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Mortalidad

Autor: Pandora_Von Christ

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Notas del fanfic:

Como ya saben (quienes han leído las dos partes anteriores: Nueve vidas y El diablo que ya conoces), esta esta es la tercera y última parte de la serie, de igual nombre: Mortalidad. No, no tienes que leer las partes anteriores si te has topado con esta historia y has decidido darle una oportunidad; lo único que necesitas saber es que Loki solía ser el gato de Tony, y que tras descubrirlo ocultándose en la mansión, darse cuenta de que el Tramposo no quería arrojarlo por otra ventana y que en realidad no se detestan tanto como parece y tienen más cosas en común de lo que creen, ambos deciden comenzar a salir e intentar finalmente tener su propio: «felices por siempre» claro, si eso significa que a Fury le de un aneurisma y ver a Loki en un vestido de novia...

Disclaimer: Ya saben (y si es tu primera vez aquí, lo aclaro), esta es una traducción, nada me pertenece: los personajes pertenecen a Marvel y a Disney, y la historia le pertenece a MaverikFlame.

Personajes: Tony Stark, Loki Laufeyson, Thor, Odín, Frigga, y algunos dioses egipcios: Seth, Horus, Blast, etc., así que sí, esta es una especie de crossover entre el universo cinematográfico de Marvel con mitología egipcia.

Notas del capitulo:

¡Hola!

Bueno, aquí les traigo el primer capítulo, ¡espero que lo disfruten!

De verdad, Tony simplemente ya estaba resignado con el viaje. Era poco lo que podía hacer al estar a merced de un par de dioses antiguos.

Miró hacia el sol. El sudor en sus palmas hacía que los guanteletes del traje se le pegaran extrañamente a su piel. Generalmente, no pensaba en su traje como algo separado de él, y sin embargo había ocasiones en que era muy consciente del hecho de que esencialmente estaba encerrado dentro de una lata.

«Pánico» esa fue la palabra que le vino en mente, y por primera vez la sólida presencia de Loki a su izquierda no fue exactamente útil.

—¡Heimdall! —llamó Thor a los cielos—. ¡Abre el Bifrost!

Tony tragó pesadamente y apartó su mirada del cielo azul. En lugar de ello, miró fijamente hacia sus pies blindados, arrastrándose en las runas grabadas en el suelo.

Deja de moverte —le dijo Loki en esa aburrida forma suya. A su otro lado, Thor rio y palmeó el hombro de Tony, lo suficientemente fuerte como para empujarlo hacia adelante incluso vistiendo todas las capas de su armadura.

Tony le lanzó una mirada mortal a ambos dioses, aunque pasó desapercibida detrás de su visera.

—Por cierto —dijo—, los odio a los dos.

Loki sonrió, pero no dijo nada.

«Respira», se recordó Tony. Esta era tecnología alienígena. La tecnología era buena. A Tony le gustaba la tecnología.

Sin embargo, cuando la tecnología apuntando hacia él también podía ser usada para destruir planetas, le gustaba menos.

Después la tierra pareció temblar y el aire zumbar a su alrededor, y Tony se agarró fuertemente de la manga de Loki. El mundo se volvió brillante y saturado de color, y cuando el suelo dejó sus pies y el mundo se precipitó en un destello de luz, Tony se preguntó si así era como se sentía tener un infarto.

—Oh Dios. —Suelo sólido reapareció bajo sus pies, y se agarró de la manga de Loki con ambas manos esta vez, mientras sus piernas temblaban bajo él—. Oh Dios, oh Dios, oh Dios. —Le tomó un momento darse cuenta de que el rugido del sonido se había extinguido y que sus labios, que habían estado moviéndose silenciosamente todo este tiempo, estaban formando las mismas dos palabras una y otra vez.

