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Besatthet

Autor: BlackStarPrincess

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Notas del fanfic:

Buenas.

Este es el primer fanfic que me atrevo a subir de muchas cosas que he escrito con los años. Espero tenga buen recibimiento y sea agradable de leer.

La pareja sé que es extraña (?) pero se me hizo uno de mis shipp favoritos junto al Tzkoi debido a que ésta pareja se creó en rol, le tengo mucho cariño. <3

Por lo mismo, va dedicado a Nupachecito con mucho purru amor. <3

Sin más, espero que lo disfruten.

Notas del capitulo:

Bienvenidos al primer capítulo.

Cualquier sugerencia, pregunta, o en el caso de que haya tenido una falta de ortografía que no noté, por favor dejar en el review.

¡Nos vemos al final!

Todo comenzó con una pequeña admiración ante su estilo, su música, sus letras, la manera tan... real que se desenvolvía en el escenario. Lo había visto un par de veces cuando coincidíamos en los pasillos de algún recinto donde también nos presentábamos, y por educación nos dedicábamos un pequeño saludo o alguna venia al pasar junto al otro, pero nada más, simple cortesía, solo era yo el que recordaba su presencia.

Una de esas escasas ocasiones vi que estaba en el otro extremo del pasillo apoyando su espalda en la pared junto a la salida de emergencia; su postura reflejaba una actitud despreocupada pero su mirada hacia el exterior era tan intensa que parecía estar matando a alguien con el pensamiento. Me ponía nervioso, pero debía salir y para mi mala suerte, era la única vía de escape que no estaba agarrotada por las fans. Solté un ligero suspiro y sacudí mi cabeza de un lado a otro para sacarme pensamientos incoherentes, escenarios donde me gritaba o me quemaba con el cigarrillo que estaba consumiendo por haberlo molestado en ese momento. Vamos, todos sabemos que no se debe juzgar por la apariencia... pero es que la forma en la que te veía era tan dura, además de que había oído que a veces lo veían lanzando sillas de un lado a otro por su enojo.

De nuevo estaba imaginando las peores represalias y rodé los ojos ante mi propia actitud cobarde. Me obligué a no pensar más en ello y solo avancé por el pasillo hasta llegar a su lado.


—Buenas noches... —Acompañé mi saludo con un movimiento de cabeza. Mi voz había sonido más tímida de lo que tenía planeada, maldita sea. Él solo asintió, dirigiéndome la mirada por unos escasos segundos antes de arrinconarse en la esquina y darme el espacio suficiente para salir. No fue necesario pedirlo, para mi suerte. Agradecí con un asentimiento tal como él y salí.
Esa fue la primera vez que pudo sentir su aroma, la mezcla de su perfume y la nicotina. No voy a negar que imaginé muchas veces como sería, pero resultó ser jodidamente mejor en la realidad.


Al pasar el tiempo, me encontré deteniéndome frente a las revistas en las que aparecía, tomándolas y llevándolas a casa solo para saber un poco más de él. Me convencía a mi mismo que solo era para calmar mi curiosidad, una característica siempre presente en mi, que solo quería averiguar cómo era su vida junto a su enfermedad y su carrera, ignorando mi propio estado. Quizás un pequeño error.

 

—Aquí hay una de SHOXX y... TATTOO TRIBAL, ¿cierto?
—Si, gracias, Karma.
—No es nada —Me entregó las revistas mientras me estudiaba con la mirada. Aún me sorprendía de saber en qué pensaba a pesar de esa mirada tan neutra que mantenía la mayoría de las veces.
—Me gusta su estilo —Expliqué, poniéndome a la defensiva, lo reconozco, pero me ponía algo nervioso que intentara averiguar algo que ni yo entendía qué pasaba.
—No he preguntado nada, Ryuka —Concluyó y se fue, pero algo me decía que mi hermano estaría más pendiente de mi.
—Exageras —Susurré a pesar de estar solo, soltando un suspiro. Sabía que en realidad, una vez más, intentaba convencerme a mí mismo mientras abría la revista en la página exacta en la que él aparecía, ignorando a su compañero que posaba junto a él. Yo solo me preocupaba de ver en detalle cada uno de los tatuajes que dejaba ver esa pequeña sesión de fotos, los colores, las formas, imaginando un sin fin de significados o intentando adivinar en que estaba pensando cuando los hizo. Pero por mucho que lo hiciera, eso no iba a ayudarme, lo sabía, pero desistía de sacarlo de mi cabeza.

De las revistas pasé a ver los videos musicales, fijándome solo en él, sus expresiones, sus poses, la forma en la que modulaba cada palabra... llegué al punto de memorizarlo, cuando me encontraba escuchando música y aparecían sus canciones, cerraba los ojos y podía volver a verlo.

