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La susurrante de historias.

Autor: Mariposa infinita

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Notas del fanfic:

¡Hola!
Como he mencionado en la sinopsis aquí plasmare aquellas historias cortas que cruzan por mi mente, sólo one-shot, por eso es que la he puesto como terminada.

No tengo mucho que decir tan sólo que espero que le guste :)

Declaimer: Los personajes pertenecen a Akira Toriyama, los utilizo sin fines de lucro, tan solo por el motivo de entretención.

Pdt: esta historia esta sin editar, la acabo de terminar por lo tanto puede que encuentren faltas de autografía, ya mañana le echaré un ojo y la revisaré, sin más que decir los dejo leyendo :)

Cuando el tiempo se detenga. 
 
Fue un otoño cuando lo vio por primera vez, sentado al pie de un gran árbol en medio del bosque, no se pregunto que buscaba alguien allí, porque era un niño y los niños no piensan eso, tal vez porque de algún modo supo que al igual que él aquel niño había corrido lejos de su madre para no tener que verla,  porque estaba enojado, no quería mudarse en medio de la nada. No quería estar en aquel lugar. 
 
Lo vio lejos y se fue acercando despacio porque lo escucho sollozar, aquel niño lloraba y esta vez si se pregunto el porqué, estaba con la cabeza entre las piernas, sólo pudo ver una cabellera rubia, tan rubia como el sol. Sus pasos los delataron, pues el rugir de las hojas secas al ser pisadas por sus pequeños pies se escucharon y al ver como el niño levantaba la cabeza se detuvo conteniendo la respiración, en definitiva, el pequeño Vegeta podía olvidar cualquier momento, pero ese no, ese perduraría por siempre en su memoria, porque nunca jamás vio unos ojos como aquellos, el niño tenía los ojos más azules que vio nunca, no se parecía al color del cielo, no, era un azul como el hielo, profundo y al mismo tiempo electrizante. Vegeta sintió frío por debajo de los guantes de lana que tenía puesto, se sintió nervioso.
 
—Hol-la —El niño le hablo con voz templorosa y por fin Vegeta pudo soltar el aire que tenía retenido, apartando la mirada de los ojos de aquel pequeño individuo, se fijo en lo blanca de la piel y lo rosado de los labios, miro nuevamente sus ojos y miro las largas pestañas rubias. Vegeta supo en ese instante que estaba frente a un ángel, porque su madre le había dicho que los ángeles eran seres con una belleza fuera del mundo y ese niño la tenía. 
 
—Hola —contesto, sus pies se movieron por si solos, acercándose, Vegeta se sorprendió de si mismo porque su voz no templo, por una extraña razón los nervios empezaban a desaparecer —. ¿Por qué lloras? 
 
El niño trato de responder o eso pensó Vegeta al ver como inútilmente el chico tartamudeaba, sabrá Dios que cosa, pues el no comprendió nada. 
 
—¡No te entiendo! —exclamó ya un tanto desesperado —, ¡habla bien! 
 
—Mu-uchas p-pes-onas me o-odiian. 
 
El niño volvió a llorar, pero esta vez mucho más fuerte,  Vegeta se quedo en silencio unos segundos parado a su lado, miro hacia otro parte y se concentro en como la brisa arrastraba las hojas ya anaranjadas.
 
—Yo no te odio —Le dijo, era cierto, no lo conocía como para odiarlo o como para agradarle, pero ya eso era otra cosa, tan sólo quería que el niño dejara de llorar. 
 
—¡¿Enserio?! —Como un resorte el niño se puso de pie, haciéndolo exaltar de un pequeño susto. 
 
—Cofcof  —Se aclaro la garganta disimulando —, sí.
 
—¡Que alegría! encantado de conocerte, me llamo Goku.
 
—Goku —Vegeta hizo una pausa, pensando lo que le iba a decir, su madre alguna vez le dijo que no le faltara el respecto a nadie y mucho menos a sus mayores, y Goku parecía ser más mayor que él pues era más alto —. Eres un niño muy raro. 
 
—Tú también eres un niño. 
 
Vegeta se río, sí, Goku era muy raro y lo siguió pensando por un muy largo tiempo. 
 
