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Rollo el errante

Autor: No soy carol

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Notas del capitulo:

Au que mezcla el MCU y la serie de History channel Vikings, ningún personaje me pertenece y todos los créditos van para sus respectivos autores  

 

PD:Perdónenme la vida por las rayitas, pero no se me ocurrió nada más para separar los saltos en el tiempo y época.

Cuando vio al juez decidir su destino en la punta de la Piedra Sagrada mientras los que alguna vez fueron sus  vecinos, conocidos y amigos le gritaban y abucheaban deseándole peores castigos que al mismísima Loki, Rollo solo pudo fijarse en su hermano menor verle a lo lejos rodeado con su familia o por lo menos los que sobrevivieron a esa plaga… le dolía nunca haber podido despedirse de la pequeña Gyda la extrañaba desde el primer instante en que incluso encadenado pisaba los puertos de Kattegat y no la escucho gritar o reírse a carcajadas entre la multitud, la pequeña y adorable niña que adoraba como a su propia hija, aun siendo el mayor de los hermanos no se había casado o formado una familia hasta en eso Ragnar le había ganado…

-          Los dioses decidieron que el viviera y mi resolución es seguir la voluntad de ellos

Los abucheos retumbaban en sus oídos mientras solo miraba a su hermano que le devolvía la mirada con asco, pero Rollo vio compasión tras esos ojos de un azul tan intenso que no podría describir nunca, entonces todo encajo… lo habían perdonado no los dioses, no el juez, su hermano y ese amor fraternal que alguna vez es unió desde la más tierna infancia en un último acto solo le perdonó la vida

-          Este hombre es libre – sentencio finalmente

Rodeado de miradas de odio y recibiendo un par de patadas en las costillas vio como Torstein le desataba y le dejaba ir, pudo haber marchado con Siggy y vivir una nueva vida muy lejos, pudo ser un tonto y quedarse allí para que todos le escupan en la cara y pagar el precio de su avaricia, pero opto por algo más tonto aun para él, marcharse de allí en ese mismo instante. Levantándose y andando en línea recta al norte aún más al norte, los demás le miran en silencio, estaba yendo en dirección a su hermano que estaba por decirle algo, pero solo siguió caminando sin dudas o remordimientos… se marcharía tan pero tan lejos que nadie sabría su nombre y así tal vez solo tal vez por una vez en su vida dejaría de estar a la sombra de su hermano menor

Miro atrás una sola vez para ver a Bjorn mirarle intrigado frunciendo el ceño y siguió marchándose sin despedidas, sin palabras o explicaciones solo una mirada distante y decidida

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-          Entonces eres un viajero en el tiempo – pregunto Stephen Strange

-          No – negó con seriedad absoluta

-          ¿un inmortal?

-          Algo así…

-          ¿puedes explicarte mejor?

Rollo estaba sentado en a suave hierba fresca del campo mientras ese hombre flacucho y estrafalario ostentaba el título de “Hechicero Supremo” conoció antes a alguien con ese título y nunca creyó que ese alguien muriera, pudo decirse que la respetaba en demasía pero ella ya no estaba para pedirle consejo nunca más o para abrazarla hasta hacerle crujir la espalda mientras reían, con amargura siguió al tipo con la mirada el hombre caminaba nerviosamente de un lado a otro pensando y procesando cantidades inimaginables de información y solo llego a una conclusión muy básica y algo tonta la verdad

-          Entonces. cuéntame – insistió amablemente  

-          Bien… ¿desde qué parte te cuento?

-          Desde el principio

-          ¿el principio? ¡Por Odín! eso es difícil

-          ¿Cuántos años tienes?

-          Debería tener unos 29 o 30, creo, me siento más joven – explicaba confundido y nervioso- pero por cómo ha cambiado todo… debo tener unos mil quizás mas  

-          ¡mil años! ¿estudiaste con ella? ¿ya era ancestral en ese entonces?

-          Con ella y con alguien que espero no volver a ver…

Strange se quitó la capa que parecía tener mente propia y se sentó en el suelo acomodándose con una elegancia digna de un rey sajón o quizás un sacerdote de los que había en Uppsala

-          Pues… inicia tu historia…. – anuncio con un gesto gentil

-          Bien…. Veamos…

Todo inicio cuando conocí a Lagertha… ella era la mejor doncella escudera que vi en mi vida entera, ni las valquirias de Asgard tienen la mitad de valor y… y… bueno yo la amaba o creía hacerlo, para mi pasaron un par de años, pero han sido los suficientes como para volver a ofrecer mi corazón a alguien más.  y ella se casó con mi hermano y tuvieron hijitos y yo me quede solo y amargado ¿acaso mencione que Ragnar heredo la granja de papá? Yo era el hijo mayor, pero tuve que forjar mi destino sin nada o algún amigo aparte de Siggy… vivía en el pueblo todos los años en los mismos sitios saqueábamos, yo quería fortunas y comprar un terreno para vivir una vida plena con Siggy y ella termino casándose con un conde y volví a estar completamente solo…

