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One-shot's Reituha. por ShimaGazerock

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Había llegado muy agotado, mis piernas dolían, mis manos se hallaban algo inflamadas al igual que mis pies. Necesitaba una relajante ducha, mi cómoda cama y una buena y pacifica siesta.


El día de hoy había ido de compras con Takanori, debido a que yo requería un obsequio para una persona definitivamente especial que llegó a mi vida para cambiarla rápidamente, brindándome un amor incomparable. Pero lamentablemente, fue una muy mala elección, había escogido a la persona menos indicada de la banda para ir en busca de un regalo.


¿En qué demonios pensaba cuándo le dije a Takanori qué vayamos de compras? ¡Compra hasta qué se queda sin un miserable billete y lo peor de todo, es que luego me pidió el dinero qué me sobró!


Mis piernas dolían de tanto caminar en el shopping y mis manos ardían por llevar todas las malditas bolsas de Taka.


Salí del auto y caminé hacia la entrada, toqué la puerta con uno de mis puños y nadie se tomaba la molestia de abrirme, al parecer no había nadie en casa. Con todo el cansancio sumergido en mi cuerpo, busqué la copia de llaves que ocultábamos debajo de una maceta y con ella en manos, abrí la puerta e ingresé a mi hogar, quité mis zapatos con apuro en la entrada y fui hacia la cocina, disfrutando del tacto frío del suelo, en busca de qué beber, pero en mi trayecto un grito proveniente de Akira me detuvo, venía del jardín trasero.


¿Estaba en casa y no había sido capaz de abrirme siquiera la puerta? ¡Maldito infeliz!


Casi corriendo fui hacia allí por si sucedía algo y para mi bendita suerte, estaba más que bien. 


 


 


 


—¡Vamos, Aiden, traéla! —dijo al momento que lanzó una pelota de tono verdoso que claramente era de tenis, a un costado del jardín—. ¡Vamos, ve por ella!


 


 


 


Suspiré relajando mis hombros y una mueca se pintó en mi rostro al ver tal escena ridícula. Negando con la cabeza, caminé hacia ellos, ya que estaban sentados uno frente del otro en posición india.


 


 


 


—Akira, ¿qué crees qué haces? —me crucé de brazos, mirándolos y el nombrado abrió la boca para articular una palabra pero nada salía de sus labios.


 


 


 


—Oh, has llegado. ¿Qué crees qué hago? jugar con Aiden. —respondió y señaló con su dedo índice la pelota—. ¡Ve por ella!


 


 


 


—Por Dios.. ¡No es un perro, es un niño! —le reclamé y Akira solo frunció el ceño, poniéndose de pie—. Aiden, levántate del suelo. —le tendí la mano dulcemente y él no dudó en tomarla para levantarse con mi ayuda.


 


 


 


—No me gusta este juego. —comentó luego de formar un mohín en sus finos labios, Akira se colocó de cuclillas para quedar a la corta altura del niño.


 


 


 


—¿Y por qué no me lo has dicho? —preguntó desordenándole el cabello juguetonamente a lo que Aiden solo frunció la nariz.


 


 


 


—Te lo he dicho desde que hemos estado en el jardín, papá. —contestó abrazando mi pierna y ocultando su rostro en ella, sin soltar mi mano y noté la tierna sonrisa que se plasmaba en los labios de mi pareja al escuchar como lo llamaba.


 


 


 


—Oh, cierto, bien no quise escucharte. —Rió tras decir aquello y el pequeño de cabello azabache, optó por darle un leve empujón a Akira.


 


 


 


Nos adentramos a la casa nuevamente, ya que Aiden tenía hambre y los tres fuimos a la cocina, en donde Akira le preparó un tazón de leche con cereales de colores y las galletas de chispas de chocolate que tanto adoraba. Todo un chef.


 


 


 


—¿Qué han estado haciendo durante mi ausencia? —quise saber mientras colocaba mantequilla en la tercer tostada y de vez en cuando los observaba ya que estaban sentados disfrutando de sus alimentos.


 


 


 


—Jugando videojuegos y por cierto, Aiden da asco, es muy malo jugando. —el mencionado se cruzó de brazos y frunció el entrecejo por las palabras de Akira.


 


 


 


—¡No es mi culpa tener mis dedos pequeñitos! —enseñó sus manos y sonreí ante la ternura que me entregaba—. Papá Akira ha insistido en jugar, yo no quería hacerlo. —Aiden le enseñó la lengua y volvió a tomar una galleta para devorarla.