Le tomó otro momento darse cuenta que sus ojos estaban cerrados. Parpadeó abriéndolos y miró con asombro la cúpula dorada rodeándolos. Un tercer dios estaba de pie sobre un estrado con una espada en sus manos; ojos dorados, penetrantes, y decididamente poco impresionado mientras observaba a Tony.

—Por un minuto creí que me haría encima —murmuró Tony con una sonrisa temblorosa y torcida mientras se enderezaba. Loki tuvo que apartar de su manga los dedos metálicos aferrándose a ella—. Oh, espera. Creo que lo hice. —Se examinó por un momento, cara fruncida de concentración mientras se movía en su traje—. Oh, no, espera. Es solo sudor y el olor del miedo. Todo bien entonces.

—Esa fue una cantidad inusual de... turbulencia —comentó Loki, lanzando una mirada mortal al otro dios —Heimdall, si Tony recordaba correctamente las divagaciones angustiadas de Loki.

—El Bifrost aún está en reparación —explicó el Guardián, sin mostrar otra reacción—. Pasarán días antes de que podamos volver a usarlo. Tienen suerte.

Tony interpretó aquello como un: «Nop, no me arrepiento de haberlo hecho, idiota astado».

—Tiene razón —añadió Thor, y su voz pareció retumbar por las paredes de la cúpula—. Apenas hemos empezado a usar el Biofrost otra vez.

Los ojos de Tony se abrieron de par en par ante esas palabras. Levantó su visera para mirar mejor a Thor.

—«¿Apenas?» —repitió—. «¿Apenas?». Y qué pensaste, ¿lancemos al humano por él y esperemos que no muera?

En algún lugar en el fondo de su memoria resonó la voz de J.A.R.V.I.S, y después la respuesta que el mismo Tony le había dado: «tienes que correr antes de poder caminar».

Al carajo, esto era diferente.

Thor inclinó la cabeza, frunciendo el ceño mientras observaba a Tony.

—Es bastante seguro —respondió—. Cada uno de nosotros está en una sola pieza, ¿no? Además, es por eso que estás usando tu armadura.

La mirada de Tony se volvió hacia Loki, quien ahora era quien se movía incómodo.

—Me dijiste que usara la armadura porque causaría una mejor impresión.

—Esa fue una de las razones —convino Loki neutralmente. Favoreció a Tony con la mirada de borreguito que el bastardo sabía bien siempre funcionaba con él.

Tony frunció los labios.

—Los odio a los dos —dijo rotundamente y se abrió paso por el puente, cabeza en alto en una demostración de orgullo herido. No es que supiera a dónde iba ni nada parecido, y no es que se encontrara boquiabierto de fascinación ante el extraño ambiente, los torreones dorados de Asgard, el resplandor del Bifrost. No necesitó mirar hacia atrás para saber que Loki estaba rodando los ojos. Ambos dioses rápidamente le alcanzaron, una sombra acechándole a cada costado.

Sus armaduras chasqueaban y brillaban ante la luz mientras caminaban. Tony se encontró mirando de reojo a Loki en más de una ocasión. Raramente veía a Loki usando su armadura completamente, y, aunque le había dicho que lucía como un tonto, de cierta manera retorcida empezaba a extrañar que no la usara.

Los enormes cuernos dorados se volvieron hacia él mientras Loki le miraba y arqueaba una ceja de manera inquisitiva. Tony respondió al gesto moviendo sus propias cejas de manera sugestiva. El dios volvió a rodar los ojos, pero esta vez sonrió.

En casa, antes de partir, Tony ya había hecho el juego de palabras necesario sobre Loki sintiéndose «cachondo» hoy.

—Un poco estresante, ¿no? —preguntó—. ¿Caminar por un puente arcoíris con mi prometido?

Junto a él, Loki resopló de risa, mientras Thor los miraba con curiosidad.

—Sabes que no hago nada a medias, Tony querido —contestó Loki.

Y oh, Tony sí que lo sabía.

