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Cuestión de orgullo

Autor: SaraChan

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Notas del fanfic:

Yo soy la primera sorprendida de estar aquí, de nuevo, con otro fic en tan poco tiempo. Además, otro ZoSan.

Tuve una nueva idea en mi cabeza. Por fin se me ocurrió mi forma para que ambos se conviertan en pareja. Hablaré sobre esto al final del capítulo.

Quizá estos días me haya poseído el espíritu yaoi reclamando que cubra mi cuota de cosas yaoi del año, porque hasta yo me siento anonadada de estar escribiendo estas notas xD.

Los personajes no me pertenecen (por desgracia), etc (?)

Notas del capitulo:

Bueeeeeno... de una magnífica idea que tuve, ha salido esto. Es un poco diferente. Siento que regresé un poco a mi estilo de hace varios años, así que no estoy muy satisfecha con el resultado, pero qué le voy a hacer, me fascinan las bromas absurdas mientras escribo y luego me aburren cuando las leo xD.

No quiero comentar nada más, disfrutad de la lectura ~

 

Oh, casi me olvido. El fic se sitúa en algún punto antes de Thriller Bark, con Robin ya en la tripulación, sin Franky. 

-          Ese apestoso tabernero debería inmiscuirse solo en sus asuntos.

-          Cálmate ya, ya no estás en el bar.

-          He dejado todo mi dinero en esa jodida tasca de mala muerte solo porque pensaba que era un buen conversador.

-          Espera, durante estos tres días, ¿lo único que has hecho es ir allí a beber?

-          Debería volver y cortarle en rodajas, y luego recuperar mi dinero.

-          Oye, eso sería robar.

-          ¿Y qué? ¿No se supone que somos piratas?

Sanji soltó una irónica carcajada.

-          Me lo planteo a menudo.

Zoro se dejó caer con brusquedad en el banco de la cocina, golpeando la mesa con sus puños. De repente, se dio cuenta de un pequeño detalle y miró al cocinero con seriedad.

-          ¿Te preocupa más un robo que un asesinato?

Sanji alzó las cejas, devolviendo la mirada al espadachín, aparentemente sin entender lo que quería decir. Segundos más tarde, comenzó a reírse cual niño.

-          Desde luego, creo que debería reorganizar mis prioridades.

Algo más calmado, Zoro acompañó las risas del cocinero con una pequeña sonrisa. Pasada la diversión, Sanji escogió una botella de sake y cogió dos vasos antes de sentarse frente al espadachín. Todavía sonriente, sirvió un par de copas. Zoro aceptó la suya sin dudar y bebió de golpe más de la mitad del contenido, bajo la crítica mirada de su acompañante.

-          ¿Dónde están los demás?

-          Supongo que terminando sus asuntos en la isla.

-          ¿Nos iremos de aquí?

Sanji puso los ojos en blanco, conteniendo sus ganas de comenzar una disputa por la despreocupación e indiferencia del espadachín.

-          El Log Pose habrá cargado mañana al amanecer, como ya deberías saber.

-          Oh.

Sanji suspiró. Saber que esa faceta del espadachín era incorregible no hacía que le resultara menos irritante. Tomó un sorbo de su bebida.

-          Ha sido una isla inusualmente tranquila.

-          No digas eso hasta que estemos lejos de aquí o atraerás la mala suerte.

El cocinero miró a Zoro con suspicacia.

-          ¿Ahora crees en la suerte?

Zoro chascó la lengua.

-          Es solo una forma de hablar, ya sabes a qué me refiero.

Sanji sonrió. Desde luego, y con el imán de problemas que tenían por capitán, no podían jurar tranquilidad hasta levar anclas.

-          Bueno, pase lo que pase en lo que nos queda de estancia, me alegra haber podido disfrutar de un poco de calma… ¡las mujeres de esta isla son todas maravillosamente hermosas! – Zoro terminó lo que quedaba en su vaso de una sentada, dirigiendo una mirada envenenada que no le pasó desapercibida al cocinero. El sentimiento de felicidad de este último acabó súbitamente, y sostuvo esa mirada con frustración - ¿Qué?

