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Insaciable por C Lehnsherr

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Notas del fanfic:

¡Hola! Esto va a ser un two-shot donde lo importante es el lemon, jeje, no hay mucha trama que digamos, ¡sólo mis pensamientos impuros! ¡Adoro esta pareja! <33

El abrigo deprimente de los suburbios acompañó la mirada severa de Zamasu sobre Black. Como muchas otras veces ya, acababa de sorprenderlo tocándose el abdomen.

 

—Es eso, otra vez— Black formó un puño y lo movió a un lado de su pierna, sin responder. Zamasu se daba una idea de lo humillante que era; el cuerpo cansado, el estómago vacío. Ser humano parecía agotador ante sus ojos. —Buscaremos a alguien, cualquiera que aprecie su vida cocinará para sus dioses— los humanos tenían una utilidad después de todo, pensó con una sonrisa cruel.

 

—No…— Black masculló en un hilo de voz frustrado. —No se trata de eso…— miraba sus manos, como si ni siquiera él tuviera idea de qué le sucedía ahora. Zamasu comenzó a preocuparse. —No esta vez…

 

—De acuerdo, ignóralo— zanjó. —No vale la pena concentrarnos en eso— tenían un paraíso que construir, maldita sea. —Encontraremos un lugar para que descanses y es todo…, eso debería resolverlo.

 

Ambos esperaban que así fuera, mientras volvían a caminar en silencio sobre los escombros de la ciudad que, con poco éxito, había defendido Trunks. Zamasu observó con fastidio los edificios derrumbados. Los prefería así, pero en ese momento Black necesitaba un lugar apropiado para dormir.

 

—¿Qué te parece allí?— su contraparte propuso con una carcajada seca, apuntando a la entrada al subterráneo. Zamasu lo miró con una ceja levantada.

 

—¿Estás seguro de que quieres que ellos te vean en ese estado?

 

Black se encogió de hombros.

 

—No me interesa…

 

—Hmm— la idea no le fascinaba. Los humanos no podrían hacerle ni un rasguño a Black, pero el hecho de que a él no le importara mezclarse con ellos… —Es impropio de ti— dijo en voz alta, y con una tenue sensación de decepción. —¿Estás seguro?

 

—No necesito más que un par de horas.

 

Dicho aquello, bajaron juntos las escaleras que advirtieron a los humanos de su llegada, con un eco profundo y desconocido. Todos ellos gritaron en la oscuridad, suplicando por su defensor; el saiyajin.

 

—Al parecer, él no está aquí ahora— Zamasu comentó con una sonrisa. —Podrás descansar tranquilo— Black sonrió por eso y se detuvo junto al fuego débil que iluminaba el subterráneo. Los mortales que lo habían estado ocupando, ancianos y niños, se alejaron al instante. —Pero qué educados… ¿Piensas dormir ahí?

 

Black se recargó en el muro a modo de respuesta.

 

Zamasu no lo interrogó más y se despidió al verlo cerrar los ojos, prometiéndole que le conseguiría algo de comer. Yajirobe palideció cuando lo vio acercarse hacia él.

 

—Tú, humano— lo señaló. —Sirve a tus dioses y otórganos toda la comida que posean. Todo lo que haya aquí, lo quiero.

 

—Pe-pero… ¿T-todo?...

 

—Absolutamente— Yajirobe tragó con inquietud. Iban a morir de hambre, o en ese preciso momento si no le obedecía. Suspirando, evitó lo mejor que pudo las expresiones de dolor de su gente y extendió una bolsa llena de cápsulas hacia Zamasu. —Muy bien. Pero como descubra que ocultaste algo de mí, vendré a aniquilarte sin piedad.

 

—¡Es todo lo que tenemos, se lo juro!

 

Zamasu volvió al lado de Black con una sonrisa satisfecha. Sostuvo entre sus manos la pequeña bolsa, mientras apreciaba cada minuto que los humanos lo veían con miedo. Se escondían en rincones húmedos, temblaban de manera descontrolada, era tan divertido que casi lamentaba que su compañero no pudiera verlos. Ni siquiera tenía que moverse para transmitirles temor.

