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La última resistencia

Autor: Aomame

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La última resistencia 

¡¿Pero qué demonios  te paso Anthony Edward Stark?! ¿Qué carajos pasó por tu estúpida mente? ¿Tan ebrio estabas? No, no, no lo suficiente como para no saber lo que estabas haciendo. No, ¡estúpido! Tienes que decir que sí. Sí, estabas asquerosamente ebrio. Ebrio hasta la náusea. Sólo así se explica tu posición en este momento.   Sólo así se explica que estés desnudo, en una cama que no es tuya, entre sabanas que son las tuyas, de seda y más caras que un diamante. No hay otra explicación. Digo, sí la hay. Es la obvia, la más obvia, a la que más temías. ¡Idiota! ¡¿Pero qué dices?! No, no. Es decir, esa es la explicación, la primera, la de la embriaguez.

Muérdete las uñas, idiota, porque ahora, resolver la ecuación no es tan fácil como despejarte de la misma. Piensa, ¿cómo vas a salir de esta? Dime, genio, ¿de qué te sirve tanto cerebro? ¡Alguien sálveme! Ahí vas…  a  lloriquear. ¿Pues qué no eres hombre? Claro que sí, lo que hiciste no te quita lo macho peludo, lomo plateado… bueno, tal vez, el macho lomo plateado es el otro, ese que te abraza férreamente entre sus dos bíceps. Trampas mortales para incautos, para pequeños ingenieros. Es que la mecánica del cuerpo humano es fascinante. Es la máquina perfecta.  Tenías que comprobar que ese cuerpo, cúspide de la capacidad del hombre, funcionara de maravilla. Y por Dios que funciona mejor que cualquier invento tuyo, ¡y tú no lo hiciste!  Mira nada más, siempre quejándote de que tu padre olvidaba tus cumpleaños, y mira que regalote te dejo. Vaya herencia. ¡Basta! Tarado, no es momento de pensar en tonterías. Tienes que salir de ahí, de alguna manera tienes que…

Shh, quieto, quieto. Finge que duermes. El bello durmiente se despierta, se mueve y con suerte te soltará. Cierra los ojos, no, no, no aprietes tanto los parpados; se dará cuenta que finges. Eso, así, tranquilo, respira paulatinamente. Eso así… te dejará en paz. Se irá de ahí. Tiene que correr como 20 km antes del desayuno. Tranquilo, te dejará, te dejará…

Ah, ¿qué es eso? ¿Qué es eso que presiona tu espalda baja? Vamos, no seas llorón y di exactamente donde aquello está presionando. Ahí, contra tus nalgas. ¿A poco tan pudoroso ahora, billonario? Ya sé que quisieras soltar unos dolarcitos, si con ello pudieras salir de ese embrollo, pero nada. Además, no se siente tan mal ¿o sí? Sabes qué es eso caliente y duro ¿verdad? Oh, sí, el capitán, a pesar de todo lo hecho  la noche anterior, ha despertado con una erección matutina. 

No te muevas, no despiertes, sigue fingiendo. Si no respondes a ninguno de los besos que  está dejando en tu cuello y hombro, si no reaccionas a ninguna de las caricias que llevan a cabo sus dedos, ni al roce de sus piernas contra las tuyas. Si no lo haces, si te mantienes quieto como un muerto, él te dejará. Es un buen hombre, es un caballero. ¿No te preguntó anoche, más de una vez, si estabas seguro de eso? ¿No se detuvo entre un round y otro, para preguntarse si estabas bien, si querías parar? No lo hará, mientras tú no te muevas. No te muevas, no…

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(Pensamientos inconclusos de Tony Stark)

Se está yendo al carajo, lo estás viendo, ¿verdad? Se te están yendo los pensamientos. Sí, te dije que te quedaras quieto. Pero nunca imaginé que te tocaría así. Mira que un trabajo oral para hacerte abrir los ojos... ¡AHHHGGRR! Está bien, despierta, maldición. Nada puedes hacer.

—Ste…ve…

No lo mires, no mires, ¡Qué no…! Tarde. Te gustan sus ojos, ¿verdad? Eres un filántropo muy idiota. Te encanta el color azul de su mirada, te fascina como se siente su pelo entre tus dedos y la manera tan fácil en la que te hace gemir. Acéptalo, Stark, eres un promiscuo de porquería. Echaste por la borda toda tu moral. ¡Maldita sea! Aquí viene, aguanta….!