-          Si muy interesante pero cuando vas a la parte de la magia – interrumpió bastante aburrido

-          Bien – respondió Rollo lanzando un pesado suspiro

En resumen, traicione a mi hermano, intente usurparle su reino ¿reino? Si creo que se volvió un rey en cuanto a los demás, mate a mis aliados lastime a muchos de mis conocidos, me volqué contra mi propio pueblo cegado en ansias de poder y gloria y a cambio termine siendo un vagabundo, un sucio y rastrero condenado a vagar sin rumbo o propósito, o eso creí hasta que me encontré un templo cubierto de runas, y allí encontré un grabado en el suelo como si un fuego o un trueno hubiera sellado la roca de golpe, no sé leer o escribir pero siempre me gusto ver las runas y escuchar las historias de los escaldos… veras estaba ese tipo Harbard, un maldito de pies a cabeza, él debe aún estar vagando por este mundo, lo sé, Loki será un maldito embustero pero sabe quién  es igual o incluso peor que el…

Strange estaba fascinado, estaba escuchando a un hombre que debía tener unos doce siglos de edad, se veía en apenas los finales de sus veintes, pero, ni esa espesa barba castaña o el largo y suave cabello más abajo de los hombros, le quitaba esa mirada fiera y esos rasgos y gestos de un vikingo, tal cual se lo habían pintado en los libros, un guerrero sanguinario y fiero que no conoce el miedo… o eso creía. Era algo más, un hechicero como él y tenía conocimientos que al haberlos adquirido un milenio antes ya estaban perdidos cuando el recibió el “cargo” tuvo la mala fortuna de toparse con Loki que sin pensarlo dos veces le convenció de sacarle el truco de la inmortalidad a “ese Midgardiano apestoso” al parecer Thor le buscaría en cualquier momento y debería apurarse, pero por dios ese tipo tenía una historia y merecía ser contada

-          ¿Cómo se llamaba? O llama – interrumpió una vez mas

-           Harbard, alto como un árbol y manipulador como nadie – explicaba mirando el horizonte rodeado de árboles y suaves florecillas silvestres que se meneaban con la brisa, soltando otro suspiro lleno de nostalgia siguió - me enseño, pero no quiero hablar del precio   

-          ¿debería preocuparme? ¿también te torturaron con lo de arrojarte a una montaña?

-          Yo vivía entre las montañas… ¿Cómo habría obtenido mi título de Berserker entonces?

-          ¿Berserker? Bien entonces ¿Qué te cobro?

Rollo volvió la vista para ver fijamente a Strange, poniéndose pálido solo miro el suelo y sumergiéndose en sus recuerdos dudo si responder o no, envuelto en sus recuerdos tan vividos y recientes, no se sentían tan lejanos como eran realmente

-          Te duele – anuncio el vikingo señalando las manos del hechicero supremo

-          ¿Qué me duele?

-          Tus manos… no importa que hagas aun te duelen – dijo convencido

Stephen paso saliva y con un gesto grave e incómodo vio las palmas de sus manos, volviendo la vista fugazmente al imponente hombre envuelto en una gruesa capa de piel de algún oso o algo parecido que solo le extendió la mano para sujetarle la suya, como si de un milagro se tratara sintió como el dolor se desvanecía y las cicatrices que tenía en sus manos se veían reflejadas en las manos de Rollo que frunciendo el ceño le miró fijamente, paso un pequeño rato envueltos en un silencio incómodo y ajeno como cuando se hace un mal chiste en medio del funeral de tu abuela

-          ¿mejor? – pregunto al soltarle como si estuviera probando algo

-          Mejores gracias… - asintió Stephen Strange con una suave sonrisa

-          El me enseño eso – señalo con fastidio, al parecer pudo cambiar de tema

Los profundamente azules ojos de Strange quedaron fijos en el largo cabello de Rollo que ondeaba en el viento mientras hacía crujir sus dedos abriendo y cerrando la mano con una leve expresión de dolor, no sabía que había hecho exactamente, pero le había aplicado un hechizo que ni siquiera el mismo había aprendido en su entrenamiento como hechicero supremo, “dijo que no sabía escribir”  probablemente por eso nunca encontró nada al respecto en ningún texto, necesitaba si o si ese hechizo aunque tuviera que buscar personalmente a ese tal Harbard, alguien que posee la inmortalidad sin tener que ver con la energía oscura o lo que sea que hiciera Kaecilius entregándole todo en bandeja de plata a Dormammu      

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 Estaba allí tocando cada detalle hipnotizado solo miraba el circulo esa roca en medio de la nada estaba quemada y fundida hasta llegar a eso, no era algo que se viera todos los días menos hecho por los hombres, sintió como alguien le soplaba en el oído haciéndole brincar del susto.

