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Instatáneamente adictiva

Autor: nezalxuchitl

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Notas del fanfic:

Este es un two shot porque el epilogo de la historia se me alargo demasiado, como suele, y queria incluir una sorpresita.

Aqui les comparto tambien un videito que hize de la pareja, de aire tragico.

ttps://fb.kizoa.com/?did=174226690&kc=4796778&lang&t=s&title=Vídeo+Kizoa%3A+manialba+kiss&description&fb_action_ids=1636362229734187&fb_action_types=kizoa_photo%3Amake

Slan!

Notas del capitulo:

"... intoxicated by a major chord, slow love, slow..." 


Slow love, slow. Nightwish, fragmento.

Lloraba inconsolablemente sobre la tumba de su mama. La tarde habia pasado y las estrellas brillaban en la azulada oscuridad de la primavera griega. Las rosas florecían mas que nunca, inundando el santuario con un rastro de perfume que los hacia dormir mejor, o, durante el dia, adormilarse.

No todos lo sabían, el patriarca si, y le habia confiado que estaba seguro de que todos los seintos, no solo piscis, tenían cierto nivel de resistencia al veneno de las demon rose, solo por la convivencia primaveral. Y el, que convivia también en verano, otoño e invierno, estaba seguro de ser mas resistente. Y si no, poco veneno no mata.

Se acerco en silencio. Lo habia observado por tantas horas que estaba entumecido, pero por la inactividad. La impotencia. Los maratones de llanto de Albafica lo impresionaban mas cuanto que el llanto era algo que raramente, y por breves instantes, se permitia.

Lo abrazo en silencio, y Albafica estaba tan absorto en su dolor que se dejo abrazar, se abrazo a su pecho, sin armadura, y mojo la camisa con su llanto.

Manigoldo le acariciaba la cabeza y trataba de tranquilizarlo como a un bebe. La preciosa flor era tanto como un bebe, en tantos aspectos. Uno que habia perdido a su mama hacia apenas dos años.

Albafica sentia el confort y lloraba con mas fuerza, desahogándose en brazos de alguien en quien confiaba y sentia que se preocupaba por el. El calor de otro ser humano le hacia tanta falta, escuchar los latidos de su corazón, dormirse en su pecho, abrazado a el, sintiendo el amor.

Los sollozos fueron parando, y cuando ya estrellas muy diferentes brillaban en el cenit Manigoldo aparto las ultimas lagrimas con sus pulgares. Descompuesto, con los ojos hinchados y la boquita también le recordaba mas que nunca a un pescadito fuera del agua. No estaba precisamente atractivo pero era hermoso, incluso asi.

-Vamos. – lo cargo, sintiendo un poco de urticaria en el pecho, bajo la camisa humeda.

Lo llevo en brazos hasta la casita de Piscis. Albafica, afectado como todos por el intenso perfume de la floración, por el dolor de su maratón de sufrimiento, lo abrazo cuando intento depositarlo en el lecho.

-No te vayas. – le rogo con un susurro, jalándolo con sus manitas, envolviéndolo en sus brazos, sobre el, pues Manigoldo todavía estaba impactado por la situación.

Acostarse o no acostarse: trago saliva. Albafica lo necesitaba, y si el lo quería, de verdad lo quería…

Se acostó a su lado y el nene le hecho una pierna encima, los brazos, el pecho. Se acostó a medias sobre el, hundiendo su rostro en su cuello, brindándole la caricia de sus cabellos suaves como la seda en el propio, en la abertura de la camisa.

El peso de Albafica era agradable, asi como percibir su corazón agitado. Lo rodeo con sus brazos y el se abrazo mas, haciendo un ruidito tan cerca de su oído.

Alba chan era capaz de pasar la noche asi con quien amaba, en cariñosa castidad, pero para el el contacto, la cercanía, el calorcito… La conciencia de las deliciosas formas de Albafica mas abajo de donde sus manos tocaban, la sensación de su pecho sobre el suyo.

Las manos se movieron lentamente, hacia lugares estratégicos. La cinturita, moviendo la propia pierna para que quedara entre sus muslos, mas cerca. Aguardo. No parecio incomodarse, o enterarse, del estado de su entrepierna. Dejo una mano sobre la baja espalda y acaricio los cabellos con la otra, haciendole girar poco a poco la cara, separando apenas los parpados para verlo, tranquilo, de verlo. Remolineandose sobre su cuerpo conocido para estar mas a gusto.

