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Una broma de Harrowing

Autor: Mustf

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Notas del fanfic:

Continuamos con los relatos de Harrowing. Bebés! Estoy super retrasado, pero ya andan en proceso los relatos del día cinco, seis y siete. Mi plan es publicar tres hoy incluyendo este. Espero poder conseguirlo. Ahhh qué difícile s triunfar en la vida xD!!!

Notas del capitulo:

Talon tiene un encargo de parte de Katarina. La cosa se le sale un poco de las manos cuando Ezreal corre peligro durante la misión. Ahora Talon debe resorver el asertijo.

~Si eres un lector perdido que está aquí por razones que ni tú entiendes, espero que te guste :V!

 

Cada año, en noches como esta, la oscura y tenebrosa niebla negra, que cubre las islas de las sombras, danza sobre los mares de Runaterra; acechando el plano físico, aterrorizando, alimentándose del miedo, creciendo sin parar, buscando víctimas incautas, extinguiendo la vida.
Aunque es verdad que, aparte de Bilgewater, pocos son los lugares cercanos a esas tierras malditas; no existen fronteras para los espíritus errantes que buscan la condena de los vivos. Cuando creas estar a salvo de la maldición de muerte, la penumbra te congelará la piel hasta los huesos.
A veces, la oscuridad proviene solo de ti, a veces, la oscuridad proviene de tus acciones, a veces, la oscuridad proviene de los corazones de aquellos en quienes veías bondad; pero a veces, por infortunio o casualidad, la oscuridad, proviene de tu destino fatal.
Tanto a esta época como a la misma maldición se les conoce como: Harrowing.
Debes tener cuidado porque si el Harrowing te abraza… Ya no habrá retorno.
Maldito, condenado; tu espíritu vagará en la niebla para siempre.
Especial Harrowing 4: Una broma de Harrowing
-Hospital-

Caía la tarde y los débiles rayos saturados del sol extendían la sombra de la imponente noxtoraa más allá de un pequeño riachuelo cercano. Noxtaraas, descomunales entradas de piedra densa que marcaban los límites del imperio noxiano.
En aquella entrada de piedra, alguien esperaba al margen de los soldados noxianos. Llevaba una capa con capucha para proteger su identidad.
Cuando el sol estaba oculto casi en su totalidad, el infame asesino a servicio de los Du Couteau apareció finalmente por el arco de piedra. Intercambió unas palabras con los guardias y avanzó hasta el encapuchado que aguardaba por su llegada.
-Llevo horas esperando...- Reclamó en voz baja.
-Estaba ocupándome de unos asuntos.- Se excusó el noxiano en tono frío y desinteresado.
-¿Aún haces trabajos sucios por dinero?- Preguntó casi como reproche.
-Es más que solo dinero.- Respondió de mala gana.
Ambas miradas se conectaron batallando por breves instantes hasta que el noxiano ladeó el rostro.
-Entremos de una vez.- Ordenó dándose vuelta.
-Talon...- Llamó su compañero.
-Shh...- Le indicó justo antes de detenerse delante de los guardias. -Viene conmigo.- Comunicó para luego tomarle la mano.
Los noxianos observaron al muchacho misterioso con dudas, pero finalmente aprobaron la visita con un ligero movimiento de cabeza. Cuando Talon comenzó a caminar, aún tomando de la mano a su compañero, este último sonrió haciendo una mínima reverencia a los guardias.
Noxus era un imperio cuestionable de muchas formas, pero no era caótico ni desordenado. Los noxianos tenían sus reglas dentro de su propio contexto. Era complicado para los extranjeros arribar la ciudad en los últimos tiempos. Noxus era una nación xenofóbica y los líderes se habían vuelto paranoicos.
-Detesto ya no poder llegar de sorpresa a tu casa.- Comentó despreocupado mirando a su alrededor con curiosidad. Muchas cosas habían cambiado desde su última visita.
-Ya sabes cómo es Noxus. Nunca deberías haber pisado esta nación en tu vida, para empezar.- Reclamó fingiendo, con su tono de voz, que no le importaba el asunto.
-¿Te arrepientes?- Preguntó intentando parecer dolido, pero no era convincente.
-Es peligroso.- Gruñó soltándole. Habían llegado.
Talon abrió la puerta y dejó pasar al otro antes de entrar él. Se trataba de un pequeño edificio con escalera de caracol. Subieron sin hacer ruido, como era costumbre en sus anteriores encuentros, y pasaron a un pequeño estudio con una cama y cocina muy pequeñas.
-Ah… Aún no cambias ese horrible tapete de gatos.- Reprochó sentándose en la cama sin esperar ninguna invitación.
-Ezreal, debo salir, prométeme que te quedarás aquí sin hacer ruido.- Dijo en tono muy amable. Mucho para tratarse de él.
-¿Qué?- Se quitó la capa que llevaba y la dejó tirada a un lado. -Acabo de llegar.- Se quejó frunciendo el ceño.
-Esto es importante.- Se acercó. -No tardaré mucho, volveré pronto.
-Pero…
Talon llevo su mano al cabello rubio del piltoviano y acortando la distancia le dio un sutil y efímero beso en los labios.
-No salgas, no quiero que te expongas a Noxus.- Advirtió alejándose.
Ezreal le tomó su mano evitando que se alejara más. -Talon… El señor Du Couteau ya falleció, ven a Piltover conmigo, deja ya esta vida desafortunada.- Pidió seriamente.
El silencio incómodo se estaba alargando demasiado pero Talon lo interrumpió suspirando e inclinando la cabeza.
-Piltover no es lugar para mí.
-Y Noxus no es lugar para ninguno de los dos.
Ezreal se levantó, pero Talon advirtió sus movimientos y se adelantó a darle otro beso. Un poco sorprendido, el rubio quiso responder pero cayó sentado en la cama de un empujón.
-Volveré en breve, espérame aquí.- Le indicó desde la puerta y tras guiñarle un ojo se marchó.
-Uhm...- Suspiró desviando la mirada al suelo. -Ese tapete en serio es muy feo…