—Estoy jodido —Reconocí en un susurro mientras una pequeña sonrisa curvaba mis labios.

—Cuidado con llegar a la obsesión.

Literalmente salté de la cama, tendiendo a esconder el poster entre mis manos, apenas y lo había desenrollado para verlo cuando escuché la voz de Karma en la puerta.

—¿D-De qué hablas?... Y oye, no deberías entrar así como así, eh.

Ni se inmutó por mi regaño, como siempre. Entró a mi cuarto, acercándose a mi hasta que notó mi tendencia a apretar más el poster contra mi pecho al querer ocultarlo; se detuvo, dudando un poco qué paso seguir a continuación, pero terminó sentándose a mi lado en la cama, sin decir nada. Como si yo fuera a volverme loco, acercó sus manos de la forma más lenta y cuidadosa que pudo para quitar de mis manos aquel plástico. Quería detenerlo, pero eso solo levantaría más sospechas de lo que sea que Karma se imaginaba de mi y, lo que más temía, tuviera razón.
Con cuidado lo desenrolló y su mirada se vio más segura, como si estuviera satisfecho con lo que veía.

—Así que tengo razón. Oh... y está autografiado, por eso lo ocultabas con tanto cuidado.

—Y tú estás demasiado hablador. Supongo que el tiempo libre de ahora no te hace tan mal —Repliqué queriendo apartar el tema de mi, pero mi lengua actuó más rápido que mi cerebro. El hecho de disolver la banda no tenía contento a Karma, obviamente, inclusive vino a pedirme si podía quedarse unos días conmigo, cuando antes no solíamos pasar mucho tiempo juntos.
—Quiero decir... yo no... lo siento.

—Obsesión —Pronunció con cierta fuerza en la voz pero sin elevar el tono, como si todo lo que quería gritarme lo hubiera encapsulado solo en esa palabra, y como si la misma me condenara o fuera castigo suficiente para mí. Me devolvió el poster y se levantó de la cama sin decir nada más ni voltear a mirarme.

Negué un par de veces, convencido de que solo estaba exagerando, no era una obsesión... es como ser un admirador, ¿no? De hecho, soy fan de su música, como los demás chicos o chicas, como los fans de nuestra banda. Es igual que eso, nada peor, nada malo. No tenía de qué preocuparme.

Sin darle más vueltas al asunto, desenrollé el poster y busqué la cinta adhesiva para pegarlo en la pared, junto a mi cama. Miré con cuidado cada detalle de la imagen y la firma.

—Solo soy un admirador —Verbalicé las palabras que estaban en mi mente, convencido en apariencia, pero aún tenía esa inseguridad en mi pecho, ese leve temor.

 

 



Un poco de fijador para el cabello y la estilista había terminado conmigo, me había parecido toda una eternidad a pesar de que, según el reloj, no había tomado más de unos veinte minutos, pero cuando esperas algo con tantas ansias... todo el mundo parece moverse más lento. Tan pronto como pude salí del camerino sin dirigirle la palabra a nadie, mi objetivo era llegar a la puerta de emergencia, algo me decía que seguramente estaba ahí, fumando una vez más, aunque por lo que había averiguado era un vicio que había dejado hace tiempo, aunque no soy quién para juzgar sobre ello.

Me sentía tan afortunado de que últimamente coincidíamos en muchas presentaciones seguidas, ilusamente se me ocurrió pensar que era cosa del destino y ya no me hacía tanto lío en pensando en el por qué, al menos durante el día. Pero la realidad siempre termina golpeándote en la cara sin piedad una y otra vez.

—Tsuzuku, no.

Escuché una voz detrás de la puerta entre abierta. Eso significaba que estaba en lo correcto, ahí estaba, pero no solo. Aún ni había tocado la puerta y todo mi poco optimismo y ansias se mezclaron para resultar en unas horribles náuseas bañadas en temor.

—Joder, Koichi, cállate, no lo arruines.

Koichi, Koichi... era el de cabello rosa, el bajista que lo había acompañado desde su banda anterior, el que llevaba tanto tiempo a su lado.
No fue necesario husmear, podía escuchar perfectamente el morboso y húmedo sonido de sus bocas, los gruñidos de Tsuzuku y los pequeños gemidos de Koichi.

¿En qué estaba pensando al venir aquí? Maldita sea, aunque lo hubiera encontrado solo, ¿qué le hubiera dicho? Ni siquiera sabía quién era yo, ni siquiera habíamos tenido una conversación como personas normales.

