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Fuerza de la naturaleza. por nezalxuchitl

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Notas del capitulo:

¡Aqui esta el porno! 

 

 

Kardia le enseño su nuevo seinto de Acuario con tal entusiasmo como no le habia enseñado nada nunca, antes, a pesar de decirle que el ya lo habia visto, cuando llego, con la comitiva, llevándolo a el inconciente: una princesita de apariencia bella y frágil, pero con la dureza del hielo en sus ojos.

-¡Miralo Manigoldo, es genial!

-Ya te habia dicho que ya lo habia visto. Hola. – lo saludo, y de nuevo a Kardia – Y no deberías hablar asi de la gente, como si no estuvieran cuando están.

-Tu también lo estas haciendo.

-Claro que no. – el niño con ojeras lo miraba de nuevo – Ya lo he saludado.

-Si no les importa – intervino molesto Degel – estoy estudiando.

Lo hacia, en la casa de Acuario que el patriarca remodelaba a su gusto, pues cuando entraron en ella, con permiso de Krest sama, solo encontraron polvo y una bacinica dorada de mil doscientos.

La comitiva habia traido libros, pocos, de los que Degel no se podía apartar y el patriarca, para que no extrañara su tierra natal ni sus hermanos adoptivos, le habia regalado montones. Montones que un equipo de trabajadores bronzo seintos acomodaban en estantes que construían en las elevadas paredes, pues Acuario era la casa mas antigua que sobrevivia, tal vez integra desde hacia cuatro guerras santas.

Manigoldo le hizo una reverencia que a Degel se le antojo burlona, alusión a su pasado como princesa de aquel lejano reino.

-¿Verdad que es genial? – lo jaloneo Kardia mientras el hacia que ambos esquivaran una viga.

-¡Fijate por donde vas, tarado!

-¡No le hables asi a un caballero de oro, Junkers!

-¿Verdad que es genial? – insistió Kardia.

Manigoldo suspiro.

-Es bonito pero es mas frio que un tempano de hielo.

-Por supuesto. – le dijo – Sus ataques son de hielo.

-Pues si. – se rasco la barbilla Manigoldo, recordando que su joven amigo no sabia a que se referia en su alusión.

Dudaba de que lo que el viejo decía, que eran perfectos el uno para el otro. No estaba convencido de que el patriarca lo supiera todo. Aun.

-¿Quieres venir a molestar a Aspros?

-No, voy a ver a Degel desde lo alto de aquel árbol. – se lo señalo. Uno casi en línea con el ventanal de la nueva biblioteca.

-¿Por qué lo haces desde lo alto de aquel árbol? – sabia porque lo veía, cosa que probablemente ni el propio muchachito supiera.

-¡Porque no me deja hacerlo desde la silla de enfrente! – se quejo – Dice que lo molesto. Incluso cuando no le hablo. ¿Puedes creerlo? Ni siquiera le hablo o le respiro fuerte cerca y no me deja!

-Y por un tipo asi abandonas a tu amigo…

-A ti ya te he visto mucho tiempo.

Se alejo, brincando por las ramas. Tal vez ya fuera hora de pervertirlo un poco, aunque el viejo opinara lo contrario.

 

***

 

-Basta Kardia, me lastimas… - protestaba Degel, empujando su rostro mientras su otra mano era detenida.

Los paneles nuevos de la biblioteca olian delicioso, a madera recién cortada, secada al sol. Pero Degel olia mejor que las manzanas que le hacían agua la boca, únicas, hasta conocerlo, en hacerlo salivar asi.

Se habia aburrido de mirarlo, habia llegado a la parte en que quería tocarlo, y la situación física se volvió pronto muy intensa. Degel era tibio, suave. Sabia tan bien: lo corroboro al lamer su palma como habia estado lamiendo su cuello, hundiéndose en el, en sus cabellos verdes y perfumados.

Degel tenia aun menos idea de las intensiones de Kardia que el mismo, pero sabia que estaba mal: habia visto a soldados doblegar asi a las mozas y a su papa adoptivo separarlos e impedirlo. Pero a el nadie iba a salvarlo, entre otras cosas, porque estaban solos en la casa de Acuario, muy avanzada la noche.