 


 


 


—Acepta tu derrota, niño.


 


 


 


—Akira siempre ha sido así, de presumido. —aclaré, acercándome y sentándome al lado del pequeño—. Cuando éramos unos niños como tú, cada vez que yo perdía Akira celebraba por todo un mes con la única intensión de molestarme, te aseguro que hará lo mismo contigo.


 


 


 


—Papá Shima. —mi corazón se aceleró como la primera vez que me llamó de esa manera y me giré para observarlo, era adorable—. ¿A ti te gustaba papá Akira, desde qué eran pequeños como yo?


 


 


 


—Sí, él me acosaba. —pronunció burlesco y Aiden cubrió con ambas manos su boca, impresionado y Akira por la reacción del niño comenzó a reír a carcajadas.


 


 


 


—Nunca acosé a este maldito imbécil. —solté y recibí un débil golpecito en mi hombro.


 


 


 


—Esas palabras no se dicen, papá. —negó con la cabeza inocentemente.


 


 


 


—¡Mira, el niño tiene más modales qué tú! —mordí la tostada que sostenía en mi mano y fulminé con la mirada al idiota que estaba frente de mí.


 


 


 


—¿Por qué ustedes nunca se besan? —y mi atención fue completamente suya, al igual que la de Akira—. ¿No les gusta demostrarse amor? 


 


 


 


—¡Se lo demuestro todas las noches! —Pateé por debajo de la mesa al pelirrubio y largó un quejido de dolor.


 


 


Nunca habíamos demostrado acciones cariñosas frente de Aiden, por si éste se sentía incomodo, no pasábamos más allá de abrazos. Ambos acordamos demostrar amor en la intimidad, aunque no era lo más correcto hacer eso.


 


 


 


—¿Podrían besarse? —tomó mi mano con suavidad y su expresión rogaba que hiciéramos lo que acababa de pedir.


 


 


 


Miré a Akira algo dudoso y él me entregó la misma mirada, aún así terminé cediendo. Los diminutos ojos ónix de Aiden, deslumbraron en la cocina y al instante que asentí, una gigantesca sonrisa, en la cual faltaba una paleta se lució ante mí. Desbordaba ternura.


El bajista se puso de pie y avanzó hacia mí, me acomodé en mi asiento y me giré, para encararlo, alzó mi rostro y plantó un casto beso sobre mis labios.


 


 


 


—¿Feliz, sin dientes? —preguntó mirándolo y robándole una galleta. Aiden asintió, aplaudiendo con sus manitos y se lanzó a los brazos de Akira para abrazarlo.


 


 


 


La noche había caído y los tres nos encontrábamos sentados en el sofá, mirando una película animada de Disney, la cual era la favorita de Aiden y siempre la veía cuando la transmitían en la televisión, yo por mi parte, ya me sabía cada escena, cada dialogo de memoria, pero en lo que era muy malo era para aprender y recordar los nombres.


Observé a Akira y se hallaba igual que el niño, emocionado con la película.


Ambos estaban obsesionados con Cars.


Hace dos años adoptamos a Aiden, al principio era un pequeño inexpresivo, siquiera nos hablaba y siempre quería estar sólo, no podía dormir en las noches y a la hora de bañarlo era un caos, pero eso se acabó cuando decidí tomar los baños en la tina junto con él. Aún así, con el tiempo, los tres nos volvimos los mejores amigos, la mejor familia.


 


 


 


—¿Qué le has comprado? —preguntó Akira en la oscuridad de la sala e inmediatamente giré el rostro para enfocar mis ojos en Aiden—. Hey, tranquilo ya se encuentra dormido. —el pequeño yacía dormido en las piernas del pelirrubio quien le acariciaba su negro cabello con parsimonia.


 


 


 


—Un gran coche de ese rayo.. rayo queen. —Akira retuvo las ganas de carcajear y con el rostro de su mano cubrió su boca.


 


 


 


—Eres un idiota. —exclamó entre diminutos espasmos de risa.


 


 


 


—¿Por qué no dices eso cuándo Aiden está despierto? —arqueé una ceja y negó con la cabeza.


 


 


 


—Porque me golpea con su fuerza de niñita. —hizo una pausa y comenzó a reír nuevamente—. ¡Rayo queen! 