Al este de la ciudad, en una pequeña plaza, un grupo de noxianos discutían sobre cómo solucionar un “problema”. El general noxiano, Darius, insistía en tomar el lugar por la fuerza y acabar con el asunto de una vez. Pero, la cuchilla siniestra, heredera de los Du Couteau, Katarina, se negaba alegando que era mejor un movimiento táctico.
Cuando Talon llegó, el general le observó con un toque de desprecio, por su parte la pelirroja hizo un gesto de alivio, sin embargo, inmediatamente frunció el ceño. Se supone que Talon debería haber acudido antes, pero se había tardado demasiado recibiendo a Ezreal.
-Ahí estás, finalmente te dignas a venir.- Regañó la pelirroja.
-Lo lamento, estaba resolviendo un asunto personal.- Excusó ignorando a los demás.
-¿Qué clase de asunto personal?- Poco convencida pretendía indagar pero el asesinos e cruzó de brazos.
-De la clase cuyo nombre implica que solo me interesa a mí, por eso se le llama “personal”.- Gruñó con flojera.
Se notaba la confianza entre ambos.
-El tiempo corre.- Se quejó Darius.
-Talon, tengo un encargo muy importante para ti, necesito que captures a un infiltrado.- Ordenó Katarina de inmediato tras oír la queja de Darius.
-¿Capturar?- Preguntó sorprendido. Generalmente lo mandaban a asesinar.
-Sería mucho más rápido y sencillo asediar con mi tropa.- Intervino Darius a lo que sus hombres asintieron apoyando la idea.
-Ni se te ocurra, es territorio Du Couteau.- Advirtió la pelirroja.
-¿Dónde está?- Preguntó Talon sin entender.
-En el hospital.- Respondió Katarina.
Aquel era, probablemente, el hospital menos preparado de todo Noxus, pero estaba a cargo de la familia de Katarina debido a su ubicación. Desde que el jefe de la familia murió, muchas cosas relacionadas a su apellido habían decaído, como ese hospital.
Pero aún así, la pelirroja intentaba preservar lo que quedaba. Claro que no iba a dejar a Darius asediar ese lugar.
-¿Cómo es el infiltrado?- Preguntó entendiendo la situación en un instante. Solo necesitaba información y haría un trabajo perfecto y limpio como siempre.
Pero ni Katarina, ni Darius dijeron nada. Los soldados que venían con el general y los que venían con la mujer tampoco pudieron responder. Talon ladeó la cabeza entendiendo. Tenía que buscarse la vida él solo.
-De acuerdo, yo me encargo.- Aseguró desvaneciéndose en su sigilo.
-Sabía que podía confiar en ti.- Dijo ella al aire sin importar que el otro estuviera o no para oírle.
-Oye.- Llamó Darius. -Una hora, ni más ni menos. Ni siquiera Swain sabe de esto, no permitiré que llegue más lejos. Noxus no puede mostrarse débil dejando a un infiltrado ir a sus anchas.- Advirtió con enojo.
-Mantente lejos grandote, Talon se hará cargo.- Aseguró ella y tras chasquear sus dedos salió de ahí junto a sus acompañantes casi en un instante.