 
Así fue como Vegeta y Goku  se conocieron,  fue lo más extraño del mundo a la vista de Vegeta, porque no todos los días te mudas, no todos los días te enojas con tu madre por eso y no todos los días te adentras a un bosque furioso por haberte alejado de tus amigos, y sobre todo no todos los días te encuentras a un niño con los ojos más hermoso de la tierra y quizás el universo en medio de aquel frondoso lugar. 
 
Vegeta cada día se adentraba al bosque tan sólo para ver y jugar con Goku, cada día después de llegar de la escuela se escabullia e iba hacía su amigo, cada día Vegeta lo encontraba en el mismo lugar esperándolo, a veces Vegeta lo invitaba a su casa, pero Goku nunca quería ir, así que al final tan sólo se quedaban allí. Vegeta esperaba que Goku lo invitara a su casa, pero éste nunca lo hacía y era así como intentaba cuestionarlo, sin embargo Goku siempre lo distraía contándole cuentos fantásticos que siempre le fascinaban. Y aunque Goku a su parecer era tonto, tenía un talento para inventar y narrar cosas que asombraban a cualquiera.
 
Su amistad era grande, pero un día todo eso cambio, los sentimientos se volvieron cada vez más fuerte y Vegeta no sabía que le pasaba, porque su corazón latía cada vez más fuerte cada vez que estaba cerca de Goku, hasta que su amiga de la escuela empezó a hablar del amor,  diciéndole en el proceso todos los “síntomas” de este. Fue entonces que llego a la conclusión de que estaba enamorado de Goku. 
 
Era invierno cuando decidió decírselo, hacía un frío infernal cuando se adentro al bosque en su búsqueda, caminando con completo cuidado de no pisar mal y caerse en la nieve, fue raro, pero Goku estaba allí y le dijo que sabía que él vendría, fue aun más raro cuando enmedio de su muy practicado y elaborado discurso Goku lo interrumpió y le dijo que lo quería. Fue una dicha infinita cuando sus rostros se fueron acercando y se besaron, Vegeta nunca había besado a nadie, los labios de Goku estaban fríos y le supieron a miel, muy, muy dulces y suaves, la sensación que sintió en ese momento no la supo definir, pues nunca la había sentido y nunca jamás la sintió con alguien más. Vegeta recordaba que después de separarse lo abrazo con fuerza y minutos más tarde no pudo evitar burlarse porque Goku estaba más bajo o tal vez él creció más, siempre fue considerado un enano y ser más alto que Goku lo lleno de orgullo. 
 
Años más tarde Vegeta sintió una terrible inquietud dentro de él, precintiendo que algo no estaba bien. Como todo los días se adentro al bosque y estaba vez espero que fuera Goku el que llegara, cuando llegó se quedo en silenció mientras el otro le sonría, pero con los ojos cargados de tristeza, aquella sonrisa le supo a despedida. 
 
—¿Qué es lo que sucede,Goku? ¿Por qué s-sigues igual? —No pudo evitar que su voz temblara, creía que en cualquier momento se derrumbaría, le dolía el pecho, sintió que su corazón se haría añicos en cualquier momento, era extraño, demaciado, pero los años estaban pasando, él crecía y se desarrollaba como cualquier persona, mientras que Goku seguía igual, seguía siendo aquel niño de nueve años que conoció, no cambiaba y él ya lo había notado, sin embargo lo atribuía a que el chico sería un enano, pero aquello no podía ser cierto, pues no cambiaba, su rostro seguía igual de joven, tan tierno y adorable, sus facciones eran iguales de añiñadas que siempre. 
 
La cruel realidad lo golpeo de golpe. 
 
—Y-yo no puedo cambiar, tú crecerás, todos crecerán —Goku seguía sonriendo, parecía que sólo así contenía el mar de sus ojos —Porque yo sigo pasando y seguiré pasando, por toda eternidad, Vegeta, yo provoco heridas, pero también las cicatrizó, sano el dolor y las tristezas, porque yo... yo soy el tiempo. 
 
Vegeta quiso reírse, pensar que era una broma, pero no pudo, recordó cuando una vez jugo por muchos horas con Goku y se despidió por que se moría de hambre y sueño, pero cuando regreso a su casa no había pasado ni media hora, aquello se le hizo raro, pero no le dio mucha importancia porque estaba demasiado cansado. 
 
