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Remiendo Un Corazón.

Autor: MaraLoneliness

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Notas del fanfic:

   One Piece y todos sus personajes son propiedad de su autor, el grandioso Eiichiro Oda. Este material es expuesto sin ningún fin de lucro y para uso exclusivo de la promoción de los personajes y la serie mencionada.

“Remiendo Un Corazón.”

Mara Loneliness.

*

   Estaba tan oscuro cuando abrió los ojos que no miraba más allá de su propia nariz.

   Recuerdo cuando entramos a la universidad, fue una época agradable, en muchos sentidos. Conocí a personas nuevas y aprendí grandes cosas, no sólo relacionadas con mi carrera universitaria, sino también con la vida...

   En esa época fue cuando tuvimos los momentos más duros y decisivos de nuestras vidas, en especial aquella noche de concierto y fiesta. La banda de Esustass tenía su debut como teloneros de un gran concierto de rock, así que todos tuvimos entradas. Los lugares eran un asco, pero no pagamos un centavo así que no nos podíamos quejarnos.

   ¡Nos divertimos a lo grande!

   Luego del concierto nos fuimos a una fiesta con la banda de rock más grandiosa del mundo (según palabras de Eustass). Fue una noche de excesos y locura y la verdad nos la pasamos increíble, pero era época de exámenes y todos teníamos que estudiar aquel fin de semana, así que amanecer en la fiesta no nos pareció una gran opción.

   Recuerdo que íbamos en dos autos porque éramos demasiados y Ace y yo decidimos conducir, éramos los únicos sobrios y los más sensatos ahí. ¿Cómo nos dividimos? Vaya que lo recuerdo, y bastante bien, es uno de los momentos que tengo más grabados en la cabeza, aun ahora, luego de tantos años.

   Ace insistió en llevarse a su hermano pequeño, después de todo no podía dejarnos hacernos cargo de un cabeza hueca como él, y su camioneta era más grande. Con él también se fueron  Killer y Bonney, los bajistas y bateristas de la banda de Eustass, respectivamente, junto con Drake, él era algo así como el manager del grupo, lo presumía bastante, en especial luego de haber conseguido aquel concierto. Siempre estuvo enamorado de Bonney. En aquella camioneta iban también Nami y Vivi, dos grandes amigas de Luffy.

   En mi auto íbamos Eustass, Zoro, Kuina y yo. Ella tampoco había bebido, pero había preferido sentarse atrás, junto a Zoro, todos sabíamos que ese par estaban muy enamorados, aunque los dos eran demasiado testarudos para aceptarlo.

   ¿Por qué estaba pensando en aquello?

   Había días en los que los recuerdos lo atormentaban un poco más de la cuenta. Se sentó a la orilla de la cama y miró el reloj. Eran las tres de la madrugada y necesitaba dormir para poder ir a trabajar al otro día, pero parecía que aquella no iba a ser una buena noche, no con todas aquellas ideas e imagines cruzándole por la cabeza.

   Giró la vista al otro cuerpo en su cama y suspiró largo y tendido. En aquella época ellos ni siquiera eran buenos amigos. Si lo pensaba fríamente, muchos de los que habían ido a aquel concierto se habían conocido esa misma noche. Acarició el rostro del moreno mientras suspiraba. El chico respingo, como si el contacto ajeno le perturbara, así que aquella caricia no había durado mucho.

 A veces quisiera no tener tan buena memoria, para así no tener que recordar cada detalle de lo sucedido.

No íbamos a exceso de velocidad, aunque Eustass insistía en que nos diéramos prisa. Al parecer estaba más cansado de lo que creíamos, quería llegar a casa y ducharse antes de lanzarse a la cama. Tenía la manía de sacar el brazo por la ventana, pues al parecer aquello lo relajaba. Kuina iba detrás de él, junto a Zoro, quien ya se había quedado dormido. Ella lo miraba de reojo a ratos, llena de amor. Era muy dulce mirarlos juntos. Recuerdo que a ratos miraba por el retrovisor y sonreía, también a ratos miraba a Eustass... las luces del otro auto aparecieron repentinamente detrás de él que no alcance a reaccionar.