Los cimientos de piedras rojizas y mohosas alzaban la poderosa infraestructura de lo que en realidad empezó siendo un matadero. Un lugar infame en el que se torturaban individuos hasta la muerte cuando el imperio noxiano era un caótico pueblo emergente.
Talon avanzó a través de la sucia y vieja puerta pensando en todo aquello. No es como si le afligiera, solo no podía dejar de visualizar los horrores del pasado y presente. Caminó hasta el stand de la recepcionista y la miró profundamente ignorando lo que ella le decía.
-¿Me está oyendo, señor?
-¿Ha visto a alguien fuera de lo común por aquí?- Preguntó directamente.
-¿Aparte de usted?- Respondió alzando una ceja.
Talon entrecerró sus ojos, la chica casi estaba sudando al notar su molestia, pero finalmente decidió ignorarla y caminar por un pasillo lateral.
-¡Oiga, espere!- Llamó la mujer. -No puede andar libremente sin una autoriza… ¡Ah!
Un cuchillo había salido volando de laguna parte y se había clavado en el escritorio de la joven con un papel que tenía impreso la firma de la familia de Katarina. Eso sería suficiente para que entendiera que no podía ni debía hacer nada.
Al llegar a un elevador un tanto arcaico, Talon observó las opciones, solo eran 6 pisos. Alzó su mano apuntando con el dedo, estaba tratando de decidir adónde subir. Si él fuera un infiltrado, en qué piso se ocultaría. Era su pregunta interna.
-Pícale al 4.- Dijo una voz conocida.
Talon se giró sorprendido viendo a un encapuchado a su lado. -¿Ezreal?
-Estuve investigando hace un par de minutos, al parecer está fuera de servicio, solían atender pacientes con necesidades psiquiátricas. Yo me ocultaría ahí si fuera un intruso.- Le explicó bajando la capucha de su capa.
-¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo es que…?- Su cabeza estaba echando humo. ¿El maestro del sigilo no notó que el rubio le seguía? Imposible.
-Oye, no me gustó que me dejaras tirado así que te puse un rastreador hextech en la ropa antes de que te fueras.- Dijo sonriendo mientras apuntaba con su dedo al pecho del mayor. -También sirve como micrófono, parece que tienes una buena amistad con esa mujer, ¿Es tu jefa, no?
-Ezreal te dije que me esperaras, esto es peligroso.- Gruñó sintiéndose un poco burlado.
-Ya pícale al 4 hombre.- Se quejó volteando los ojos.
Talon no movió ni un músculo, solo lo miraba con desaprobación. Al final, Ezreal suspiró y presionó él el botón.
-Si querías que me quedara, en vez de, “peligro”, debiste advertirme sobre “seguridad”.- Se burló mirando un aparato en su muñeca.
-¿Desde cuándo eres un acosador?- Regañó.
-Desde que empezaste a bajar la guardia, señor asesino sigiloso perfecto.- Respondió encogiéndose de hombros. Talon solo gruñó.
El ascensor finalmente abrió y ambos salieron al oscuro corredor. El rubio tomó de entre sus ropas una linterna y la encendió. Movió la mano tratando de examinar el lugar, todo estaba completamente sucio, había escombros en algunos rincones y diferentes alimañas.
-Mantente cerca de mí y no hagas nada raro, ¿me oyes? No conozco la naturaleza de la persona que busco.- Indicó con autoridad.
-Sí, sí…- Respondió con fastidio de esa sobreprotección.
Ezreal se movía de un lado a otro tratando de iluminar todo el lugar con su linterna. No es como si supiera que buscaba, pero él era un explorador experimentado, el sabría ubicar cualquier pista.
-Este definitivamente es un buen escondite, qué gran idea tuve, ¿no crees?
-Shhh…- Se detuvo y le cortó el paso al rubio.
-Qué…- No pudo decir nada más porque Talon le tapó la boca con su mano.
-Shh…- Se colocó un dedo sobre los labios y luego señaló un lugar. Había escuchado algo.
El rubio alumbró la zona, había una puerta cerrada, pero estaba completamente deteriorada. Talon hizo un movimiento con la cabeza y luego le indicó al otro que permaneciera donde estaba. Llevó lentamente su mano hasta la puerta y sin más la empujó entrando de inmediato.
-¡Talon!- Gritó.
El mencionado volteó al escuchar al rubio pero Ezreal no estaba donde le había dejado. -¡Ez!
“Ja, ja, ja”
Risas, risas agudas. Talon se giró, no podía ver casi, pero notó que la habitación estaba vacía. Cuando quiso salir, la puerta estaba cerrada. Sus pupilas se expandieron de la sorpresa, él la había derribado, pero ahí estaba.
-¡Ezreal!- Llamó, quería escuchar la voz del rubio, quería una respuesta. Pero no sucedió.
Una luz blanca muy fuerte se encendió mostrando la blanca habitación. Talon miró fijamente una pequeña caja que había en el suelo, justo en el centro. Traía una etiqueta que decía; “no me abras”.
Talon lanzó un cuchillo atravesando la caja. Estaba aparentemente vacía. No tenía tiempo para eso, debía ser obra del infiltrado. Se giró y usando la hoja que solía llevar en su mano rompió la puerta saliendo de inmediato.
-¿Qué?
Una habitación, estaba en una habitación, una habitación circular. Examinando el lugar pudo notar lo enorme que era. La iluminación era perfecta. Las baldosas por todas partes eran una combinación de blanco y negro. Al darse vuelta, otra vez, la puerta por donde pasó, estaba cerrada.
-Vamos a jugar un juego.- Anunció una voz haciendo eco por toda la sala.