Harbard estaba en lo suyo andando como el “forastero” que era, pero cuando vio a ese portento curiosear en una de las huellas que dejaron los Asgardianos no pudo resistirse ante esa cara tan varonil y ese gesto tan mono de concentración absoluta

-          Hola – saludo tranquilamente

-          Disculpe… - susurro el hombre tirado en el suelo

-          No importa… no es mi roca – bromeo un poco

Era un hombre altísimo y esa larga trenza de cabello oscuro rodo por su hombro bajo la pesada capa que le cubría del frio, Rollo llevaba meses vagando sin rumbo como un forastero, se había vuelto solitario y desconfiado, era con el primero que hablaba en semanas

-          Harbard – extendió su mano para ayudarle a pararse

-          Rollo Sigurdson – asintió tomándole la mano

Una vez de pie se sintió intimidado por la mirada lasciva del viajero, que se relamía los labios bajo esa larga barba con una sonrisa de oreja a oreja

-          ¿vienes seguido por acá? – coqueteo descaradamente

-          No – negó Rollo a la defensiva - ¿y tú qué?

-          Yo… yo vago por los mundos dando consuelo y perdón, yo ayudo a quien me necesite

-          Bien por ti – le corto bastante seco y distante evitando acercarse mucho

-          ¿dime por qué viajas?

-          ¿acaso te importa? – le gruño ofuscado

-          Bueno, tu viajas yo viajo… nuestros caminos se cruzaron y la noche es fría

-          ¿a qué quieres llegar con tanta palabrería?

-          Wow que directo – rio a carcajada limpia - ¿quieres escuchar una historia?

Al final accedió a viajar por un par de días en junta, estaba incomodo ya tenía con la mugre y el cansancio de su eterna huida de sí mismo y su oscura y dolorosa conciencia, era más pesada que la cruz de la que tanto le contaba Athelstan en casa de su hermano. Ahora sentados sobre un tronco caído en medio de la nada hicieron una fogata para no morir congelados en el gélido bosque congelado por la nieve, no había que comer, pero al menos estaban bien arropados con sus capas y abrigos de piel, Rollo llevaba una piel de oso cuya cabeza que era como una capucha, era alto y pesado era fácil refundirle con uno, disfraz Harbard en cambio vestía como un loco pordiosero  

-          Rollo ¿crees en los dioses?

-          Thor – señalo el martillo de bronce que llevaba desde niño

-          Interesante ¿una vez escuchaste de que se bebió el mar?

-          No – negó con bastante curiosidad, casi como un niño

-          Bien veras…

Siguió contándole una tras otra tras otra y al final habían hablado toda la noche, cuando vieron las primeras luces del amanecer no había ninguna pisca de sospecha entre ambos, eran fugitivos y cada uno tenía sus demonios, pero preferían mantenerlos en secreto 

-          Eres buena compañía Rollo hijo de Sigurd

-          Lo mismo digo Harbard ¿hijo de…?

-          Odín – bromeo enarcando una ceja

-          Volteando los ojos con fastidio miro a otro lado, eso era un clásico

-          Vamos, todos son hijos de Odín

-          ¿dime tú lo eres?

-          No, ya no las puertas del Valhala se cerraron para mi

-          De la nada saco dos cuernos con cerveza y entregándole una, alzaron sus brazos para un brindis

-          Yo tampoco, brindemos por los que tendremos que vérnoslas con Helheim

-          ¡Skål!

-          ¡Skål!

Bebieron y bebieron, pero cada vez que Rollo llegaba a casi desocupar su cuerno este puff se volvía a llenar, estaba deslumbrado bebiendo una y otra vez en largos y profundos sorbos casi hasta perder el aliento intentando desocuparlo por completo, reía embotado por el licor recordando cada historia sonreía acalorado 

-          ¿es el mar? – bromeo arrastrando las palabras

-          No… ojalá yo le hubiera jugado esa al niñito mimado de Thor

-          ¿le conoces? – pregunto con picardía

-          ¿A quién?

-          Al dios Thor

-          No… pero con lo que se dé su pueblo y su hermana… lo suficiente

Asintiendo mientras el mundo a su alrededor giraba con una suavidad que le recordaba los drakares, la nostalgia le invadía y las sensaciones familiares le conmovían el alma en esa noche

-          ¿Quieres ver algo? – insinuó con malicia

-          ¿Qué?

Levantándose algo torcido gracias a unos cuantos tragos que llevaba puestos extendió su mano que llevaba un anillo bastante particular, con ese no sé qué místico que le rodeaba y girando con fuerza como una rueda, algo chispeo como fuego en el aire, Rollo bebía copiosamente mientras miraba curioso, las chispas crecieron hasta ser llamas o algo similar ante los ojos del autoexiliado hombre, un circulo como un espejo de cuerpo entero que reflejaba una imagen lejana y fantasiosa, extendiendo su mano al exótico paisaje se podía sentir el calor distante como cuando se extiende una mano a la chimenea para descongelarse los dedos, fascinado soltó un montón de maldiciones inentendibles     

-          ¿quieres aprender?

