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Perdona si digo que te amo

Autor: Parepi_

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Notas del fanfic:

Después más de un año de haber dejado esta historia al aire, finalmente decidí retomarla. Me disculpo con todos aquellos que seguían la historia, no saben lo mal que me siento por haberlos dejado así y simplemente desaparecer. Pero ahora prometo terminarlo, ya tengo tiempo libre para poder seguir escribiendo, y mi cerebro está colaborando nuevamente en esto. Espero que lo disfruten

Notas del capitulo:

Que no los aburro con mis discursos más, eso será al final jaja <3 

 

El sol volvía a alumbrar otro día a una no tan grande ni tan pequeña ciudad. Los pájaros cantaban, las personas comenzaban a despertar y empezar sus labores.

Un rayo de sol se coló a través de la ventana de un departamento despertando a una castaña, la cual pesadamente se comenzaba a levantar. Sin embargo, el sueño le ganó e hizo que se recostara nuevamente, pero el sonido de un despertador le impidió volver a dormirse. Finalmente se despertó y, a regañadientes, se levantó de la cama.

 – Maldita sea –se quejó mientras bostezaba –, tengo mucho sueño –dijo mientras apagaba aquel aparato que la había despertado.

Se quedó un rato parada, casi a punto de dormirse, pero antes de ceder ante el sueño sacudió rápidamente su cabeza de un lado a otro.

 – Despierta Tatiana, tienes que bañarte. –se dijo a sí misma tomando una toalla y caminando hacia el baño.

Ella era Tatiana Vernacci, una chica de 16 años con una piel blanca ligeramente bronceada, cabello castaño claro y ondulado hasta un poco más debajo de los hombros, poseedora de unos dulces ojos color miel.

Y mientras ella tomaba una ducha, en otra parte de la ciudad, más específicamente en una mansión, una ojiazul terminaba de vestirse mientras se miraba en un enorme espejo que estaba en la pared. Estaba sumergida en sus pensamientos mientras veía su reflejo hasta que unos golpes en la puerta la devolvieron a la realidad.

– Adelante – pronuncia elegantemente.

 – Señorita Emily, el desayuno está servido. Su padre la está esperando. –dijo una chica que vestía un delantal blanco abriendo la puerta.

 –Entiendo, gracias. Bajaré enseguida.

 La criada hizo una leve reverencia antes de retirarse

 – Aquí vamos de nuevo, a empezar esta tonta actuación. –susurró antes de abandonar su habitación con dirección al comedor.

 Ella era Emily Klett, una chica de 16 años con una piel blanca pálida, cabello negro y lacio hasta la cintura, dueña de unos profundos ojos color azul noche.

Ese día parecía ser uno más en la vida de ambas chicas, solo había algo distinto: Ese lunes acaban las vacaciones de verano dando inicio al nuevo año escolar para todos los niños y adolescentes que estaban en el colegio. Y, tanto la ojimiel como la ojiazul, cursaban su último año de secundaria.

Ambas salieron de sus casas, aunque en diferentes horarios y maneras distintas.

Emily, por su parte, salió de su casa tranquilamente a las 7 y fue llevada por su chofer en una camioneta oscura hasta el colegio mientras leía un libro en el trayecto.

Tatiana, por su parte, salió a las 7:40 de su casa y, prácticamente corriendo, se dirigía a la parada del bus rogando llegar a tiempo pues las clases empezaban a las 8. Felizmente para ella, llegó a tomar a tiempo el bus. Se sentó en uno de los tantos asientos vacíos y comenzó a comer un pan con jalea el cual era su desayuno.

Finalmente logró llegar a su destino a tiempo, al  Colegio Nerethia Seal, el cual era uno de los colegios más prestigiosos y caros de aquella ciudad. Contaba con dos edificios, uno completamente dedicado a cursos generales, y el otro dedicado solamente a artes; y una gran área deportiva con piscina incluida; todo por una gran verja de al menos tres metros de altura.

Tatiana se quedó admirando momentáneamente el gran edificio frente a ella, a pesar de haber estudiado ahí por un buen tiempo siempre le sorprendía lo grande que era.

