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El Rito

Autor: Anna Woolf

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Notas del fanfic:

Esta extraña historia tendrá varios capítulos que espero les agrade

Notas del capitulo:

Hola, este es mi primer fanfic así que, sí, no será lo mejor que leerán , pero también puedo decirles que tiene escenas cómicas, algunas tristes, y varias románticas. Tiene algunos shipps raros de entremedio, pero no les presten tanta atención, mejor fijense por lo que vinieron: riren, riren, riren, riren. Ustedes sólo gocenlo.

Abrió poco a poco sus grisáceos y filosos ojos. Acto seguido, miró a un costado para ver su reloj despertador…6:52am. Todavía le faltaban 38 minutos para levantarse e ir al trabajo, por lo que tenía algo de tiempo para reflexionar o pensar sobre cualquier cosa en la comodidad de su cama.

Su nombre era Levi Ackerman, 25 años, joven abogado prestigioso, atractivo, frío, viudo, pero lo que más lo destacaba era su obsesión  por la limpieza y el orden. Actualmente por el fallecimiento de su esposa debía vivir con su amigo de la infancia y compañero de trabajo, Farlan Church, al menos hasta que pudiese vender su casa y encontrar otra más adecuada.

Se quedó un momento mirando al techo mientras prestaba atención a sus pensamientos. Recordó a su esposa, cosa que odiaba, ya que cuando pensaba en ella no se sentía realmente triste como debería, aunque hubiese compartido varios años con ella. No la recordaba con anhelo, nostalgia o con cualquier emoción especial, sólo pensaba en ella como una persona que lo acompañó sin darle verdaderamente compañía a pesar de que, según su perspectiva, era alguien amable y agradable. Se preguntaba a veces si es que todavía no había hecho el luto, lo cual explicaría porque no sentía nada, pero la respuesta era más que obvia, después de todo habían pasado más de dos meses desde la partida de la mujer. Claramente esto no lo podía compartir con nadie más, si bien era obvio para gente de su confianza, como lo era Church.

La realidad era que se había casado joven, a los 24 años luego de medio año de noviazgo y simplemente lo hizo por sentido “del deber”, para poder cumplir su rol en la sociedad, como todos. Recordar todo esto sólo lo hacía cerrar los ojos para luego liberar un agobiante suspiro cargado de frustración. La mujer en cuestión era Frieda Reiss.

Cuando por fin se hizo la hora de levantarse tuvo que comenzar con su rutina: ejercicio, un baño, desayuno y terminar de prepararse para ir al trabajo. Al llegar a la cocina para tomar un té con pan tostado se encontró a Farlan, quien tomaba café y comía croissants mientras leía las noticias en su Tablet. Este tenía puesto un impecable chaleco gris por encima de su elegante camisa color celeste francés, la cual combinaban perfectamente con sus ojos cristalinos, y también de su corbata a rayas que tenía dos tonos de azul oscuro. Además llevaba un pantalón de oficina clásico con el mismo matiz que el chaleco, el cual tenía en la cintura un cinturón negro de cuero. Tanto él como el Ackerman sabían llevar una buena presentación para la importante empresa en la que trabajaban.

-Buenos días- saludó su amigo de ojos claros sin despegar la vista del aparato mientras le daba un gran mordisco a su dulce bollo, el cual todavía liberaba un poco de humo por lo caliente que estaba.

-Buen día- contestó con un leve bostezo al tiempo que se dirigía para prepararse el desayuno.

-Parece que hoy también estará nublado- le comentó mirando hacia la puerta de vidrio que daba al pequeño balcón del comedor y le dejaba ver cómo las nubes se iban acumulando paulatinamente.

-Tsk, es como si el cielo estuviera sucio- la verdad, le gustaban los días así, ya que la gente estaba más calmada o adormilada, había menos ruido en la ciudad por lo que podía hacer sus cosas con tranquilidad. Al vivir en una ciudad grande como en la que se encontraba, todo el mundo vivía lleno de prisas, por lo que un poco de calma era algo bueno según su perspectiva.