-          Si – respondió metiendo la mano en el portal

-          Entonces calienta mi cama esta noche

Rollo saco la mano y dando un paso atrás le lanzo una mirada cargada de furia, no había humillación más grande para un hombre de su pueblo que dejarse poseer como una mujer, estaba muy mal visto, puede que otros pueblos fuesen más flexibles y no lo vieran con malos ojos, pero de donde venía el, era el peor de los tabúes, era peor que… ¡que todo! El solo negó con la cabeza y amedrentado como un perro apaleado comenzó a retroceder arrojando el cuerno al suelo 

-          Anda… te va a gustar… eres tan joven – insinuaba lujurioso y excitado

-          No… - se rehusó, pero en su mente algo le decía “si”

-          ¿Por qué? – le inquirió mientras le tomaba del brazo arrastrándole a su lado

-          No – espeto ya al límite entre el miedo y la ira su mente insistía “déjalo hacerlo”

Harbard se pasó por los huevos su suplica, y acercándose más le robo un beso, a mordidas le hizo abrir la boca y recorriéndole con cada profunda exploración entre sangre y licor, Rollo forcejeaba y gruñía manoteando y golpeando al tipo en la cabeza y el pecho, era injusto como en vez de alejarse se pegaba más y más contra su cuerpo, envueltos en una batalla campal

-          Shhhhh – le ordeno acariciando su mejilla perlada en sudor

-          ¡QUITA! – gruño sin aliento

Rodaron entre golpes y empujones, Harbard le tomaba del pelo mientras le mordía en los labios y Rollo por su parte no paraba de alejarse y gruñir en movimientos lentos y torpes, estaba muy embotado por el licor, pero aún le quedaban fuerzas para defenderse. Temblando de adrenalina y deseo Rollo miro su entrepierna dura y lista para la “batalla” se sentía asqueado por estar complacido por la fuerza y salvajismo del forastero y cegado por las sensaciones más que cuando comía setas justo antes de entrar en el muro de escudos, más que cuando forzaba y ultrajaba a las esclavas y prisioneras de guerra, sucumbiendo entre besos y caricias, devolviendo los mordiscos y lamidas como perros salvajes, era el morbo a lo desconocido, era el deseo de lo prohibido, era un punto sumamente confuso en su eterna búsqueda del placer mundano y carnal, esta noche no había un punto de retorno, y en silencio se tumbó boca arriba miro como le arrancaban las ropas hasta rasgarlas sin importar el frio, el misterioso sujeto le desnudo por completo exhibiendo sus tatuajes y cicatrices de batalla, Harbard con una sonrisa ladeada y plagada de satisfacción le reviso de arriba abajo memorizando cada detalle bajo la tenue luz de la hoguera, tocándole la mejilla y acomodando un mechón de cabello tras su oreja para apreciar mejor ese rostro que había sido marcado quizás en alguna tortura, tenía una mente fuerte y un espíritu inquebrantable, eso le excitaba más y lamiéndole la cara recorriendo esa marca llego a su oído para respirar la fragancia de sus cabellos que apenas ondeaban sobre las hojas y la nieve

-          Seré gentil, soy un dios justo y bondadoso – jugueteo antes de sujetarlo por la cintura

Rollo bajo la cabeza como en un estado de trance y en un silencio sepulcral, le miro resignado dando rienda suelta a la lujuria, como un muñeco inerte mirando el suelo mientras Harbard se desnudaba también, vio un instante el portal que se cerraba, justo antes de que el forastero poniéndolo a cuatro patas le susurrara

-          Buen perro… espero que aúlles como lobo – rio suavemente

Le penetro sin miramiento o preparación alguna, Rollo solo se mordió el labio hasta sangrar, no gimió, no lloro solo guardo silencio entre la forzada respiración clavando las uñas en la tierra, las embestidas le desgarraban hasta el alma, la sangre goteaba por sus muslos y los pesados jadeos de Harbard retumbaban en su nuca, el otro no paro hasta estar satisfecho y tenía mucha energía y resistencia por lo que esta tortura parecía eterna para el resignado Rollo ex guerrero de Kattegat 

-          No importa que te hagas el duro, Rollo… no importa nada de ahora en adelante

Rollo no pudo recordar nada después de eso solo como se moría de dolor a la mañana siguiente tirado en el suelo de una playa cálida y desconocida con árboles sumamente extraños y arenas blancas que eran besadas por un mar de un azul más claro que el cielo como en una ensoñación más allá de lo que nunca vio en la vida, la maravilla se esfumo cuando sintió el brazo de harbar robre su pecho abrazándole contra él, era un hombre apuesto no lo podía negar era muy imponente cuando quería pero lo que de verdad le interesaba al vikingo era su conocimiento, su poder y su habilidad…

-          Buenos días – susurro tratando de zafarse de su agarre

-          Buenos días – gruño el otro intentando abrir los ojos – lindo lugar ¿no?