Lágrimas corrieron por sus mejillas, miro con la vista empañada como Goku se levantaba el poloche blanco, se paso la mano por los ojos mirando mejor lo que el otro quería enseñarle y sintió su corazón oprimirse demás en su pecho. Justo en el pecho Goku tenía un reloj, parecía un tatuaje y vegeta lo toco para serciorarse de que así era, era su piel la que se sentía, pero ¿Porqué la manecillas se movían?, no tenía caso, si era el tiempo, no tenía caso preguntar aquello. Lloro, ¿Aquello significaba que no podrían estar juntos? No, él no podría separarse.
 
—No... No me importa, puedo estar contigo sin, sin importarme. 
 
—No, no podemos, necesitamos separarnos.Vegeta, yo sé muchas cosas, demasiadas, mi alma es la más vieja de toda la tierra, cuando Dios creo el mundo yo ya existía, por eso es que sé que lo mejor es separarnos, debes ser feliz con alguien más, alguien que pueda darte lo que yo no. Debes seguir la vida como los demás humanos, yo paso, para algunos lento y para otros tortuosamente rápido, pero así soy, así seguiré siendo... Vegeta yo te amó y juro que sanaré tu corazón. Pero jamás cambiare, siempre seré un niño, no es algo que pueda cambiar. 
 
Vegeta iba a decir algo, pero Goku desapareció, así en un parpadeo sin decirle nada más, fue lo peor que vivió jamás, a sus trece años supo lo que era que alguien le rompiera el corazón, por muchas noches lloro desolado en su habitación, solo. Siempre, cuando regresaba al bosque, al mismo sintió donde lo vio por primera vez, lo esperaba, como muchas veces hizo Goku, pero este jamás volvió, recordó que la última vez que fue allí encontró un pedacito de papel con una frase que se grabo en su mente, Cuando el tiempo se detenga, decía, pero él no comprendió aquello, y así tal cual dijo Goku sucedió. 
 
El tiempo curo la herida de su corazón, aunque una pequeña espina siempre estuvo allí, creció y se enamoró, salio con chicos y chicas por igual, iba a fiestas, tomaba alcohol, le rompieron muchas veces el corazón y rompió corazones, probo el desamor y el amor. Tuvo muchos amigos, aunque su personalidad era algo reservada. Goku se volvió un recuerdo que solo se asomaba a su mente cuando estaba solo, cuando se ponía a pensar en lo que pudo haber sido y no fue, Vegeta supo que Goku tenía razón, él no lo iba a resistir, ir envejeciendo y ver como Goku se quedaba igual, iba allegar el momento en el que empezaría a dudar, no por sus sentimientos sino por el del contrario ¿Él un adulto y Goku un pequeño niño? Sí, estaba seguro que iba a empezar a mirarse en el espejo y a odiar cada cambio de su cuerpo, entonces tal vez empezaría a odiar al tiempo, si, odiaría a Goku, pero al mismo tiempo lo amaría. A veces intentaba imaginarselo adulto, pero aquello era imposible, cuando cerraba sus ojos lo que invocaba era la imagen del pequeño niño, con sus cabellos rubios y los ojos más hermoso en todo el mundo, invocaba su sonrisa y la manera tan madura en la que le narraba historias, invocaba sus gestos infantiles y como hacía pucheros cuando algo no le salia como quería, y hasta ahí llegaba todo, porque sacudía aquellos pensamientos tan pronto como llegaban, Vegeta atesoraría todos aquellos recuerdos de cuando era un niño y que involucraban a Goku, pero prefería no recordarlos porque se volvían melancólicos y el dolor de aquel primer amor siempre le causaba daño. 
 
