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After the time por LaMueRtHeSitHa

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Notas del fanfic:

Este fanfic surgió por la mezcla de un video (de cierto cantante español guapísimo al que no le negaría una copita de vino <3) de música y una película en la que mis actores favoritos(uno un caballero inglés muy famoso al que tampoco le negaría una copa de vino <3 <3 <3) y lo interpreté con mi imaginación con una historia protagonizada por Naruto y Sasuke, porque #YOLO xD 

Nah porque #SNSRules.

 “After the time” no tiene un orden cronológico, y no se imaginen como en Dark Horse que empecé por el medio y luego el inicio, para después alternarlos hasta encontrarse en una sola dirección. Simplemente son sucesos que pasan. Lo único que tenga fecha y lugar fijo tendrá “poder” por así decirlo.

Debido a lo anterior pienso subir capítulos más seguido que en DH, sólo terminando el fic cuando no se me acurra nada mejor que poner y darle buen fin a ellos.

 

 

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, yo sólo los tomo prestados y sin fines de lucro para mis yaoistas fics.

Todos los derechos reservados.

(si me enteró que me robas, te capo :v)

After the time


 


“Así del precipicio”


Por LaMueRtHeSitHa


 


 


 


35°54′N 14°31′E


Aproximadamente el siglo XXV


 


La que una vez fue considerada patrimonio de la humanidad, se encontraba vacía de esta. Sólo quedaba la arquitectura conmemorativa junto con los esqueletos de los autos, corroídos por el salitre del ambiente. Todo iluminado por la delicada luz de la luna llena. Malta siempre fue una ciudad vieja, pero en sus calles inclinadas deambularon turistas hambrientos de ver sus casas amarillas, sus balsas blancas y su cúpula coronando la ciudad. Pero de esto había pasado mucho, mucho, mucho tiempo. A las afueras de la ciudad se podían ver como sus pastizales dorados eran acariciados por la brisa marina, llegando hasta la roca blanca y seca del acantilado, donde al bajar se oscurecía hasta volverse casi como el carbón. Las olas golpean las rocas con furia, mientras que a la arena llegaban con suavidad.


De los pocos animales que había en la isla, sus invasores se los habían acabado. Pero no devorándolas por su piel o su carne, sino porque su condición vampírica los habían secado. Y por ello las aves habían emigrado por considerar a sus únicos dos habitantes como depredadores. Mas estos moradores se dieron cuenta ya muy tarde.


De entre una de las cientos de casas abandonadas, una puerta de madera gastada se abrió, dejando pasar de un salto a un chico rubio de naturaleza revoltosa y cautivantes ojos azules. Con una apariencia previa a los veinte y con marcas en sus mejillas que recordaban a un gato. Él al sentir el calor de la luna, volteó a ver al cielo, cubriendo sus ojos de paso. Sus ropas blancas parecieron brillar en ese momento. Esa vestimenta con puntadas torpes, demostrando que la había hecho él. Y el rubio, quien respondía al nombre de Naruto, volvió su vista a atrás.


—¡Sasuke! ¿Vas a salir? —exclamó el de mirada azulina.


Salió con caminar tranquilo y de piel nívea, casi como el arroz, un chico de rasgos afilados que hicieron resaltar su rostro con mirada ébano y cautivadora, de apariencia de edad similar al de su eterno compañero. Su cabello oscuro reflejó con su brillo natural la luz. Y aunque su ropa era de la misma tela que Naruto, sus puntadas eran precisas.


Ambos caminaron cansados y en silencio por las silenciosas calles hechas de piedra. El sol los podía matar, pero la luz de la luna, siendo un reflejo del astro rey, los debilitaba e incluso podía lastimar su piel. Y su energía, que de por sí era muy poca, se les fue robada a cada minuto que ellos iban debajo.


Naruto, en un apoyo a su acompañante fiel, le tomó la mano, sorprendiendo al otro. Y le ofreció una sonrisa de esperanza. Ya pronto todo sufrimiento acabaría.