Una pequeña pantalla se desplegó del techo con un unos números. “30:00:00”
Talon arrojó un cuchillo a una pared. Al instante un pequeño muñeco con forma de payaso apareció ensartado en el filo. -¿Dónde está?- Exigió furioso.
-Ah… El chico rubio, él será el premio.- Nuevamente el eco resonó por todas partes.
Sucedió lo mismo de antes, Talon arrojó una de sus armas y a los pocos segundos, un muñeco apareció clavado en la pared. Se estaba empezando a molestar.
-Si quieres verlo otra vez, será mejor que encuentres el camino al cuarto de la victoria cuanto antes.- Retumbó ese eco odioso otra vez.
Tres puertas salieron del suelo dibujándose sutilmente en las paredes. Una delante, y las otras a los lados. Los números empezaron a cambiar. Era un cronómetro.
Talon chasqueó la lengua con ira entendiendo. Ensayo y error, ¿Detrás de que puerta estaría Ezreal?
-Maldita sea.- Rugió corriendo con prisa a la puerta del frente.
Al cruzar al otro lado, el piso comenzó a agrietarse como si se tratara de cristal. Sin mirar atrás continuó corriendo a la siguiente puerta. Repentinamente, el suelo empezó a derrumbarse, pero ágilmente, Talon lanzó dos dagas a la pared y saltó sobre ellas para evitar caer a lo que parecía ser un agujero sin fondo.
-Cómo es posible...- Murmuró viendo a todos lados y logró ubicar una caja pegada a la pared. Estaba de lado opuesto.
"No me abras", decía la etiqueta. Talon frunció el ceño y arrojó su daga atravesándola al instante. Sin perder tiempo, saltó con habilidad rompiendo una puerta y cruzando a la siguiente habitación.
-¡Ez!- Llamó con un poco de desesperación, pero nadie respondió. -Maldición...- Volteó a la puerta. Esta estaba cerrada. Al intentar abrirla, nada sucedió. Era incluso indestructible o al menos resistía bien sus ataques.
La cabeza de Talon estaba empezando a dar vueltas. Estaba confundido, estaba preocupado, necesitaba reencontrarse con su rubio y asegurarse de que estuviera bien.
Maldijo mil veces y apretó los puños sintiéndose impotente. Jamás debió dejar pasar a Ezreal a Noxus, se culpó por lo que sucedía y entonces escuchó las risas otra vez.
Las mismas risas, las risas de antes, las risas que escuchó en aquella habitación.
Cuando se dio vuelta, ahí estaba. Una caja en el centro del cuarto. Era idéntica a las otras, también llevaba la misma etiqueta con la misma leyenda. "No me abras".
Talon caminó lentamente hasta la caja y detalló su diseño. Estaba adornada con símbolos de cartas, pero no había nada que le diera pistas, cosa que buscaba en primer lugar. Sin más, avanzó a la siguiente puerta.
-Esto es...
La habitación enorme, la misma habitación. En ella pudo ver sus dagas en las paredes. Los muñecos con formas de arlequines clavados. Talon ya había estado ahí. Su mente empezó a trabajar.
Tomo una daga y rayó el suelo dibujando un círculo. Por abajo, dibujó un pequeño cuadro con otro adentro, y por arriba dibujo otro cuadro pero con una línea recta en el centro.
-¡El tiempo corre, si no quieres que muera, debes darte prisa!- Retumbó el eco haciendo gruñir al noxiano.
-No caeré en tu juego.- Dijo levantándose.
-Pero no seas tonto... Tú ya estás jugando.
Talon maldijo por lo bajo pero recuperando la calma corrió la puerta que tenía en frente. Fue como vivir lo mismo dos veces; el suelo se agrietó, y a medida que caminaba, se derrumbó. Tuvo que hacer lo mismo de antes para no caer y buscó con la mirada la caja.
-Así que de eso se trata.- Susurró sonriendo.
Pasar a la siguiente habitación, la habitación vacía con una pequeña caja en el centro y luego a la enorme fue solo un trámite. Talon estaba nuevamente rayando el suelo.
-Parece que te entretienes mucho dibujando en el suelo.- Dijo el eco a la distancia.
-Cuando te encuentre, te mataré.- Sentenció con voz grave levantándose.
La risa de aquella voz empezó leve, pero llegó a ser tanta que terminó en una sonora carcajada. -¡Me gustan tus chistes!
Talon intentó ignorarlo y empezó a recorrer aquella habitación.
-¿Dime, qué es blanco, amarillo y azul y tiene cortes por todos partes en su superficie descubierta?
La adivinanza era un poco ambigua, pero Talon la entendió perfectamente. Estalló en ira y comenzó a lanzar dagas a todas partes mientras escuchaba la interminable carcajada.
-¡Te atraparé, maldito!- Graznó deteniéndose al notar que nada ganaba.
-Deja de buscar. En esta habitación, no hay cajas. ¡20 minutos!
Se había dado cuenta de lo que Talon pretendía.
El noxiano aún no había resuelto el juego, pero si estaba entendiendo su estructura. No sabía que pasaría a continuación, pero sabía que tenía menos de veinte minutos para salvar al rubio.
Rápidamente Talon corrió a su derecha atravesando aquella puerta. El patrón se repetía, una habitación trampa, esta tenía incineradores. Una caja repartida y puertas. Continuando de largo, lo mismo, esta vez la trampa eran pinchos. La caja estaba en el techo y más puertas.
Y otra vez en la habitación circular.
-Nunca he salido de ahí…-Corrió al dibujo y trazó más líneas. Alzó la cabeza observando todas las dagas que había arrojado, algunas de ellas, exactamente ocho, tenían clavadas un muñeco, todas en la pared.
El acertijo estaba resuelto.