Tony decidió que probablemente era mejor que su padre no estuviera cerca para ver esto. A pesar de la cuestionable cantidad de adoración que Howard Stark había tenido por cierto Capitán, esa era una conversación que estaba contento de haberse saltado.

Solo esperaba que sus suegros fueran de mente abierta. Aunque considerando los peinados con que dejaban que sus hijos salieran del nido, pensó que estaba a salvo.

 

****

 

Tony se preguntó qué decía de él que su primera impresión de Odín fuera que parecía un Santa pirata-alienígena.

Por otra parte... probablemente decía que no debía haber bebido antes de venir aquí.

Juzgando por la mirada que Odín le dio con su único ojo, supuso que la primera impresión que el Padre de Todos tuvo sobre él fue que era un insecto que aplastaría más tarde. Observando a Odín en su trono dorado en lo alto y rodeado de ojos curiosos —ojos curiosos inmortales— Tony se sintió como un completo insecto. Junto a él, estaba sentada la reina y le observaba igual de solemne, aunque de manera más amable.

«Trata de no hablar. —Había sido el consejo de Loki—. Probablemente sea lo más seguro».

Aunque Tony se había sentido ofendido, Loki había tenido razón. Cuando estaba nervioso, su lengua tendía a zafársele.

Y en realidad, Tony había esperado conocer a sus futuros suegros en un ambiente más íntimo. Que tal vez le invitarían a cenar o algo parecido, Odín asaría unas cuantas hamburguesas mientras Frigga le entretenía con historias embarazosas de la infancia de Loki. ¿Pero esto? ¿Inclinarse ante un trono con la mitad de los ojos de Asgard en su espalda?

Oh, Dios, ¿cuán borracho había estado cuando pensó que venir aquí era una buena idea? ¿Cuán ebrio había estado Loki?

Al menos dicho Dios de la Travesura no parecía menos incómodo más allá de la orgullosa inclinación de su barbilla. Bastardo. Más le valía que el sexo de esta noche fuera bueno.

—Mi señor —saludó Tony, inclinando la cabeza como Thor le había instruido, aunque rígidamente. El servilismo realmente no era lo suyo. Las palabras se sentían incómodas en su lengua, y se divirtió imaginando a Steve en su lugar, dando un discurso indignado sobre América y la libertad. Se mordió los labios para evitar sonreír.

Odín reconoció su reverencia con un gesto cortés de su cabeza. Su mirada de un solo ojo se movía entre los tres.

—Es raro que un mortal ponga un pie en Asgard —dijo. Tony sospechaba que esa era la forma de Odín de decir: ¿qué carajo está haciendo este mortal aquí?

Tony también deseaba saberlo, de verdad. Le temblaban lo dedos. El frío sudor estaba haciendo que las cosas se le pegaran otra vez. Vamos, hombre, ¿podría simplemente volver a arrojar armas nucleares al espacio? Porque eso parecía un picnic comparado con esto.

Después, la mirada de Odín se volvió hacia Loki, y Tony sospechó que ese era el verdadero centro de su atención.

—Loki —dijo neutralmente a manera de saludo. Tony ni siquiera pudo leer todas las emociones presentes en esas dos sílabas.

—Padre de Todos —respondió Loki en un tono similar. No «Padre» y ni siquiera «Odín»: «Padre de Todos» una transigencia. Sospechaba que Loki sería un político espantosamente bueno.

De verdad, la tensión aquí era lo suficientemente densa como para cortarla con un cuchillo. Se preguntó cómo debían ser las cenas navideñas. Intercambió miradas furtivas con Thor y se sintió conmovido por el pobre gigante.

Odín tardó mucho tiempo en responder, probablemente intentando encontrar las palabras correctas. Se decidió por un:

—Bienvenido a casa.

Loki asintió con cortesía, pero sonrió de esa manera tensa en que lo hacía cuando había algo que quería decir.

—Lo agradezco, pero ahora Midgard es mi casa.

