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Coming back to you por SPatt

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Notas del fanfic:

Aclaraciones:   ● Está historia no será tan extensa, al igual que los capítulos no serán tan largos :'v creo...   ● Se me ocurrió está idea y no sé, es algo extraña xD pero me gusta 👀 espero a ustedes también les agrade 😊   ● Inicialmente la historia iba a ser original (personajes inventados) pero como amo Norminah y sé que ustedes también 😏 pues decidí que los personajes principales serían ellas dos 😌 además, creo que en las características físicas se acoplan algo a los personajes recreados en mi cabeza xD (cuento con bastantes musas 😂😂)   ● La historia es completamente mía (al igual que todas las que he escrito :'v) espero les guste 😊   Y creo que eso sería todo, gracias por leer 🤗

 



-¡Ah!

 

Ese grito agudo le indicó que la otra había terminado, retiró sus dedos del interior de la cavidad ajena, miró su mano y la liberó del guante que la cubría. Se levantó dirigiéndose al baño para lavarse las manos.

 

Cuando regresó la mujer pelirroja se encontraba vistiéndose.

 

-Estuviste maravillosa baby.- Halagó.

 

-Lo sé.- Respondió con arrogancia y egocentrismo, le gustaba auto adularse.

 

Se acercó a la rubia con la intención de besar sus labios pero ésta volteo el rostro.

 

-¿Te veré la próxima semana?- Preguntó.

 

-No lo creo.- Sonrió

 

La pelirroja chasqueó su lengua y se retiró de aquel lugar azotando la puerta.



La rubia salió del hotel para dirigirse a su complejo.



[…]



Caminaba tranquilamente y de forma lenta disfrutando el paisaje.

 

La ciudad era hermosa de noche y a ella le gustaba mirarla.

 

No importaba que fuera bastante tarde, de todas maneras no tenía a nadie que la esperara en su casa.

 

Por eso se tomaba el tiempo de admirar cada detalle de aquel paisaje nocturno.

 

Al cruzar un puente peatonal se detuvo un momento para observar el tránsito de los autos.

 

La brisa golpeaba su rostro con sutileza.

 

Jamás sería capaz de admitirlo en voz alta, pero en algunas ocasiones se sentía bastante sola.



Percibió un jalón en su pantalón de vestir, pensó que se trataba de algún perro callejero intentando morderla pero no escuchó gruñido alguno, su vista se dirigió al suelo y en la oscuridad logró distinguir un pequeño bebé que jugaba con la tela de su vestimenta.

 

Al instante se sintió conmovida por la ternura de aquella pequeña personita, quien se encontraba mirándola, extendió sus diminutas manos y ella no pudo negarse a levantarla en sus brazos.

 

-¿Qué haces aquí solita pequeña?- Le habló tiernamente a la infante.

 

Era obvio que no le respondería y ella lo sabía, solo intentaba explicarse de dónde había salido la tierna bebé.

 

La pequeña tanteó su rostro y luego aplaudió sonriendo.

 

La polinesia le hizo cosquillas a la bebé y ella soltaba risitas inocentes.

 

-No puedo dejarte aquí dulzura, te llevaré conmigo.- Informó pero la bebé lo único que hacía era observarla.

 

Inesperadamente la pequeña le dio un tierno beso en la mejilla que le dejó algo de saliva untada.

La rubia sonrió enternecida.

-Me desagradan los fluidos pero por ti lo dejaré pasar.- Una dulce sonrisa apareció en su rostro.

 

Un olor algo pútrido invadió sus fosas nasales.

 

-¿Qué es esa peste? ¿No me digas que fuiste tú?- Miró a la bebé con fingido reproche.

 

-Devuélveme a mi bebé.- Exigió una voz detrás de ella, la mujer giró lentamente encontrándose con una indigente que aparentaba ser de su edad.

 

Su rostro le resultaba familiar.

 

-Así que eras tú.- Musitó refiriéndose al mal olor.

 

-Dame a mi hija.- Volvió a exigir.

 

-¿Cómo puedo saber que es tuya y estar segura de que no te la robaste de algún lado? Ella está bien vestida y huele bien, en cambio tú...- La miró de arriba a bajo despectivamente y negó con la cabeza.

 

-¿Qué?- Pronunció brusca. -¿Acaso nunca habías visto una indigente? Existen personas que no nacieron en una cuna de oro como tú por si no lo sabías princesita.- Dijo a la defensiva.

 

-Tranquila pordiosera.

 

-No me provoques.- Advirtió. -Ya dame a mi hija.

 

-Te la compro.

 

-¿Qué?

 

-Justo lo que escuchaste, ¿cuánto quieres?- Maniobró para sacar su chequera y una pluma con una sola mano mientras sostenía a la bebé con la otra.



-No aceptaré tu dinero.- Espetó firme.

 

-Es evidente que lo necesitas, por lo menos para entrar a un baño público y asearte un poco. Además, yo podré darle una vida mejor, la cual sea estable a comparación tuya, que tal parece estás viviendo en la calle y no puedes ni ofrecerle un hogar digno.

 

-Eso a ti no te incumbe, dámela o te denunciaré por robo.- La miró enojada.

 

La alta soltó una risa burlona.

 

-¿Y con esas fachas piensas que alguien te creerá? Fácilmente puedo meterte a la cárcel si yo muevo un solo dedo, Kordei.- Amenazó.

 

-¿Cómo sabes mi nombre?- Cuestionó confundida.

 

La otra se dio una cachetada mental.

 

-Tú lo mencionaste hace rato.- Se excusó tratando de ocultar su reciente nerviosismo.

 

-No, no lo hice.- Continuó segura de sus palabras.

 

-¿Quieres miles?- Preguntó de pronto para cambiar el tema. -¿O millones de dólares?- Empezó a garabatear en su chequera.

 

-¡Quiero a mi hija!- Se exasperó y buscó arrebatársela a la rubia.

 

En el forcejeo la nena se asustó y comenzó a llorar.

 

-Ves lo que provocas.- Recriminó la alta, la morena le dedicó una mirada mordaz.

 

-Tranquila Emily, todo está bien.- Le habló tiernamente mientras la mecía despacio. -¿Por qué aún no te has ido?- Se dirigió a la otra.

 

-Estoy esperando a que me des a Emily.- Respondió simple.

 

-No te la voy a dar, es mi hija.- Acercó a la bebé más a su pecho, la rubia hizo una mueca de asco.

 

-Aléjala un poco de ti para que no le transmitas tu olor nauseabundo.- Dijo de forma grosera. -Yo le daré alimento y un hogar agradable.- Volvió a insistir.

 

-¿Cómo le darás pecho genio?

 

-No lo haré, le daré fórmula.- Contestó al instante.

 

-No es la más apropiado para su desarrollo.- Se encogió de hombros. -Entiende, no te la daré, ni venderé, ni nada, así que lárgate.- Ordenó, su paciencia se estaba acabando.

 

La rubia lo pensó por un momento, sería una completa locura lo que planeaba hacer, pero no veía otra opción; había quedado encantada con la bebé y no podía concebir el que ella pasara hambre y viviera en la calle a expensas de cualquier peligro.

 

-También puedes venir.- Murmuró entre dientes.

 

-¿Qué?- Pronunció despistada.

 

-Vengan las dos conmigo.

 

-¿Cómo puedo confiar en ti?- Interrogó recelosa.

 

-Simplemente hazlo, ambas corren más peligro aquí en la calle que bajo techo.

 

La morena lo pensó por unos instantes.

 

-Está bien.- Aceptó.

 

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