Talon miró el cronómetro, quedaban nueve minutos, era suficiente. Aún desconocía cuatro de las que, según él, solo eran nueve habitaciones, pero no le importó. Tomo con rapidez todos los muñecos y salió por la primera puerta que vio. Todas eran trampas sencillas, nada que un asesino experimentado como él no pudiera evitar.
La única habitación sin trampa era la primera. La razón era simple; la trampa en sí era confundir por su naturaleza inusualmente tranquila. Ahora que conocía el juego y el escenario, atravesó cada cuarto, ubicó cada caja y metió cada muñeco en una de ellas. Finalmente, regresó a la habitación circular.
-“No me abras”, la naturaleza humana en estas circunstancias haría a cualquiera contradecir la nota, una trampa mortal sería suficiente, pero sabiendo esto jugaste conmigo para que no lo hiciera de todos modos. Al final la trampa no eran armas mortales, era esconder que se trataba de la solución.- Explicó avanzando al centro de la habitación. -Yo gano el juego, exijo mi premio.
La fuerte carcajada empezó y se intensificó. Todo empezó a cambiar como si se tratara de un set plegable. Las paredes rodaron, el suelo giró, el techo se alzó y otro se colocó. Talon fue arrastrado hasta atrás y del centro salió una enorme silla en la cual estaba Ezreal atado en ropa interior.
-¡Talon!- Jadeó temblando. Sus ojos estaban un poco perdidos, pero estaba consciente.
-¡Ez!- Respondió apretando los puños impotentes al verle cortadas por todo el cuerpo.
-¡Felicidades, encontraste el cuarto de la victoria! ¡Pero aún queda un último juego!- Chilló la voz. Una sombra empezó a formarse y saliendo de la nada había una figura negra, delgada, con un sombrero de bufón. A pesar de la luz fuerte que había. El cuerpo se veía completamente negro, como una sombra. -Todavía te queda una elección.
-Maldito.- Gruñó preparando sus armas pero casi no podía moverse. Se sentía extremadamente pesado.
Por su parte, el rubio temblaba aterrado, como si hubiese visto cosas que prefería olvidar. Su mente estaba dispersa, su corazón latía con fuerza, sus ojos empezaban a humedecerse.
-Ezreal…
-Él no es humano, Talon…- Jadeó angustiado.
Las pupilas claras del noxiano se expandieron a la vez que tragó grueso. Algo realmente serio tendría que haberle pasado al rubio para que estuviera en ese estado. Si por algo se caracterizaba era por tener mucho temple.
Otro cronómetro apareció. “05:00:00”
-Esta es la última prueba. Elige una puerta, si eliges correctamente, te marcharás con tu premio.- Señaló a Ezreal. -Si fallas, deberás elegir cuál de los dos vive, y por ende… El otro morirá.- Al terminar de decir eso, saco dos dagas y empezó a reír como maniaco.
El cronómetro comenzó a correr, dos puertas aparecieron a los lados. El pulso le tembló al noxiano, solo sería cuestión de suerte. No se podía mover, su cuerpo estaba pesado, no supo cuando pero ya habían pasado dos minutos, empezó a sudar, miró al rubio en ese estado deplorable, gruñó, tragó grueso, debía elegir, debía tomar una decisión.
¿No era humano? ¿Y si trataba de matarlo de todas formas? Pero ni siquiera podía girar la cabeza. Ezreal, Ezreal, qué le habría hecho, qué habría visto. Pensaba que se estaba enfrentando a un mago, pero era mucho más que eso. La habitación empezaba a oscurecerse, Ezreal empezó a llamarle con preocupación.
“Perdóname, perdóname, nunca debí seguirte”
¡¡ 00:05:14!!
“Lo siento, jamás debí traerte a Noxus”
¡¡ 00:04:06!!
“¡Es mi culpa!”
¡¡ 00:03:27!!
“Si fallo me sacrificaré por ti”
¡¡ 00:02:09!!
“¡Talon!”
¡¡ 00:01:00!!
¡¿Qué debía hacer?!
¡¡00:00:01!!
Nada.
La habitación se oscureció por completo y pronto un elaborado screamer sangriento se proyectó en todas las paredes sorprendiendo a ambos mientras la sombra caía al suelo experimentando un ataque de risa.
Era una broma. Siempre fue una broma, pero Talon estaba cegado por el miedo de que algo malo le pudiera pasar al rubio. Ezreal también jugó su propia partida a solas con ese demonio, y perdió. Maldito cronómetro, era solo una distracción, no podían disfrutar del chiste. El chiste mortal.
La sombra estalló en confeti y en un rápido destello opaco Ezreal y Talon estaban en el corredor oscuro de aquel hospital. Sin pensarlo, el asesino corrió hasta donde el rubio y lo abrazó con fuerza siendo correspondido.
-Ez, estás bien, estaba tan…- Le costaba expresarse. Talon siempre había tenido prohibido sentir emociones, y no solo por sus “jefes” sino por él mismo también.
-Talon…- Jadeó angustiado. -Estamos… Vivos…
Entender el chiste, nadie jamás sería capaz de entender el chiste. Ni siquiera Talon, luego de haber resuelto la encrucijada, no había comprendido el chiste. Pero eso no se dice. Al menos no se le dice al bufón de la muerte.
-¿Qué te parece Ionia?- Bromeó el mayor estrechando el contacto cada vez más.
-Me gusta más Shurima.- Respondió tratando de calmar sus emociones. El rubio tampoco era muy expresivo, pero era más por orgullo que por otra cosa.
Justo cuando decidieron dejar ir el mal rato con un dulce beso, el escandaloso ruido de una detonación los alarmó. Pronto las luces cálidas se asomaron por las ventanas. En ese último instante, lejos de separarse o distraerse, entendiendo que el juego había acabado.