Entonces Tony se volvió para mirar a Loki, sorprendido. Loki le dirigió una mirada que decía, «duh, es obvio». Parpadeando, Tony pensó en ello, sabía que Midgard era, técnicamente, donde ahora vivía Loki y donde Loki viviría mientras estuvieran juntos, sin importar si le gustaba o no.

Y sin embargo...

Saberlo y escuchar a Loki diciendo esas palabras eran dos cosas completamente diferentes. Se encontró sonriendo como un idiota.

En cualquier caso, el semblante de Odín se tornó más frío, más impenetrable.

—¿Y los mortales te han acogido? —preguntó—. ¿Después de todo lo que ha pasado?

Loki se erizó, y Tony se preguntó si debía decir algo, al ser el único residente «mortal» en el lugar. Por suerte, Thor lo interrumpió antes de que pudiera hacerlo.

—Loki está expiando sus transgresiones, Padre —dijo—. Aconseja al grupo S.H.I.E.L.D. en materia de magia y les presta su ayuda en batalla.

«Mientras le divierta» añadió Tony mentalmente.

Podía sentir a Loki luchando contra la necesidad de rodar los ojos, y sonrió mentalmente

Un poco de tensión se disipó de los hombros de Odín al escuchar aquello.

—¿Esto es cierto? —preguntó.

A Tony le tomó un momento comprender que la pregunta estaba dirigida a él.

—Oh, uh. Sí, es cierto.

Monosílabos. Sigamos con eso por ahora.

Odín asintió en respuesta y soltó un suspiro que parecía de alivio.

—Entonces, Loki, dejaré cualquier retribución por tus crímenes contra Midgard en manos de los propios mortales. Thor, ¿supervisarás esto?

—Por supuesto, Padre.

Tony luchó contra el impulso de moverse. De repente, tuvo la impresión de que no solo estaba aquí para conocer a los padres. Mostrar afinidad con un ser humano era una buena manera de mostrar «remordimiento», por muy falso que fuera. «Bastardo astuto y mentiroso», pensó Tony con cierto afecto y mucha exasperación. Política y coerción. De repente, Asgard comenzó a sentirse como casa.

Junto a él, podía ver a Loki con un indicio de sonrisa. Estaba saliendo del apuro fácilmente, Tony se dio cuenta. Bastardo zalamero.

—Sin embargo, tus crímenes contra Jötunheim son otro asunto.

La sonrisa de Loki desapareció y Tony contuvo la respiración.

—En ese entonces yo era el rey —respondió Loki con frialdad—. La palabra del rey es ley, ¿no? —. El ojo de Odín se entrecerró—. Hice lo que pude para evitar la guerra que Thor empezó. Fue mi decisión.

Thor se movió incómodamente a la derecha de Tony. Odín parecía dispuesto a discutir, pero luego Frigga se movió y agarró su mano. Fue un gesto tranquilo, simple, pero uno que silenció al rey de los dioses inmediatamente.

—Más tarde habrá suficiente tiempo para política —dijo suavemente, solo lo suficientemente fuerte para que el rey y ellos tres escucharan—. Nuestros hijos están en casa. ¿Podemos disfrutar esto por el momento?

La expresión de Odín se suavizó y asintió.

 

****

 

Odín tenía una mano firme. Tony trató de no pensar en sus huesos pulverizándose mientras sonreía con su mejor sonrisa de celebridad y estrechaba manos con el rey.

—Tony Stark —dijo —con solo una pizca de arrogancia, gracias—. Señor —añadió apresuradamente, ojos abriéndose—. Quiero decir, mi señor, digo, ¿Su Eminencia?

¿Ves? Servilismo. No era lo suyo. Al menos ya no estaban en la intimidante sala del trono, ahora se encontraban en una zona de estar más pequeña y más acogedora, que acababa en un balcón. Cosas realmente ostentosas, y eso lo decía nadie más que Tony Stark.