-          Cállate – bufando, estiró su brazo, enseñándole el vaso. – Llénalo.

-          Qué soy, ¿tu criado? Sírvete tú mismo.

Refunfuñando entre dientes maldiciones que Sanji no quiso oír, cogió la botella. En contra de lo que el cocinero esperaba que sucediera, Zoro se la llevó a los labios y bebió un gran trago.

-          ¡Oye! ¡No bebas a morro de una botella que compartes con otra persona!

-          Déjame en paz.

-          ¿Y ahora qué coño te pasa? Con lo tranquilo que estabas hace un momento.

Zoro le miró con dureza. Desde luego, su tarde no podía empeorar.

-          Me has recordado a ese tabernero idiota.

Sanji alzó las cejas, primero sin comprender y luego con incredulidad.

-          ¿Yo? ¿Por qué? – Zoro desvió la mirada y bebió de nuevo, crispando la paciencia del cocinero - ¿Se puede saber qué demonios hizo ese hombre para ponerte de este humor?

-          ¿Y a ti qué te importa?

-          Desde el momento en el que te portas como un crío imbécil por algo que él dijo, me importa. Aunque solo sea para tomar nota, para futuras referencias.

-          Maldito cejas espiral.

Zoro le miró con dureza, y Sanji le respondió con indiferencia. A punto de beber por tercera vez consecutiva de la propia botella, Sanji alargó su brazo y detuvo al espadachín. Con un hábil movimiento y gracias al factor sorpresa, consiguió arrebatársela de las manos.

-          ¡Eh! ¿Qué crees que…?

-          Cierra la boca, marimo maleducado. En mi mesa no consentiré faltas como esta.

Ante un estupefacto espadachín que no era capaz de creerse que ese cocinero le hubiera echado la bronca por algo tan absurdo como beber directamente de una botella después de haber convivido con Luffy y sus magníficos modales durante meses, el cocinero cogió el vaso que había quedado apartado anteriormente y lo llenó antes de posarlo frente al espadachín. La seria expresión de Sanji le dio a entender que no estaba bromeando. Suspiró imperceptiblemente y bebió un pequeño sorbo de su copa. El rostro del rubio se relajó hasta el punto de casi formar una sonrisa en sus labios.

-          Gracias.

Zoro se sentía incómodo y, sin tener muy claro lo que debía hacer o decir a continuación, se limitó a encogerse de hombros y beber otro sorbo mientras miraba hacia la puerta. Al cocinero le pareció demasiado divertida su reacción.

-          Bueno, ¿hablarás de una vez? – el espadachín le dirigió una mirada desconfiada. Sanji levantó su mano derecha en una simbólica seña de rendición. – Te prometo que mis intenciones no van más allá de la pura y genuina curiosidad.

Zoro suspiró, no entendía el sentido de la teatralidad que mostraba ese hombre de tanto en cuando. Sanji encendió un cigarrillo.

-          Ese viejo se atrevió a decir que yo no tengo derecho a tener orgullo.

Zoro miró a Sanji, esperando una reacción, y Sanji miró a Zoro, sin entender ni una sola palabra de lo que el espadachín le acababa de decir. La mueca de impaciencia que el espadachín formó al cabo de dos minutos, junto con la urgente necesidad de desprender una buena porción de colilla de su cigarrillo le trajeron, por fin, palabras a la boca.

-          ¿Qué?

Zoro llevó sus manos a la cabeza, resoplando exasperado.

-          ¿No solo eres idiota, sino que ahora tampoco oyes bien?

Sanji expulsó el humo de sus pulmones con enfado.

-          ¿Qué coño esperas que te diga como respuesta a esa frase tan estúpidamente arbitraria y descontextualizada?

-          No uses palabras raras.

-          No digas que uso palabras raras después de lo que acabas de decir.