Desde la distancia, Katarina miraba con aparente tristeza como el hospital volaba en miles de pedazos gracias a los explosivos en exceso que habían colocado las tropas por todas partes.
Katarina quería mucho a Talon, ella sentía que a pesar de todo, él era como de su familia, es lo que su padre hubiera querido seguramente. Pero su lealtad a Noxus era primordial y aplastante.
-Je, ni siquiera desconfió un instante.- Dijo el general acercándose a la pelirroja.
-Él era leal a mi padre, y por ello era leal a mí.- Explicó ella sin dejar de mirar.
-La lealtad de alguien que trae espías piltovianos a nuestra nación es cuestionable.- Respondió a la defensiva. -Cómo sea, no puedo creer que haya pensado que Swain no sabía nada. Por cierto, buena idea la de traer a ese sujeto vestido de payaso para que jugara con ellos.
-¿Qué tipo vestido de payaso?- Preguntó Katarina confundida girándose.
-Mis hombres monitorearon el hospital, un hombre vestido de payaso los derribó de alguna forma y estuvo rondando por todas partes dibujando símbolos.- Informó alzando una ceja.
-Ya no contrate a nadie con esas características.- Respondió más confundida todavía. Ella solo había puesto una trampa para que no pudieran salir.
¿Qué había sucedido?

