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In Another Life [Drarry]

Autor: BeewaChan

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Notas del capitulo:

Aclaraciones:
Los personajes de la siguiente historia no me pertenecen, de ser así ni Fred ni Sirius ni Lupin hubiesen muerto, menos Snape y probablemente sería una historia homosexual...
 Solamente la trama y el desarrollo de ésta misma son de mi creación.

Gritos. Llantos. Maldiciones.

El lugar que solía gozar de belleza y gran tamaño se encontraba en estos momentos cayendo en ruinas. Torres y pasillos se iban desmoronando a una velocidad alarmante, avanzando en conjunto a las voces de aquellos que gritaban encantamientos con desesperación ya sea para atacar o sobrevivir. Poco a poco el lugar comenzaba a verse abarrotado de humo, sangre y desesperación, la guerra estaba en su clímax y para bien o para bien todos estaban formando parte de aquel acto provocado por quienes luchaban por sus ideales, tanto buenos y pacíficos como malvados y destructivos.
Los minutos transcurrían cual segundos y el temor en los combatientes había pasado a segundo plano. Estaban luchando por sobrevivir, mientras dejaban todo en manos de quien acostumbraban a llamar su "héroe" o "salvador", aunque la incertidumbre siempre acechaba en los corazones de las personas en un sentimiento sobrecogedor e incluso un tanto inquietante "-¿Puede un adolescente de 17 años acabar con el mago oscuro más poderoso de todos los tiempos?-". Lamentablemente nadie conocía la respuesta y no había ni una pista de cual sería el desenlace en aquella batalla que al parecer llevaba años al borde del clímax en el cual se encontraban siendo partícipes los alumnos de aquella escuela de magia.

Mientras tanto los individuos como las emociones iban y venían, se divisaban en la lejanía a tres individuos, corriendo y haciéndose paso tanto entre mortífagos como en alumnos, precipitándose con un nudo en la garganta y un mar de emociones que no serían capaces de explicar en aquellos momentos.
A la cabeza de aquel terceto se apreciaba la figura de un chico de cabellos rubios platinados, poseedor de orbes plomizos que se encontraban inundados en desesperación. Cristalizados, se veía incapaz de fingir indiferencia cuando la presión en su pecho y el amuleto de protección que compartía con él estaba titilando con tanta fuerza y de forma descompasada.
El pelirrojo y la pelicastaña que corrían a su lado se sentían de una forma parecida a la del rubio a quien parecía que prontamente las piernas dejarían de vérselo al ir aumentando cada vez más la marcha, tanto como su cuerpo se lo permitía, estaban asustados de lo que pudo haberle ocurrido a quien es su mejor amigo.

Luego de lo que les pareció una eternidad lograron arribar al patio principal de Hogwarts donde la batalla esperada se estaba llevando a cabo, viéndose obligados a observar apartados el transcurso de la historia, sabiendo que no podían hacer más en ése momento que asegurarse de que los mortífagos no se acercasen a aquellos individuos que tanta magia desprendían de sus cuerpos de forma tan sobrecogedoras. Las energías eran tan fuertes que sofocaban ligeramente al terceto presente en aquel lugar, que parecía ser invisible para "El niño que vivió" y "El señor oscuro".
Fue entonces que en una fracción de segundo se vieron alcanzados por ambos bandos, en cuestión de segundos Voldemort se desintegró con todo lo que implicaba la palabra, en una fracción de segundos Harry Potter cayó de bruces al suelo cual peso muerto. En un par de segundos, su corazón se detuvo y la desesperación se apoderó de su cuerpo.

Sus labios se entreabrieron con ligereza y antes de darse cuenta, estaba corriendo a todo lo que sus largas piernas podían, para dejarse caer junto al cuerpo de su amante, con el corazón en la boca y ambas manos temblorosas levantó a Harry del suelo como si se tratase de la más delicada porcelana, colocando la cabeza del chico en sus piernas, dejando caer su diestra en el pómulo del chico de la cicatriz a penas rosando su dermis con la propia, sintiéndo como la vida de aquel individuo que había puesto su mundo de cabeza se le iba como agua entre los dedos, viéndose imposibilitado de hacer algo para tomarla con fuerza entre sus falanges y no dejarlo ir.

Había perdido a su madre, su padre no lo quería ver ni en pintura, Blaise lo traicionó a la menor oportunidad, Goyle y Crabbe murieron al recibir maleficios. Uno por protegerlo y el otro por venganza, Pansy nunca estuvo de su lado y Nott nunca fue alguien a quién podría considerar un amigo... ¿Qué haría ahora? ¿También lo perdería? ¿Así de perra era la vida?
Antes de darse cuenta las lágrimas habían comenzado a caer una tras otra sobre las sucias mejillas de su pareja, mientras éste daba sus últimos suspiros con una mueca de dolor, pero no debido a algo físico.