Lo demás pasó demasiado rápido.

Una camioneta nos golpeó por la derecha, haciéndonos girar sobre nosotros mismos hasta terminar estrellándonos contra un muro. Todo daba vueltas. Recuerdo que solté el volante y me abrace a mí mismo recordando lo que había visto en mis primeras visitas a emergencias. La tensión siempre provocaba que las contusiones fueran más graves. La bolsa de dormir salto y me dio de lleno en la cara, mi cabeza se sacudió y sentí como si mi cerebro vibrara. Fue en ese momento cuando me desmayé.

   Mordió su labio inferior observando a su compañero de manera dudosa. Temía dejarlo solo y que se desvaneciera, hacía años que temía que se fuera a desvanecer de repente y que no regresara jamás.  Sentía su pulso acelerado, pero sabía que era a causa de las reacciones químicas que tenía su cerebro cada vez que recordaba aquel fatídico día.

   Salió y se preparó una taza de café antes de regresar a la habitación y seguir contemplando a su amigo dormir. Le reconfortaba verlo dormir porque sentía que era en los únicos momentos en los que el peliverde de verdad se relajaba. El resto del tiempo le veía tenso, dudoso, atormentado, como si tuviera un terrible secreto que lo estuviera destruyendo y que se negaba a revelarle a nadie, como si muy en el fondo quisiera que aquello que ocultaba lo destruyera de verdad.

   Sé que no duré inconsciente más un par de minutos. No pudo ser más tiempo. La cabeza me daba vueltas cuando desperté y la frente me sangraba. Agradecí eso, al menos mi cráneo no iba a inflamarse por una hemorragia interna o algo así. Tanteé mi cuerpo, buscando huesos rotos y sentí un gran alivio al descubrirme a salvo, pero mi alivio no duro mucho.

   Nos habíamos estrellado contra un muro de contención, pero primero topamos contra un poste de Luz... la parte de atrás del auto, del lado derecho, estaba desecha... compactada como si se tratase de un acordeón, y Kuina estaba ahí, entre la vida y la muerte mirando a Zoro, quien tenía un pedazo de aluminio incrustado en un ojo. Ella extendía brazo izquierdo (su única extremidad libre) hacia él, tratando de alcanzarlo.

   Comencé a pelear con el cinturón de seguridad, quería liberarme, quería socorrerlos, quería poner en práctica todo lo que sabía de medicina para que todos estuvieran a salvo... pero el maldito seguro no se soltaba... Entonces Eustass gritó.

   Aun se me estremece la piel al recordar aquel grito. Su brazo había quedado atrapado entre el auto y la pared.

   Sacudió la cabeza tratando de sacar aquello de su mente. Odiaba recordad todo con aquel lujo de detalle, y en parte le daba envidia que Zoro hubiera estado inconsciente en aquellos momentos.

   Aquella época fue un desastre para todos, pues la camioneta que golpeó a Law estaba cargada con material de construcción, y todo este acabo regado en el asfalto provocando que otros cuatro autos se accidentaran, incluyendo el de Ace.

    Recordaba que Killer había llegado hasta él y lo había sacado por la ventana porque no lograban abrir la puerta, también recordaba que había tratado de tranquilizar a Eustass, pero aquello era un trabajo difícil. El desesperado pelirrojo había acabado de desgarrarse el brazo cuando había peleado por liberarse. Le habían tenido que amputar aquella extremidad y los siguientes meses fueron una dura batalla contra la depresión, los fármacos y la perdida.

   Kuina le pidió que cuidara de Zoro antes de morir...

    Quizá por eso se preocupaba tanto, quizá por eso no lograba conciliar el sueño cuando no llegaba a dormir, quizá por eso no le agradaba que tuviera una relación clandestina con alguien a quien no podía presentarles... quizá por eso odiaba cuando lo miraba llegar lleno de moratones.

   Miró su rostro hinchado una vez más. Claramente le habían dado una paliza, claramente le daban una tres o cuatro veces al mes. En un principio había creído que estaba en un club de pelea o algo por el estilo, pero al final se había dado cuenta que no podía ser aquello porque siempre traía golpes, pero ni sus muñecas, ni sus nudillos mostraban signo alguno de lesión.

