 
Uchiha Itachi, el dueño de la cadena de hoteles " Tsukuyomi", y uno de los hombres más prominentes de toda Grecia, ¿había ido a buscarlo a él, el chico que hace 8 años lo había rechazado y olímpicamente ignorado durante toda su corta estancia en Grecia?.
 
-ahh.-Deidara había dejado escapar un corto gemido de excitación y frustración a la vez. Aquello le había parecido demasiado bueno, y a la vez le asustaba.
 
En aquel entonces cuando conoció a Itachi, no tenía idea de quién era  o de lo que significaba llevar su apellido, ni siquiera tenía idea de porque momentáneamente su padre había decidido ir a Grecia.
Por supuesto, había ido de negocios, pero no de aquella clase de negocios, precisamente.
 
¡Su padre estaba en banca rota!. Aquello había causado una gran sensación de vacío en Deidara, quien a pesar de no ser exactamente materialista, ya estaba adaptado a una vida de lujos y mimos, y sabía de antemano lo importante que era el dinero para su familia, hasta el punto de hacer cualquier cosa para conseguirlo.
 
- Hasta vender a su hijo.- pensó.
 
Aun recordaba como su padre prácticamente lo había vendido a Uchiha Fugaku , proponiéndole un enlace matrimonial con su hijo mayor y futuro heredero de sus empresas, Uchiha Itachi, a cambio 
de un préstamo para sacar a flote sus empresas, préstamo que sería saldado cuando su hijo contrajera matrimonio con el heredero Uchiha.
 
A Pesar de que aquello no significaba ninguna ganancia para Fugaku, este había aceptado, tras la afirmativa de su hijo, a quien Fugaku tenia gran estima.
 
Entonces Deidara había salido del escondite en el que se encontraba y había montado gran escándalo.
 
-"¡¿Cómo puedes hacerme esto?!, ¡No pienso casarme con él, jamás lo haré, no puedes obligarme!".- había gritado furioso.- "¡Nunca jamás pienso volver a este lugar!".- había finalizado con lágrimas golpeado sus ojos, amenazando con salir.
 
Había dejado a su padre furioso y avergonzado. Mientras el rostro de Itachi se mostraba perplejo, aunque juraría haber visto un deje de excitación en su mirada.
 
Al alzar el rostro se había topado con la extensa  hilera de palmeras canarias que rodeaban la parte frontal de mansión blanca marfil que se alzaba en un pequeño alto de piedra volcánica. No se había percatado de lo mucho que había estado caminando.
 
Al encaminarse por el sendero de piedra que conducía hacía la suntuosa casa, pudo observar el todo terreno que se encontraba aparcado bajo la sombra de un Olivo. Entonces supo que él estaba allí. No lo había visto desde el día en que lo había ido a buscar a su departamento en Londres, y desde ese entonces no sé habían dirigido la palabra.
 
Sintió la presión sanguínea bajarle, y un ligero mareo lo invadió. No estaba seguro de si eran sus nervios, o el hecho de haber pasado todo el día expuesto bajo el sol.

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