Ambos sostuvieron una furiosa mirada durante unos segundos, antes de que el cocinero acabase cediendo.

-          Vale, voy a intentar entender el funcionamiento del musgo que tienes por cerebro – aguantó estoicamente los cuchillos que Zoro mostró en su mirada. – Explícame primero: ¿por qué ibas a esa taberna?

-          El viejo que la regenta fue un antiguo marinero y espadachín. Tiene numerosas espadas y katanas colgadas de la pared, armaduras expuestas, kabutos y yelmos impecables, cotas…

-          Vale, vale, vale – Sanji agitó exageradamente su mano frente al espadachín, cortándole por completo. La otra la situó en su frente, masajeándola con fuerza. – Vale, ya lo pillo. Ambos sois unos idiotas espadachines amantes del acero.

-          Empiezo a pensar que estás buscando pelea.

-          Y yo que me estás provocando. Entonces, ¿ibas a la taberna por esa maravillosa decoración?

Zoro dirigió una mirada crítica al cocinero mientras bebía un poco de su vaso.

-          A menudo contaba historias de su juventud… ha estado incluso en el Nuevo Mundo – eso atrajo la atención de Sanji, que pudo comprender un poco mejor el interés del espadachín por ese hombre. Zoro se encogió de hombros antes de continuar. – Era interesante escucharle.

-          Bueno, eso puedo entenderlo… - intentando recordar el quid de la cuestión, Sanji inhaló una larga calada. – Entonces, ¿por qué ese tabernero te dijo que… no-sé-qué de tu orgullo?

-          Que no tengo derecho a tener orgullo – puntualizó Zoro, cabreado por la indiferencia de Sanji.

-          Eso. ¿Por qué lo dijo?

Zoro miró a Sanji de una forma tan profunda e intensa que el cocinero empezó a sentirse inquieto e incómodo. Tras un minuto en el que el silencio no hacía más que incrementar esas emociones, Zoro suspiró y Sanji se sintió como liberado de un hechizo.

-          Es igual.

Del mismo modo en que Sanji se sintió absolutamente indignado con esa respuesta, se sorprendió al darse cuenta de que también estaba decepcionado. Como reflejo, golpeó la mesa con la palma de su mano y mordió sin querer su cigarro.

-          ¿Cómo que es igual? ¡Ahora tienes que terminar la historia!

-          No hay mucho más que contar.

-          ¡No puedes dejarme así! ¡No puedes darme a probar el fondant y esperar que deje pasar la crema!

-          ¿… qué?

-          ¡No importa! El caso, responde a mi pregunta.

-          Eres realmente molesto.

Que Zoro desviase la mirada solo incrementó la curiosidad de Sanji. Con un suspiro de resignación, el espadachín pensó cómo continuar.

-          Esta tarde, empezamos a discutir sobre las cualidades que debe tener un buen espadachín. No sé cómo, pero la conversación acabó en un debate sobre los sentimientos – Zoro miró a Sanji un instante antes de continuar. – El viejo decía que una persona incapaz de reconocer sus propios sentimientos ante la persona que le gusta, no tiene derecho a considerarse a sí mismo como espadachín.

Sanji miró a Zoro, entrecerrando los ojos, sintiéndose tan absurdamente sorprendido que era incapaz de mostrar emoción alguna.

-          Ya veo… Aclárame una cosa… ¿qué tienen que ver los asuntos del corazón con el férreo y frío camino del espadachín?

-          Y yo qué sé. Pregúntaselo a él – la expresión de Sanji acabó por molestar tanto al espadachín que se frotó con fuerza la cabeza y soltó unas cuantas maldiciones. – Ese viejo dijo: “Un corazón en calma es una estocada acertada”.

-          Increíble… - notando que Zoro comenzaba a enfadarse de verdad, Sanji decidió tomarse ese insólito asunto un poco más en serio. – Bueno, si te soy sincero, creo que el tabernero puede tener su parte de razón en esto – Zoro resopló, Sanji apagó su cigarrillo y terminó toda su copa de una sentada. Suspiró. – Supongo que ya entiendo un poco lo que pasó. ¿Acabó diciéndote algo del estilo “¡como no admites tus sentimientos, no puedes avanzar con orgullo en tu camino!”?