Kardia se habia quedado molestando, alrededor, hasta que finalmente entro y le espeto que nada que le dijera lo haría marcharse, por lo que opto por ignorarlo, a pesar de sentirse contento por su presecia. De que el sonrojo asomara a sus mejillas cuando Kardia lo miraba tan intensamente que era imposible evitarlo.

Permitio que le tomara la mano, que lo besara, pero mientras que el disfrutaba de la emoción de su primer beso Kardia se acelero rápidamente. Paso de ese beso a otro, sin dejarlo disfrutarlo cabalmente, y otro, y otro, una rápida sucesión, como si se tratara de golpes de una pelea y no de intercambios amorosos.

Entonces lo pensó. Que probablemente Kardia no lo amaba, solo se sentía atraído a el, como tantos otros a pesar de su corta edad. Otros a quienes su papa habia llamado depravados antes de negarles su mano. Alianzas importantes, incluso un duque ruso de mirada inquietante con el habría estado dispuesto a casarse por el bien de Bluegard.

Que Kardia no lo quisiera lo hacia tener deseos de llorar, pues el si que lo hacia. ¿De que otro modo hubiera soportado sus insolencias, sus malos modales, que hiciera cosas que le decía que no y que sabia que le molestaban?

-Detente Kardia, no quiero...

La abertura de su camisa se habia pronunciado con el forcejeo, y Kardia estaba lamiendo justo en medio de la tela, sobre su piel desnuda, dándole una sensación mojada y estremecedora.

-“Basta Kardia, no hagas eso, tampoco lo otro…”, ¡tsk! ¿No sabes decir otra cosa?

Sus ojos azules, afiebrados, se posaron por ultima vez sobre los suyos, racionales.

-No lo hagas Kardia, te pondrás enfermo.

-¡Me pondré enfermo si no lo hago!

Sentia la fiebre crecer en su interior, aliviarse cuando besaba la piel de Degel, hacerse mas fuerte cuanto mas lo tocaba. Degel lo fascinaba, todo lo que lo habia visto ahora quería tocarlo, besarlo, sentirlo suyo. Su aguja lo molestaba, pero no era la necesidad de pelear la que lo acuciaba. Era muy parecida, pero no era esa. No estaba peleando con Degel, pero hacerlo se sentía tan bien como ningun entrenamiento. Ni la mejor pelea contra Manigoldo, que le habia asegurado se sentiría mejor hacerla contra el enemigo.

¿Degel era su enemigo? No estaba golpeándolo aunque usaba su fuerza en el, aplastándolo, sujetándolo, para que no escapara. Lamio su cara desde la barbilla hasta la oreja. Le encantaba.

-¡Deja de babearme! ¡Es asqueroso!

-¡Asqueroso!? ¿¡Estas loco!? Deberias hacerlo tu.

-¡No! – una princesa no babeaba.

-¡Eres aburrido! ¡No quiero oírte mas! – lo silencio con el método mas efectivo que conocía, un beso.

Con su boca cubierta con la suya, con su lengua ocupada en batirse con la suya, Degel dejaba de hablar y ser tan fastidioso.

La aguja lo acuciaba, y la punta que ya tenia lista y de fuera no era la de su dedo. Tenia vagas nociones, no por falta de material, sino porque no le habia prestado atecion. Cuando Manigoldo hablaba con los chicos grandes sobre turras y chicas perdia todo el interés porque le parecían aburridísimas. Si incluso Degel era aburrido…

Las turras desnudas: eso parecía excitar muchísimo a sus amigos. Rasgo la ropa de Degel y entendio porque; su pecho planito, nada desarrollado, hacia gotear su aguja y arder su fuego como nada en la vida. Pegar la boca ahí y chupar su pezón era justo lo que quería hacer, en ese instante. Lo que lo llenaba de paz y de dicha y hacia que el fuego no fuera incomodo.

-¡Eres un asqueroso, y has roto mi ropa! ¡Dejame en paz! – pero por mas que empujara de el, Degel, sin usar su cosmo, no podía nada contra Kardia, a pesar de que no fuera mucho mas musculoso que el.