Al llegar a la orilla de piedra, previa a la arena, dejaron sus sandalias para sentir la arena blanca entre sus dedos, con el húmedo aire de mar golpeándoles, mas no importaba, su objetivo era claro. Caminaron largo rato, no deseando detenerse, hasta que llegaron a la piedra de un acantilado. El camino se había acabado. Y vieron al horizonte. Por la posición de las estrellas pronto comenzaría a clarear.


Se voltearon para verse frente a frente. Sasuke tomó ambas manos del de marquitas y las acarició, dudando de lo que estaban a punto de hacer.


—Entonces el último en caer debe acomodarnos para vernos hasta el último momento. —y en la voz del azabache se sintió la melancolía.


—Claro, dattebayo. —contestó el otro con una sonrisa que apenas se podía sostener por el nudo en su garganta.


Sasuke antes ya se había sentido tentado por la dulce caricia de su propia muerte. Pero por su cobardía lo había postergado. Y en esa ocasión, como casi siempre, se arrepentía. Y ahora, en un callejón sin salida, después de todo lo que había vivido con Naruto, sólo quedaba que el planeta siguiera su curso, que ellos se convirtieran en ceniza por el contacto del sol, que el viento se llevara sus restos para fundirlos con la espuma del mar. Finalmente la nada.


Permanecieron de pie viéndose fijamente mientras conversaban nimiedades. El de ojos azules no dejaba de regalarle sonrisas a cada oportunidad. Cada instante en que sus fuerzas se les escapaban Sasuke se arrepentía más de las decisiones que había tomado que los había llevado hasta esa situación: de haberse enamorado de él, de haberlo convertido, incluso de acciones previas a Naruto; de las vidas que había acabado, del odio que le había guardado a su hermano mayor por haberlo convertido a él y su frustración por el mundo.


El de piel nívea vio a la ciudad, en la que se podían ver algunos edificios derrumbados. Recordó sus inicios, de cómo aborrecía el mundo, a su gente y a su situación, sólo para después ser castigado por Itachi, como se llamaba su hermano mayor, con la maldición de la vida eterna.


—¡¿Por qué?! —le vociferó Sasuke a su creador, quien estaba escondido entre las sombras, mientras que las antorchas parpadeaban. —¡¿Por qué me has hecho esto?! —y es que momentos antes se había intentado matar cortándose el cuello, pero antes de tan siquiera cayera inconsciente, sus heridas se habían cerrado, al igual que las que se había hecho en las muñecas.


—Para que reconozcas tu error. Algún día deberás a aprender a dejar a la venganza de lado y a que el odio no importa. —mencionó antes de dejarle solo en el charco de su propia sangre.


Sasuke por varias décadas le guardó un inmenso odio que terminó por extinguirse. Pero a la humanidad la siguió aborreciendo por un par de siglos más. Desquitando su sentir matándolos sin tocarlos, jugando con ellos como los grandes felinos con sus presas, detestándolos por el cielo que nunca podría tocar.


—Sasuke… —le llamó Naruto con un hilo de voz. —Sasuke. —llamó más fuerte sacándolo al fin de sus pensamientos. De ahí el rubio pronunció unas palabras que hicieron que el otro pestañeara con rapidez para espabilarse.


—Yo-yo… —el azabache no sabía que decir y apretó sus manos conteniendo sus nervios. Mientras el de ojos azules sólo le sonreía, como siempre y hasta el último momento.


Entonces la sonrisa se borró y las piernas del rubio cedieron. Sasuke al instante lo tomó entre sus brazos. Lo sacudió con fuerza tratando de mantenerlo en pie, pero Naruto parecía inconsciente. Sasuke se arrodilló abrazándolo, diciéndose a sí mismo que eso no estaba pasando. Naruto había sido el primero en caer.

Notas finales:

¡Feliz Halloween y próximo Día de Muertos!

:D

 

Atte.

LaMuerthesitha  ^^*

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