-¿Te enteraste? Evidentemente una familia compró el departamento de al lado, tendremos vecinos nuevos. Si no me equivoco se trata de un hombre en sus cuarenta y su hijo adolescente-

-Genial, tendremos un mocoso haciendo ruido- dijo mientras rodaba sus ojos y se servía una taza humeante de té negro amargo, además de un plato con dos panes tostados, los cuales les había colocado uniformemente algo de mantequilla. Nunca lo habló con su esposa, pero él odiaba a los menores. Le parecían homúnculos molestos y quisquillosos, sin mencionar que no era muy afectivo como para darle muestras de cariño a una persona todo el tiempo. Ahora tendría que lidiar con un mocoso que seguramente era un rebelde. Genial.

-Bueno, no sé tú pero yo iré a darles la bienvenida, alguien debería recibirlos, además puede que sean interesantes-mencionó emocionado, dando un último sorbo a su taza y apagando su Tablet.

-Sí claro, y a ti te aumentarán el sueldo- contestó sarcástico al tiempo que se sentaba a comer. Esa forma de hablarse era común entre ellos, por lo que su amigo de toda la vida se lo tomaba con normalidad, y solía devolverle el comentario.

-Todo puede pasar- le sonrió el de cabello castaño pálido quien le dedicaba una mirada burlona- .Después de todo, soy el mejor contador de todo París, digo ¿Qué haría la empresa sin mí?- río.

-Ta Gaulle- gruñó entre dientes desviando la vista a un costado. Hoy no iba a ser excepción, sería un largo día.

Hombre al agua
Voces que se agitan
Hombre al agua
Barco a la deriva

Después de una jornada laboral llena de papeles, llamados, una que otra reunión,  varios litros de cafés y avisos “importantes” de las secretarias, los jóvenes volvieron esa tarde a su casa para ver que efectivamente alguien se estaba mudando al departamento que estaba junto al suyo. Lo primero que vieron fue a un hombre alto quien hablaba animadamente con el servicio de mudanza, el cual se destacaba por su aspecto peculiar, que consistía en tener un largo cabello castaño oscuro atado, unos anteojos circulares, cejas, barba y bigote finos, y una nariz ancha. Al ver la escena, Farlan no pudo evitar ir y darle la bienvenida a su nuevo vecino, cosa que molestó al azabache, ya que sociabilizar no era algo que le fascinara (por decirlo así).

-Buenas  tardes, me llamo Farlan Church y soy el vecino de al lado, si necesitan algo no duden en preguntar por favor. Ah, y este de aquí es mi compañero de cuarto, Levi Ackerman- dijo señalando a su amigo mientras le regalaba una sonrisa gentil a su nuevo vecino.

-Oh muchas gracias, mi nombre es Grisha Jaeger. Ojalá que también puedan contar con mi ayuda y la de mi hijo, esperen que lo llame, es un gran chico- Levi odiaba cuando los padres decían eso, ya que el niño podía ser un demonio pero no, para un padres era un angelito enviado de un no existente dios.- ¡Eren, ven un momento! – llamó el hombre con delicadeza y tranquilidad. Parecía que su nuevo vecino era un tipo calmado.

-Voy- contestó una voz desde adentro del apartamento. Poco después apareció un chico alto de 1,70 metros aproximadamente, delgado pero con algo de tono muscular proporcional para su edad, y cabellos castaños  brillantes. Llevaba puesto una camiseta, cuyas mangas eran cortas, de algodón gris con el logo de la banda Aerosmith, un par de jeans del mismo color pero con una tonalidad acercándose más al azul oscuro resaltando sus largas piernas, un cinturón color carbón que hacia juego perfectamente con sus vans azul Prusia, y por ultimo unos auriculares blancos colgando de su cuello, dándole un aspecto juvenil. Era un muchacho apuesto- ¿Qué sucede papá?- cuestionó el joven demostrando  su masculina voz de adolescente, que todavía faltaba por hacerse aún más grave y varonil pero podía apreciarse como agradable y musical, además de tener un volumen sereno como el de su padre.

