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Nubes rojas.

Autor: yellowish

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La luz rojiza del atardecer hace que el cielo parezca estar en llamas. Es, en definitiva, una puesta de sol muy hermosa, con colores vibrantes y cálidos. Y me encanta, me fascina la belleza que presenta el cielo con el correr de las horas. Sus colores, sus tonalidades, la intensidad... Recuerdo que fue mi amor por el firmamento el cual me hizo conocer a Argider, el hombre más hermoso que podría haber visto en mi vida.

 

Más hermoso que las estrellas y las rosadas nubes.

 

Más hermoso que el rocío por la mañana y los rayos de luz entrando por mi ventana.

 

No estoy seguro que día fue, pero fue durante la primera semana de Septiembre de hace más de medio siglo. La primavera estaba a la vuelta de la esquina, los gatos corrían por doquier en busca de una pareja con quién procrear. Las mariposas, usualmente blancas, revoloteaban por todas partes de flor en flor. Era un clima fresco y agradable, a pesar de que de vez en cuando lloviese.

 

Y con toda esa belleza natural llegó él.

 

"Mi nombre es Argider Caro" recuerdo que se presentó, la noche que lo encontré mirando las estrellas en la azotea. "Nunca he vivido en un edificio, espero ser un buen vecino" y me sonrió al terminar de hablar. A pesar de la oscuridad nocturna, pude ver el blanco de sus dientes casi por completo rectos, excepto por su colmillo izquierdo, el cual estaba ligeramente chueco. "¿Usted cómo se llama?"

 

"Me puedes tutear, no creo ser mucho más viejo que tú" respondí riendo, mientras me sentaba a su lado en el frío piso. Miré hacia la bóveda celeste y agradecí que no hubieran nubes que interrumpieran mi visión de las constelaciones, de lo contrario me hubiera quedado pegado buscando la pupila en los negros ojos de mi nuevo vecino. "Me llamo Gustavo, soy del 12B".

 

"¡Yo soy del 13B! Lamento si he hecho mucho ruido cambiándome, los sofás pesan más de lo que creí".

 

"¿Vives solo?"

 

"Sí, es mi primera vez por mi cuenta" hizo una pequeña pausa y me miró, mas yo no le correspondí. No quería que notara lo embelesado que me tenía con tan solo dos minutos de conocernos. "¿Tú vives con compañía?"

 

"Sí, con mi esposa".

 

Y el resto es historia.

 

Seguimos hablando, claro, no tendría sentido recordar esto si todo hubiera acabado allí. Él me contó que planeaba entrar a la universidad local, que quería ser chef, que venía de un pueblo pequeño. Y yo solo asentía, maravillado por su voz y su acento. Fue cerca de las cuatro de la madrugada que nos despedimos, y a la noche siguiente nos volvimos a encontrar allí, tal vez por coincidencia de su parte, pero totalmente planeado de la mía.

 

Ya era verano cuando Argider me tocó por primera vez, llevábamos un par de meses juntándonos en aquel mismo lugar. Puedo recordar a la perfección cómo acarició mi mano por encima, despacio, como si esperase que no lo sintiera. Y yo solo me hice el tonto, dejé que siguiera y actué como si su plan funcionase. Pero sabía que no era así, y él lo sabía también.

 

Apretó sus dedos por sobre los míos y, cuando volteé a verlo, se me acercó en busca de un beso. Yo me dejé llevar y le correspondí, y fue desde entonces que nos volvimos amantes.

 

Durante los meses del verano, después de año nuevo, pasamos varias veladas juntos, escondidos en aquella azotea que nadie visitaba. Recorría su cuerpo con las yemas de mis dedos y mis labios casi siempre partidos. Y él me acariciaba a mí, me abrazaba y me pellizcaba. Nos reíamos mientras nuestro sudor se juntaba, nuestra esperma manchaba nuestras ropas, nuestros gemidos escapaban nuestras gargantas sin nosotros quererlo.

 

O tal vez sí lo quería. Una parte de mí deseaba que todo el mundo pudiese enterarse. Que mi esposa me dejara y encontrase un hombre que sí la quisiera, que fuera feliz, que tuviera la familia que soñaba. Y yo quería ser feliz también. No importaba si era allí o en algún pueblo perdido entre las montañas, yo solo quería estar con Argider, poder caminar de la mano sin miedo a nada.

 

Pero era imposible, en aquellos tiempos algo así era impensable. Y aun así yo continuaba con nuestro pequeño secreto, nos arriesgaba al ostracismo, al rechazo. ¡Pero estaba tan enamorado!

 

"Vayamos a la playa" me dijo un día a finales de Febrero. Todavía quedaba suficiente verano como para poder disfrutar de las frías aguas del Pacífico. "Quiero visitar el mar, verte en traje de baño".

 

"Pero si ya me has visto desnudo, ¿para qué quieres verme en traje de baño?".

 

Río y yo reí junto a él. Y luego fuimos a la playa, porque se me hacía imposible negarle algo. Solo fue un fin de semana, porque yo tenía que trabajar, pero daría cualquier cosa por volver a esos dos días. Volver a la pequeña cabaña en la que nos quedamos, a la pequeña cama que compartimos y utilizamos hasta que temimos romperla.

 

Quiero volver con él y su abrazo. Daría mi corrompida alma por ello.

 

Pero supongo que las cosas no funcionan así.

 

Después de nuestras pequeñas vacaciones y nuestras constantes citas nocturnas, Marzo llegó y con ello comenzó el nuevo ciclo de clases para él. Argider estaba emocionado, puedo recordar el brillo en sus ojos oscuros. Y puedo recordar cómo pasó a visitarme, temprano por la mañana, para despedirse de mí y pedirme suerte para su primer día de clase. Yo le besé en el umbral de mi puerta a pesar de que podríamos haber sido vistos, y le acaricié su suave cabello con olor a arándanos. Él sonrió con su diente chueco a la vista, robando toda mi atención.

 

Y se fue por el pasillo, y al llegar la tarde lo esperé allí mismo, ansioso por oír cómo había sido la universidad.

Pero no llegó.

 

Y pasaron las horas, los días, y Argider jamás volvió a aparecer.

 

Y el tiempo corrió y envejecí.

 

Y ahora estoy aquí y las nubes rojas han desaparecido en el horizonte, reemplazadas por un tono azul oscuro. Y yo me quedo en mi cama junto a la ventana, y lo espero, espero poder ser envuelto en el aroma a arándanos de su shampoo otra vez, espero poder ser tocado por sus dedos callosos ya expertos en mi cuerpo.

 

Pero cada vez que la puerta de mi habitación de hospital es abierta, y volteó expectante por su sonrisa, solo me encuentro con una enfermera, acompañada del duro golpe de realidad que me dice que Argider jamás volverá.

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