Pasó por el gran portón saludando con una sonrisa al vigilante y dirigiéndose a su salón. En el transcurso hacia este, varios alumnos e incluso profesores la saludaron, a lo que ella solo respondía con una sonrisa y un “Hola” o “Buenos días”. Se podría considerar que Tatiana era alguien ‘popular’, pues su personalidad optimista y amable era algo que sobresalía. Sin embargo, ella a eso no le daba importancia, y hasta había veces que le llegaba hasta a incomodar tener tantas miradas sobre ella, pero no decía nada y solo atinaba a sonreír.

Cuando por fin llegó a su nuevo salón de clase, el cual se encontraba en el tercer piso, se dirigió a un asiento vacío cualquiera por el medio y puso su mochila. Se sentó y soltó un suspiro agradeciendo haber llegado a tiempo. No pasó mucho para que su asiento estuviera rodeado por varios de sus amigos, los cuales eran la gran mayoría del salón.  

En esa misma aula se encontraba una Emily sentada en la primera fila en un asiento que quedaba junto a la ventana. Estaba leyendo el mismo libro del trayecto, pero al cabo de un rato se le dificultó concentrarse en la lectura dada la bulla que comenzaba surgir asientos más atrás. Dejó de lado su lectura para soltar un leve suspiro.

«Otra vez en la misma clase», pensó mientras fijaba su vista en el paisaje fuera de la gran ventana a su costado. Se perdió en sus pensamientos un rato hasta que sintió una mirada sobre ella «¿De nuevo?», se preguntó mentalmente mientras giraba su cabeza y buscaba a la persona que la observaba. Recorrió el salón con su mirada hasta que sus ojos se toparon por un segundo con los ojos de otro estudiante, éste inmediatamente desvío la mirada. «Nunca lo había visto, debe ser nuevo»fue lo que se dijo mentalmente mientras regresaba su vista a su libro

Se podría decir que Emily también era popular pues, al igual que la Tatiana, era conocida tanto por los alumnos como los profesores. Sin embargo, la diferencia era que Emily no era conocida por su personalidad, sino por sobresalir en todas las materias y, sobre todo, por pertenecer a una familia adinerada. Pero ella tampoco le daba importancia, prefería pasar desapercibida y apartarse de las personas leyendo un libro, repasando uno que otro tema o escribiendo en su cuaderno cosas al azar. Las personas que trataban de hablar con ella siempre terminaban alejándose por su fría actitud. Pero, a pesar de ser fría y asocial, seguía siendo popular, más que nada con los estudiantes nuevos que quedaban encantados con su belleza.

La campana sonó haciendo que todos los alumnos entraran a sus respectivas aulas y tomaran asiento. Los tutores de cada salón fueron a presentarse a sus respectivos grupos, explicando cómo iba a ser ese año escolar, los eventos escolares y las reuniones familiares que iban a haber próximamente, luego tomaron lista de asistencia e hicieron que los alumnos se presenten. Luego de unas dos horas, la campana sonó anunciando el inicio del recreo.

La mayoría de los alumnos salieron a prisa del salón, dirección al patio o a una de las diferentes tiendas del comedor. Entre ese grupo se encontraba Tatiana, dirigiéndose a la tienda que había en el primer piso con sus amigos. Fue tranquilamente hablando y riendo con ellos hasta que, estando a punto de llegar al comedor, llevó la mano hasta el bolsillo de su falda y se percató de que se había olvidado su dinero en su mochila.

– Mierda –susurró –. Oigan, ¿me pueden esperar? Me he olvidado mi dinero en mi mochila.

– ¿En serio? Serás tarada –dijo Fernanda, una de sus tantas amigas, riéndose ligeramente ante la torpeza de la ojimiel –. Anda nomas, nosotros iremos cogiendo una mesa.

– ¿Quieres que lo traiga yo? Prometo no robar nada –preguntó bromeando Antonio, otro de los tantos amigos de la ojimiel.

– Serás idiota –dijo mirándolo frunciendo el ceño pero con una sonrisa –. No confío en tu palabra, mejor voy yo.

– ¿Segura? Si quieres puedo acompañarte.

– Sí, sí. Segura –respondió dando media vuelta –.No te preocupes, puedo ir sola –le sonrió por última vez a Antonio, luego se dirigió corriendo a las escaleras.

