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Un chico como tú por perv_muse

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El problema de la mayoría de los estudiantes de instituto es lidiar con algunos cambios corporales, los exámenes parciales y finales; preocuparse de no ser expulsados y lograr ir a las fiestas más importantes del curso. Para mí, la pesadilla era un chico de grado menor que se empeñaba en hacerme la vida una mierda, Han SangHyuk, usualmente conocido como Hyuk solamente, era el típico chico de buen aspecto, popular, excelente en los estudios, el más deseado entre las estudiantes, casi una eminencia para los maestros, el único defecto que tenía era su amor por joderme.

—Entonces, qué dices Leo ¿Saldrás conmigo? —escucharlo decir aquello era el colmo mismo, si ya era bastante difícil ser gay y que toda la escuela lo supiera (cortesía suya), ahora tener que lidiar con su nueva diversión la cual parecía consistir en ver si lograba seducirme, era demasiado, pero no tenía muchas armas para defenderme.

—¿Por qué? ¿Ahora también te gustan las "pollas"? —una enorme sonrisa de ensanchó en su rostro mientras se sentaba sobre mi pupitre, clavándome si penetrante mirada.

—Quizá —apreté los labios con fuerza, tomando mis cosas para meterlas dentro de mi mochila, pero su mano agarró mi brazo, impidiendo que saliera del salón o qué me alejara poco más de cinco centímetros de él—. No voy a soltarte hasta que me respondas.

Inspiré profundo, tenía cálculo avanzado en menos de diez minutos y cruzar todo el instituto corriendo me llevaría al menos cinco y si quería un buen lugar cerca del frente tenía que irme ya.

—Bien, el viernes a las ocho en Shangri-la —SangHyuk me soltó sorprendido—. Si llegas tarde estás muerto.

—Es una cita entonces.

Sonreí con apatía y salí, de verdad que aquel sujeto debía ser un estúpido si creía que realmente asistiría a una cita con él, es decir, el hecho de que se la pasará intimidándome no era razón para que lo obedeciera.

Entre a mi siguiente clase, sonriendo triunfante, aún había un asiento disponible en la primera fila; la felicidad se disipo en segundos, para mí mala suerte era junto a mi antiguo mejor amigo, Suho, presidente del consejo estudiantil y el chico más amable y atractivo de todo el colegio, desafortunadamente SangHyuk había arruinado esa relación al exponerme, revelando mi amor secreto por él. Tal

Tomé el lugar a su lado, ignorándolo por completo, no desecharía aquel buen lugar solo por evitar un momento incómodo.

—Taekwoon —me llamó, tuve que relajarme antes de mirarlo con una expresión neutra y los puños bien cerrados bajo el pupitre.

—Hola —era la primera vez que hablábamos en más de seis meses tras mi vergonzoso accidente. Era demás decir que yo fui quién se alejó y es que, cómo verlo a la cara sabiendo que conocía mis sentimientos.

—Luces bien, ¿Cómo has estado?

Su expresión era tan simple y sincera como siempre, pero aún no podía borrar de mi mente la forma en la que me había visto aquel día.

—He estado bien.

El profesor llego antes de que aquella conversación se prolongará, lo que agradecí mientras enfocaba toda mi atención en la integración por partes.

Llegue a mi casa pasadas las seis, mi madre hacia una deliciosa pasta rose mientras mi hermana veía algún nuevo anime en la televisión, subí a mi habitación, deje la mochila sobre el escritorio y me tumbe sobre la cama, mirando mi teléfono, sentí un hundimiento en el colchón, observe a mi perro, un bedlington terrier que había adoptado hace poco, actualmente mi única compañía. 

—Siwol~ —lo llame, caminó lentamente entre las cobijas hasta llegar junto a mí, lamiéndome los dedos de las manos—. ¿Qué debería hacer? Faltan tres meses antes de acabar el instituto.

Me entristecía el que pronto acabaría la escuela y no me llevaría ningún buen recuerdo a la universidad, ni siquiera un amigo, no entendía como había terminado siendo algo parecido a un marginado, bueno si lo sabía, pero de pensarlo solo sentía ganar de asesinar a una persona. 

—Wonnie, la comida está lista —Haru, mi hermana pequeña entro, lanzándose junto a Siwol, mirándome con curiosidad—. ¿Estás bien?

—Si, solo lo de siempre.

—Yo podría presentarte a mis amigos gay —el comentario de Haru me hizo soltar una carcajada—. Son lindos y apuesto a que se pelearán por salir con un chico de instituto.