Tampoco era escuchado por el joven escorpión, que descubria con el los placeres del sexo, aunque precisamente placeres no fueran para el, ignorante y acostumbrado a reprimir toda reacción natural, inapropiada, de su cuerpo. Lo que Kardia le hacia en los pezones lo hacia sentir incomodo como nunca en la vida, con ganas de gritar. Era un calor tan fuerte y vergonzozo como ninguno que hubiera sentido, ni siquiera en la mas llena de las lunas.

Su rechazo a Kardia no hacia mas que entusiasmarlo, pero no podía detenerlo. Ni dejar de negarse, ni pelear con el, ni buscar otra solución. Lloraba, y eso lo hacia sentir mas avergonzado, mas incluso que estar desnudo frente al otro chico, que no tenia ningun pudor y arrimaba las zonas mas vergonzosas e intimas, completamente rudo al dejar marcas húmedas sobre su piel, asquerosas.

-¡No, no! – ahí si grito, desaforado, cuando le agarro en medio de las pompas - ¡No! ¡Duele! – lo miro con los ojos llorosos, suplicantes, pero Kardia estaba fuera de si, delirante. Le daba miedo, y mas por lo que pudiera pasarle.

¿Por qué no le habia preguntado al patriarca sobre los berserkers? A el le dolia, pero no sabia que podría pasarle a Kardia. El aire frio ondulo en torno a su dedo. ¿Qué pasaría si lo detenia a mitad de su crisis? ¿Seria peligroso hacerlo?

-¡Kardia! Detente por favor, mírame – le agarro la cabeza pero sus ojos ya no estaban con el. Lo beso como una fiera, como un salvaje, y se hundio entre el con una dolorosa punzada, horrenda y dolorosa que no paraba, ni porque el le clavaba las uñas.

Queria gritar pero Kardia no lo dejaba. Sintio el gusto de la sangre en su boca, como seguramente lo sentiría de poder en el culo. Le pego de puñetazos, pateo, intento zafarse, pero todo era en vano: el escorpión lo tenia bien atrapado y le clavaba su aguja veneosa.

Su aguja de verdad ardia, sus lagrimas manaban, calientes, sin control, mojando los cabellos azules, sobre su rostro.

-No, no, me lastimas… - sigio protestando cuando el otro se irgio para tomar aire, y fuerza - ¡No! ¡Ay! ¿Qué haces? ¿Por qué me haces esto?

Degel debía estar loco. Eso no lastimaba. Era demasiado intenso pero que bien se sentía.

-No lo se. – contesto su ultima pregunta, mirándolo y acariciándole la mejilla.

Su aguja, de abajo, le habia dicho que hacer. Era justo lo que necesitaba y era vivir al máximo. Vida, como nunca la habia experimentado. Un intenso gozo, concentrado.

Moverse era cada vez mas fácil. No entendia porque Degel no dejaba de llorar. No le gustaba que lo hiciera, no era su presa, sino su igual, y debería de estarlo gozando. Asi se lo dijo.

-No soy una cualquiera… - sollozo la princesa, con una menos vaga idea de lo que le acontecía.

¿Qué quería decir? ¡Claro que no era cualquiera, era Degel! Se esmero. Sigio. Si para el se sentía bien, era solo cosa de que Degel abandonara su mala actitud.

-Esto se siente muy bien. – le dijo, apretándolo con sus manos.

Degel se puso más histérico. ¿Qué? ¿Lastimarlo? ¡Pues lo lastimaría el también.

Degel lo arañaba y le jalaba el pelo, era muy molesto, lo distraía. Le pego una nalgada, se salio de el, lo domino de pecho al piso y siguió dándole, sujetándole las muñecas juntas en la baja espalda, lastimándolo mas.

-Para Kardia, me duele mucho… - la turrita, casi una niña, se oponía y lo hacia peor para el.

Pero Kardia estaba menos que nunca para razones. Le separo las manos, y se las pego al piso, estiradas, cubiertas por las suyas. Queria estar mas cerca de Degel, mas en contacto con el. Sentir su cabello contra su pecho, oler su nuca.

