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Fuego Redentor por Soy-fan-yaoi 2

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Notas del capitulo:

...., les juro que la parte mas dificil de cualquier historia es tener que resumirla.

Bruce pudo finalmente, volver a casa. Habían sido necesarios dos días para convencer al médico de que le diera el alta, y a juzgar por las expresiones del personal del hospital, todos parecían felices de que se fuera de allí, al menos igual de felices que lo que él estaba de dejar atrás esa pesadilla.

Necesitaba de alguien que lo llevara de vuelta a casa, y Lucius, como de costumbre, estaba demasiado ocupado para hacerlo. Así que había llamado al capitán de su escuadrón, quien le había dicho que mandaría a alguien. Y el tal "alguien", obviamente, no podía ser otro más que Clark, que en ese momento se hallaba sentado en la sala de espera, esperando. Bruce no dijo nada con la esperanza de que si se quedaba en silencio el otro hiciera lo mismo y entonces podría volver a casa en paz sin más dramas.

Clark: Veo que tu actitud no ha mejorado en estos últimos días—dijo después de que Bruce se metiera en el auto. Se dirigieron hacia el centro de la ciudad, entonces preguntó— ¿dónde es que vives?

Bruce: Zona Sur, cerca de Walmart — prosiguió dando una orientación más detallada mientras que el otro asentía con la cabeza dirigiéndose al centro de la ciudad. —Gracias por venir —dijo entonces, y en la cara de Clark se dibujó una expresión de sorpresa—. Contrariamente a lo que crees, no soy un cretino absoluto. —Permanecer sentado en el coche con Clark, sin embargo, lo perturbaba, sobre todo porque en los últimos dos días, Bruce no había hecho otra cosa más que pensar en la posesiva forma en la que Clark lo había besado, enardeciendo cada célula de su cuerpo. No debería experimentar esas emociones, pero al mismo tiempo, no lograba dejar de pensar en ellas, y el tener a Clark tan cerca, en un espacio cerrado, rodeado por el aroma del chico de tal modo que casi podía saborearlo, no ayudaba.

Clark: Pero estás cerca de eso. Cuando llegué a la estación desde el hospital, los chicos me han contado mucho sobre ti. Al parecer eres un excelente bombero, pero cuando no estás ocupado apagando incendios, eres intratable. Algo que me resulta difícil de creer. —le lanzó una sonrisita sarcástica que hizo que su pene se agitara en los pantalones.

Bruce: ¡Hey!, mira que no soy siempre así. —Era cierto—. Tuvimos muchos buenos momentos con los muchachos —continuó él y Clark le dio otra sonrisa, sacudiendo la cabeza.

Clark: Como he dicho, eres un libro abierto para mí. Tienes miedo que descubran que te gustan las pollas y haces todo lo posible para mantenerlos alejados de ti. Bueno, yo lo sé y no me importa un carajo — dijo deteniéndose en el semáforo.

Bruce: ¿Entonces, cuándo se lo has dicho? —preguntó. Era una idea que le daba vueltas en la cabeza desde hacía días y se preguntaba cómo podría mirar a la cara a sus colegas o a cualquier otra persona si lo hubieran descubierto.

Clark hizo un sonido gutural y Bruce sintió que un escalofrío le recorría la columna vertebral.

Clark: Yo nunca haría algo por el estilo. Si quieres permanecer oculto es tu asunto. —El semáforo se puso en verde; aceleró superando la intersección y unos minutos más tarde llegaron a su destino. Bruce se bajó del coche y sin hacer movimientos bruscos, se dirigió hacia la puerta de la casa—. Necesitas estas —dijo Clark lanzándole un manojo de llaves—. Tengo también el resto de las cosas que quedaron en el vestuario en la estación.

Bruce no había pensado en otra cosa más que en volver a casa olvidando todo lo demás. Murmuró un "gracias" y subió lentamente los escalones que conducían a la puerta principal. Cuando estuvo dentro de la casa, Clark lo siguió mientras Bruce llegaba a la sala de estar y se dejaba caer en una de las sillas, sin aliento. Se sentía débil y cansado. El viejo piso de madera crujía bajo los pies del chico mientras se movía por la casa, cuando regresó a la sala de estar, tenía un vaso de agua en la mano que apoyó sobre la mesita antes de sentarse en una silla.