Zoro desvió la mirada, incómodo.

-          Más o menos.

-          No veo el problema. No es como si estuvieras enamorado de alguien, así que no deberías tomártelo tan a pecho.

Zoro bajó la mirada hacia la mesa mientras bebía un trago, y la mantuvo ahí. Sanji no le quitó la vista de encima mientras rellenaba su propio vaso y bebía un sorbo. Luego, otro sorbo un poco más grande. Luego, un trago. Finalmente, el vaso entero, luchando contra sus ganas de dar un buen lingotazo a la botella misma.

-          ¿Qué demonios significa esto, marimo? ¿Estás enamorado? – Sanji abrió los ojos de par en par, incrédulo. El espadachín se limitó a rodar los mismos antes de posarlos en la pared. - ¿En serio? ¿Tú? ¿Enamorado? ¿De quién? – sabiendo que esta parte de la conversación iba a convertirse en un monólogo, Sanji comenzó a elaborar conjeturas en su mente. - ¿Un amor de la infancia? ¿Una chica de tu isla, esperando tu regreso? ¿Alguien a quien conociste durante el viaje? ¡Ya sé! ¿Aquella bonita marine de Loguetown? – Zoro gruñó, bastante molesto por ese recuerdo. - ¿Un amor platónico? ¿Una amiga invisible? ¿… Alguien de este barco?

Se hizo el silencio. Sanji siguió mirando a Zoro con ojos como platos, sin saber cómo continuar, o con miedo a hacerlo. Zoro exhaló un profundo y ronco suspiro, bastante descontento con el desarrollo de los acontecimientos.

-          Empiezo a pensar que ese viejo apestoso tiene razón sobre mí.

-          ¿ESTÁS ENAMORADO DE UNA DE LAS CHICAS? – como un muelle, Sanji se levantó de su asiento y golpeó la mesa con ambas manos, tambaleando peligrosamente la botella. - ¿CÓMO TE ATREVES? ¡NO PIENSO PERMITIR QUE LES PONGAS NI UN SOLO DEDO ENCIMA! ¡QUÉDATE ETERNAMENTE COMO UN ESPADACHÍN SIN ORGULLO, A NADIE LE IMPORTA ESO! ¡COMO SE TE CRUCE POR LA MENTE LA SIMPLE IDEA DE…!

-          Sanji.

Que ese marimo descerebrado y recién descubierto como pervertido pronunciara su nombre con ese tono autoritario no le dejó más opción que detenerse. Toda su rabia, su enfado o su indignación desaparecieron con la determinación que encontró en los ojos de Zoro.

-          Siéntate.

Sanji se sentó. Zoro suspiró.

-          Cálmate. No estoy interesado ni en Nami ni en Robin.

Sanji parpadeó.

-          Eso no tiene sentido.

-          Ya lo sé.

Sanji tragó saliva sonoramente.

-          ¿… eres gay?

Zoro bufó, cruzándose de brazos con brusquedad.

-          No.

-          Entonces, ¿no te gusta alguien de este barco?

-          …

Sanji sintió que sus piernas temblaban; la sangre de sus venas comenzó a quemarle y parecía que la única misión de su vida era salir corriendo de allí. Zoro volvió a suspirar, siendo muy consciente del temor que desprendía su acompañante.

-          Escúchame atentamente, cocinero, porque no pienso repetir esto. – Inspiró profundamente antes de continuar. La seriedad de su mirada estremeció a Sanji. – Cabe la absurda y remota, bastante minúscula posibilidad de que, por algún extraño y desconocido motivo que todavía no consigo comprender, yo haya desarrollado ciertos sentimientos de algo parecido al afecto por ti.

