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El hilo que nos une por gloomyfairy

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Notas del fanfic:

Esta es mi primer fanfic largo y es una historia basada en los personajes del anime Los Caballeros de Zodiaco, por tanto los personjes no me pertecen. 

Actualizaré las referencias conforme suba la historia.

Notas del capitulo:

En este primer capítulo Shun se encontrará con una persona, ¿esta persona será a quién ha estado esperando?, ¿sus meñiques estarán unidos al hilo del destino?

Qué harías si pudieras saber de antemano quién es esa persona que tiene su vida entrelazada a la tuya. A caso sería más simple el enamorarse y planear una vida junta ella, o por el contrario esto sólo lo complicaría más. Estos eran los pensamientos de un joven de ojos verdes, que se cuestionaba acerca de una historia que había leído hace algún tiempo. Esta hablaba de un hilo rojo que une los meñiques de las personas destinadas a estar juntas. Según esta historia el hilo podía enredarse y tensarse, pero nunca se rompería. No importa la distancia siempre te encontrarías a esa persona.

Cuando había leído esta historia, lo había tomado como mera superstición, pero en estos momentos, su corazón se encontraba destrozado. Hace poco había salido de una relación muy problemática, se habían lastimado mucho ambas partes. Esto le hacía pensar que quizás sí hubiera sabido de antemano que esa persona no era la indicada, sólo quizás las cosas hubieran salido mejor. Ahora que se encontraba acostado en la cama, lamentaba haberse involucrado en una relación con su mejor amiga de la infancia, June.

– ¿Shun? – lo llamó su hermano, se encontraba preocupado ya que los últimos días lo había visto muy deprimido. Cuando supo que su hermano tenía una relación June le dio gusto. Pero se sentía mal porque no salió bien, él fue el testigo de cómo se habían lastimado y ahora lo único que podía hacer era tratar de ayudar a su hermano a superarlo.

– Ikki, si no te molesta quiero estar sólo – esto lo dijo esperando que su hermano se fuera, no quería preocuparlo, pero sentía que necesita tiempo para sanar sus heridas.

– Bueno, si necesitas algo, házmelo saber – lo dijo con un tono decepcionado y se retiró.

Shun hundió la cabeza en la almohada, se sentía mal por preocupar a su hermano, pero sabía que era mejor estar sólo en estos momentos. Volviendo a sus pensamientos, empezó a hacerse la misma pregunta –  Qué haría si pudiera saber quién es esa persona –. Lo meditó un poco y decidió volver a ese lugar en el que había leído la historia. Se levantó de la cama cogió una chaqueta. Lo pensó un poco, sí salía por la puerta principal su hermano le preguntaría a dónde iba, así que decidió escapar por la ventana; junto a la misma había un árbol que le facilitaría el bajar.

Cuando llegó al suelo empezó a correr a la calle principal para dirigirse a la parada del autobús. Cuando subió al mismo, se sentó uno de los asientos del final junto a la ventana. Empezó a ver cómo el cristal empezaba a ser golpeado por la lluvia – Debí traer un paraguas, espero que para cuando llegue a ese lugar la lluvia cese. Es una suerte que se encuentre al otro lado de la ciudad – se dijo a sí mismo.

 

El lugar al que se dirigía era una antigua librería, que había visitado junto a su amigo Seiya, quién le había pedido que lo acompañase a buscar un libro para su hermana Seika. A ella le gustaba mucho leer novelas clásicas, por esta razón había pensado en regalarle Grandes Esperanzas de Charles Dicken. Había visto como su hermana se había emocionado leyendo Historia de Dos Ciudades, por esta razón deseaba regalarle otro libro del mismo autor. Ese día habían visitado muchas librerías, pero no habían podido comprar el libro ya que este era muy caro por las nuevas ediciones. Buscando más opciones habían llegado a una librería de libros usados, esta era una pequeña tienda que se ubicaba al otro lado de la ciudad, en una calle alejada del tráfico y adornada por un gran sendero de árboles de cerezo.

Cuando entraron pudieron sentir el olor de las páginas de los libros y una campanilla anunció su llegada. Pudieron ver que la tienda era mucho más amplia, de lo que habían supuesto. Había varios estantes en los que se encontraba una gran variedad de libros. Los jóvenes quedaron encantados con el lugar, era realmente acogedor los pisos eran de madera y las paredes de color rosa adornadas por una ventana, junto a la misma había un sillón victoriano y una mesa con más libros. Fueron recibidos por una señora alta y delgada con un cabello negro con aproximadamente cuarenta años que les sonría muy amablemente.

– Bienvenidos, ¿en qué les pudo ayudar? – dijo la señora con un tono cordial.

– Buenas tardes, buscamos el libro Grandes Esperanzas de Charles Dickens – dijo Seiya.

– ¡Oh!, hace mucho que nadie preguntaba por ese libro, me parece que aún queda una copia en a la parte trasera de la tienda. Por favor espérenme mientras la busco. Si desean pueden ver los otros libros que tenemos – la señora se retiró por una puerta, dejando a los chicos en ese lugar que parecía un poco mágico.

Los dos se habían puesto a revisar los estantes, para ver qué podían encontrar. Shun había llegado a una sección que decía literatura oriental. Eso le llamó la atención, mientras revisaba el estante, vio que un libro no tenía título y su cubierta era negra. Tomó el libro y empezó a ojearlo y pudo ver que estaba escrito con kanjis muy antiguos, era un poco difícil de entender. Llegó a una parte que decía el hilo rojo del destino, esto llamó la atención así que empezó a leer:

 

“El hilo rojo del destino es aquel que une los corazones de las personas que están destinas a estar juntas, entrelazando sus vidas. Este es invisible y une los meñiques de los amantes que compartirán un momento especial en sus vidas. El hilo rojo se puede enredarse, contraerse y estirarse, pero nunca se puede romper.”

