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Una mirada dice más que mil palabras.

Autor: Quijano

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Notas del fanfic:

Hola, chicos y chicas de AY. Mi nombre es Dan Muñoz y vengo del hermoso grupo de Shhh... SasuNaru NaruSasu, lista para hacer mi primera aparición.

La idea es un poco cliché, lo sé, pero no me juzguen mucho, es mi primer fic, o al menos el primero que subiré.

 

LOS PERSONAJES LE PERTENECEN A MASASHI KISHIMOTO Y LOS UTILIZO ÚNICAMENTE PARA ENTRETENIMIENTO Y SIN FINES DE LUCRO.

Notas del capitulo:

Haré lo posible en mis capacidades para no cambiar demasiado las personalidades de los personajes. Hay algunos ligeros cambios, tales como la bebida, el tabaco, y cosas de ese estilo, pero en esencia quiero que sean lo más parecido a nuestra hermosa ship en el manga, ¿de acuerdo? Aunque cambiaré los insultos al español, y tampoco añadiré la muletilla de Naruto para evitar usarla mal.

Espero que les guste...

Un joven pálido y de complexión delgada bajó la copa que sostenía con la mano derecha, dejándola sobre la mesa en la cual conversaba a la defensiva con su padre. Un señor de mayor edad, misma que podía verse en sus escasas, pero ya presentes, arrugas. Igualmente de tez blanca, su rostro era enmarcado con cabellos negros, mismo tono que heredaría a su descendencia. Unos ojos oscuros, pero severos, miraban con reprimenda al menor de sus hijos: Sasuke Uchiha. Un muchacho rebelde que gozaba de hacer a su padre rabiar. Malcriado y grosero eran dos palabras que podrían definir a Sasuke.

Desde que el chico recordaba no había tenido la atención de su padre, salvo por excepciones que, según él, ameritaban cierto castigo.

 

-       Este tema no está a discusión, Sasuke – declaró el mayor. –. Conocerás a este joven. Te apetezca hacerlo o no.

-       No puedes imponerme amistades.

-       No se trata de una amistad, Sasuke. Y mucho menos se trata de lo que quieras hacer.

 

Deseaba fervientemente poder tener la capacidad de tomar decisiones como el resto de la gente. La gente que no tenía que aprender los modales de alta alcurnia. Deseaba no saber utilizar los tantos cubiertos en cenas formales. Tampoco quisiera saber cómo sentarse, o con quién hablar, cómo expresarse de manera elegante y casi ostentosa. Pero no podía. Él era un Uchiha de cabo a rabo, le gustase o no.

 

-       ¿Qué se supone que sea entonces? – inquirió aún de manera retadora. Casi siempre olvidaba los modales cuando se trataba de su padre. Simplemente lo sacaba de quicio.

-       Siempre te has negado a las hermosas jovencitas que hemos traído, y con la última declaraste de manera vigorosa tu homosexualidad – resopló su padre con pesar –. Aunque no nos haga felices esta decisión tuya, podemos resolverlo de manera sencilla. Solo conoce al chico, que nada te cuesta. Si no funciona tampoco, desistiremos.

 

Eso último era algo que Sasuke quería escuchar desde hacía, por lo menos, cinco años. No tendría que conocer a nadie más. Ni un alma impuesta por órdenes de su padre después de ese futuro error. Podía soportar una última cena obligada.

 

-       Ni uno más. – dijo Sasuke buscando una promesa.

-       Como que soy Fugaku Uchiha, tu padre. – espetó el señor a modo de juramento.

-       Está bien.

 

.

.

.

 

Tan solo dos días había tenido Sasuke para hacerse a la idea, cuando su padre le confesó que la cena sería esa misma noche. No tenía más tiempo para procesar la información que recién había recibido.

 

Todo había marchado como de costumbre. Su padre había intentado de forzar una charla que jamás tendría lugar. El padre del otro joven, un señor rubio y alto, de piel morena y ojos azules, reía con cada intento fallido de Fugaku. El menor, un chicuelo que apenas se diferenciaba de su padre por unos pequeños, pero reconocibles detalles, tales como unas cicatrices en su rostro muy delgadas, y sus ojos con un tono más vivo, simplemente guardaba silencio y ocultaba su rostro manteniéndose cabizbajo todo el tiempo.

Sasuke no había tenido la oportunidad de preguntar más allá que el nombre del contrario. Naruto Uzumaki. Tan tímido que podría decirse que pareciera una mujer con semejantes actitudes.

El pelinegro había tenido que reconocer para sí que, por mucho que hubiera adorado el hecho de detestar a su visitante para poder correrlo a patadas, no se sentía de ese modo. Era lo opuesto. Esos vibrantes ojos celestes habían generado curiosidad en su interior, carcomiéndolo, robándole cada pensamiento. No podía imaginar ninguna idea que no tuviese algo que ver con esa nueva y hermosa tonalidad.