Sanji parpadeó. La seria y comprometida mirada que el espadachín le dedicaba convertía esa escena en algo tan cómico que toda la tensión que suponía que debía sentir en ese momento se había transformado en una profunda tranquilidad.

-          ¿Eso es una confesión de amor?

-          Puede.

-          Ya veo – Sanji reflexionó un instante. - ¿Una confesión tuya?

-          Sí.

-          ¿Para… mí?

-          … puede.

-          Entiendo… - Sanji alzó la mirada al techo un instante, antes de volver a posarla en los ojos del espadachín. – Entonces, sí eres gay.

Zoro se atragantó con su saliva.

-          ¡No!

-          Sí, lo eres.

Los ojos del espadachín se endurecieron.

-          Sabes, creo que eso es lo menos importante aquí.

-          No, no, no. Eso es la clave de este asunto.

-          ¡Vale! ¡Supongo que lo soy! ¿Contento?

Sanji mostró una mueca dubitativa.

-          Más que contento… es bastante sorprendente. ¡Es decir! – Sanji se apresuró a cortar la dura represalia que el espadachín estuvo a punto de dedicarle. – Siempre he pensado que eras una persona a la que no le interesaban estas cosas. Así que todo esto, en general, es… raro.

-          No sé por qué te sorprendes. Soy un hombre, ¿sabes?

-          Espera, ¿eso significa que has tenido relaciones sentimentales con otras personas anteriormente?

-          Te estás desviando del tema.

-          ¿Has tenido relaciones sexuales con otras personas?

-          ¿Quieres morir, cocinero pervertido?

-          ¿… con hombres?

-          Te voy a matar.

-          Es que de repente tengo mucha curiosidad por ti.

Zoro suspiró, levemente decepcionado.

-          Sabía que no me responderías, pero nunca imaginé que te lo tomarías como una broma.

-          Lo siento – Sanji se disculpó apresurada y sinceramente. – Es que… bueno, todo esto me ha pillado un poco desprevenido.

Zoro suspiró de nuevo, esta vez algo más tranquilo.

-          Está bien, no tienes que decir nada ni necesitas recordar esta conversación. Mejor aún, olvida todo esto, sin más.

-          ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Eso está bien?

Zoro sonrió.

-          Ya lo he dicho. Una vez que he hecho frente a este asunto, ya puedo volver a alzar mi cabeza con orgullo y seguir hacia delante sin distracciones. Así que, no le des muchas vueltas.

Sanji se sintió inesperadamente dolido con esa declaración.

-          Supongo que era mucho pedir que fundieras todo tu muro de hielo en una sola tarde – Zoro le dirigió una mirada irritada que Sanji gustosamente correspondió. – No me parece justo que decidas por tu cuenta mi papel en todo este lio.

-          ¿Y qué sugieres, entonces?

-          Me gustaría darte una respuesta apropiada – Sanji dudó antes de añadir: - No quiero que pienses que me tomo tus sentimientos a la ligera.

El espadachín entrecerró los ojos.

-          Ambos sabemos cuál es tu respuesta, así que mejor nos ahorramos el tiempo.

-          ¿Cómo puedes decir eso? – Zoro se sorprendió; de repente, el cocinero mostró una intensidad que rara vez podía presenciar. - ¿Te has declarado asumiendo de antemano que no tenías ninguna oportunidad? No puedo aceptar que tan patéticos sentimientos de perdedor sean dirigidos a mi persona – Sanji alzó la cabeza, Zoro no sabía qué decir. De repente, el rostro del cocinero mostró una mueca asqueada. – Ahora que lo pienso, ¿qué mierda de declaración de amor fue eso, marimo idiota? No pienso tomarte en serio con una jodida confesión tan fea como esa.

El espadachín bufó con fuerza.

-          Ya te lo advertí, no pienso volver a repetirlo.

-          Desde luego, el tabernero tenía razón. No mereces tener orgullo.