Je, je, je, je.
¡Qué tal un truco de magia!

Notas finales:

Otra vez yo de pesado dando por... En mi sección de #LoreConMustf
A nadie le interesa pero aquí voy :v

No tenemos mapa oficial de Noxus en el canon oficial actual. Eso significa que las localizaciones solo podemos sacarlas del lore de campeones. Tenemos lugares como el bastión inmortal, el submundo bajo este o el castillo de nuestro amado Vlady, entre otros. ¡Pero vaya usted a saber bien la geografía de este imperio!

Porque digo esto? Porque esta falta de info de parte de Riot me permite jugar un poco con las zonas y propiedades.  Me gusta aclarar esto a pesar de que me gusta respetar en lo posible el canon, hay huecos como estos xD  (Tengamos presente que ya de por si relacionar amorosamente campeones es #AntiCanon so, que nadie se me ponga intenso >:V!)

Y sobre Shaco. Sí bebés, el infiltrado era Shaco... Perdón por decirlo, no me gusta expliacr cosas la historia porque apelo a la inteligencia del lector y me parece una falta de respeto... ¡Pero es importante!
Aunque su lore está super desactualizado, en él se habla sobre Shaco como una entidad desconocida. No se sabe si es humano o no, aunque la mayor creencia es que se aun espíritu o demonio. ¡PERFECTO PARA EL FANFIC!

Por cierto, recibí spam en mi última historia. Ya me siento un ficker completo y realizado <3

Espero les haya gustado y nos vemos en el próximo relato! #Spoiler será VladxEz <3

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