 

La simple historia le había parecido irreal, al seguir leyendo se topó con algo que parecía ser un ritual para poder ver el hilo rojo; esta parte le fue más difícil de entender. Mientras intentaba descifrar lo que decía el libro regresó la señora con dos libros en la mano.

– Tengo buenas noticias, encontré estas dos copias. La primera es una edición en inglés y la segunda es una edición en japonés con tomo grueso – anunció la señora.

– Me gusta más la segunda opción, ¿cuál es el precio? – preguntó Seiya.

– Por la edición y la pasta gruesa, este libro está a 2.500¥.

– Me lo llevo – anunció Seiya muy animado ya que era mucho más barato que en las otras librerías. Shun sonrío al ver a su amigo más animado, y tenía que reconocerlo en las otras librerías les habían pedido alrededor de 6.000¥.

Antes de dirigirse a donde estaba Seiya, dejó el libro en el mismo lugar en donde lo encontró. Tenía ganas de llevárselo, pero se dijo a sí mismo que esa historia no era real.

– Qué bueno que encontramos el libro para Seika – le dijo Shun con una amplia sonrisa en los labios.

– Sí Shun, gracias por acompañarme por toda la ciudad para encontrarlo. Y muchas gracias a usted señora.

– Gracias a ustedes.

 

Los recuerdos de ese día volvían a su mente y la historia del hilo rojo retumbaba en su cabeza. Mientras más tiempo pasaba se sentía un poco ingenuo al pensar que un libro iba a resolver sus problemas. Aún más, aunque lo encontrara, en verdad estaba tan loco como para hacer el ritual que describía ese libro. Y aunque estuviera decidido a hacerlo, no había entendido mucho de esos kanjis, eran antiguos y parecía que lo habían escrito con algún tipo de código, ya que lo poco que había entendido no tenía sentido.

Un joven de cabellos rubios y ojos celestes que acababa de subirse al autobús lo sacó de sus pensamientos. Llevaba una chompa de cuero, unos jeans azules y una maleta negra. El joven se sentó junto a él, haciendo que un ligero sonrojo apareciera en su rostro. Hace algunos meses que siempre se topaba con el mismo joven en el autobús, no podía negar que le pareció atractivo desde la primera vez que lo vio, eso le hizo recordar a su ex. June era su mejor amiga, la razón por la que entró con ella fue porque tenía miedo de aceptar que le gustaban los hombres. Pensó que al entrar con su mejor amiga todo estaría bien ya que se conocían de toda la vida, pero se equivocó, él nunca pudo corresponderle de la manera que ella deseaba. Debido a sus inseguridades había lastimado a una de las personas que más amaba y ahora las cosas nunca volverían a ser iguales.

Para evitar mirar al joven, empezó a ver por la ventana, la lluvia había cesado y empezaba a salir el sol nuevamente.

– Qué clima para más extraño – se dijo a sí mismo pero el joven lo escuchó.

– Es verdad, hace poco llovía y ahora sale el sol. Es muy difícil de predecir cómo vestirte con este clima y siempre tienes que llevar un paraguas contigo – dijo el joven sonriendo. Escuchando estas palabras Shun lo regresó a ver, topándose con unos ojos celestes, sentía como se sumergía en su mirada, esos ojos eran simplemente hermosos.

– Si, pero lo bueno es que siempre sale el sol, sin importar cuanto dure la tormenta – dijo esto sin notar que el sonrojo volvía a aparecer en su rostro.

– Es verdad, es una de las ventajas de vivir en este lugar. Por cierto, mi nombre es Hyoga, ¿puedo saber tu nombre?  

– Mi nombre es Shun, es un placer.

– ¿Tú vives por aquí?

– No, yo vivo al otro lado de la ciudad.

– Qué coincidencia yo también. Ya me había percatado que nos encontrábamos algunas veces en esta misma ruta y por eso mi pregunta.

– Yo no lo había notado – mintió, esos ojos lo estaban derritiendo y no iba a dejar que se diese cuenta.

– Pero no quiero decir que te acose o algo por el estilo, es sólo que no creo que existan las coincidencias y pienso que si nos encontramos tantas veces debe ser porque teníamos que conocernos. Bueno, esta es mi parada, fue un placer conocerte Shun, hasta luego – Hyoga se levantó y se dirigió a la puerta del autobús. Cuando estuvo abajo levantó su mano y se despidió de Shun, éste sólo sentía como su corazón se aceleraba.

 

Una vez sólo nuevamente, Shun empezó a recordar las palabras del joven. No existen las coincidencias se empezó a decir, será que es como dice la historia siempre te encuentras con esa persona, el hilo se estira y se contrae, pero no se rompe. Será qué Hyoga es esa persona.

Cuando llegó a su parada empezó a caminar en dirección a la librería, esta se encontraba en la parte baja detrás de un parque. Una vez en el sendero de los árboles de cerezo, se percató de que la librería ya no se encontraba ahí, en su lugar se encontraba un almacén todo destartalado. Empezó a pensar que se había equivocado de dirección, era la única respuesta lógica, los lugares no desaparecen. Frustrado por el largo viaje, y lamentando el no haber comprado ese libro cuando pudo, regresó a la parada para tomar el autobús de regreso.

Notas finales:

Espero que les haya gustado, les recomiendo que lean Grandes Esperanzas es una novela simplemente hermosa. Y si se preguntan qué pasó con esa librería les contaré en el siguiente capítulo.

No se olviden de que todos sus comentarios son bienvenidos, gracias por leer.

Besos

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