Sanji sabía que ese había sido un golpe muy bajo, y los ojos dolidos que, involuntariamente, el espadachín le mostró, se lo confirmaron. No le importó. Acababa de descubrir que el infame pirata, excazador de piratas y temido Roronoa Zoro, tenía corazón. Como cocinero del amor, no iba a permitir que, después de exponerlo de esa forma tan abierta y desnuda, el espadachín volviera a encerrarlo, oculto en algún oscuro recoveco de su interior.

Aunque sabía que iba a ser doloroso, el dolor era mucho mejor que nada.

Zoro cerró los ojos, visiblemente nervioso, más alterado que en cualquier otro momento de esa tarde. Inspiró y expiró lenta y profundamente varias veces, hasta que finalmente encontró el valor para terminar correctamente lo que había empezado.

-          Escucha atentamente, estúpido cocinero, porque esta va a ser definitivamente la última vez que pronuncie estas palabras – ambos sostuvieron durante un pequeño instante la mirada más íntima y significativa que nunca antes habían compartido. – Me gustas.

Sanji no pudo reaccionar al principio. De la cómica y llena de rodeos declaración inicial a esa simple pero efectiva confesión había una gran diferencia que no se había esperado. Cerró los ojos un instante, pensando con mucha calma qué decir a continuación.

En sus párpados estaba grabado el leve rubor que había asomado en las mejillas de su acompañante instantes antes.

-          En realidad, Zoro, no entiendo tu confesión.

El espadachín no ocultó su enfado. Sanji le había forzado a la situación más embarazosa de toda su vida, ¿para seguir jugando con él?

-          ¿Cómo te atreves…?

-          No es eso – Sanji le miró con una pequeña sonrisa en los labios. – Es cierto que al principio pensaba que me odiabas y, para qué mentir, era algo mutuo – Zoro respondió con una sonrisa nostálgica. – Supongo que la convivencia diaria me llevó a tolerarte poco a poco, hasta que, al final, me di cuenta de que te consideraba un nakama más, como a los demás. Tenemos nuestras diferencias, pero creo que eres una buena opción para compartir un trago. – Las sonrisas de ambos rostros desaparecieron. – Pero eso es lo único que pienso de ti. No entiendo… - Sanji se mordió el labio. - ¿Por qué yo?

-          En teoría, acabas de rechazarme. ¿Por qué debería responderte?

-          ¿… por camaradería?

Zoro soltó una grave carcajada, sin poder evitar que una triste sonrisa asomara en sus labios. Sanji mantuvo la compostura.

-          Camaradería, eh… bueno, tampoco es como que lo entienda – dirigió una última y rápida mirada a Sanji antes de agachar la cabeza. Comenzó a rascarse la nuca, irritado. – Una de las cosas que me llamó la atención de ti es la forma en la que defiendes tu sueño. Tú… tú quieres encontrar ese mar y, a pesar de que todos te dicen que no existe y se ríen de ti cuando lo mencionas, sigues hacia delante. Empecé a pensar que alguien con tanta determinación tenía que ser alguien en quien poder confiar. Y comencé a fijarme un poco más en ti.

Zoro hizo una pausa. No estaba seguro de querer continuar, así que levantó la vista hacia el cocinero. En sus ojos vio intriga, admiración, ternura o incluso afecto. Se alegró de no encontrar compasión, pero nada de lo anterior le reconfortaba. Sonrió levemente, y Sanji pareció despertar de una especie de ensoñación.

-          Creo que me detendré aquí. Gracias por escucharme correctamente y no burlarte… demasiado, de mí.

El cocinero correspondió la sonrisa. Dos simples gestos de pura cortesía.

-          No, Zoro. Gracias a ti. Estoy feliz de que me veas así.

El espadachín sintió repentinamente que el aire pesaba demasiado, y sintió la necesidad de huir. Se levantó del banco, estiró sus brazos y miró una última vez al cocinero. Parecía que Sanji no quería dejar las cosas así, aunque Zoro no entendía muy bien por qué. Había sido rechazado, pero era algo que, desde el inicio, había esperado. Que Sanji le hubiera tomado en serio de esa manera era más de lo que había podido imaginar. Se sentía tranquilo, en paz.