-          ¿en dónde estamos? – inquirió fascinado por la cálida brisa marina

-          ¿acaso importa? – bromeo el hechicero desperezándose

Se sentaron desnudos en la arena bajo la sombra de lo que Harbard le explico que eran palmeras y cuyos frutos eran deliciosos y podían sacar agua de ellos, Rollo quedo impresionado y no tardo en recordad porque estaban allí

-          Enséñame – insistió volviendo la vista al hombre junto a el

-          Todo a su tiempo… primero disfruta el paisaje… 

Rollo llevaba varias semanas junto con Harbard en calidad de “amantes” básicamente se dejaba tomar como un juguete (aunque no podía negar que a veces lo disfrutaba bastante) a cambio de los conocimientos que Harbard le leía de un libro que cargaba con él, un libro cuyas letras se movían y los dibujos parecían tallados en la profundidad del océano, pero no dejaba de ser papel como cuando Athelstan garabateaba y trazaba los mismos dibujos que Ragnar tenía tatuados sobre su cabeza… viajaban a pie recorriendo praderas y lagos congelados en una gruesa capa de nieve probablemente habían vuelto a donde se habían conocido, bebían licor para mantenerse calientes y cazaban lo que encontraban en el camino, había días que solo podían comerse a una liebre con muy mala suerte y otros un delicioso ciervo asado por las llamas que el imponente vagabundo sacaba de las puntas de sus dedos, Rollo no paraba de vomitar y maldecir entre dientes, de seguro se había enfermado, vio como una cosa así mato a su madre, comenzó con vómito y termino con convulsiones y fiebre y un día amanecido muerta… ahogada con su propia sangre; nunca supieron que fue lo que la enfermo así, era una mañana más en la larga espera de la primavera y una vez más Rollo no paraba de vomitar, temblaba como una hoja mientras se sostenía contra un árbol

-          ¿Qué pasa? – le cuestiono Harbard que estaba trenzando su cabello

-          Nada que te importe – gruño sin alientos

Harbard entre cerro los ojos y viéndole con cuidado, le examinaba de arriba abajo sin decir palabra, solo jugueteaba con su barba mientras pensaba silenciosamente, y de repente dijo

-          ¿no será que Freya te bendijo? – exclamo abriendo los ojos de par en par

-          Que estupidez – renegó sumamente ofendido

-          ¿acaso no sabes cómo se hacen los niños? – bromeo con malicia

-          Si se cómo se hacen los niños – respondió cabreado – pero… yo no…

-          No tienes hijos ¿no?

-          No – negó con la cabeza

-          Compartimos la cama desde hace rato y no precisamente para dormir – ronroneo cínicamente mientras posaba una mano sobre el estómago de Rollo - ¿no?

Rollo se alejó bastante confundido y fastidiado por semejantes insinuaciones, ¿un bebe? ¿Cómo? Bueno sabia como, pero ¿Por qué? Llevaba años con muchas amantes y nunca supo de algún hijo y ahora que básicamente se “prostituyo” para acceder a la magia y las místicas artes arcanas termina preñándose de ese malnacido que habla peor que el adivino que había en Kattegat 

-          Mierda – maldijo entre dientes – no… no… esto no está pasando

Harbard le rodeo el hombro con el brazo y con cierta complicidad y la confianza que se habían tenido desde que comenzaron su viaje juntos, le planto un beso en la mejilla justo sobre su cicatriz más profunda que solo le traía recuerdos amargos al berserker

-          ¿acaso importa?

-          No – concluyo finalmente

esa era su primera lección nada importaba por que todo era efímero y cambiante, aferrarse a las cosas solo le causaría más dolor y malestar, se fue de casa, pero seguía aferrándose a casa, abandono a su hermano, pero seguía extrañando a su hermano, abandono la guerra que lo haría poderoso, pero seguía anhelando el poder, en conclusión, Harbard le estaba enseñando primero a definirse en la vida antes de siquiera tocar la magia “mente, cuerpo y espíritu”