-Eren, ellos son Farlan y Levi, nuestros nuevos vecino-  le contestó y señaló con su vista a aquellos hombres parados enfrente suyo.

-Ah, hola buenas tardes, encantado de conocerlos- dijo el menor con una sonrisa de costado.

-Encantado- dijeron al unísono los aludidos. En ese momento Levi notó algo que lo desorbitó, aquel chico poseía unos ojos hermosos, grandes, con la forma parecida a la de un gato, el cual mostraba un intenso verde esmeraldaen la parte central, pero acercándose a los bordes se podía percibir una especie de tono celeste turquesa, como si se tratara de un juego de combinación entre la pasión y la simpatía. Eran realmente preciosos, tan claros como si pudiese ver el alma del chico: había quedado totalmente hipnotizado por esas gemas tan delicadas. Alejandritas, pensó.  Además, en su mirada pudo distinguir una pureza e inocencia tan cautivadora que hizo que una sensación reconfortante y cálida le envolviera el pecho. Sin embargo, este no era el único que dejó de lado el mundo real, cuando el menor vio al azabache también se perdió en su mirada profunda, la cual transmitía una viva autoridad que dominaba su dulce ser. Fue como si hubiesen viajado a otro lugar con una simple mirada casual.

-Así que son de Rouen- la amigable voz de Farlan los sacó de sus pensamientos trayéndolos a la realidad.

-Sí, es una bonita ciudad- respondió el joven algo triste bajando la mirada y tosiendo un poco, intentando huir de los ojos de pantera hambrienta de aquel hombre de menor estatura-. Perdón faltan pocas cajas por acomodar, espero verlos seguido, adiós- dicho esto se giró sobre sus talones y volvió rápidamente al apartamento a completar su labor.

Cuando vio esa mirada triste, Levi sintió una extraña emoción en el pecho, como una daga clavándole. Era extraño, si bien era una persona amable que se preocupaba por todos nunca antes había tenido esa sensación al ver a alguien angustiado, ni siquiera con su esposa, la cual tenía desordenes emocionales que le provocaban llorar sin motivo alguno. Grisha tuvo que explicarles  que recientemente su esposa, Carla, había muerto, por lo que no sólo tuvieron que abandonar la casa en la que vivieron, sino también dejar atrás a sus amistades; era natural que se lo vea un poco aislado. El azabache había perdido a su madre cuando era apenas un niño, así que entendía perfectamente ese sentimiento de que te arrebaten algo preciado en un instante. Sin más, los dos hombres se despidieron.

Al caer la noche, el mayor se disponía a dormir cuando recibió una llamada su cuñada (¿…O ex cuñada?), Christa Reiss. Cada tanto la chica llamaba al que alguna vez fue el esposo de su media hermana para asegurarse de que estuviera bien y ver si quería cenar o algo, más que nada porque sabía que eso es lo que hubiese hecho Frieda. Aunque no tenían una gran trato, estaban en buenos términos, si necesitaban algo se ayudaban y ahora era el momento. Como la chica no tenía una buena relación con los padres y era algo tímida como para expresar su tristeza a sus amigos, Levi era una de las pocas personas con las que contaba para poder superar esa gran pérdida. Ver una cara amigable después de que un ser querido se vaya era algo natural para cualquiera, una especie de rito se podría decir.

En fin, todo terminó con una cena en la casa de la joven al día siguiente. Sinceramente, tanto el azabache como Christa sabían que la relación que hubo entre él y Frieda no era amor, pero ya era tarde para hablarlo, y de hacerlo solo traería discusiones y enojos totalmente innecesario. Ahora todo lo que necesitaba su ex cuñada era alguien que la calme, alguien con quien pasar el tiempo para poder sentir que todo iba a mejorar. Apagó el celular e intentó soportar su insomnio una vez más.

