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El obrero y el arquitecto

Autor: kurerublume

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Notas del fanfic:

Aclaro que esta historia es original y el primer fanfic de la serie "Profesiones".

Si bien no conozco a profundidad este tema, he investigado un poco para poder escribir esta historia que espero les guste.

Historia con multipairing. (al menos 3)

Notas del capitulo:

Pues viene el primer POV de nuestro protagonista.

La verdad me divertí al escribir este capítulo, no podía parar.

Sin más, espero les guste esta nueva historia que me vino a la cabeza tan de repente que no me resistí a escribirla de una vez.

CAPÍTULO I: Fernando

 

Me llamo Fernando, tengo 22 años y soy obrero desde que tengo 11. Mido 1.85 cm, tengo el cabello negro, ojos igual negros, piel morena y lo más importante: mis manos, pues son bastante ásperas, muy duras y callosas a pesar de que uso mis guantes de trabajo.

 

¿Estoy conforme con mi vida? Podría estar mejor, pero si así ayudo a mi papá, está bien.

 

Comencé joven porque… pues los jóvenes tenemos la espalda fuerte y podemos cargar costales de cemento, tierra o acarrear la carretilla sin mucho problema. Hacemos lo que los adultos más experimentados y con mejor técnica ya no pueden, justo como mi papá.

 

Antes me costaba llevar un costal de cemento, pero ahora, puedo llevarme 4-5 sin problemas.

 

Ya perdí la cuenta del número de edificios y casas que hemos construido, siempre el mismo jefe que nos consigue el trabajo y nos dice para qué empresa o cliente se hará la construcción. Su nombre es Ramón, es casi como yo, excepto que su cabello es más bien algo chino y que tiene 42 años. Podría decirse que él y mi papá son amigos.

 

La razón por la que mi papá y yo trabajamos tan arduamente es por mi hermano menor: Juan, tiene 14 y es quien va a estudiar en la Universidad, ese es el mayor sueño que tenemos, por eso en ningún momento le hemos permitido que nos ayude en la construcción. Mi hermanito tiene que estudiar y ser Licenciado en lo que quiera. Es por él por lo que también dejé, o al menos intento, de decir groserías.

 

 

------------------

 

 

Hoy en la mañana tuve un presentimiento muy extraño, y todo eso tuvo sentido cuando el señor Ramón nos llamó para el siguiente trabajo.

 

Dijo que haríamos un edificio habitacional de 8 pisos con 2 departamentos en cada uno. Cosa fácil.

 

¿Lo difícil? Que el Arquitecto que nos va a mandar es apenas egresado de la Universidad y esos seguro son los peores, los que piensan que tienen que mostrarse firmes y mandar a cuanta gente tenga a su cargo. Eso es lo verdaderamente difícil y por eso estoy seguro que me va a caer como una patada donde más duele.

 

—Qué emoción, hijo —dice mi papá con su maldito entusiasmo por algo tan triste como que un veinteañero sea quien nos mande.

 

—Sí, estoy que me muero de la emoción por conocerlo —si bien dejé a un lado las groserías, no puedo hacerlo con el sarcasmo o el mal humor que se nota en cómo mantengo mi ceño fruncido.

 

Estaba intentando calmarme cuando de repente algo sonó atrás de mí.

 

—¿Qué pasó, Fernando? —una “palmadita” muy sonora en mi espalda es lo que llega a mis oídos cuando el ruidoso de Gabriel llega a mi lado. Este tipo siempre llegando tarde.

 

—Tenemos otra construcción, empezamos la próxima semana y nuestro patrón será un bebé universitario —lejos de mostrarse enfadado, solo empieza a reírse.

 

—Seguro sientes un palo en el trasero, lo digo por tu cara —alza las manos para que no le haga nada, así que solo suspiro—. Pero dime algo, Fer —lo veo relajarse y sonreír muy feo —, si dices que tu hermano irá a la Universidad, ¿quieres que los que luego estén a su cargo lo reciban así como tú? ¿Tan pendejamente?

 

Abro mis ojos, no lo había visto así. No, si algún cabrón le hace algo a Juan se las va a ver conmigo— Bien —respondo con enojo, en parte por esto y porque acabo de decir «cabrón»—, le daré una oportunidad al tipejo ese, quien va tarde, por cierto —va 15 minutos tarde el hijo de papi.

 

—En la ciudad es normal, siempre hay un tránsito espantoso.

 

—Pues debería de considerarlo, nosotros no… mejor dicho, los demás trabajadores llegamos a tiempo. Porque es obvio que tú llegaste tarde.

 

—Por favor, por 10 minutos, no es para tanto, chillón amargado.

 

Antes de poder decirle sus verdades, todos comienzan a quedarse en silencio y eso llama mi atención, pues estos hombres son todo menos silenciosos cuando estamos en la sala de juntas de Ramón. Es hasta que veo a un blanquito aparecer y pasar junto a mí que lo comprendo, ya llegó el bebé universitario.

 

—Señores, aquí está el Arquitecto Rafael Castillo —hasta su nombre es de niño rico, ¿por qué no mejor le ponían con todo y «Arcángel»?

 

—Hey —siento a Gabriel codearme discretamente—, quita esa pinche cara de enojado.

 

—Ya ni mi papá, idiota —me cruzo de brazos, listo para escuchar el discurso de trabajo en equipo, colaboración y ayuda para que todo salga según lo esperado.