Sonrió, esta vez con sinceridad.  Caminó hasta situarse al lado del cocinero, quien lo miró con una extraña mezcla de temor, curiosidad y nerviosismo. Ampliando la sonrisa, revolvió ese cabello rubio con su mano; con fuerza, con clara intención de despeinarlo hasta el punto de hacerle parecer un loco o un vagabundo.

-          ¡Eh, marimo estúpido! ¿Qué demonios haces?

-          Gracias de verdad, cocinero. Olvida toda esta charla, no quiero que, por mi culpa, la situación en la tripulación se vuelva incómoda. Yo estoy bien, así que no te preocupes por mí.

Refunfuñando mientras intentaba colocar cada cabello en su correspondiente lugar, vio la espalda de Zoro desaparecer tras la puerta de la cocina. Quedándose solo en esa estancia, el silencio le resultaba asfixiante, y las paredes claustrofóbicas. Con manos ligeramente temblorosas, acertó a colocar un cigarrillo entre sus labios. Necesitaba urgentemente nicotina en sus pulmones y alcohol en su estómago, así que buscó la inacabada botella a tientas por la mesa, mientras encendía el cigarrillo. Exhalando una rápida y necesaria primera calada, miró la mesa con extrañeza. La botella no estaba ahí. Se enfadó.

Y, al instante, suspiró con resignación.

-          Maldito marimo, sabe que no puede sacar bebida de la cocina sin mi permiso.

Con más calma, expulsó el humo de sus pulmones, prolongando el momento hasta que los mismos ardieron por carencia de oxígeno.

-          Mierda…

Notas finales:

El final no me resulta inesperado, en realidad. Ya cuando tuve la idea, supe que Sanji no puede aceptar empezar una relación con Zoro así como así, siendo tan abiertamente heterosexual (o, al menos, aparentándolo).

El fic está incompleto, eso es obvio. Sé como continúa, sé como se hace pareja en esta historia. Sin embargo, no estoy segura de que vaya a escribirlo. Me parece algo cruel para conmigo misma, al margen de que haya alguna otra persona curiosa sobre el desenlace, con lo que también estaría siendo cruel con los demás (?). Pero bueno, no sé. Al menos, en este momento, no me apetece mucho seguir escribiendo.

Por ahora, dejaré el fic marcado como inconcluso. Advierto que no sería el primero de mis fics que queda sin terminar, aunque este me daría pena no continuarlo.

Qué sentimientos tan confusos.

 

~~~~~~~~~~~~~~

Algo que me gustaría dejar aquí escrito. Zoro dice lo siguiente:

Una de las cosas que me llamó la atención de ti es la forma en la que defiendes tu sueño. Tú… tú quieres encontrar ese mar y, a pesar de que todos te dicen que no existe y se ríen de ti cuando lo mencionas, sigues hacia delante.


Para mí, esto es lo más importante, y por cuestión de estilo, no lo expliqué como querría. En esta "rama mental" de mi cabeza, Zoro SE DECLARA a Sanji. Para los que no lo sepan, yo he escrito varias formas en las que ZORO y LUFFY empiezan a salir, pero en mis fics ZoSan, ambos ya son pareja porque no entendía como poder crear sentimientos entre ellos.

Los sueños de Luffy y Zoro son el mismo, "ser el mejor ... del mundo". También se rien de ellos, pero para cumplirlos, ellos solo tienen que seguir hacia delante, hacerse más fuertes, derrotar a todos y conquistar la cima.

El sueño de Sanji es encontrar el All Blue. Sanji podría dedicarse toda una vida a buscarlo, sin encontrarlo. Es un sueño que no depende de él pero, aún así, se aferra a la idea de que de verdad existe y de que conseguirá encontrarlo, por mucho que los demás opinen lo contrario. Y, para mí, eso es lo que fascina a Zoro.

Tomad este apunte como un recordatorio para mi futura yo ~.~

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