-          No importa – asintió decidido

Había pasado el largo invierno que para Rollo fue el invierno más largo de su vida y ni hablar de la primavera si se le podía llamar así a la estación más lluviosa e inundada que vivió ese año, Harbard le llevo a un montón de sitios llenos de grabados, runas y dibujos que decoraban esculturas de los dioses, de criaturas de las que nunca escucho, pero Harbard que era su eterna fuente de sabiduría le contaba incluso algunas historias las narraba de una manera tan vivida que se sentían propias. Corrió la suerte de ver una o dos en persona, su embarazo había avanzado hasta el punto de tener que lidiar con su vientre hinchado que le pesaba y estorbaba para todo, no podía pelear como tanto disfrutaba aunque su consuelo era sentir la inquietud de esa nueva vida formándose en su interior, las patadas del bebe le despertaban en la noche o le sacaban de algún pensamiento mientras marchaban sin descanso, una tarde habían llegado a un poblado donde no podía entender el acento de nadie, habían cruzado a donde ya no encontrarían mares en mucho tiempo, los helados vientos y el clima le hicieron pensar que había vuelto el invierno en cambio Harbard se sentía en casa, saludaba a todo mundo y reía con cada broma, le tomaba de la mano,  le guiaba y presentaba con todo mundo,  fue allí cunado cayo en cuenta que Harbard probablemente estaba en su tierra natal, noto cierta semejanza con uno que otro sujeto que paso envuelto en pieles y con las cejas cubiertas de nieve

-          ¿es tu patria? – pregunto a Harbard con cierta timidez

-          Si – le tomo de la mejilla y le planto un beso en los labios – si lo es

-          ¿Qué hacemos acá?

-          Busco a alguien

Rollo solo asintió con un gesto de fastidio como prácticamente hacia siempre, ¿vamos a seguir el entrenamiento? No vamos a buscar a alguien… sabia como abrir los portales, como encender el fuego y como congelar (aún mas) las cosas, sabia trazar círculos en el aire hasta desencadenar algún hechizo, pero para aprender eso le había costado horrores entender lo que Harbard explicaba mientras comían o se burlaba de su lentitud debida al embarazo

-          ¿vez a ese tipo de allá? – señalo con un aire misterioso

Un tipo bajito rubio con el cabello trenzado como una doncella y los ojos pintados como una bruja, recostado como un gato junto a la ventana, estaba justo en frente de la herrería, pero lo asombroso era como el frio ni le hacía cosquillas en esa suave y delgada ropa que le cubría, Rollo miraba intrigado el hecho de que el hombre saludo a Harbard en mil lenguas distintas. En un oscuro escalofrió que le hizo hasta sentir como al bebe le daba hipo de la impresión, recordó a su hermano menor, “un viajero me dio esta roca” “una piedra solar” “sabremos como navegar” con un enorme gesto de malestar asintió acariciándose el redondo vientre  

-          Pues él sabe cómo cruzar los océanos y conoce continentes que nunca nadie más vio…

-          ¿y le crees? ¿si nadie más los vio cómo existen? – le cuestiono con rudeza

-          ¿encoches que te he enseñado? – pregunto con un gesto grave

-          A cocinarte la cena y aguantar tus chistes malos – sugirió Rollo con saña  

Esa era otra lección importante, muchas cosas que viera no necesariamente pertenecían a Midgard o a los nueve mundos conocidos, existían cosas más allá del dominio de dioses, hombres y monstruos, había cosas que solo un hechicero vería, sin saberlo Harbard había puesto ante Rollo todo un multiverso de posibilidades que le harían volver a querer vivir mil aventuras más con o sin él… un anhelo y sed de conocimiento incalculables 

Harbard le comenzó a besar con fuerza mientras Rollo le devolvía los besos casi a mordiscos, peleaban para ver quien le robaba el aire a quien, el maestro no paraba de tirar del cabello de su alumno para acercarle más contra su propio cuerpo (si eso era posible con ese bulto en medio) y envolviéndose en un acalorado abrazo Rollo comenzó a reír de la nada, se quedó mirando fijamente a Harbard a los ojos antes de solo responder esta vez con genuina sinceridad

-          Me enseñaste a volver a ser feliz

-          Eso está bien – dijo sonriente

La felicidad que se le borro cuando un tiempo después de quedarse alojados en ese pueblo vio como Harbard se trajinaba a la cocinera de la posada y luego de terminar con ella y dejarla dormida en la cama tomo a la hija de esta y la follo como si no hubiera un mañana, la chica solo se mordía la mano para no hacer ruido y despertar a su madre, el solo vio en silencio desde el otro lado de la puerta por una delgada rendija, con un nudo en la garganta trato de recordar toda esa mierda de que nada importaba pero una ira ciega y unos celos que no supo ni de donde habían aparecido le estaban envenenando el pecho, con el aire escapándosele de los pulmones y las lágrimas cayendo como cascadas sobre sus mejillas sintió el dolor de la traición (con que así se siente) no la traición por el poder, la traición de un amante y el padre de su primogénito, se marchó llorando en silencio salió sin hacer ni el más mínimo murmullo y cual ratón en la cocina paso sin ser visto, gimoteando como un niño tropezó con el tipo con el que Harbard hablaba en la herrería, caminaba con un paso bastante peculiar como si bailara entre la hierba de los campos en el verano aun entre la más pesada y violenta de las nevadas

-          ¿tú quién eres? – pregunto con un acento muy peculiar

-          Rollo hijo de Sigurd – respondió a la defensiva

-          Rollo el errante – concluyo con una leve sonrisa traviesa - ¿Harbard te trajo aquí?