Odiaba hacer llorar a su Dragón y éso era lo que estaba consiguiendo ahora, se prometió protegerlo pero, ¿Cómo lo haría ahora que estaba muriendo? Oh, porque lo sabía, estaba muriendo, sentía que la energía y su vitalidad se iba drenando poco a poco, provocando que el vacío en su cuerpo aumentara cada vez más, le estaba fallando y no podía hacer nada por evitarlo, por lo que decidió separar sus belfos y hablar con la poca energía que le quedaba latente.

"- Hey Dragón, vamos, no llores... No me... Muestres ese rostro ahora -"

Dice el de lentes y bellos orbes esmeralda sonriendo hacia el de tez pálida, acariciando con su mano aquella que estaba posada en su mejilla, tratando de atraer la atención de él hacia su persona, queriendo por lo menos arrancarle una sonrisa de aquellos labios que con tanto ahínco y deseo había probado con anterioridad.

"- ¡Eres un completo idiota! - "

Gruñe el de orbes platinados, dejando que las lágrimas corrieran una tras otra por sus mejillas. Su nariz estaba enrojeciendo y su pecho cada vez se sentía más oprimido, no le importaba llorar, no le importaba armar una escena en aquel momento, todo lo que tenía claro es que aquel que tantas veces lo salvó de si mismo y de caer en manos de otros, estaba muriendo y él no podía hacer nada para evitarlo.

"- Si. Lo sé, me lo dices seguido amor, pero por favor, sonríe ... Nos... Nos volveremos a encontrar. -"

Pronunció a duras penas el de cabello azabache entrelazando sus dedos con los impropios, sintiendo como un frío indescripstible comenzaba a apoderarse de su cuerpo, de pronto se sentía liviano y el triste personaje frente a sus ojos poco a poco se hacía más borroso pese a portar sus enormes gafas.

"- Te encontraré, no importa cuanto me tome, volveré a encontrarte, lo juro. -" 

Finalizó aquel que poseía aún color en su piel, aquel que sentía como moría por dentro. Aquel a quien en una tarde le arrebataron todo.
Antes de darse cuenta, el agarre entre sus falanges ya no existía y se hizo el silencio.

Nadie sabía que hacer o cómo moverse, había muerto aquel que no debe ser nombrado pero también el niño que vivió. ¿Qué lado había resultado vencedor? No lo sabían a ciencia cierta. Fue entonces que el caos se desató.

La tormenta aún no cesaba, una lluvia de maldiciones se hizo nuevamente, queriendo luchar hasta que uno de los lados resultara el que quedase en pie, nadie sabía que hacer y ante la falta de respuestas se hizo el caos.
Aquel que había estado arrodillado en el suelo se levantó con aire ausente y varita en mano, arremetiendo contra todo lo que se le atravesara, sin detenerse a pensar, descargando su furia y desconsuelo, su corazón deseaba con asfixiante desespero dejarse llevar por su dolor, sangrando y gritando por el amor perdido y el de hebras rubias no lo detendría.
Estaba cegado por todo, la guerra no parecía haber disminuido con la muerte de aquellos íconos que lideraban cada lado, al contrario, parecía que ahora si se encontraban en el clímax de todo. No existía quien no se sintiese desesperanzado y confundido

Draco Malfoy, aquel chico narcisista, egocéntrico, con un autoestima de envidiar, no era nada más que un joven embargado de dolor, era quien había tomado decisiones incorrectas hasta el final y que hasta ese momento seguía tomándolas. ¿De qué servía hacer lo correcto si de todos modos él estaba muerto? 
Fue entonces, con aquel pensamiento en mente, que un halo de luz verde esmeralda tan parecido a los ojos de aquel chico, le golpeó de lleno, provocando su estrepitosa caída al suelo de tierra y sangre, sonriendo con ironía en el proceso. La vida verdaderamente era una perra.

"»Te amaré en ésta y en todas las vidas que vengan Hijo de Puta, no podrás deshacerte de mí tan facilmente-"

Fue el último pensamiento de uno de los que serían recordados como nada más que un mortífago que cambió de bando por conveniencia. 

Aquel día muchos resultaron los fallecidos, el mundo mágico tardaría una eternidad en sanar la inmensa herida que aquellos tiempos dejaron en su irremediable historia. Grandes fueron los personajes que fallecieron dándolo todo por la libertad. Desde Dumbledore y Harry potter hasta Colin Creevey, aquel día la muerte no escatimó en vidas, no importándole si acababa con la existencia de niños o adultos, adolescentes o ancianos. Nadie pudo danzar con la muerte y esquivarla en el proceso.
Hogwarts resultó un lugar deprimente para aquellos aurores que llegaron tardíamente a la escena, encontrándose con sangre y cuerpos por doquier, pero eran libres.

 

 

 



El lado de la luz había vencido.La órden del fénix había desaparecido.Y sus héroes serían recordados hasta el fin de los tiempos.


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