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Le Parapluie - Cherik AU.

Autor: AlatheaMorwellan

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Notas del capitulo:

Bueno, en verdad esto comenzó como un one-shot pero me sugirieron que lo continuara. Les dejo el primer capítulo, espero que sea de su agrado!

Saludos :)

El cielo estaba gris, con unas nubes espesas que opacaban la luz del atardecer. La lluvia caía con fuerza, mojando sin piedad todo alrededor. Erik caminó, cubierto por su amplio paraguas azul. Un regalo que vaya a saber quien le había hecho vaya a saber uno en qué cumpleaños. Un objeto impersonal, simple, pero útil cuando llovía como ese día.

La calle estaba desierta, al parecer a la gente no le gustaba la lluvia y Erik no entendía a esas personas. "Es sólo agua", había explicado miles de veces. "Pero te moja!", le habían respondido otras tantas. Era cierto, tal vez mojarse no era la mejor de las sensaciones para quien no lo disfrutara, pero el caso es que para él era un mínimo sacrificio a cambio de poder contemplar con todos sus sentidos el maravilloso espectáculo que brindaba un día de lluvia. Los arboles se veían más vivos, el césped se veía más verde, y aunque el cielo se viese gris a él no le molestaba. El gris no es blanco, ni es negro. Es exactamente la mezcla de ambos. El punto medio, justo como solía sentirse él a menudo.

Caminó sin prisa, perdido en sus pensamientos cuando de pronto lo vio. De pie, cubriéndose inútilmente de la lluvia bajo un frondoso árbol, estaba la persona más bella que hubiese visto jamás. Tuvo que acercarse un poco más para asegurarse de que no fuera producto de su mente, pero no. Ahí estaba. Era real. Su semblante era triste, y a juzgar por como lucía, parecía que estaba llorando. Aunque no podía asegurarlo porque la lluvia lo estaba mojando por completo. 

Cuando llegó a su lado, frenó y con la voz más segura que pudo habló.

- Disculpa... pero estás bien? - Inquirió observándolo detenidamente. No era común en él preocuparse por alguien que no conociera, pero allí estaba preguntándole a un perfecto y adorable desconocido sobre su estado de ánimo.

Cuando el extraño posó su mirada en él, Erik no pudo más que contener el aliento. Tenía los ojos más azules que jamás hubiese visto, y un rostro tan delicado que si los ángeles existieran, estaba seguro que lucirían como él.

- Yo... sí, estoy bien. Sólo esperaba que la lluvia parase para seguir, pero todo parecería indicar que no planea detenerse. - El extraño sonrió con calidez, y él sólo pudo admirarlo maravillado. Agradeció internamente no ser una persona transparente, porque si no quedaría como el hombre más ridículo del mundo.

- Yo voy de camino al subterráneo, si quieres... si es que vas en la misma dirección, podría... - Las palabras se atropellaban en su boca. Se sentía estúpido, y avergonzado. Toda la seguridad que lo caracterizaba a diario parecía haberse evaporado junto a su raciocinio. 

El extraño volvió a sonreír con esa sonrisa a la que cualquiera podría acostumbrarse a contemplar. Ya basta, Erik. Compórtate.

- Voy en la misma dirección, te lo agradezco! - Repuso el joven.

Tras ofrecerle cobijo bajo su amplio paraguas comenzaron a caminar juntos en completo silencio. La lluvia no cesaba, y el sonido que hacía al caer sonaba casi como una sinfonía para Erik. Una gloriosa sinfonía que esperaba que su compañero de caminata pudiera oír también. Aunque sólo era lluvia, y la gente normalmente no notaba esos detalles que él sí. Tal vez era raro, sus seres queridos solían decírselo entre risas, pero prefería serlo a perderse de esas pequeñas cosas. Y su fascinación por los días de lluvia lo habían llevado justo a éste momento. Donde caminaba junto a un extraño ángel de cabellos castaños y ojos color mar.

- Fue casi un milagro ver un ser viviente caminando en un día como éste! - El extraño rompió el silencio con su suave voz y Erik sonrió casi por instinto. A menudo sonreír le costaba tanto como caminar sobre carbón encendido, pero con él ni siquiera sintió el esfuerzo.