– Que pena, te acaban de rechazar – comentó una chica de nombre Camila.

– ¿Qué? ¿De qué hablas? –cuestionó ligeramente sonrojado.

– No te preocupes amigo, estamos aquí para ti –dijo con una sonrisa un chico llamado David.

– Sabes que puedes llorar en nuestro hombro. Tranquilo –agregó otro chico, éste se llamaba Marcelo, y tenía una sonrisa divertida.

– Serán idiotas –bufó Antonio apartando la mirada, intentando en vano ocultar su sonrojo.

Mientras tanto, Tatiana había llegado ya al salón de clases.  Cuando entró se dirigió directamente a su asiento, cogiendo su mochila y sacando su dinero; pero en cuanto se dio media vuelta para volver al comedor, se percató de que aún había una persona en el salón.

Emily estaba tranquilamente sentada en su carpeta leyendo su libro pasando las páginas con su mano izquierda mientras que con su mano derecha sujetaba un sándwich. Pero en medio de su lectura sintió una mirada sobre ella, extrañada levantó la vista y giró la cabeza, encontrándose con unos ojos color miel que la miraban fijamente.

– ¿Se te ofrece algo? –preguntó con ligera molestia, pero tratando de no sonar descortés.

 A Emily no le agradaba para nada Tatiana.

– No, nada. Solo vine por el dinero que había olvidado –respondió la castaña levantando un billete, como queriéndola convencer de que era verdad.

– Ya veo –susurró mirando momentáneamente el billete, luego volvió a posar la mirada en Tatiana.

Se quedaron observando de nuevo en silencio.

– ¿Segura que no se te ofrece algo? –cuestionó nuevamente.

– Segura, ¿por qué lo preguntas? –respondió sonriendo.

– Pues, no me quitas la vista de encima, así que pensé que querrías algo. –esta vez su tono de voz era ligeramente más rudo: no le gustaba para nada la sonrisa de la ojimiel.

 – Lo siento, no pude evitarlo–se rascó la nuca aparentando nerviosismo –. Oye…

– ¿Sí…?

Tatiana se quedó en silencio, como meditando lo que iba a decir. Pero al cabo de un rato negó con la cabeza más para ella misma que para la ojiazul.

– No, nada. Disculpa –dijo finalmente. Se dio media vuelta y, luego de un gesto de despedida con la mano, salió del aula.

Al quedarse nuevamente sola, Emily volvió la vista a su libro y soltó un suspiro. «Ella en serio no me cae bien» pensó mientras le daba un mordisco al sándwich que llevaba en su mano. «Odio a las personas como ella»se dijo mentalmente antes de proseguir con su lectura.

Tatiana, por su parte, bajaba las escaleras tranquilamente pensando en el reciente encuentro con la ojiazul. Ella siempre veía sola a Emily, en los dos años que habían compartido salón nunca había visto a alguien acercársele, o a alguien que durara mucho a su lado. Al principio no entendía el porqué de esto así que se lo preguntó a sus amigos, éstos le dijeron que varias personas se le acercaron, incluso varios de ellos querían entablar amistad con ella, pero Emily siempre los alejaba con su fría actitud.

Ella también varias veces había intentado hablar con Emily, pero aquellos ojos azules eran tan profundos y penetrantes que se sentía totalmente desnuda e indefensa, así que nunca podía continuar con la conversación. Así como hace unos minutos, la ojimiel quería invitarla a comer con ella y sus amigos, pero nuevamente esa mirada la hizo flaquear y fallar.

Pero no se iba a dar por vencida. Estaba decidida a terminar siendo amiga de Emily cueste lo que cueste. Era algo así como su meta personal. Y es que simplemente no podía dejar a una persona sola, era el tipo de chica que cuando veía a alguien en problemas no podía evitar ayudar, así mismo cuando veía a una persona sola no podía evitar ir a hablarle.

Cuando Tatiana llegó finalmente a la cafetería, se topó con la cómica escena de un sonrojado Antonio siendo abrazado por unos divertidos David y Marcelo, siendo fotografiados por unas sonrientes Fernanda y Camila.

