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Un Poco Loco

Autor: The Death-Bat

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Notas del fanfic:

Disclamer Coco no me pertenece sino a sus respectivos creadores, esto esta hecho sin fines de lucro ni administrativos.

Hecho por amor al arte.

Notas del capitulo:

Un Poco Loco, Luis Angel Gomez Jaramillo y Gael Garcia Berna. Coco

 

Caminando por las calles de tierra de Santa Cecilia, con la sed picándole la garganta, el sol quemando su espalda y sus brazos cansados por cargar su guitarra. Se dejó caer en el suelo, apoyándose en la barda de una casa, recostó su cabeza en la fría piedra y cerró los ojos. Llevaba toda la tarde cantando en las calles, cada día iba con deseos de algún día alguien viese su talento y que este le llevara a la cima del triunfo, aunque sin canciones propias no llegaria muy lejos.

Tras descansar un poco se puso de nuevo en pie y camino hasta la plaza del pueblo. Se adentró a la cantina donde decían cada noche músicos de la calle como el iban a cantar por varias monedas, podía ser un buen inicio de su carrera como cantante. Cuando entro un hombre se encontraba sobre el escenario alguien delgado, de piel morena, lacios cabellos negros y unos ojos grandes y marrones quien cargaba con una hermosa guitarra blanca, con preciosas decoraciones en todo el cuerpo en color plateado y el clavijero con forma de calavera. El hombre afinaba su guitarra con cuidado, una vez hubo terminado, comenzó a tocar, sus dedos se movían rápidos arrancando maravillosas notas y generando una magnifica música.

 

Que el cielo no es azul ¡Ay mi amor! ¡Ay mi amor! Que es rojo dices tú ¡Ay mi amor! ¡Ay mi amor! Ves todo al revés ¡Ay mi amor! ¡Ay mi amor! Creo que piensas con los pies ¡Ay mi amor! ¡Ay mi amor! Tú me traes un poco loco, Un poquititito loco, Estoy adivinando, Que quieres y pa' cuando Y así estoy celebrando, Que me he vuelto un poco loco... — la voz del hombre era magnifica, suave, cálida y envolvente, sonrió. El talento del hombre sobre el escenario era impresionante. Tenía una sonrisa en los labios, los ojos brillando ante la alegría de cantar y tocar, parecía no importarle el poco público presente  o el ambiente poco agradable de aquella cantina, su música era todo lo que necesitaba para sonreír lleno de vida y alegría— Chiflado tú me vuelves, Y eso está un poco loco, Tu mente que despega, Tú siempre con ideas, Con mi cabeza juegas, Todo es un poco loco… Todo es un poco loco, Con mi cabeza juegas, Todo es un poco loco, Con mi cabeza juegas, Todo es un poco loco, Con mi cabeza juegas, Todo es un poco loco, Con mi cabeza juegas, Todo es un poco loco, Un poquitititi titi titi titi tititito loco.

 

El hombre termino de cantar con una amplia sonrisa, tomo su guitarra y bajo para beber un trago antes de ir a casa, rápidamente Ernesto se acercó a él antes de que se fuese, con una amplia sonrisa adornando su rostro. Aquel hombre tenía talento, un talento asombroso, y algo dentro de él le dijo que juntos alcanzarían el camino a la gloria, juntos los dos serian adorados en todo México.

 

— Disculpa, mi nombre es Ernesto de la Cruz, solo quiero decirte que tienes un talento increíble, ¿No te importaría cantar alguna canción conmigo?— el hombre sonrió, sin embargo negó lentamente con la cabeza.

 

—Lo siento, pero mi mujer me espera en casa. Pero me gustaría cantar un día contigo. — con una sonrisa el moreno tomo su sombrero.

 

— ¿Cuál es tu nombre?—

 

—Héctor Rivera, espero verte pronto De la Cruz— dijo como despedida mientras lentamente salía de la cantina, con su guitarra colgada de su brazo.

 

Ernesto le miro partir con una sonrisa, aquel hombre que podría ser igual a miles de mexicanos a lo largo de ese territorio, tenía un talento sin igual, sus grandes dones habían cautivado su ser, con una sonrisa le miro irse, quizá estaba un poco loco, pues sentía que aquel hombre le había robado el corazón.

 

Miro el vaso bocabajo y sonrió de nuevo antes de subir al escenario para cantar.

 

 


 *  *  *

 

 


— Señor De la Cruz, se presenta en cinco minutos— la voz de su asistente le hizo salir de sus pensamientos, dejo de vuelta en la mesa el vaso de tequila que cada noche bebía en honor a Héctor.

 

Sonrió de forma triste, si tan solo le hubiese aceptado no hubiese tenido que recurrir a eso. Pero al menos él era la única persona que conocía el talento tan maravilloso de su gran y no correspondido amor.

 

Tomo la blanca guitarra que tanto había amado y la acaricio suavemente, pensando que se trataría de sus manos, soñó con escucharlo cantar una vez más.

 

Lentamente se puso en pie dispuesto a cantar aquella canción que tantas noches le escucho recitar, sin saber que aquel día finalmente volvería a encontrarse a Héctor al otro lado.

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