   Suspiró con pesadez. Sabía perfectamente que Zoro estaba metido en una relación toxica y eso le preocupaba. Una vez se lo había comentado a Kid...

“—Deja de portarte como su mamá, quizás el tío es masoquista.”

   Esa posibilidad lo relajaba un poco, pero aun así no podía evitar preocuparse. Zoro era su compañero de departamento, su amigo, no podía simplemente desentenderse de él como Kid esperaba que lo hiciera. En parte entendía al pelirrojo, era su novio y estaba celoso de que todos comentaran a menudo de la bonita pareja que habrían hecho él y Zoro.

   Zoro había sido muy fuerte cuando le dijeron que Kuina había muerto, incluso se preocupa más en consolar a Luffy por la pérdida de Ace. Había ayudado con los funerales de todos, incluso el de Drake, a quien casi no había conocido...

    Cuando bajé del auto seguía desorientado. Los oídos me retumbaban y la cabeza seguía dándome vueltas, pero me despreocupe de Eustass cuando Killer comenzó a jalarlo fuera. Saqué a Zoro con cuidado, sabía que si la lámina en su rostro se movía podría morir, y no quería que nadie más muriera.

   Corrí al otro auto y encontré a Bonney en estado catatónico entre los brazos de Drake... al menos por la ropa supuse que era Drake... los paramédicos me dijeron que hallaron su cabeza a seis metros del auto. Las amigas de Luffy estaban a salvo, Sanji las había cubierto y al estar al fondo de la camioneta habían evitado un peligro mayor, tenían golpes y estaban aterrorizadas, pero estaban bien.

   Ace se había quitado el cinturón de seguridad para cubrir a su hermano con su cuerpo. Una pala lo había atravesado y parte de ella se había incrustado en el cuerpo de Luffy.

   Venían detrás de nosotros, así que cuando la camioneta que los embistió se volcó, todos los materiales que llevaba detrás les habían golpeado como ametralladora. Gran parte del auto estaba desecho y seguramente Killer había salido ileso porque iba sentado detrás del hermano de Ace.

   El sol comenzó a colarse por las persianas, así que Law se levantó y entró a ducharse para poder rendir aquel día en el hospital. Casi no había dormido esperando a Zoro, y luego de recibirlo el sueño se le había esfumado. No había salido de la ducha cuando escuchó la puerta cerrarse. Suspiró largamente, Zoro se había ido.

*

   En el hospital la mañana había pasado en calma, salvo por algunas cirugías de rutina que había asistido no había nada relevante en su agenda. Las grandes operaciones requerían meses de preparación y no tenían ninguna en puerta recientemente.

—Le hace falta dormir, doctor superior Law.

   El ojigris le sonrió al médico general que lo había saludado: Bepo. Era un hombre alto y robusto que estaba especializándose en cirugía pediátrica, pero había asistido a Law en una cirugía de emergencia y desde entonces lo admiraba y respetaba profundamente—. No te preocupes, Bepo, estaré bien.

   El joven de pelo blanco y aspecto de oso polar le sujeto la frente a Law, levantándole el fleco—. Pues no tiene fiebre.

   Law le golpeó la mano, apartándolo—. Ya te dije que estoy bien, carajo.

—No se moleste así, doctor superior Law, simplemente estoy preocupado por su salud —explicó observándolo fijamente—. Esas ojeras no son normales.

   El medico suspiró largamente. Sabía que sus ojeras no eran normales, aunque como doctor era común pasar tiempo sin dormir de vez en cuando era plenamente consciente que en su caso no era para nada normal.

   Conocía a Zoro desde que entraron a la universidad, les había tocado juntos en una clase de relleno y al ser un par de antipáticos el profesor había terminado colocándolos juntos para hacer los trabajos. Al principio no se habían llevado bien, pero dos jóvenes con deseos de independizarse de sus padres habían terminado viviendo juntos aunque no estuviera en sus planes.