—Ryuka, vete —Me ordené en un murmullo que era inaudible, pero mi cuerpo no reaccionaba, seguía de pie como imbécil sintiendo como esas náuseas empeoraban y estaba seguro que terminaría devolviendo lo poco que había ingerido ahí mismo, pero es curioso como los desastres se llevan a cabo.

Al parecer, me perdí demasiado en mis pensamientos, porque cuando volví en mi, estaba fuera viendo a aquel peli rosa agitado y con la ropa desarreglada. Era obvio lo que estaba ocurriendo entre ellos, y estúpidamente, comencé a preguntarme por qué él, por qué no era yo, mi cordura no estaba funcionando en ese momento, la coherencia me había abandonado como para estar preguntándome aquello sin tener derecho alguno.

Asumí que mi mirada estuvo mucho tiempo sobre él cuando sentí que me agarraban del cuello de la chaqueta y me estampaban contra la pared.

—¿Qué mierda estás viéndole, imbécil?

Esa fue la primera vez que tuve el rostro de Tsuzuku tan cerca del mío, y a pesar de las maldiciones que me lanzó antes de irme y llevarse consigo a su bajista, solo podía pensar en que sus ojos habían visto los míos. Creía que había sido un momento de contacto, un pequeño recuerdo de mi rostro en él para no ser solo un desconocido, pero no lo vi como era, el comienzo de un desastre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

—Buen trabajo, bien hecho chicos. Hoy...

Aún tenía grabada su mirada en mi mente, su maldita mirada... aunque en ese momento parecía que quería matarme, me da un escalofrío el solo pensar en la intensidad que vi en sus ojos, joder.
Si cierro mis ojos, puedo imaginarme en el lugar de Koichi, casi puedo sentir sus labios con el sabor a nicotina en ellos, el agarre de sus manos en mi cuerpo.

—Ryuka, ¿estás escuchando? —Salí de mi ensimismamiento al oír mi nombre y miré al manager, asentí en silencio esperando que mi rostro no demostrara mi sorpresa por haber sido descubierta mi falta de atención.

Lo que duró la charla intenté escuchar y recordar cada detalle de las próximas presentaciones y hasta cierto punto fui capaz de hacerlo, pero el rostro de aquel vocalista seguía en mi mente interrumpiendo mi raciocinio prácticamente a cada segundo.
Realmente estaba jodido.

 

 

 

 

—Estoy en casa —Pronunció en voz alta una vez entré en mi hogar, aún no me acostumbraba a ello y de alguna forma me sentía estúpido diciéndolo porque sabía que no obtendría respuesta de Karma, menos ahora que estaba molesto conmigo, y con justa razón, ¿debería remediar esto?

Agh, demasiado lío en mi cabeza como para intentar organizarlo sin café. Mientras esperaba que el agua llegara a ebullición, busqué a mi hermano por el pequeño departamento que me pertenecía; el cuarto de huéspedes que estaba ocupando tenía la puerta cerrada, dudé un momento pero finalmente golpeé suavemente y esperé en silencio por una respuesta; pronto pude oír unos pasos acercarse y finalmente la cara de Karma apareció frente a mi. Él también tenía una mirada muy similar a la de Tsuzuku, como si pudiera matarme con ella.

—Voy  preparar algo de café, por si quieres —Bravo Ryuka, la mejor disculpa del año. Como intuí, no recibí respuesta, al darme cuenta que cerraría la puerta coloqué mi pie junto al marco para detenerlo y lo tomé del brazo para sacarlo de ahí. En un principio se removía  para liberarse, pero pronto desistió y me siguió sin chistar. Lo guié para que tomara asiento de uno de los sofás y me crucé de brazos, soltando un suspiro cansado. —Sé que mi comentario estuvo fuera de lugar el otro día, no fue mi intención, fui muy idiota... realmente lo  siento.

Sus ojos que habían estado tan insistentes en mi persona descendieron para fijarse en el suelo. Se tomó varios segundos antes de responderme.

—Es normal que las cosas que no puedes asumir ni controlar te vuelvan idiota, así que disculpa aceptada —Volvió a mirarme y asintió, a lo que pude respirar un poco más tranquilo. Entendía que había querido decir con eso, pero precisamente no quería admitirlo y rebatirlo nos llevaría al comienzo: yo siendo impulsivo y diciendo estupideces, él siendo susceptible y aislándose.

—Entonces... todo bien, ¿no?

—Hasta donde se puede, si —Se levantó y caminó hasta la cocina para sentarse frente al mesón, girándose en mi dirección al preguntar. —¿Pastel de fresas?

—Sabes que siempre hay.

—Entonces si quiero ese café.

Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro, la idea de compartir aquel pastel de fresas me trajo buenos y tranquilizadores recuerdos. Fui hasta la nevera y saqué el postre para dejarlo en el mesón y poder servirlo junto al café, era agradable compartir esos momentos como en la niñez.

—Hoy tuviste una presentación.

—Así es, hemos estados ocupados últimamente —No entendía por qué guiaba la conversación por ese lado, supongo que simple masoquismo.

—Y lo viste de nuevo, ¿no es así? ¿Le hablaste?

Ahora entendía a qué quería llegar, ¿debería contar ese encuentro? Bueno, siendo lógicos, aquel suceso no dejaba nada esperanzador para mi, quizás no tenía mayor importancia.

—¿Y de qué iba a hablarle? ¿Pedirle un autógrafo? —Me burlé, comiendo un buen trozo de mi pastel a manera de no tener que aportar nada a la conversación por algunos segundos.

—No un autógrafo, pero quizás alguna foto. Es lo más normal y no descubrirían tu obsesión, sería algo casual.

—Agh —Rodé los ojos en cuanto lo oí, aún tenía metido eso de la obsesión en la cabeza, era una exageración. —Ya te he dicho que no estoy obsesionado.

—¿Entonces?

Dejó de comer solo para mantener la mirada fija en mi, sabiendo que si demoraba en dar una respuesta era como darle la razón. Ni tenía pensado con qué excusarme cuando abrí la boca, pero antes de pronunciar cualquier palabra, el sonido de mi móvil nos interrumpió, para mi suerte. Tomé el aparato y vi la notificación en la pantalla más que extrañado, tenía un mensaje interno en twitter de parte de "trembling_bambi".

«Necesito hablar contigo, ¿podemos vernos?»

El nombre decía Koichi, pero por las dudas revisé su foto de perfil de cerca para asegurarme de que era él. ¿Qué diablos? ¿Me había metido en algún problema por lo que vi? ¿Era un secreto y me iban a amenazar? Aunque Tsuzuku parecía más molesto por ello, Koichi solo me veía... sorprendido.
Fruncí el ceño, decidido a no responder, pero antes de que bloqueara el móvil un nuevo mensaje llegó.

«Es importante.»

Pensaba en mandarle un mensaje diciendo que prometía olvidar todo como si nunca hubiera pasado nada, pero tener la vista de Karma aún en mi... probablemente de ir me libraría de una discusión para la cual no tenía cabeza en estos momentos.

«De acuerdo, ¿dónde?»

—Ésta conversación quedará para otra ocasión, debo resolver un asunto —Moví el aparato frente a él para dar mi fundamento y me puse de pie, tomando de mi café en lo que veía si llegaba otra respuesta de Koichi, la cual no tardó en llegar dando el nombre de un bar el que solían visitar muchos artistas de la industria al ser el dueño justamente un ex bajista, por lo que era un lugar tranquilo y ameno. —Iré a Akihabara, puedes comerte lo que queda de mi pastel a modo de disculpas por dejarte.

Karma se encogió de hombros, como si no importara, pero de todos modos tomó mi soborno de inmediato. —Ten cuidado con lo que haces —Murmuró mientras yo caminaba hacia la puerta. Un extraño presentimiento me hizo recordar esas palabras durante todo el camino.

 

Media hora después ya estaba frente el letrero de neón que lucía el nombre del lugar, "Across the Border", sin más, empujé la puerta e ingresé, buscando con la mirada aquella singular cabecita rosa. Apenas pude reconocer a algunos integrantes de otras bandas, sin toda la producción que teníamos para los conciertos o sesiones de fotos, éramos muy distintos. Mi atención fue llamada justamente cuando vi un brazo moverse de un lado a otro perteneciente al peli rosa. Sin pensarlo me dirigí hasta él, esquivando a algunos que ya estaban ebrios, pero todos modos cuando estaba a punto de sentarme y saludar al bajista, choqué con alguien más que iba a tomar el mismo asiento que yo.

—¿Qué haces tú aquí?

¿Esto era una broma? Reconocí esa voz de inmediato, pero me obligué a voltear y cerciorarme de que estaba en lo correcto. Y así era, los mismos ojos que por la tarde me habían mirado con tanto desprecio, estaban ahí, aunque con lo oscuro del lugar y las luces de colores parpadeando de vez en cuando le daban un aura más atemorizante al rostro de Tsuzuku.

El ojo morado que casi me gano antes, de seguro me lo llevo ahora. Genial.

Notas finales:

Gracias por llegar hasta aquí y darle una oportunidad, espero sigan con ésta historia, ¡me ayudaría mucho a tener confianza en mi y seguir!

Espero les haya gustado, nos vemos en el próximo capítulo. ?

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