 

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­(muerte temporal  de los pensamientos de Tony Stark)

 

¿Hey? ¿Hey? ¿Me oyes? ¡Stark! ¡Despierta! ¡Cachetéate o algo! Por Dios, que  patético te ves. Mira que correrte así. ¿Todavía tienes con que correrte? Ja, ja, ja, me sorprendes. ¿Cuántas veces te viniste anoche? Tal vez, tenías mucho acumulado Ja, ja, ja. Sí, por supuesto que es eso, se debe a eso y no a ese talento oculto del culpable de tus muchas pesadillas y congojas. Oye, sí, ¿por qué carajos te acostaste con él? Después de todas las veces que han peleado… vale, te la concedo. Eso era tensión sexual a su máximo potencial. Ya lo liberaste, ahora dile que es suficiente, dile que es…

Espera, Tony, espera ¿qué haces? ¿Por qué voluntariamente separas tus piernas? ¡Maldita sea, Tony! ¿Le dejarás…? Vaya… eso se siente bien. Sí, cuando presiona justo ahí, dentro de ti se siente tan bien. Estás húmedo. Eres todavía más idiota, te acabaste los condones de tu caja mágica de condones. ¿Cuántos había ahí? No menos  de tres, eso seguro, y  no pudieron ser más de diez. Sería demasiado, hasta para un supersoldado, ¿verdad? El punto es que te los acabaste, y aun así continuaron. Dijiste: “No importa, Steve, eres tú… puedes venirte dentro”  Tales palabras vergonzosas… ¡QUE DEMONIOS TE POSEYO ANOCHE!

—¡Ah!

Sí, ahí estás de nuevo, gimiendo desesperadamente. ¿Tan bueno es eso? Oh, vaya. Sí. Carajo. Sí, es muy bueno. Te encanta ¿verdad? Vamos, dilo, te encanta que te penetre una y otra vez. Disfrutas de cada estocada como un loco. Te estás volviendo adicto a una droga que no puedes controlar. ¿Y ahora, qué? Oh, genial, Tony, ahora quieres algo más profundo, ah. Por eso te das vuelta en la cama y levantas el trasero en espera de tu preciado castigo. Qué obsceno. Qué lujurioso. Pero te sientes bien. Te sientes bien, excelente. Es lo mejor que has hecho en tu vida. No quieres que te abandone jamás... Aquí está otra vez... aquí viene, aguanta la respiración…

 

(Muerte temporal  de los pensamientos de Tony Stark, de nuevo)

—Ah, ah, ah…

Por el amor a ti, respira. Cálmate, deja de estremecerte descontroladamente. Respira. Eso es. Eso es. Bien, Stark, estás en peor posición que antes. Una mole de músculos está sobre ti. Tienes una respiración ajena en tu nuca y unas enormes manos sujetando tu cadera. No tienes salida. No la tienes. Acéptalo, también.  Ni hagas el intento de salir de esa cama, no podrás ni ponerte de pie. Para que negarlo. Además, no quieres. No quieres que nadie más ocupe ese lugar en esa cama y en esas sabanas, que, ni una ni las otras son tuyas. Pero… su dueño bien podría ser tuyo. Tanto como tú eres suyo. En ese caso, si sería tu cama y tus sabanas.

Sumemos, genio, ¿para qué restarnos de la ecuación? Súmalo a él a tu vida, a tus noches. Hazle caso a esa corazonada que te dice que no te arrepentirás. ¿No es, acaso, la mejor corazonada que has tenido nunca?

—Tony

¡Ay, no! ¡Cállalo! Cállalo o estarás rotundamente perdido.

—Tony, te amo.

No contestes, no te atrevas a…

—Y yo a ti, capsicle.

Bien, se acabó. Estás muerto. Haz aceptado la correa con una estúpida sonrisa en tu cara.

Yo, tu antiguo yo, tu último escudo ante el amor, tu último y pequeño resquicio de resistencia contra “enamorarse de Steve Rogers”, me voy de aquí.  ¡Al carajo!  De todas maneras ni me hacías caso.

 

Notas finales:

Wola! Espero que les haya gustado!

Estaba viendo un capítulo de Los Simpson, donde la mente de Homero le decía: "Se acabó, me voy de aquí" y nacio esto. 

XD

Hasta la próxima!

 

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