   Con el tiempo fue conociendo a Zoro, pues pese a su carácter un poco malhumorado estaba rodeado de personas que lo apreciaban muchísimo. Luffy parecía ser la goma que los unía a todos, y de alguna forma el terminó pegándose en aquella extraña mezcla. Ace estudiaba administración de Empresas, con Bonney y Drake... gracias a ellos Eustass también había llegado a su vida.

   En aquellos años de amistad habían pasado muchas cosas, buenas y malas. Todos habían tenido sus altibajos, unos habían sido peores que los del resto, pero poco a poco parecía que todo estaba tomando su curso y volviendo a su lugar.

   Eustass había terminado la carrera, y ahora él y Zoro tenían ese increíble proyecto de robótica en el que siempre lo estaban involucrando por ser doctor. Las cosas eran cada vez mejores para todos, y no era que él se quejara. Le iba bien en muchos sentidos, profesionalmente era una persona exitosa que no dejaba de superarse, estaba en una increíble relación con alguien a quien amaba... pero los años pasaban e inevitablemente quería avanzar, casarse, adoptar un par de niños, comprar una casa, tener una mascota...

Anduvo en silencio del hospital hasta la universidad para buscar a Zoro, no había planeado ir, simplemente había empezado a caminar y sus pies lo habían terminado llevando hasta ahí, al taller donde él y el pelirrojo siempre estaban metidos. Miró la hora en su celular, luego que el guardia le diera pase, sabía que a esa hora Eustass aún no regresaría de su cena, así que aprovecharía para hablar con Zoro mientras lo esperaba (cómo si hubiese ido a verle). Se maldijo en silencio, pero prefirió no pensar más en aquellas tonterías... el cielo estaba nublado y él no quería pensar en nada...

   Aquella mañana había estado estudiando para uno de mis exámenes finales. Zoro no había llegado a dormir y la verdad no me preocupada, estaba haciendo su proyecto de residencia y en ocasiones no regresaba a dormir por quedarse en la biblioteca o el laboratorio.

   Me estaba preparando un café cuando la puerta se abrió de golpe y él se quedó recargado ahí con una sonrisa de idiota dibujada en la cara—. ¿Te pasa algo?

—No —respondió de inmediato, intentando calmarse, pero aquella sonrisa no se le borró en todo el día, incluso recuerdo que duró varias semanas luciendo así: como idiota.

   Al llegar al taller le extraño que la puerta estuviera atrancada, el guardia le había dicho que Zoro seguía ahí. Suspiró hastiado. «Seguramente se quedó dormido.» hizo tronar su cuello, tratando de relajarse y luego fue a donde los lockers a sacar la llave extra que sabía que Eustass siempre tenía ahí.

“—Puedes usarla cuando quieras venir a darme una mamada sorpresa.”

   El pelirrojo no era muy romántico, pero siempre lo tomaba en cuanta aunque tuviera que hacer esas bromas en doble sentido que a veces resultaban desesperantes.

   El cielo tronó con ganas y la lluvia comenzó a caer con fuerza sobre él. Corrió hasta el pórtico y comenzó a quitar el cerrojo mientras recordaba la primera vez que Zoro había vuelto a casa echo un desastre.

   Aquella vez se ausentó una semana, pero aun podía seguir con mi vida sin preocuparme en exceso, sabía que estaba saliendo con alguien, se le notaba en la sonrisa de idiota que siempre traía encima, pero aquel jueves que volvió esa sonrisa ya no estaba más en su rostro...

—¿¡Pero qué carajos...!? —tiré la silla en la que estaba sentado y me olvide completamente de mi comida en cuanto lo mire cruzar el umbral.

—¡Ah! —me vio, al parecer no esperaba encontrarme ahí, y seguramente no lo habría hecho si no hubiese tenido una larga cirugía de emergencia la noche anterior y me hubieran enviado a casa como premio—, estas aquí.

   Su ropa estaba hecha girones, sucia como si se tratase de un vagabundo. Apestaba a alcohol y a orines y los golpes en su rostro eran terribles. Tenía un parpado inflamado y cojeaba—. ¿Qué te paso? —esperaba que me explicara un accidente o un asalto, creo que esperaba cualquier cosa, excepto lo que recibí.

—Soy un idiota.