 

Uno de los niños salió corriendo al pasar una hora. Zamasu lo siguió con la mirada, observando ligeramente confundido cómo se detenía a mitad de la escalera que daba al exterior, alzando los brazos y gritando con fuerza.

 

¡Trunks!

 

—Maldición…— Black seguía dormido, pero no dudó en despertarlo con brusquedad. —Tenemos que irnos.

 

Zamasu lo forzó a levantarse.

 

Black estaba sorprendido de no sentirse molesto. Zamasu no conocía el cansancio y, la mayoría de las veces que lo despertaba, lo hacía sin la menor consideración por él y su condición humana. Él se enfurecía en esas ocasiones. Pero esta vez, no le afectó en absoluto verse interrumpido de su descanso.

 

No debía ser lo que necesitaba entonces, dedujo.

 

—¡Black, desgraciado!— Trunks vociferó desde el otro extremo del subterráneo, su espada rasgando el aire. —¡¿Qué estás haciendo en este lugar?!

 

—Déjalo— escuchó de Zamasu.

 

Sin embargo, no pudo obedecerle; su cuerpo empezaba a responder positivamente a la presencia del saiyajin. Sus músculos tensándose y el sentimiento de la rivalidad entre los dos revolviéndose en la parte baja de su abdomen, como una llamarada. Tal vez eso era lo que buscaba, una pelea. Era tan obvio de la naturaleza guerrera que había adoptado…

 

—Voy a pelear con él— le dijo a Zamasu. Y sin darle tiempo a replicar, se lanzó sobre Trunks, esquivando los movimientos de su espada hasta que lo desarmó con un golpe certero en sus nudillos. Los humanos corrieron de un lado a otro al ver a su héroe indefenso. Trunks gritó con enojo e incrementó el escaso poder que le quedaba. Black lo esperó. —Este cuerpo quiere un buen combate. Enséñame lo que tienes, sucio saiyajin.

 

—¡Maldito!— Trunks lanzó varios golpes contra su pecho. Black se protegió cruzando los brazos y, luego, capturando las manos del joven con las suyas. —¡Agh, toma esto!— con Trunks levantando su rodilla de repente, Black apenas tuvo tiempo para reaccionar. Retrocedió casi a tiempo. Sin embargo, el saiyajin sí logró rozarle un poco la entrepierna.

 

Su cuerpo se estremeció, y el calor que había sentido todo el día en el abdomen se expandió hacia abajo.

 

—Eres un tramposo— escupió con furia, antes de empujarlo, lejos, violentamente contra el muro que se partió con el impacto.

 

Los humanos se apresuraron a rodearlo con alaridos de preocupación, mientras Zamasu se acercaba con el mismo sentimiento hacia él.

 

—Él apenas te tocó— dijo con una mano sobre su hombro. —¿Qué ocurrió?

 

Black se negó a responder. Todavía no entendía bien lo que había sucedido, pero estaba muy seguro de que era lo que necesitaba, lo que su cuerpo quería. Su piel estaba ardiendo con intensidad bajo su ropa y su entrepierna se tensaba ante el recuerdo reciente del roce con Trunks.

 

Quería más.

 

No de él.

 

No de la misma manera tampoco.

 

Sólo más y más. Estaba hambriento, aunque no tenía nada que ver con las cápsulas con comida que Zamasu le ofreció después.

 

—Busquemos otro lugar— dijo una vez que dejaron atrás el subterráneo. Zamasu volvió su vista hacia el bosque, esbozando una sonrisa sobre sus labios. —Hmm. ¿Te parece buena idea?

 

—Los humanos no lo han arruinado del todo y está bastante apartado de ellos— apuntó con una mano. —Me parece espléndido.

 

—De acuerdo.

 

Zamasu le prometió que esa noche dormiría como el dios que todos sabían que era. Rodeado por la genuina belleza del planeta Tierra, tendría así el descanso que lo restauraría por completo. Se despertaría a la mañana siguiente, como nuevo, inhalando con suavidad el aire fresco y consagrarían su refugio definitivo con una merecida taza de té.

 

Sin embargo, las cosas no resultaron como esperaban cuando encontraron la primera cabaña aislada. Hermosamente cercada de árboles, sí. Pero dentro, en la habitación más oscura…, dos humanos.

 

 

 

Notas finales:

¡Muchas gracias por leer! ^^

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