- Me gusta caminar los días de lluvia. - Respondió meditabundo. - Y tú? Qué hacías en un día como éste bajo un árbol que a duras penas te cubría? -

El semblante del extraño se ensombreció de pronto y Erik se maldijo por haber preguntado. La sola idea de haberle hecho recordar su motivo de tristeza lo hizo sentir miserable.

- Sólo tuve un mal día... por cierto. Mi nombre es Charles. ¿Cuál es el tuyo? - El ángel volvió a sonreír con más ánimo y Erik no había notado, hasta que lo hizo, cuánto había esperado que esa relajante sonrisa volviese a aparecer.

- Mi nombre es Erik, Erik Lehnsherr. - Decidió agregar su apellido para brindarle más información a su inesperado acompañante, en un vano intento de que le interesase lo suficiente para buscarlo algún día.

- Mucho gusto, Erik. - Charles extendió su mano fuera del paraguas, jugueteando con las gotas que caían sobre su mano, mientras caminaban. Sólo quedaban dos cuadras hasta llegar a su destino y nunca deseó tanto que ese momento pudiese ser eterno para poder seguir caminando al lado de ese ángel caído como del cielo.

- El gusto es mío. - Rebuscó desesperado en su mente algo más para decir, para preguntar. Una sola cuadra le quedaba a su lado y antes de poder pensarlo una pregunta salió de su boca. - ¿Te gusta la lluvia? - Su apellido, su número telefónico, su e-mail... pero no, ahí estaba haciendo una pregunta tan extraña como su propio dueño.

El ángel, o "Charles" como se había presentado a sí mismo, meditó su respuesta con una sonrisa juguetona en sus labios. Erik siempre había sido despectivo con la expresión "Amor a primera vista", pero en éste momento no encontraba ningún otro concepto que pudiera explicar lo que estaba sintiendo.

- A pesar de que a veces mojarme no sea lo que más me agrade en el mundo, la lluvia es completamente de mi agrado. Me gusta como se ve, me gusta el olor a tierra húmeda que deja a su pasar, y me gusta porque podría estar horas observándola mientras me pierdo en mis pensamientos. - Charles repuso con naturalidad mientras llegaban a la boca del subterráneo.

Frenaron justo frente a ella, aún cubiertos por el amplio paraguas que compartían. Erik deseó que el tiempo se congelase justo ahí, donde podía contemplar a su misterioso y angelical acompañante con total admiración. Pero todo camino llega a su fin, y el de ellos no era la excepción.

- Erik, has sido mi salvador! Gracias por haberme compartido tu paraguas! - Charles repuso alegremente, y Erik sintió una inexplicable opresión en el pecho. No quería dejarlo ir, pero así eran las cosas.

- De nada, gracias a ti por la compañía. - Le sonrió extendiendo su mano, y cuando el ángel se la estrechó, sintió como una tibieza recorría su mano ante el agradable tacto. Manos frías, sonrisa cálida. Al igual que el gris del cielo, Charles era una perfecta mezcla de ambos extremos.

- Un placer haber coincidido contigo, Erik. - Charles sonrió y tras despedirse con un gesto de su mano, comenzó a caminar bajo la espesa lluvia.

- ¡Espera! - Erik corrió, alcanzándolo a los pocos metros y el joven lo miró confundido y con un leve destello de esperanza que el dueño del paraguas no alcanzó a ver.

- Yo me tomaré el subte, tú tienes que seguir caminando. Lleva mi paraguas. - Erik se lo entregó. No podía detener esa despedida, pero al menos podía dejarle ir con algo que fuera suyo. Un simple objeto que habían compartido, y que él atesoraría en sus recuerdos como el más preciado tesoro.

- No es necesario. Además te mojarás, y es tuyo! - Charles intentó devolvérselo pero el mayor se resistió.

- Insisto. Llévalo, y si algún día volvemos a encontrarnos podrás devolvérmelo. - Probablemente no tuviese tanta suerte, pensó con tristeza. Pero no perdía nada con intentarlo.

- Muchas gracias, Erik. Prometo devolverlo! - Charles le dedicó una última de sus cautivadoras sonrisas que volvían erráticos los latidos de su corazón, y lo vio partir rumbo a su propio camino.

Ahora podría incluir un nuevo motivo a su gusto por la lluvia. Al parecer los ángeles salían a pasear en días como esos, y el mejor de ellos se alejaba a paso lento con un amplio paraguas azul. Un objeto con el que había conocido el paraíso durante unas pocas cuadras.




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