—¿Qué?

—Debí entenderlo... —se mordió el labio inferior y no me miró.

—¿De qué hablas?

—Pude evitarlo de haber entendido...

—¿¡De qué carajos hablas!? —lo tomé de los hombros y lo zarandeé. Estaba como en trance y no me miraba. Quería que me mirara.

—No preguntes... —fue la primera vez que me dijo aquellas palabras—, por favor, no preguntes... no quieres saberlo...

   Lo ayude a ducharse y curé sus heridas sin decir nada más, no quería presionarlo, pensé que si lo dejaba tarde o temprano acabaría contándome lo que le pasaba, pero no lo hizo. Los años pasan y él está peor y no me dice nada. Temó que un día voy a encontrarlo muerto en la morgue del hospital...

   Empujó lentamente la puerta, era enorme y pesada y le costaba trabajo abrirla solo. Iba a entrar, pero se detuvo en el umbral cuando un par de siluetas resaltaron al fondo, a contra luz... Su amigo estaba con la cara contra el suelo y el culo levantado recibiendo a alguien, a alguien que no distinguía en la oscuridad. Lo miró tomar una varilla y comenzar a golpear al peliverde en la espalda.

   Su primer impulso fue ir a sepáralos, pero el peliverde comenzó a jadear y a decir cosas obscenas que dejan claro que aquello era algo que quería.

   Apartó la vista y se fue. No quería saber más de aquello, no quería seguir escuchando a su amigo auto flagelarse mientras un desgraciado lo golpeaba y lo insultaba como si fuera basura.

“—No preguntes, no quieres saberlo...”

   Corrió bajo la lluvia maldiciendo todo, maldiciéndose a sí mismo por haber tenido que ver aquello. Se protegió de la lluvia bajo el pórtico de una cafetería, su corazón estaba acelerado y sentía que le faltaba el aire. «Es por haber corrido.» Se repetía sin dejar de hiperventilar. El aire no le llegaba a los pulmones y la cabeza le daba vueltas...

—¿Law? —se sobresaltó al escuchar su nombre. Pegó un brinco y estuvo a punto de echarse a correr, pero una mano en su hombro lo paró—. ¿qué te pasa?, ¿estás bien?

   Parpadeó un par de veces hasta reconocer la silueta femenina frente a él. Era Vivi—. Yo...

—¿Por qué lloras?

   Se llevó las manos hasta los ojos y comprobó que lagrimales estaban funcionando. Abrió los labios intentando decir algo, pero los volvió a cerrar al no tener idea de los que quería decir.

—Tranquilo —la chica lo palmeó un par de veces, y él comenzó a acercarse a ella sin darse cuenta—, todo estará bien... tranquilo...

   Él se dejó abrazar por la chica, se dejó consolar y reconfortar un poco, aunque sabía que no podría cambiar nada. Le había dolido ver a Zoro así, sometido, sumiso y entregado a quién quiera que fuera ese hombre. Le había dolido darse cuenta que el peliverde no confiaba en él y seguramente nunca lo haría. Le había dolido no poder hacer nada por él.

   Quería salvarlo, quería acercarse a él y decirle que todo estaba bien, que no tenía que soportar aquello, que él estaba ahí para ayudarlo a remendar su corazón... pero no era cierto, él estaba con Eustass y no podía salvar a Zoro mientras fuera así. «Quiero curar su corazón.» Un hueco le presionó el pecho. «Quiero salvarlo.»

   Era doctor y sabía que físicamente el dolor que lo llenaba no tenía sentido, pero al mismo tiempo sabía que era el primer dolor real que sentía en su vida. Su corazón estaba roto y le dolía, y fue entonces cuando entendió que su preocupación y obsesión por cuidar a su amigo no tenía nada que ver con la fraternidad del compañero o la promesa hecha a una moribunda, más bien tenía que ver con lo que realmente sentía...

   Su corazón se había roto y no podía decírselo a nadie, ni a Vivi que lo consolaba, ni a Zoro que estaba con otro, ni a Eustass que nunca se lo perdonaría. Su corazón se había roto y tendría que remendarlo él solo.

FIN.

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