—Tienen catorce y yo estoy a punto de cumplir dieciocho.

—La edad es solo un número, Taekwoon.

—Y la cárcel es solo un cuarto, largo de aquí enana —Haru sonrió tomando a Siwol en sus brazos, mostrándome la lengua antes de salir de mi habitación, adoraba a esa niña, esperaba que jamás pasará por lo mismo que yo.

La cena fue lo esperado, mi madre hablando de cuan interesante era el caso en el que mi padre trabajaba actualmente, era uno de los abogados de una importante firma y si resolvía bien la última demanda que enfrentaba podía ser ascendido a socio, y Haru por su parte nos contaba lo divertida que era su clase de teatro. Yo no tenía nada que compartir además de mi sobresaliente en la clase de química, y quizá el que mañana dejaría plantado a SangHyuk, pero mi madre desconocía mi situación, no necesitaba preocuparse.

El día siguiente como cualquier otro, salvó porque SangHyuk decidió que era una gran idea lanzarme besos durante el almuerzo y que pronto se extendió el rumor de que transferirían a un nuevo estudiante, lo cual no tenía demasiado sentido considerando que saldríamos en apenas unos meses.

—No olvides lo de hoy —estaba recogiendo mi taquilla cuando SangHyuk paso a recordarme que aquel día lo dejaría plantado.

—¿Cómo olvidarlo? —le di mi sonrisa más cínica, mirando a mi alrededor, casi no había nadie en el pasillo—. ¿Tus amigos saben de esto?

—No tengo nada que ocultar, Leo —de repente me tenía acorralado entre la puerta y su cuerpo, por lo que lo empuje sin rudeza, recuperando mi espacio personal—. Aunque tengo curiosidad de algo ¿Por qué Shangri-la?

—James Hilton lo describió como un paraíso terrenal.

—En Horizontes Perdidos, lo sé, pero...

—Es una analogía, SangHyuk, ¿No vamos tú y yo al paraíso? 

—Que romántico —enarco ambas cejas dándome una sonrisa plana—. Eres muy raro.

 

—Y tú muy idiota, ahora déjame en paz, tengo que ir a clase de cálculo.

—Salúdame a Suho.

Azote mi casillero antes de darle la espalda e irme, tenía muchas bolas para decirme algo como aquello.

Para cuando llegue a mi clase sentí que la vida debía de odiarme mucho, nuevamente el único puesto al frente era junto a Suho, y viendo el reloj faltaba poco más de ocho minutos para que el profesor llegara, no quería tener que estar junto a él cuando tenía el presentimiento de que empezaría a hablarme, tal como el día anterior, pero si me iba no tendría un mejor asiento que aquel; respire profundo antes de resignarme a pasar y tomar lugar junto a él.

—Taekwoon —su voz sonaba tan animosa que me daba nauseas, sonreí incomodo sin contestar, esta vez no daría pie a que empezáramos una conversación, menos aún después de lo de SangHyuk.

Suho pareció entender mi distanciamiento y no volvió a dirigirme la palabra durante el resto de la clase, sin embargo, al término de la misma fue totalmente lo contrario cuando me abordo en la puerta cuando ya todos se habían ido.

—Oye, solo quería decirte que el próximo fin de semana haré una fiesta y quería saber si tu…

—Suho, se lo que estas tratando de hacer —el rostro se le descompuso en una mueca triste—. No tienes por qué hacerlo, no quiero arrastrarte a este lado inmundo, y aprecio el intento, pero va a ser mejor si seguimos como hasta ahora, igual que aquel día.

—Yo te extraño… por favor, solo… volvamos a ser como antes ¿sí? —su mano busco la mía, pero la aparte bruscamente—. Leo…

—Me tengo que ir a casa, y por favor, no vuelvas a llamarme así.

Aquella tarde la pase en casa con Haru, quien por cierto de verdad había cumplido con lo que me dijo, presentarme a sus amigos de la escuela, y aunque era un gesto adorable, de solo verlos ya sentía la mitad de mi en la cárcel. Uno de ellos se llamaba Jisung, el más joven, tenía catorce y era demasiado adorable, pero no me hacía sentir ningún tipo de atracción, al igual que cualquiera de los otros.

Eran cuarto para las ocho cuando mire mi reloj, era hora de comprobar lo imbécil que era SangHyuk, subí a mi habitación tome una chamarra de capucha junto con un cubrebocas y unos lentes, luego salí, iría a Shangri-La, pero no como la cita del estúpido de SangHyuk, sino como un espectador de su humillación.

 

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