Bruce: No estás obligado a quedarte —dijo y Clark resopló suavemente.

Clark: Has dado cuatro pasos desde el coche hasta aquí y ya estás casi desmayado. Supongo que subir al piso superior, hoy por hoy será como escalar el Monte Everest. Quiero asegurarme de que estés bien antes de irme de aquí—dijo Clark poniéndose de pie—. ¿Tienes algo para comer?

La naturaleza intransigente de Bruce se apoderó de lo mejor de él y estaba justo a punto de decirle que se fuera de una vez de allí cuando sufrió un ataque de tos. Alargó la mano hacia el vaso de agua para beber un poco de ella, pero terminó por volcársela encima.

Cuando los espasmos finalmente perdieron intensidad, Bruce se dio cuenta de que Clark lo estaba sosteniendo, sus grandes manos frotándole la espalda. Se apartó de él de golpe, lanzándole una mirada hostil y le pareció que Clark se sintió mal por ello. Suspirando para sí, Bruce tomó otro sorbo de agua. Sin decir nada, el otro hombre dejó la habitación; poco después Bruce oyó ruidos procedentes de la cocina. Estaba demasiado cansado para oponerse, hacía tanto tiempo que alguien no se preocupaba por él, así que cerró los ojos y se relajó en el sofá.

Bruce: Siéntete como en tu casa —dijo en voz baja, a nadie en particular.

Bruce continuó con los ojos cerrados haciendo caso omiso de cualquier ruido procedente del resto de la casa. Mientras Clark no prendiera fuego a la casa, lo cual era muy poco probable, podría soportarlo. Perdió la noción del tiempo, ocupado como estaba enfocándose en su respiración. Abrió los ojos cuando escuchó el tintineo de los cubiertos: Clark había preparado algo para comer y lo estaba transportando en una bandeja que colocó sobre la mesita. Después de la comida del hospital, el olor del sándwich de queso y de la sopa de tomate le pareció lo mejor que había comido jamás y su estómago gruñó.

Clark: Veo que una parte de ti lo aprueba —dijo dulcemente.

Bruce se alzó hasta sentarse y tomó la mitad del sándwich asegurándose de masticar lentamente, la última cosa que deseaba era volver a toser como un loco.

Bruce: ¿Por qué sigues aquí? —tragó el bocado y tomó un sorbo de agua—. Ni siquiera me conoces y ya has llevado a término tu misión en el nombre de la hermandad de los bomberos.

Clark: Necesitas ayuda —dijo impasible agarrando su sándwich.

Bruce: ¿Qué es lo que quieres? —preguntó, la mano que sostenía su bocadillo quedó suspendido en el aire—. Nadie hace nada por nada. — Por supuesto, estaba lo de cubrirse las espaldas el uno al otro, pero por lo que él sabía, todo tenía un precio. Un ejemplo claro lo veía en Lucius "su padre" quien después de que quedo huérfano se hizo cargo de él, cosa que no dejaba de recordárselo, cada vez que argumenta a la hora de controlar su vida.

Clark: ¿Noto quizás una pizca de cinismo? —dijo con ironía—. Jesús, ahora se explica por qué te comportas de esta manera. —Luego negó con la cabeza y no dijo nada más, lo que puso a Bruce fuera de sí pues el otro no había respondido a la pregunta. Dado que las probabilidades de que Clark le diese una respuesta, o que se fuera de allí parecían ser muy escasas, decidió relajarse en el sofá e ignorar al hombre, una tarea muy ardua. Clark era enorme y fornido, pero también era muy atractivo y, para alguien que tenía un físico tan macizo, no se movía como un gorila de gimnasio, de hecho, sus movimientos tenían algo de delicadeza. Bruce no estaba del humor adecuado para charlar, le exigía demasiado oxígeno, por lo tanto, se limitó a observar y caramba si no había suficiente material para mirar. La camiseta del chico le cubría a duras penas los pectorales, piernas gruesas como troncos de árbol rellenaban unos pantalones vaqueros tan ajustados que creyó que podría distinguir la forma singular de cada músculo a través de la tela. Su vista recorrió el largo de las piernas de Clark, se esforzó por no mirar, pero falló y le quedó claro que el chico era grande en todas partes.