 

—Buenos días —querrá decir buenas tardes, son más de las 12 pm—, como me hizo el favor el Licenciado Ramón, me llamo Rafael y seré quien dirija este proyecto. Ya hicimos la documentación, fue aprobada para un edificio de 8 pisos con 2 departamentos en cada uno. Tengo los planos, las medidas y ya me encargué de comprar los materiales acorde al presupuesto de nuestro cliente, así como de estudiar el terreno. Los que manejen máquinas, por favor reúnanse conmigo al finalizar la junta para que les diga dónde limpiar y excavar en el terreno —hace una ligera pausa para comenzar a desenrollar los planos y colocarlos en el pizarrón—.  Ahora bien, nuestra meta es completar la construcción en el plazo de 18 meses, ya con instalación eléctrica, baños en funcionamiento, es decir, todo listo para que sea habitable.

 

Escucho algunas quejas, exclamaciones, comentarios de asombro, pero eso para los nuevos. Los veteranos se quedan en silencio, asintiendo con la cabeza.

 

—¿Quién es el cliente? —decido preguntarle, obviamente sin alzar la mano o alguna estupidez de esas.

 

—¿Usted es…?

 

—Fernando, mano de obra, arquitecto —le contesto con un poco de enojo por su pregunta tan despectiva.

 

—Perfecto, mucho gusto. Nuestro cliente es una empresa que desea hacer viviendas.

 

—¿Entonces por qué no se consiguen su propia mano de obra y maquinaria?

 

—Porque no es su giro, señor Fernando —¿su giro? ¿Las empresas giran? —. Es decir, no se dedican a eso —aclara cuando ve mi cara de pendejo por no entender esa palabra—. Permítanme, por favor, terminar de explicar y al finalizar podrán realizar sus preguntas.

 

Con ese mensaje oculto de «No me sigan interrumpiendo hasta que termine de hablar» fue que decidí que ese tipo era un hígado. Y eso por decir poco.

 

 

                                             ----------------

 

 

Después de más de 1 hora en esa junta de “inducción”, porque así lo llamo el Rafael ese, fui con mi papá a la compra.

 

—¿Qué tal te cayó el Arquitecto? —me pregunta cuando agarro el carrito del súper.

 

—Como cualquier otra persona conocida, ¿por qué?

 

—Porque no dejabas de mirarlo con enojo desde que contestó tu pregunta tan amablemente.

 

—¡¿Amablemente?! Por favor, hubiera sido más fácil que me dijera «calladito te ves más bonito» —mi padre empieza a reírse, esa risa tan escandalosa que parece marrano mal amarrado.

 

—No sé, hijo. Se ve buena gente —dice cuando acaba de carcajearse.

 

—No, pues solo se ve, porque no es —comenzamos a pasar por los pasillos y agarramos lo básico para la semana: leche, huevos, frijoles, 4 bisteces, café, un saborizante de agua…

 

—Ya te dije que no agarres saborizante, Fernando.

 

—Y dale con tu pinche agua fresca, es más barato comprar esto.

 

—Pero no es saludable, Juan tiene que estar al 100 para sus exámenes —supongo que tiene razón, podemos comprar limones y con 5-6 se puede hacer una jarra sin problema.

 

—Bien, bien —todo sea por mi hermanito.

 

Vamos saliendo y metemos todo al carro, el cual lleva con nosotros como 9 años, salimos del estacionamiento y en un semáforo es que lo veo. Si dije que tiene nombre de niño riquillo, su carro no queda atrás. No es que sea de este año, pero está en mejores condiciones que el nuestro y se ve más reciente.

 

Ya viéndolo mejor, tiene el cabello castaño muy oscuro y sus ojos son como color ¿miel? Creo. ¿Por qué no se voltea para que lo vea mejor?

 

—Avanza, hijo —me pide mi papá cuando el semáforo se pone verde. Creo que me distraje por ver al Arquitecto ese recién sacado del cascarón.

 

El trayecto es algo ruidoso, repito, mi papá es así. Además de que le gusta bastante toda esa música de baile, pero es porque él sabe bailar, ya que Dios, en su infinita sabiduría, lo dotó con ritmo. No como a mí, yo al bailar parezco un pobre pescado saltando cuando lo sacan del agua, así de lamentable y torpe soy.

 

—Ya llegamos, papá —en algún punto se quedó bien dormido, deshaciéndose en pleno asiento.

 

—Sí, sí —bajo las bolsas del súper y mi papá me abre la puerta. Voy directo a la cocina y comienzo a guardar todo en el refrigerador y la despensa.

 

—¿Cómo les fue? —pregunta mi recién bañado hermano, muy emocionado.

 

—A tu hermano le cayó gordo el Arquitecto.

 

—¿Por qué?

 

—Porque respondió una de sus preguntas con amabilidad, ya sabes que a veces no entiendo a tu hermano —dicho eso, Juan me voltea a ver molesto.

 

—Fernando, eres un amargado —me dice mi hermano con expresión seria.

 

—Claro que no —no soy amargado, no lo soy.

 

—Claro que sí.

 

—Que no.

 

—Que sí.

 

—¡Que no!

 

—¡Que sí!

 

—¡Hijos! —interrumpe mi papá nuestra más que justificada discusión— Ya mejor pongan la mesa en lo que preparo la cena —antes de obedecer sus órdenes, paso junto a Juan y le doy un zape en esa cabezota que tiene.

 

—¡Fernando!

 

—Un amargado no puede hacer bromas —le contesto muy contento.

 

Bueno, tal vez sí soy algo amargado, pero es que hoy ese tipejo sí me hizo enojar y a todos parece que les da risa eso.

 

Mañana iré con una actitud más positiva. Van a ver qué tan positivo amanezco.

Notas finales:

Espero les haya gustado este capítulo. Nos vemos en 1 semana :)

¡BESOS! 😗💜💛💙

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