—Así es como llamas al Papa, Anthony. —Loki se las arregló para gruñir sobre el hombro de su madre mientras la envolvía en un abrazo con un solo brazo, la otra sostenía su ridículo casco. La suavidad de sus rasgos mientras la sostenía, mientras ella lo abrazaba fuertemente, hizo que Tony se detuviera para mirarlo nuevamente. Problemas paternales de lado, parecía que Loki realmente amaba a Frigga, y el corazón de Tony se apretujó al pensar en la madre a la que una vez él también había amado de igual forma.

Odín rio entre dientes, y Tony se dio cuenta de que todavía estaba sujetando la mano del dios. Apartó la mano y sonrió tímidamente —casi maniáticamente— a su futuro suegro.

—Ah, nada hace que te sientas joven otra vez como sembrar miedo en el corazón de un mortal —dijo Odín con una sonrisa maliciosa que a Tony le recordó a una de las de Loki.

—Me alegra ser de utilidad —contestó Tony automáticamente.

Odín sonrió y le observó evaluadoramente.

—Thor habla muy bien de usted, Tony Stark —dijo.

—¿Solo Thor? —preguntó Tony antes de que pudiera pensarlo mejor, lanzándole una mirada a Loki. Se preguntó si esa mirada decía demasiado cuando volvió a observar a Odín y notó la mirada de confusión en su rostro.

—A Thor es al único de quien he escuchado hablar de usted —respondió Odín, y las palabras sonaron pesadas—. Dice que usted tiene cierta... influencia en Loki.

—Uh. Sobre eso.

Una pesada mano cayó sobre su hombro, y la sombra de Thor se alzó junto a él en una muestra de apoyo, salvando a Tony de cualquier vergüenza adicional.

—Stark es un buen hombre —dijo el dios, su voz comunicando lo suficiente para hacer que Tony se sintiera cohibido—. Y un guerrero valiente. Un príncipe midgardiano de medios importantes, dignos de parentesco con la Casa de Odín. No conozco a nadie más adecuado para mi hermano.

De acuerdo, Thor iba a hacer la parte embarazosa en lugar de él.

Espera, espera un momento. ¿Acaso Thor acaba de decir príncipe?

—Whoa, Thor, amigo, no soy—

—Así es —lo interrumpió Loki, agarrando el otro hombro de Tony. Con fuerza—. Yo no podría haberlo dicho mejor.

—Pero... —El agarre de Loki se apretó, le lanzó esa mirada, y la boca de Tony se cerró al instante.

Oh.

Más política.

¡Hijo de puta!

Odín miró a los tres astutamente, sospechosamente.

—Loki —dijo con franqueza—. Es un mortal.

—Sí.

—Y varón.

—Sabes tan bien como yo que eso no es un problema en este caso —respondió Loki—. Puedo dar a luz todos los hijos que quiera yo mismo para continuar con el linaje.

¿Hijos? —chilló Tony—. ¿Qué—?

Apretón.

De acuerdo, su hombro definitivamente iba tener un moretón, con traje o sin traje.

Odín suspiró cansadamente. Fue un suspiro que le recordó a la querida y sufrida Pepper.

—Loki, sé que harás lo que quieras con o sin mi bendición. —Hubo un pequeño dejo de sonrisa en sus palabras mientras agregaba—: sé mejor que nadie que no debo meterme en tu camino.

Tony miró a Loki, y el demonio sonriente le guiñó un ojo. Estos dioses iban a ser su perdición.

Las manos en ambos hombros fueron reemplazadas por los brazos de Frigga mientras empujaba a Tony en un abrazo, despreocupada de la presión que la armadura tenía que causar incómodamente en su piel.

—Bienvenido a la familia —dijo.

 

****

 

—Así que eso es todo, ¿cierto? —dijo Tony una vez que el rey y la reina se hubieron marchado. Finalmente recordó cómo se sentía respirar—. ¿Misión cumplida?