-          Si – asintió con amargura

-          Me recuerdas a alguien… no sé, tu rostro, tus ojos – señalo ensimismado – como un viajero que conocí hace mucho y le vendí uno de mis artilugios

-          Un hombre rubio y más terco que una mula – corroboro Rollo sabiendo de quien hablaban

-          ¿lo conoces? – pregunto sorprendido “tal vez si está aprendiendo de Harbard” pensó 

-          Es mi hermano menor Ragnar

-          Interesante – contesto enarcando una ceja en un gesto curioso y amenazante

Rollo negó con la cabeza antes de comenzar a alejarse, estaba muy enojado y contrariado como para lidiar con el loco del pueblo, en el fondo le recordó a Floki y eso le hizo sentir aún más miserable, deseo volver a casa y aunque estuviera condenado al repudio de todos, por lo menos volvería a un lugar familiar y no la los extraños y enrevesados caminos entre la nieve del poblado donde estaba marchando sin rumbo solo para alejarse de su “maestro”

-          Es curioso – dijo el misterioso individuo siguiéndole con la mirada

-          ¿Qué es curioso? – pregunto volviendo la vista

-          Que pudieras concebir – señalo su vientre – Harbard tiene sin fin de amantes, chicas… chicos… pero ningún hijo…

-          Ningún hijo ¿en serio? – rio incrédulo

-          dice que es parte de su don, aquí entre nos… solo es un mujeriego

-          ¿eso qué quiere decir? –inquirió asqueado 

-          Que puede que tu tengas el toque mágico – bromeo con verdades a medias

Rollo asintió y siguió marchando, su capa le protegería del frio y si se apuraba llegaría a otro pueblo antes del anochecer, pero era tarde para él. Sintió como un dolor punzante le atravesó por completo haciéndole quedar de rodillas en el suelo, todo fue dolor y angustia para Rollo que tembloroso sollozaba de miedo al ver como brotaba sangre a borbotones mientras se hundía en un charco carmesí a su alrededor aún era demasiado pronto para ese momento…    

Harbard llego a donde estaba su viejo amigo que siempre sabia cuando aparecerse, el rubio que retocaba sus ojos frente a un espejo que no era más que un metal perfectamente pulido, le señaló con un gesto el cuarto de al lado mientras seguía en lo suyo con un delgado pincel untado de algo negro, estaban en la casa de la curandera un gran salón que apestaba a hierbas medicinales y cenizas, las luces estaban encendidas a pesar de que fuera de día, el cuarto que estaba frente a él se escuchaban los gemidos lastimeros de una voz familiar… Rollo no paraba de lamentarse cubierto de sudor que brillaba a la luz de las velas que iluminaban la oscura habitación de la última parte de la casa, él no sabía ni donde estaba, solo temblaba en espasmos incontrolables cada vez que sentía una contracción que le hacía gruñir y gritar, no soportaría más y estaba sintiendo que se desmayaría en cualquier momento, pero el mismo dolor le mantenía despierto, la menuda mujer que llevaba puesto un delantal que él había manchado a mas no poder con su sangre que no paraba de brotar, el mismo estaba empapado en ella, su bebe estaba por nacer antes de tiempo y no había mucho que hacer al respecto

-          Puja con fuerza – ordeno ella arrodillada revisándole

-          No puedo – susurro a media voz – no puedo…

-          ¡claro que puedes! – ordeno ella - ¡anda Puja!

No supo ni de donde saco fuerzas para empujar al niño fuera de sus entrañas, lo único que sabía es que esta sería su batalla más difícil y a ese paso la estaba perdiendo, no podía respirar y sentía que se estaba muriendo cuando escucho un suave golpecito en la puerta, él estaba tendido en el piso sobre una sábana con apenas su camisa puesta empapada en sudor y manchas de sangre cuando vio como ella se levantaba para abrirla, Harbard estaba allí mirándola con un gesto serio y ausente antes de volver la vista a el que apenas podía erguirse apoyándose en los codos, poniéndose más pálido que la leche solo volvió la vista a la mujer que le ordeno

-          Trae agua, este niño nacerá en cualquier momento

-          Si – asintió el hombre girando sobre sus talones

Rollo no podía creer lo que estaba viendo, Harbard estaba asustado en todo este tiempo no le había visto ni siquiera dudar un instante y ahora estaba aterrado, su sorpresa no duro mucho ya que una vez más los dolores del parto le golpearon hasta hacerle llorar como un crio mientras se aferraba a la sanguinolenta sabana bajo el, el dolor era indescriptible, su interior ardía y no podía pujar con las pocas fuerzas que le quedaban, sujetando sus piernas como la curandera le indico, volvió a pujar hasta sentir como algo le estaba sacando las entrañas

-          ¡puja que ya veo la cabeza! – ordeno la mujer una vez mas

Entre gritos desgarrados, maldiciones y suplicas desesperadas a los dioses, Rollo pujo y pujo hasta que termino dando a luz finalmente, derrumbándose temblando en un intento de recuperar el aliento vio como él bebe envuelto entre los brazos de la mujer que solo le veía con profunda compasión no lloraba, no se movía, no respiraba o daba alguna señal de vida

-          ¿Qué pasa? – pregunto desesperado - ¿Por qué no llora?