Clark: Estoy viendo que me miras —dijo alzando el cuenco de sopa y abriendo aún más las piernas. Bruce desvió la vista y se puso a mirar su propio cuenco y Clark se rió, el sonido resonó profundamente en su pecho —. No hay nada malo en observar, o en tocar para el caso, siempre y cuando ambas partes sean honestas consigo mismas.

Bruce trató de mantener la vista fija en la comida para no mirarlo, pero ese intento también fracasó.

Bruce: Mierda —dijo, y casi se le cayó la cuchara de la mano cuando Clark se relajó más en el sofá, quedando completamente en bella exposición. Bruce se dio cuenta que lo estaba haciendo a propósito y le pareció que el chico se estaba divirtiendo a su costa. — ¿Hace mucho que estás en el cuerpo? —Bruce pensó intercambiar algunas palabras mientras terminaba de comer para luego irse arriba... solo.

Clark: Desde hace un par de semanas. Debían enviarme a Metropolis, pero al final me han asignado a la Unión poco antes de tu accidente. Es un puesto un poco antiguo, pero los muchachos están en su lugar. Gordon me está enseñando mucho. —Continuaron comiendo y Bruce se complació en ser capaz de mover la conversación a algo no tan embarazoso.

Bruce: Gordon es un buen hombre y un excelente bombero. Te enseñará lo mejor, no hay duda. —Bruce continuó comiendo, la sopa descendió sin problemas por su garganta.

Clark: Los demás también me parecieron buenas personas —dijo—. Todos estaban bien dispuestos a tener un nuevo integrante en el escuadrón. —Clark aún estaba comiendo y Bruce se descubrió lanzando ojeaditas en su dirección. En un par de ocasiones le había parecido vislumbrar el dibujo de un tatuaje bajo el borde de su camiseta pero no estaba seguro de haber visto bien. El joven tenía un rostro de niño con esos espléndidos ojos azules y el cabello negro recortado. Era bellísimo y era justo el tipo que gustaba a Bruce, o más bien, lo hubiera sido si lo admitiera, algo que no sucedería. Clark se volvió a acomodar sobre la silla y el otro hombre comprendió que estaba jugando con él.

Bruce: Es un equipo muy bueno y puedes estar seguro que te darán todo el apoyo posible —dijo Bruce con total sinceridad—. Muchos de ellos me han salvado en más de una ocasión y lo mismo hice yo por ellos. Ese es nuestro trabajo. —Bruce estaba orgulloso de ser un bombero y orgulloso de su escuadrón, para él eran los mejores en Carlisle—. Puedes contar con ellos para cualquier cosa.

Clark lo miró con escepticismo.

Clark: ¿Excepto para confesarles que eres gay? —Y allí estaban de nuevo en el punto de partida.

Bruce: ¿Qué pasa, se te rayó el disco? ―dijo Bruce irritado. Tragó el último bocado y se levantó lentamente del sofá para llevar los platos sucios a la cocina. Ya había tenido bastante de ese tema y no poseía ninguna intención de hablar sobre su vida privada con alguien que apenas conocía. No era algo que hiciera ni siquiera con aquellos a los que frecuentaba de toda la vida. Después de haber acomodado los platos se dirigió hacia las escaleras y comenzó a ascender lentamente. El chico tenía razón, aquella escalera era el Everest para él. Había conseguido subir la mitad cuando tuvo que agarrarse de la barandilla y comenzó a toser. Oyó ruido de pasos detrás de él y antes de que pudiera darse cuenta de lo que estaba pasando, sintió que lo levantaban del suelo. Bruce no dejó de toser mientras Clark lo cargaba por las escaleras; se las arregló para calmarse solo cuando lo bajó con cuidado sobre la cama.