—Mmm —murmuró Loki no muy convencido.

Tony se volvió para observar al dios luciendo distraído, mirando hacia el espacio y mordiendo la uña de su pulgar.

—Loki —le llamó Tony, entrecerrando los ojos.

La mirada de Loki finalmente se enfocó de vuelta en Tony.

—Necesito unas palabras a solas con mi padre —dijo.

Tony frunció el ceño mientras lo observaba partir. Loki tenía que estar muy distraído para llamar a Odín «padre» sin rastro de ironía. Miró hacia Thor, pero el Dios del Trueno estaba tan desconcertado como él.

 

****

 

Loki siguió a Odín, caminando a la sombra del rey. Odín no miró hacia atrás, aunque no necesitaba hacerlo.

Cuando se encontraron en un tramo vacío del pasillo, Odín frenó e igualó su paso al de Loki para así caminar a su lado.

—El señor Stark parece ser un buen hombre —dijo Odín, y Loki asintió atentamente. Le dio un vistazo a su hijo menor mientras le preguntaba—: ¿Qué ganas con esto, Loki?

—¿Disculpa? —respondió Loki, ofendido.

La mirada de Odín se endureció, y se detuvo, volviéndose para procurarle a Loki toda la fuerza de su mirada. Loki tragó saliva pero se enderezó, igualando aquella mirada.

—Te conozco, Loki —suspiró Odín—. Quizá sí existe afecto genuino entre tú y el humano, pero ¿por qué casarte con él? Morirá pronto, por heridas de batalla o de vejez, no importa. No necesitas buscar mi aprobación para algo tan fugaz. Dudo que hayas vuelto solo para presentarme a tu futuro esposo. —Suavemente, de modo que Loki apenas escuchara, añadió—: Por mucho que desee que fuera así.

Loki frunció el ceño y tragó con fuerza a través del nudo en su garganta.

—No, no lo hice —admitió, mirando fijamente del pasillo repleto de columnas hacia la ciudad dorada—. No regresaría aquí a menos que no tuviera otra opción.

Podía sentir el único ojo de Odín en él. Loki recorrió una hendidura en la pared con los ojos y la punta de un largo dedo. Recordó a Thor haciendo aquella marca cuando eran niños, luchando de un extremo al otro del pasillo con espadas de madera.

Tales recuerdos saturaban el Hlidskjalf*, empapaban el aire que llenaba los pulmones de Loki, haciendo que cada respiración fuera más pesada que la anterior.

Recuerdos de la vida de otra persona.

—Y espero —dijo Loki finalmente, respirando profundamente—, que esto no sea algo «fugaz». Es por eso que lo he traído aquí.

Los surcos a lo largo de la frente de Odín se suavizaron.

—Las manzanas —dijo.

Loki frunció los labios y asintió.

—Para Tony, Padre —dijo Loki, enderezando los hombros—. No para mí.

No solo para mí, modificó mentalmente, pero Odín no necesitaba saberlo. El desconcierto brilló en el único ojo de Odín.

—¿Quieres que le dé una de las manzanas de Idun a un humano? —preguntó, como si no pudiera terminar de comprender aquella idea. Tal vez no podía.

—Sí, «a un humano» —contestó Loki, su tono quizá más entrecortado que compuesto.

—¿Y piensas que, después de todo lo que ha pasado, podría confiar en ti o en él para no abusar de semejante regalo?

—Padre—

—No, Loki.

El rostro de Loki se endureció ante aquellas palabras familiares y odiadas. Odín estiró su mano para tocar el hombro de su hijo, pero este se apartó, fuera de su alcance.

—Como tu padre, me alegra ver que has encontrado a alguien que te importa —dijo Odín. Parecía viejo en ese momento, más viejo aún que antes de su último Sueño de Odín—. Pero como tu rey, no puedo ignorar tus crímenes.