-Ya no llores… - le pidió de manera tierna.

Degel sintió ganas de insultarlo. Y de complacerlo. Asi, cerca, le gustaba mas. Esa parte. El escorpión atacándolo seguía haciendolo gemir de dolor. Pero de repente acabo. Kardia cayo sobre el, ardiente y sudado. Inquietandolo con sus jadeos en su nuca.

-¿Kardia?

Lo empujo aunque dolia horrores, pues tenia que hacerlo con el culo. Algo se salio de el y aire frio entro, disgustándole como nunca, pues lo hacia ser conciente de lo anegado que estaba. Asqueroso, ensangrentado y pringoso.

-¿Kardia? – estaba enfermo de nuevo. Ardia de fiebre y no dejaba de jadear, temblando. - ¡Kardia! – repitió histérico. No lo habia visto tan mal ni cuando lo encontró en las montañas, y el mismo se sentia mal. No sabia si podría salvarlo, y el era el único que podía hacerlo – No te mueras… - comenzó a enfriarlo, con las lagrimas vibrando por salir de sus ojos, otra vez.

Como pudo, lo recostó en su regazo, para rodear mejor su cabeza y aliviarlo con la dosis adecuada de aire frio, temiendo a cada instante estar usando demasiado y hacerle daño.

Aunque el se lo hubiera hecho, eso en ese momento no importaba. No era vengativo y no sabia… no sabia si eso acontesia siempre asi; por lo que habia escuchado, no era muy agradable.

Rodeaba su cabeza con su aura y hacia girar el koliso en torno a su cuerpo, acariciándolo con aire helado, mirandolo con ojos llorosos.

Asi los encontraron los madrugadores trabajadores que estaban instalando la biblioteca.

 

Continuara...

 

Notas finales:

¿Les gusto? ¿Si, no, poco shota, mucho shota, deberian tener la edad de Saori cuando Aioros la rescato? XD!

Desde la vez pasada queria comentarles sobre las verdaderas fuerzas de la naturaleza. Son 4 las reconocidas por la fisica, aunque personalmente creo que se trata de dos...

La gravedad, que todo mundo conoce y nadie entiende. Esa distorcion del espacio tiempo a la que no se le han encontrado bosones (particulas que la transmitan, indispensables para que algo sea cuanticamente cualificado de fuerza) ni indicios de tales, considero personalmente muy dudoso que sea una fuerza. No tenemos la menor idea de lo que sea el espacio o tiempo y llamamos a su forma fuerza; no tiene mucho sentido para mi.

La fuerza nuclear fuerte, la hacedora de trios, a la que adoro. Es a la que mantiene a tres quarks de distintas cualidades de fuerza debil juntos en un hadron, y a hadrones de igual carga electrica dentro del nucleo atomico. Joder, que es tan fuerte, que si teoreticamente se lograra romper el vinculo entre tres quarks, la energia resultante bastaria para generar nuevos que completaran las triadas.

La fuerza nuclear debil, la rompecorazones, que poquito apoquito mina la confianza de los protones juntos en el nucleo atomico y los hace separarse. Se han hallado recientemente numerosas pruebas que la unifican con:

la fuerza electromagnetica: ¿que se te friza el pelo para un lado, que se te friza para el otro? ¿que pones a repelerse platos de igual polaridad que la mesa para hacer creer a tus amigos que eres vampiro porque flotan? Esas cualidades son manifestaciones de una misma fuerza. Y posiblemente sea lo mismo que la debilucha rompecorazones.

Y ahora, si quieren una eculubracion mas mia... creo que eso que llamamos energia oscura y entendemos un poco mejor que la gravedad, si podria resultar una fuerza. La fuerza oscura, y los seguidores de star wars flipandolo.

En fin, si leiste este pequeño breviario cultural, ¡felicidades! ya sabes lo que son las verdaderas fuerzas de la naturaleza, para la fisica. Y te comento que puedes suscribirte gratuitamente al boletin de Scientific american y leer casi toda la revista en linea. En su pagina.

Slán!

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