El rostro de Manigoldo se acercaba mas y mas, conteniendo la respiración, temiendo que en cualquier instante despertara la alarma de la pecesita, y huyera. Su nariz estaba tan cerca de su mejilla que no supo cuando llego a tocarla. La hociqueo primero, lentamente, para tranquilizarla, para seguir dándole la sensación de que todo estaba bien.

Alba chan estaba relajada, suave sobre su cuerpo, fundiéndose con el. Casi no sentia el estorbo de la ropa, tan poco era lo que lograba con su pescadita. La rodeo con su boca hambrienta y se enfrasco en un beso con el, uno al que el otro se entregaba inconciente de que tenia que rechazarlo. Se daba a el con tanta inocencia, con tanta naturalidad.

Lo poco que sabia el se lo habia enseñado, y le respondia con tanta franqueza que no daba lugar a dudas sobre sus verdaderos sentimientos. Deseos. Lo que Albafica haría con  el, si no estuviera envenenado.

La emoción por el beso lo superaba. Si no se moderaba rompería el encanto, pero ya su mano rodeaba ese glúteo carnoso y bello. La mano aprovecho y se deslizo para arriba, tocandolo por debajo de la ropa, sintiendo la calidez en su palma y en su dorso, piel y ropa tibia.

Dejo que Alba chan siguiera arriba, masajeándolo, besándolo. Su lengua se volvia salvaje, volvia a el con los movimientos enseñados, improvisaba otros. El beso era tan apasionado, intercambiaban tanta saliva, que comenzaba a ser difícil seguirle el ritmo. Le hormigueaba toda la boca, pero sus manos sobre los muslos de Albafica tenían el placer de no estorbar los movimientos de su cadera, los movimientos con los que se frotaba contra el, erección contra erección a través de la ropa.

Manigoldo se incorporo, sentandose, sentando a Albafica con el, para que, al volver a recostarse, esta vez sobre las almohadas, sus pompas fueran lo que se frotara contra su polla.

Alba también lo disfrutaba, adivinando que necesitaría mas, esa polla que tan grande se sentia entre sus nalgas en medio de ellas, pero bien clavada, metida en su agujerito ansioso que se exforzaba en calmar con dedos y juguetes. Su pasión creícia y lo desbordaba; al tener menos experiencia que Manigoldo podía enfrentarlo peor.

Jadeaba, lleno de deseo, y no se negó cuando Manigoldo le abrió la camisa y la hizo descender por sus hombros. La caricia sobre sus brazos y luego la lengua sobre sus pezones, uno, otro, exforzandose en moverla, aplanando, al no poder rodear con la habilidad deseada.

De nuevo medio sentado, rodeaba a Albafica por la cintura, abrazado, viendo a sus pompas en movimiento. Esas gloriosas pompas. Rompio el pantalón por la costura, viéndolas en su gloria, rebotando contra aquellas puntas de cabello azul claro, rodeando una y deteniéndola para sobar con un dedo, mientras con dedos torpes se encargaba de liberar su erección.

Sus dedos no le respondían como era debido, pero esperaba que su polla no le fallara. La vio de nuevo entre las sensuales nalgas, sintió la humedad surgiendo del hoyito de Albafica, listo y excitado. Meter el dedo tal vez lo alertaría, haría que todo terminase ahí, como otras veces.

Agarro a Alba por las caderas-pompas, levantándolo, masajeándolo, y luego lo hizo bajar. Descender, sobre su polla arrecha. Pero un virgen sin dilatar no iba a ser penetrado tan fácilmente. Su punta y su hoyito entraron en contacto, hubo placer para ambos, tortura para Manigoldo, que no se la podía meter, sintiendo solo los dulces jugos escurrir por su tronco.

La emoción frustrada, el mareo, fue mucho peor. Albafica estaba gozándolo, dejándole los musculos del abdomen marcaditos y pegajosos, la nena deliciosa se frotaba contra el, buscando eso, frotarse, pues no conocía lo otro.