 


 


 


—¡Oye! —llamé su atención entre dientes.


 


 


 


—Es Rayo McQueen, ignorante. —lo dijo como si fuera lo más importante del universo—. En fin.. no me creo que ya cumplirá cinco años. —bajó la vista para observarlo y le acarició la espalda con suavidad—. Será un gran niño.


 


 


 


—Él ya lo es. —llevé mi mano hacia una de sus piernitas y tracé varias líneas en ella—. Por cierto, he dejado el regalo en el auto para que no lo viese.


 


 


 


Él había llegado para salvarnos, ya que nuestra relación se estaba rompiendo por el trabajo, no nos dedicábamos tiempo y eso interfería mucho en la pareja, recuerdo que hicimos oficial la ruptura de nuestra historia de amor, había llegado a su fin. Lo intenté con una mujer y Akira también, sin embargo, nos veíamos a escondidas. No es fácil olvidar a un amor cuando estas en la misma banda que él.


Al fin y al cabo, volvimos a intentarlo porque no podíamos estar el uno sin el otro, yo no podía imaginarme en una relación que no fuese con Akira y no podía aceptar que él esté con otro ser humano que no fuese yo. Sí, suena egoísta.


Cuando nuestra pareja estuvo mejor, optamos por la adopción, tuvimos que esperar muchísimo, pero valió la pena la espera.


Desde el cielo llegó a nosotros y poco a poco unió cada grieta que se había partido durante nuestra distancia, iluminó el más oscuro rincón en donde convivíamos con Akira, él salvó.. junto con el amor nuestra relación.


 


 


 


—Iré a llevarlo a su cuarto. —susurró, alejándome de mis pensamientos y tomándolo en brazos.


 


 


—Oh claro, ha de estar incomodo aquí. —dije estirando mis brazos—. Voy contigo.


 


 


 


Caminamos por el oscuro pasillo, yo detrás de Akira observando como la cabeza de Aiden descansaba sobre su hombro y como sus labios permanecían entreabiertos.


Abrí la puerta que tenía grabado el nombre del pequeño y me hice a un lado para que Akira entrase, éste me miró extrañado ya que el timbre comenzó a sonar y me pregunté quien sería a estas horas de la noche. Fui hacia allí y era una persona de delivery, se había equivocado de dirección, una vez más me dirigí al pasillo y cuando estuve a punto de entrar al cuarto de Aiden, mi mano quedó inmóvil sobre la perilla.


 


 


 


—Te quiero. —lo escuché pronunciar somnoliento tras un bostezo y sonreí entre la espesa oscuridad, detrás de la puerta—. A papá Shima también.


 


 


 


—Nosotros también te queremos, Aiden.. —oí el sonido de un beso que supuse fue el gesto de amor que siempre Akira aplicaba en su frente—. Gracias por aceptarnos, cuando el mundo en sí nos da la espalda.


 


 


 


Así era él, así era aquél pequeño ángel sin alas.


 
Notas finales:

¡Jelouuuuu! ¡Más Reituha! (?) Bueno, estaré subiendo one-shot's así de cortos, quizás unos más largos que otros. He tenido esta idea en mente hace mucho tiempo, pero no me animaba a hacer un libro de historias cortas porque pensaba que me quedaría sin ideas. :'v 

Peroooo ¡Yisus! Tengo tantas ideas ahora, que debo escribirlas por más que sean cortas. ;;  Claramente, estos no serán como.. Fetiche y Bosque de los Suspiros ya que esos si son largos, si llegase a tener ideas largas no irán acá, serán historias aparte. 

¡BIEEEEEN! Escribiendo este corto one-shot se me ocurrió otra idea, que tratara de un flash back ya sea de Reita o Uruha, del pequeño Aiden. <3 

Si alguien tiene ideas para fic's o alguna situación en particular, no duden en dejármelo, si no es muy complicado con gusto lo haré. Pero lo que sí, me tienen que dar tiempo. (?) Creo que alguien me comentó en Amo & Sumiso que le gustaría leer un UruRei y lo va tener, en este libro. (?° ??– ?°) -Wattpad-

¡Saludos!

¡Espero haber formado un mundo de color en tu mente y qué hayas disfrutado de la lectura!

Pueden encontrarlo en la página
the GazettE: Ruki, Uruha, Aoi, Reita y Kai nos pervierten y en Wattpad.

ShimaGazerock.

 
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