Quizás era culpa de todo el vino que había bebido previo a la cena, mismo con el que había intentado empeorar su humor y conseguir un arrebato más de capricho; o quizás solo tenía pendiente el conocer cuál sería el motivo que habría llevado a semejante ser frente a él, esperando la aprobación del hombre más difícil sobre la faz de la Tierra. Pero, sea cual fuere el motivo, no lograba sacar sus ojos de las hebras doradas que caían cubriendo el rostro del joven.

 

-       Lamento mucho que mi esposa no pudiese venir – habló el rubio mayor –. Ella – comenzó su idea antes de corregirse –, Kushina trabaja muy duro, a veces incluso se pierde de cenas con nosotros. Pero ella ama a Naruto tanto o más que yo. Ambos queríamos estar presentes, pero las circunstancias en su empleo actual son muy cambiantes.

-       No tienes que disculparte, Minato. Todo está en orden, ¿cierto, Sasuke? – cuestionó su padre.

-       Sí, padre.

-       Tampoco sé qué le ha sucedido a Naruto – se excusó nuevamente Minato. –. Él suele ser alegre y muy parlanchín. En días normales no podemos encontrar cómo callarle.

-       Quizás sean los nervios. – defendió Fugaku.

-       ¿Y bien, Sasuke, podré confiar en que cuidarás de Naruto este tiempo? – preguntó Minato lleno de seguridad.

 

El rostro del menor se deformó. No sabía de qué hablaba el señor, y estaba seguro que todo aquello habría sido la misma obra de su padre. Buscó la mirada del mayor rápidamente y solo se encontró con su padre mirándolo de mala gana, regañándolo en su mente, insistiendo con que <<”era su deber”>>.

 

-       No se lo he dicho aún, Minato. – confesó Fugaku.

-       ¿Decirme qué, padre? – Sasuke sabía ocultar su molestia detrás de un tono de fingida sorpresa.

-       Minato se irá de viaje con su esposa por seis meses. Cuestiones laborales de ambos. En ese tiempo Naruto estará en clases, por lo que no podrá ir con ellos. Le ofrecí nuestra casa para que Naruto pase ese tiempo aquí, a nuestro cuidado. – explicó cuidadosamente el señor, omitiendo cada detalle que pudiera alarmar a Sasuke. Pero él lo sabía.

-       Cuento contigo, Sasuke. – añadió Minato.

-       Y otra cosa – espetó su padre. –. Él irá a tu escuela. Se irán juntos, y también espero que regreses junto con él.

 

Sasuke contuvo aquella furia que hervía su sangre. Tomó la copa que tenía frente a él y bebió todo el vino que había ahí antes de servirse más. Y se rindió. Ya no aparentaría ser alguien diferente si todo aquello se trataba simplemente de ser la niñera de un niño de su edad, aparentemente.

De su bolsillo izquierdo sacó una cajetilla de cigarrillos y una caja de fósforos. Cogió un cigarro y lo encendió frente a todos en la mesa, ignorando las reglas de etiqueta.

 

-       Lo que tú digas, padre. – soltó Sasuke con cierta nota de sarcasmo.

-       Desagradable. – murmuró por vez primera el rubio menor, Naruto. Aquello llamó toda la atención de Sasuke. Naruto al fin levantaba el rostro, mirando fijamente a Sasuke fumar.

-       Naruto. – la voz fuerte de Minato no hizo efecto en el menor, que retaba con la mirada a Sasuke por un simple cigarrillo.

-       No – atajó Sasuke. –. Está bien – siguió fumando sin dejar de observar a Naruto. –. ¿Te molesta? – le preguntó directamente.

-       Es un hábito muy molesto. – replicó.

-       Y yo que pensaba que eras mudo. – contraatacó Sasuke con una sonrisa ladina, una sonrisa de burla.

 

Con ese último comentario Naruto regresó a su estado previo. Bajó la mirada y no volvió a pronunciar palabra alguna en el resto de la cena.

Al finalizar aquella forzada reunión, Minato se despidió y dejó a Naruto a cargo de Fugaku, quien, a su vez, delegaría toda responsabilidad a Sasuke.

Tan pronto Minato se fue, Sasuke se marchó a su habitación en completo silencio con sus cigarros en el bolsillo y una copa en una mano, y en la otra una botella de vino completa. Aquella noche ameritaría más vino del de costumbre. Tenía tanto en qué pensar, y quería poder despejar su mente de ese azul brillante que ahora era acompañado por una voz casi melódica.

Notas finales:

Yo sé que nadie nunca jamás lee esto de abajo, incluso yo me lo salto a veces.

Esperaré a ver la reacción que tienen con este pequeño capítulo para ver si me animo a subir el fic completo, así que lo dejaré un rato por aquí antes de actualizar. Y yo creo que para no dar un tiempo estimado, lo dejaré en que actualizaré si llega a, al menos, cinco reviews -ya que no espero mucho de mi primer escrito-, ¿les parece bien?

Estoy muy nerviosa por lo que dirán... D:

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