—Tú no eres mi padre —gruñó Loki—, ¡y no eres mi rey—!

—Sí, ahora perteneces a Midgard —convino Odín, su semblante tan duro como el de Loki—. Ese hecho es lo único que te mantiene alejado de las mazmorras.

Loki retrocedió, como si Odín acabara de darle una bofetada.

—Trataste de destruir un reino —el rey casi gritó— ¡y conquistar otro! Eso es algo que no puedo pasar por alto, ¡seas mi hijo o no! Me pides demasiado.

La ira y la humillación eran un bulto ardiendo en la garganta de Loki.

—Hice lo que tú fuiste demasiado cobarde para hacer, Padre. —Casi escupió el título.

Esta vez, cuando Loki retrocedió, fue porque Odín le había dado una bofetada. Sus oídos rezumbaron con el sonido, su mejilla ardía con la huella de la palma de Odín.

Había lágrimas en los ojos del rey cuando Loki lo miró, lágrimas de ira o arrepentimiento, no lo sabía.

—Incluso ahora —dijo Odín con una voz engañosamente suave—, ¿no te arrepientes de tus acciones?

Loki sacudió la cabeza.

—Me arrepiento de necesitar hacerlo, pero no tuve elección.

Algo como culpa se agitó en el estómago de Loki, no por intentar destruir Jötunheim, lo cual había hecho para evitar la guerra y las muertes de asgardianos; ni siquiera por intentar conquistar Midgard, que había sido parte de su trato con el Chitauri, sino por decir —creer— algo que sabía decepcionaría a Tony.

Sabía que decir que no lamentaba lo que le había hecho a Midgard irritaría y confundiría a Tony, así que actuó reacio cuando tuvo que hacerlo. Después de todo, él era el Dios de las Mentiras.

Odín suspiró. Todo el cansancio de sus largos siglos resonó en esa tranquila exhalación.

—No puedo concederte lo que me pides, Loki.

Loki sacudió la cabeza.

—No quiero sobrevivirlo —dijo —admitió— y su garganta se cerró con aquellas palabras. Gran parte de la plenitud de la vida de Tony ya había pasado, y tembló al pensar en la maldición de envejecimiento.

—De verdad es así.

—Sí.

Loki se sorprendió ante la honestidad desnuda en aquellas palabras. Ahora estaba condenado y lo sabía.

Odín lo estudió durante un largo momento, con la expresión indescifrable. Loki volvió a sentirse como un niño bajo aquella mirada aguda, los años retrocediendo y alejándose para exponer su ser vulnerable. Luchó contra el impulso de encorvarse.

Finalmente, Odín preguntó:

—¿Qué estarías dispuesto a dar para quedarte a su lado?

Loki tragó pesadamente, mordió su labio. Esa era la gran pregunta, ¿no? Una pregunta que ya se había formulado cuando Tony le había pedido que se casara con él, en esa torpe y evasiva manera suya.

—Cualquier cosa —admitió.

Ahí. Ahora se había despojado de toda su armadura, de sus murallas y Odín podía ver todo de él, podía matarlo o salvarlo con un suspiro.

—¿Cualquier cosa? —repitió Odín suavemente. Su rostro se retorció con demasiadas emociones, imposibles de contar; expresiones que decían que quería creerle pero que no lo haría, expresiones que eran como cuchillos en el corazón de Loki—. ¿Estás seguro?

Loki asintió. Ahí estaba otra vez el nudo en su garganta.

—Entonces esta es mi sentencia —dijo Odín. Se acercó, y Loki lo miró inseguro, enderezándose y reuniendo y acomodando nuevamente sus murallas. Odín puso una mano en su hombro y esta vez Loki no se atrevió a alejarse. El aire crepitaba con magia—. En castigo por tus crímenes, te hago mortal.