 

Aun podía separar su índice de los otros, mantenerlo erguido. Lo introdujo cuidadosamente en el hoyo de su pescadita, pescandole la boca para que no gritara, se rehusara o pensara. A Albafica le gustaba muchísimo que le metieran el dedo, y como antes no habia pasado nada… Se dejo, ondulando las caderas, moviéndose arriba y abajo en ese digito que ya se sentía mas muerto que vivo, perdido en lo resbalosito, caliente, mojado.

Añadio otro dedo y la pescadita protesto. Su estrecho culito se cerro aun mas, sus labios intentaron gemir en su boca. Dos era a lo mas que habían llegado, dolia, pero al mismo tiempo… era justo lo que necesitaba, asi que como le habia enseñado en sus largas sesiones en el Yomotsu, se dejo llevar, poniendo flojo el cuerpo y entregándose, haciendo lo que su cuerpo le solicitaba.

Manigoldo lo veía fascinado, con una sensación que era parecida a la de las mas fuertes drogas, pero diferente, adictiva… Instantáneamente adictiva, pues no le importaría morir con tal de conseguir ser uno con Albafica, en cuerpo y alma.

Que aquello podía ser mas cercano de lo que imaginaba tuvo que ocultarlo besando su cuello, al sentir que la sangre le subia a la boca. Aspiro el delicado perfume de Albafica, su verdadera esencia, no la de las rosas, y lo tomo por la cadera, sujetando su polla y bajándole la cadera…

Estaba entrando. La primer reacción era la de negarse, cerrarse, pero era lo que su mismo cuerpo le pedia tanto. Con lagrimas en los ojos se abrazo al cuerpo de Manigoldo, hechandole el rostro sobre un hombro y gimiendo, dejándolo entrar. Sus gemidos eran el paraíso para el ojivioleta, lo mismo que su interior, su verdadero interior, resbaloso y calientito.

Termino de metérsela con un empujon, bajándolo hasta quedar bien sentado en sus muslos, sus piernas extendidas, sus bolas bañadas por el peligroso fluido. Dejo que siguiera abrazandolo mientras se adaptaba, disfrutado el mismo de ese interior que tal vez no volviera a sentir. Luego lo empujo, alzando la cadera, tal vez mas bruscamente de lo que pretendiera pero ya no estaba en dominio cabal de su cuerpo. Alba chan soltaba gemiditos cada que se movia, lo movia, bien cogido por esas caderas hermosas.

-Albafica…

El veneno estaba robándole placer, sensación de placer.

-¿Qué? – su pescadita sujeto su cabeza entre sus manos.

-Te amo.

Su pescadita, sobrecogida, lo beso. Un beso intenso, profundo, que le robaba el aliento.

Si tuviera fuerzas se haría el mismo cargo de la situación, cargando con Albafica y moviéndolo para que tuviera realmente motivos para gemir. Pero su nena inexperta iba lenta, encontrando solita el modo, el como. Hacerlo de verdad era mucho mas placentero, satisfactorio. No le parecía raro el desmayamiento de Manigoldo, pues el mismo estaba desmayado de amor. Era tanto, tan intenso, que casi no podía con mas. Pero por nada del mundo se hubiera detenido; ese arriba y abajo, ese apretar la polla con su colita, sintiéndola toda, tan satisfactoria.

-Mani, Mani! – se movia frenético sobre el, inexperto, torpe, pero aun asi, lo mejor que Manigoldo habia tenido en su vida.

Con sus ultimas fuerzas lo ayudo, lo tomo por la cadera, por la baja espalda, abrazandose a el, sus labios tan cerca de su pezón, embistiéndolo, duro, haciendo circular el veneno mas rápido por su cuerpo, compartiendo con Albafica mas que amor, corriéndose al mismo tiempo que la nena, la preciosa turrita que habia bañado con semen desde su vientre hasta su barbilla.

Se abrazo a el agitado, sin fuerzas, aturdido por lo que acababa de experimentar. Extrañandole que Manigoldo no acariciara su cabeza se fijo en el. Tenia sangre en las comisuras de la boca, y una beatifica sonrisa.

 

Continuara...

 

Notas finales:

¿Añadire la advertencia de muerte de un personaje? muajajaja!

  Slán!
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