Y los años siguieron pasando y pasando, Vegeta se casó dos veces en su vida, o más bien una, en la primera se fue a vivir con un hombre, fue feliz un tiempo hasta que este le abandono alegando que ya no lo amaba, que había alguien más. La segunda vez fue un matrimonio legal, por el civil y la iglesia, se casó con aquella amiga de primaria que le menciono los "Síntomas" del amor,  su primera amiga de la escuela, la que soportaba su pésimo carácter, su mal genio. Con ella tuvo dos hijos, Trunks y Bra, sus dos grandes amores que, pronto crecieron abandonando el nido, envejeció al lado de su mujer y aun seguía con ella, vio con sus ojos como la juventud lo abandonaba a él y a ella, como sus cabellos se iban tiñendo del inevitable blanco y como en su cara iban apareciendo las arrugas, como una muestra del pesar de los años, porque los años pesaban y eso se veía en los hombros y la espalda. 
 
Aquella mañana de otoño Vegeta se levanto temprano con su mujer a su lado, tomo café y desayuno, hizo lo que hacía a diario después de que fue jubilado, ver las noticias en el televisor y contar historias a sus nietos, ese día Vegeta recordó a Goku, pero ya no con melancolía, sino como aquellos días de su niñez, se sintió dichoso y pleno, y eso lo demostró con una sonrisa, lo conoció en otoño y le dio su primer beso en invierno, un año después. Era joven en aquel entonces, demasiado, pero a pesar de eso sus sentimientos eran verdaderos, por ello fue que nunca se arrepintió y nunca menciono su nombre hasta ese día que su nieta quizo saber de su primer amor, «Me enamore del tiempo, le di mi primer beso y jugamos muchos años hasta que tuvimos que separarnos, se llama Goku y es muy distraído» le dijo a su nieta, hablo de él en presente, porque sabía que Goku debía estar en algún lugar, el tiempo seguía pasando por lo tanto Goku estaba, siempre estaba en algún lado. 
 
Escucho como su hija menor que estaba de visita reía,  quizás pensando que era una broma o un cuento inventado, pero el mejor que nadie sabía que no era así. Al llegar la noche se fue a dormir como siempre, dejo sus lentes en la mesita de noche y sus dientes postizos en un vaso con agua y cerro los ojos, no supo porqué o que hora eran, pero cuando despertó estaba en medio de su habitación y justo frente a él Goku. 
 
—Cuando me detengo. —dijo el niño, tal cual lo recordaba. 
 
—Cuando el tiempo se detenga. —Repitió Vegeta lo que había encontrado en el papel hace ya tanto,  se sorprendió de que su voz sonará como cuando era niño. Miro sus manos, no había ni rastro de las arrugas que la cubrían minutos antes, miro de nuevo a Goku y se dio cuenta de que este era unos centímetros más alto que él. ¿Qué había pasado?  ¿Estaba soñando?  Goku le señalo detrás de él y al voltearse pudo verse así mismo, el anciano durmiendo y al otro lado de la cama, estaba Bulma de espaldas a él.
 
—Me he detenido en ti, ya no me sientes, Vegeta, has muerto. 
 
Aquello lo dejo sin aliento, ¿Eso era lo que significaba morir?  Estaba apunto de sumergirse en sus pensamientos cuando la voz de Goku lo trajo de nuevo a la realidad. 
 
—Cuando nos besamos por primera vez te elegí como compañero,  mi padre dijo que inclusive el tiempo merece compañía, alguien que lo quiera y sea su igual, yo te elegí porque te amo y siempre lo haré, por ello es que te encuentras ahora aqui, pero puedes elegir, puedes irte a otro lugar y esperar a que ella vaya para reencontrarse.
 
Vegeta regreso su vista a Goku y negó con la cabeza, no había que pensarlo mucho. 
 
—Te espere por mucho tiempo.
 
—Lo sé, yo también te espere. 
 
Sin decir nada más se acerco y le planto un beso lleno de inocencia en los labios, tomo su mano y entrelazó sus dedos, sin decir nada por unos segundos, salieron a la calle, aun era de noche. 
 
—Ya puedes venir a mi casa que de ahora en adelante también será la tuya, conocerás a mi padre.   
 
Vegeta se sorprendió por aquello, fue sutilmente jalado por el brazo y una fuerte brisa los envolvió desapareciendo ambos. Dejaba mucho atrás, pero aquello lo valía, podía estar con el verdadero dueño de su alma y corazón,  aquel ser a quien amó y seguía amando y seguiría hasta el fin de los tiempos. 
 
                             ~Fin~
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Notas finales:

Gracias por leer, espero que le haya gustado. 

Nos leeremos :)

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