– ¡Oigan! –exclamó llegando hasta la mesa donde estaban sus amigos– ¿Qué pasó?

– ¡Tatiana! –gritó Fernanda.

– Llegas en el momento justo –dijo Camila.

– ¿Qué? ¿Por qué? –preguntó confundida pero con una sonrisa en su rostro.

– ¡Marcelo! ¡David! –los llamó Camila – ¡Miren quien llegó!

En ese momento Marcelo y David dirigieron su mirada hasta donde estaba Tatiana, sonriendo de oreja a oreja. Se acercaron llevando prácticamente a horcajadas a Antonio.

– ¡Tatiana! –levantó su pulgar mientras mantenía su sonrisa– No te preocupes, tenemos la situación bajo control.

– Se fuerte Antonio, estamos de tu lado –dijo divertido Marcelo mientras abrazaba más al sonrojado chico.

– No entiendo nada – Tatiana intercalaba la mirada entre ambos chicos –. ¿Qué está pasando?

– ¡AHHH! –gritó Antonio liberándose con esfuerzo del abrazo de sus amigos – ¡NADA! ¡NO ESTA PASANDO NADA! –miró a la castaña ligeramente sonrojado – No pasa nada, solo que estos tarados estaban haciendo tonterías de nuevo.

– ¿En serio? – preguntó sonriente la castaña – Recién es el primer día y ya empezaron con sus tonterías. Son un caso perdido.

– Lo tomaremos como un cumplido –comentó sonriendo Marcelo –. Cambiando de tema, ¿trajiste el dinero? Ya me dio hambre.

– Eres un tragón –dijo Fernanda –. ¡Cuando salimos del salón te comiste dos panes con pollo!

– ¡Eso es poco! –se defendió Marcelo – Normalmente suelo comer cuatro.

– No entiendo dónde te cabe tanta comida –comentó Camila.

–  Ya, ya –se apresuró a intervenir Tatiana –. Sí traje el dinero, ¿vamos a comprar?

– ¡Vamos! –gritó Marcelo.

Caminaron hasta la tienda y, juntando el dinero de todos, compraron algunos snacks y refrescos. Volvieron a la mesa donde estaban y comenzaron a comer.

Cuando volvió a sonar la campana, todos los alumnos a regañadientes se dirigieron a sus respectivas aulas. El resto del día fue para la presentación de los profesores que iban a tener en cada materia, entrega de los horarios y libros de comunicación y matemáticas. Como era el primer día, solo se quedarían hasta la 1 p.m.

A la hora de salida, varios alumnos salieron corriendo cual preso libre después de salir de prisión. Tatiana también caminaba junto con sus amigos al gran portón, pero en el trayecto se desvió antes al baño para poder hacer sus necesidades.  

Se despidió de sus amigos y fue hasta los servicios del primer piso. Después de descargar y lavarse las manos, se dispuso a salir del colegio con dirección a su casa, pero al percatarse de una caballera negra que se dirigía a la biblioteca cambió repentinamente la dirección a la que se dirigía.

Emily no quería ir a su casa, o al menos no por ahora; así que decidió ir a la biblioteca del colegio para hacer hora. Le envió un mensaje a su chofer avisándole que se demoraría en salir y luego procedió a sentarse en alguna mesa libre, las cuales sobraban en ese momento. Sin embargo, cuando ya había sacada su libro y estaba a punto de empezar su lectura, escuchó unas pisadas detrás de ella. Eso la extrañó, mas no le dio importancia y comenzó su lectura;  pero cuando comenzó a sentir una mirada sobre ella paró de leer y se giró, topándose con una ojimiel que detuvo su paso en cuanto hubo contacto visual.

Ambas se quedaron mirando. Tatiana tenía una sonrisa que trataba de disimular su nerviosismo, Emily permanecía seria y con el ceño ligeramente fruncido.

– ¿Se te ofrece algo? –preguntó Emily mirando fijamente los mieles ojos de la castaña.

Tatiana, nuevamente, se sintió desnuda e indefensa ante aquella mirada. «¡¿Cómo puede ponerme tan nerviosa con tan solo mirarme?!» se preguntaba mentalmente, casi recriminándose por ello. Pero estaba decidida, y tomando un poco de aire comenzó a hablar.