La respiración de Loki se detuvo, sus ojos se abrieron de par en par. Palabras de protesta a medio formar se desfiguraron y extendieron en un rugido de dolor mientras la magia lo atravesaba, clavaba huesudos dedos en su carne y lo desgarraba. Se tambaleó, el mundo se volvió blanco, y Odín lo atrapó, guiándolo hasta ponerlo de rodillas, manos antiguas, fuertes y firmes alrededor de sus brazos. Su casco resonó al caer contra el suelo.

El dolor desapareció tan pronto como empezó, dejando a Loki vacío y extenuado. Tembló de agotamiento y por los efectos secundarios de la magia, su visión empañada con manchas oscuras. Odín lo soltó, y Loki cayó hacia adelante, apoyándose sobre sus manos y rodillas, gimiendo quedamente.

Se sentía... débil. Disminuido.

—¿Qué... qué hiciste? —preguntó. Su voz era apenas un graznido.

—Eres mortal —respondió Odín—. Y ahora tu vida es tuya. Si quieres quedarte con tu humano, seguirás siendo mortal. Te daré un mes para cambiar de opinión. No puedo darle inmortalidad a tu humano, pero puedo darte esto. Depende de ti decidir si realmente deseas sobrevivirlo o no.

Los pies de Odín dejaron su línea de visión, y los pasos del Padre de Todos alejándose anunciaron su partida.

—No puedo creerlo —gruñó Loki detrás de Odín—. ¿Cómo puedes hacerme esto?

Sus gritos resonaron, sin respuesta.

El suelo era frío e implacable bajo sus palmas mientras intentaba levantarse, gruñendo y arrastrándose, enfadado. Un momento más tarde, cuando fracasó, se sintió más frío y más duro contra su mejilla.

 

****

 

Tony lo encontró así poco después.

—¡Loki!

El dios se encogió ante el sonido de metal rozando, el sonido de las rodillas acorazadas de Tony golpeando el piso de piedra. Un peso en forma de mano cayó sobre el hombro de Loki, y el dios suspiró y se empujó sobre sus talones, maldiciendo el temblor en sus extremidades.

—Estoy bien —gruñó Loki, apartando la mano de Tony. Cogió el casco que había dejado caer y lo acomodó de vuelta en su cabeza, cuernos pesados, haciéndole curvar ligeramente hacia adelante. El humano se inclinó para mirarlo de frente, ojos oscuros redondos y preocupados bajo su ceño fruncido. Esos ojos siempre decían demasiado, creía Loki. Podía leerlos como el día—. Estoy bien —dijo otra vez, más firmemente, observándolo sin rencor.

Tony se burló y rodó los ojos.

—Seguro —respondió—. Sabes, el suelo siempre es un buen lugar para una siesta.

Loki frunció los labios. Por mucho que quisiera responder a su sarcasmo con más sarcasmo, ahora no tenía fuerzas para siquiera molestarse. En lugar de ello se agarró a uno de los hombros de Tony y lo usó para ponerse nuevamente de pie, tal vez apoyando más de su peso en dicho hombro de lo que le hubiese gustado.

Tony lo siguió, agarró su codo cuando, bochornosamente, Loki se encontró inclinándose en un ángulo peligroso nuevamente.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Tony. Su mandíbula rígida, sus ojos duros: era la mirada que Loki asociaba con Tony Stark el Vengador, decidido y absolutamente furioso.

Loki se lamió el paladar mientras tomaba una decisión.

—Tony —dijo. Su sonrisa era dulce pero con un dejo de dureza. Tony lo miró cautelosamente—. Necesito que me ayudes a robar unas manzanas.

Notas finales:

N/T: Hlidskjalf: Este es el nombre que en la mitología nórdica se le da al trono de Odín.

Y bueno, aquí vamos otra vez, espero que me acompañen y que el fic les guste tanto como a mí. Como siempre, si notan algún error o tienen alguna sugerencia respecto a la traducción, no duden en decírmelo.

¡Cuídense y nos leemos!

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