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Cartas

Autor: black_leger

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Miro a su alrededor buscando que no hubiera nadie en el pasillo, se alegró de comprobar que el lugar se encontraba despejado aunque era de esperarse, pocos alumnos solían quedarse tanto tiempo después de clases a menos que tuvieran cualquier otra actividad extra escolar como él, aun así su estómago se revolvía nervioso mientras sostenía la sencilla hoja de papel doblada entre sus manos, había pensado en escribir aquella carta por días y había descartado muchos otros intentos previos pero aquel tenía que ser el día. Camino deteniéndose un momento después de cada paso esperando que nadie apareciera por el pasillo, por momentos deseaba que alguien lo hiciera para poder volver a guardar la carta entre sus libros y descartar la idea por un tiempo indefinido más, pero nadie aparecía y ahora había recorrido el corto tramo hasta el casillero, sus manos temblaban mientras introducía la carta debajo de la puerta del casillero aun dudando de sus acciones, empujo completamente la carta dentro de la taquilla cuando escucho que alguien se acercaba, sintiéndose arrepentido casi al instante de su acción pero no había tiempo de arrepentirse e intentar recuperar la carta, se alejó lo más rápido que pudo del casillero intentando actuar con normalidad.

-La próxima vez que saques ese estúpido espejo voy a arrojarlo por la ventana.

-Pero…

Un rubio y un pelirrojo aparecieron por el pasillo discutiendo o al menos el rubio de las gafas era el que discutía mientras intentaba abrir su propio casillero frustrándose y tironeando con molestia de la puerta que no parecía tener intenciones de ceder, ambos se encontraban demasiado centrados en su discusión como para notar su presencia.

-Pero, pero, pero ¿qué? Me pediste ayuda para estudiar, no para mirarte admirar tu reflejo, si lo hubiera sabido me hubiera ido con Eduardo en vez de quedarme aquí –finalmente la puerta del casillero se abrió y el rubio comenzó a meter sus cosas.

-Lo siento, no va a volver a pasar te lo juro voy a esforzarme la próxima vez.

-¿No podías pedirle ayuda a uno de tus amigos?

-Eso… -el pelirrojo comenzó a mirar alrededor notando finalmente que tenían compañía. – ¡Hey Jin! –saludo efusivamente levantando la mano.

-Jon –corrigió el rubio moviendo su cabeza en forma de saludo mientras se colocaba la mochila.

-Jon, cierto –corrijo el pelirrojo. –Bueno, Tim…

-Tom –volvió a corregir el rubio rodando los ojos. –Por dios, se supone que es tu amigo y aun le cambias el nombre.

-Lo siento, Tom dijo que no podía quedarse hoy, ¿lo estabas buscando?

-Sí, no importa Matt de todas formas no sucedió nada interesante –agradecía que el pelirrojo le diera una perfecta excusa para estar en aquel lugar sin levantar sospechas.

El rubio gruño llevándose una mano al rostro con exasperación.

-Eso le hubiera sido útil hace más de una hora, me largo antes de que diga algo de lo que me arrepienta, nos vemos Jon –se despidió el rubio alejándose del lugar.

-¡Mark! –Matt llamo intentando hacer que el rubio se detuviera – ¿quieres que te acompañemos a casa? –ofreció.

-Eh, no gracias aún tengo algunos asuntos que resolver antes –rechazo cortésmente viendo como Matt asentía antes de salir corriendo tras el rubio que había desaparecido del pasillo.

Cuando finalmente se encontró solo sintió como el aire de sus pulmones le abandonaba, ni siquiera se había dado cuenta que había estado conteniendo la respiración, se recargo contra los casilleros y se deslizo lentamente hasta llegar al suelo, no esperaba aquel encuentro que le forzó a dejar esa carta dentro de la taquilla cuando estaba a escasos segundo de arrepentirse y volver guardar aquella hoja de papel entre sus libros, escondió su rostro entre sus piernas sintiendo como enrojecía y sus mejillas se sentían cada vez más calientes, tal vez escribir una carta diciendo todo lo que le gustaba de Eduardo fue una terrible idea para intentar volverse su amigo, tal vez hubiera sido una mejor idea acercarse a hablar con él en vez de hacer algo tan tonto como escribir una carta, pero ya no podía hacer nada; se levantó del suelo y comenzó a hacer su camino a casa, seguramente cuando Eduardo abriera su casillero mañana encontraría su carta, se burlaría de ella y luego la tiraría a la basura, al menos no había sido tan tonto como para poner su nombre en aquella hoja.

Suspiro pesadamente, mañana serio otro día y probablemente podía comenzar a olvidarse de entablar cualquier tipo de amistad con Eduardo, si el español averiguaba que había sido él quien había escrito aquella carta.

-Lo arruinaste –se dijo a sí mismo con resignación.

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