– Si –respondió firme dejando ligeramente sorprendida a Emily –. Quiero hablar contigo, ¿puedo?

–  ¿Por qué?

–  Porque quiero que seamos amigas –respondió sonriendo de medio lado.

–  No, no quiero ser tu amiga –dijo tajante.

– ¿Q-qué? –preguntó confundida y desconcertada - ¿Por qué?

–  Porque no necesito tu pena. Además, odio a las personas doble cara como tú –en medio del contacto visual no pudo evitar que una pizca de odio se escapara a través de sus pupilas.

Tatiana se congeló en su sitio, contuvo la respiración por un par de segundos.

–  ¿Doble cara? –se hizo la desentendida.

–  Sí, personas que no muestran cómo se sienten realmente, actúan contradiciendo sus pensamientos, sonríen cuando en realidad quieren gritar, fingiendo ser alguien más menos ellos mismos –hizo una leve pausa para clavar más sus ojos en Tatiana –. Personas como tú.

La castaña no sabía que responder. Nunca nadie le había dicho algo como eso, nunca antes alguien le había dicho en voz alta los pensamientos que cruzaban su cabeza pero que evitaba afrontar a toda costa, nunca antes alguien había visto bajo su fachada. Pero ahora esa chica con ojos azul noche simplemente la había descubierto. ¿Casualidad? ¿Coincidencia? ¿Lo dijo por decir o en serio era por qué vio a través de ella? No lo sabía, pero Emily simplemente la había despertado de su mentira, aquella mentira en la cual llevaba tanto tiempo encerrada.

Tatiana la miró fijamente, tratando de adivinar qué era lo que pensaba, intentado saber cómo la había descubierto, pero fue en vano. Recurrió a su última opción en ese momento, y forzó su voz a salir. 

– ¿Cómo? –susurró.

– ¿Qué? –preguntó, pues no la había escuchado.

– ¿Cómo te diste cuenta? –repitió ahora subiendo su tono de voz.

– Pues… –la ojiazul meditó unos segundos su respuesta – Se podría decir que estoy tan acostumbrada a las mentiras y a las personas falsas que sé identificar este tipo de cosas.

– ¿Acostumbrada a las mentiras y las personas falsas? ¿Cómo es eso?

– Nada que te importe –dijo guardando su libro y agarrando su mochila – Ya me tengo que ir.

Emily pasó por el costado de Tatiana sin despedirse ni mirarla y se dirigió a la salida. La ojimiel la iba a detener, pero pudo notar la molestia en la mirada de la de ojiazul, así que optó por no hacerlo y simplemente dejarla marchar. Se quedó unos minutos ahí inmóvil, solo meditando lo que acababa de suceder; y luego de darle vueltas simplemente negó para sí misma y se fue.

Mientras caminaba hacia la parada del bus, no pudo evitar que su mente se llenara de imágenes de la ojiazul. Se detuvo en seco, levantó su cabeza y fijó su vista en el cielo, y mientras veía las nubes pasar una ligera sonrisa melancólica se formó en su rostro.

– Así que alguien a parte de ella pudo ver a través de mí. Y de todas las personas que conozco, tuvo que ser una chica con la que casi no he hablado –soltó una ligera risa sarcástica. Volvió a fijar su vista hacia el frente y siguió caminando –. Emily Klett…

Por su parte, la ojiazul estaba ya en su limosina encaminándose hacia su casa. Tenía el ceño fruncido y miraba a través de la ventana. Realmente, aquella conversación que tuvo en la biblioteca la había puesto de mal humor.

– Realmente no te soporto Tatiana Vernacci.

Notas finales:

Si alguien leyó anteriormente la historia está aquí (por cierto te loveo mucho si sigues aquí después de mi ausencia <3) notará que he editado la historia. Pensé en simplemente seguirla donde la dejé, pero preferí corregirla desde el principio para así subirla nuevamente y tanto ustedes como yo pueda adentrarse nuevamente en la historia. He cambiado algunas cosas con tal que la historia se desorrolle de mejor forma, así que espero que les agrade <3 

¡Nos leemos pronto! 

Ahora sí, en serio será pronto <3 

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