Cuando finalmente cayó la noche del viernes, Levi fue a la casa de Christa a pasar una cena tranquila. El hecho de que fuera una gran cocinera era un punto a favor, de esa forma no le parecía tan desagradable pasar una noche entera fingiendo que estaba angustiado por lo de Frieda. Antes de tocar el timbre dudó, miró por un segundo el enorme edificio. Era tan delicado, un gran ejemplo del art deco: colores claros, gran cantidad de ventanas, buena altura, terraza con jardín, entre otros elementos que le daban su estilo único e inigualable. Sacudió la cabeza y oprimió el botón, tenía que acabar la noche rápido, o conciliar el sueño le sería aún más difícil de lo que ya era.

Qué lindo sería poder volver al pasado y haber evitado todo el asunto de la relación, porque aunque el insomnio era algo que lo acompañaba desde que era un pequeño, el no haber comenzado ese noviazgo sin emociones le hubiese ahorrado el tener otro tema para pensar en las noches y quedarse despierto hasta las tantas horas de la madrugada. Pero no podía hacer nada, sólo enfrentar las consecuencias y seguir adelante, tomando las mejores decisiones para no volver a cometer los mismos errores.

Al cabo de unos minutos bajó una pequeña mujercita que llevaba un hermoso vestido blanco sin mangas que le llegaba hasta a las rodillas, el cual poseía una tela fina. Su cintura estaba rodeada por un cinturón marrón que acentuaba su figura de reloj de arena, y que además le hacía juego con sus baratas sandalias color ocre. Era muy típico de Christa vestir ropas de marca delicadas que hacían contraste con su elección de zapatos o joyería; una cenicienta con sus zapatos de papel, pensó.

-¡Levi! hola buenas noches- saludó animada con una sonrisa en su circular rostro. La forma en que lo miraba definitivamente le recordaba a su difunta esposa. No vendría ser un halago, le molestaba de hecho.

-Hola- respondió secamente y se dirigió al ascensor.

-Emm, Levi, espero que no te moleste pero ayer llegó un amigo de la infancia a quien no veía hace mucho tiempo así que también lo invité- le comentó la menor de piel pálida al azabache, el cual solo asintió con la cabeza. Genial, ahora la noche se le iba a ser larga con un mocoso extra.

Al llegar al departamento, el mayor caminó lentamente hasta el comedor. La casa de Christa estaba ordenada y limpia para su sorpresa, también tenía un agradable aroma a durazno, no estaba mal, pero podría ser mejor desde su perspectiva. Además, se destacaba por siempre tener los muebles más costosos y modernos, así como sus decoraciones. Por ejemplo, en el living el cual tenía las paredes y los pisos blancos, se podían encontrar cómodos sillones negros  con almohadones color marrón gris, haciendo combinación perfecta con la alfombra de lana, o cuadros lujosos cuyos colores daban vida al lugar al igual que las plantas exóticas.

Sin embargo, cuando finalmente llegó a la habitación comedor no pudo evitar sorprenderse cuando vio a cierto muchacho acomodando los platos.

Era Eren.

 

Notas finales:

Lo se eso fue raro, pero qué se le va a hacer. Si les gusto me encantaría que dejen reviews, y si no quieren, pues bien por ustedes, total nadie les obliga, es sólo para saber su opinión y mejorar porque como dije, es mi primer fic

 

Si tuviera que dar una recomendación sería que escuchen las canciones que aparecen tanto en el texto como en los títulos, ya que de ahí viene "mi inspiración". Si no quieren, entonces escuchen la música que les gusta, es más agradable de esa forma y fácil de imaginar.

Por si piensas que esta historia es extraña, les comento que se pondrá mejor/peor. Nos veremos

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