-          Nació muerta – anuncio ella con un gesto grave y preocupado

El mundo se le derrumbo y una vez más trato de convencerse de que nada importaba, pero no pudo, esta vez no pudo

-          ¿Qué pasa? – se escuchó al otro lado de la puerta, era Harbard

Rollo estallo en llanto, pero le cegó mucho más la ira “era su culpa” “él sabía de seguro” estaba colérico e incorporándose como pudo trato de ir a matar a su “maestro” con un cuchillo que tenía la curadora, culpándolo de lo que le acababa de suceder a su hija que aún era demasiado prematura para nacer, la mujer soltó al pequeño bulto ensangrentado para detenerlo antes de que se muriera de alguna hemorragia por andar en uno de sus arrebatos

-          ¡déjame acabar con el! – ordeno entre los sollozos – fue el quien la mato, lo se

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-          Bien entonces viajaste unos meses hasta perderte ¿existe aún ese lugar? – pregunto Strange mientras cavilaba ante el silencioso vikingo que parecía recordar en silencio

-          No creo – concluyo antes de volver en si – no creo que nada de lo que vi alguna vez quedé

-          No exageres, muchas cosas del antiguo Egipto quedan y eso fue hace cinco mil años

-          Bien, pero una choza en el campo o una pila de rocas sobre una vieja espada rota ¿eso también queda? No Strange, eso no queda – renegó algo alterado

-          Entonces… ¿Qué era Harbard para ti?

-          ¿acaso eso importa? importa ancestral y que tú me digas que paso con ella

Fue allí cuando noto la electricidad en la brisa, el ambiente comenzaba a sentirse pesado y cargado Strange chasqueo la lengua fastidiado y vio como desde los cielos una mancha volaba a toda velocidad, ladeo la mirada y levantándose se dispuso a marcharse

-          Espera ¿ya te vas?

-          Si – asintió en vikingo bastante fastidiado

-          ¿es tu jefe? ¿no estas grandecito para tomar tus propias decisiones? – insistió el hechicero

-          Él no es mi jefe – renegó entre dientes

La semilla del odio fue sembrada y sin siquiera intervención del mismísimo Loki, Rollo se había revelado por enésima vez contra alguien que le habría tendido la mano, frunciendo el ceño y mirando con severidad a Strange le ordeno con un gesto que esperara

-          ¡Rollo! – se escuchó a lo lejos con un tono jovial y sincero

Llego caminado con sus largos cabellos dorados ondeando en el viento como en una propaganda de shampoo el mismísimo dios de trueno con un gesto de alivio extendió los brazos para abrazar a su amigo más imponente, pero Rollo solo le saludo con un gesto con la mano y dando media vuelta volvió con Strange que con una sonrisita socarrona asintió antes de mirar de nuevo al Asgardiano que se cabreo al instante y de un par de zancadas llego donde el Midgardiano para sujetarle del hombro y obligarlo a  mirarle a los ojos

-          ¿Qué pasa? – pregunto consternado como solo Thor sabe preguntar

-          Nada… cosas de hechiceros…

-          Creí que odiabas usar tu magia… tú no eres como Loki y yo lo sé – insistió

-          ¡deja de compararme con tu hermano muerto! – Rollo espeto harto del tema

-          El día que dejes de regañarme como si fuera tu hermano menor

Strange entonces se dio cuenta que estaba en medio de una discusión familiar bastante densa, básicamente se trataba de una mierda de la que no quería untarse      

-          Yo… mejor me voy – anuncio en un tono quedo

-          ¡pues vete! – le gruñeron el par de guerreros mostrándole los dientes

-          Ok – musito antes de esfumarse sin dejar rastro

Rollo bufo fastidiado antes de irse por su cuenta a través de un portal que abrió sin siquiera usar un anillo o un gesto en particular solo chasqueando los dedos, rumbo a un lugar espectral lleno de fuego y cenizas, Thor le tomo del antebrazo impidiéndole marcharse, con un gesto preocupado y cargado den una ternura casi infantil le insistió

-          ¿Qué pasa?

-          El Ragnarok está cerca hijo de Odín, prepárate para lo peor – anuncio Rollo cabizbajo   

 

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