Bruce: ¿Cómo lograste eso? —preguntó Bruce cuando la tos le dio un momento de tregua—. ¡Peso noventa kilos!—En ese momento se sentía tan frágil como un gatito.

Clark: Por si no te has dado cuenta, soy grande y musculoso.

Bruce se relajó en la cama y comenzó a concentrarse en su respiración.

Bruce: Lo he notado, pero de todos modos soy bastante pesado. —Bruce le dirigió una mirada inquisitiva—. ¿No te meterás esteroides, verdad? Casi pareces de otro planeta.

Clark se rió.

Clark: No. No necesito de esas cosas. Siempre hice levantamiento de pesas, desde que era un chiquillo y siempre he sido robusto —dijo encogiéndose de hombros. A Bruce le pareció que estaba esperando algo.

Bruce: ¿Qué pasa?

Clark: Quítate la ropa y metete en la cama.

Bruce: No hay necesidad de que me arropes con las mantas —dijo—. De todos modos, quiero descansar un poco y luego tomar una ducha. Me siento todo mugriento.

Clark se giró y comenzó a alejarse.

Clark: Voy a acomodar un poco abajo y luego me voy. —Bruce permaneció observándolo mientras salía de la habitación; sus ojos se posaron automáticamente en sus nalgas y, ¡maldita sea! Clark decidió voltearse justo en ese momento y lo atrapó. Bruce no dijo nada, se acomodó mejor en la cama y espero hasta escuchar los pasos bajando por las escaleras. Entonces cerró los ojos por un momento y los volvió a abrir de golpe, maldiciéndose en voz baja. Siempre había fantaseado con hombres, pero ahora, cuando cerraba los ojos veía a Clark... desnudo, o al menos aquello que su cerebro cochino y pervertido le dejaba imaginar como un Clark desnudo. Por si no fuera suficiente, se había puesto duro solo de pensarlo. No sabía qué hacer, pero sabía que eso tenía que terminar. Bruce odiaba ser así. Desde la adolescencia había querido ser como todos los demás y había rechazado con todas sus fuerzas aquello que le decía la cabeza. Siempre había mantenido esa parte de sí mismo, oculta y bajo control, pero con Clark sentía que aquel control se le escapaba.

Cuando pudo respirar un poco mejor, Bruce se levantó de la cama lentamente y se encaminó al baño, cerró la puerta con llave antes de hacer correr el agua y desvestirse. Se metió en la ducha y dejó que el chorro de agua caliente fluyese sobre él. Todavía tenía que prestar atención al brazo lesionado, pero afortunadamente no se había fracturado y cada día le dolía un poco menos. Era incómodo bañarse con una sola mano pero de alguna manera se las arregló. El verdadero problema era su pene. Estaba allí, enhiesto y reclamando su atención. Bruce pensó en masturbarse, pero acabaría por fatigarse y tendría que pagar las amargas consecuencias por ello posteriormente; por eso decidió ignorarlo tanto como fuera posible y después de haberse lavado giró el agua hacia el lado frío. Pareció funcionar, al menos por el momento. Bruce cerró el grifo y salió de la ducha para secarse con cuidado. Una vez que terminó se envolvió una toalla en la cintura antes de abrir la puerta y por poco no se choca con Clark, quien le puso una mano sobre el hombro. El aroma del chico le llenó las fosas nasales con efectos devastadores sobre su erección.

Bruce: ¿Pero qué estás haciendo? ―preguntó molesto y comenzó a toser de nuevo. Por lo menos era una excusa para encubrir el bulto bajo la toalla.

Clark: Yo quería asegurarme de que no te habías caído o que no necesitaras ayuda. ―Su rostro era tan inocente que Bruce sabía que él no estaba mintiendo.

BruceEstoy bien. Gracias por todo ―dijo antes de regresar a su habitación ―.Aprecio mucho lo que hiciste. ―Y era verdad.

Clark: Está bien. Nos vemos entonces. ―Bruce sintió el suelo crujir cuando Clark descendió a la planta inferior; luego la puerta abrirse y cerrarse. Se metió de nuevo en la cama, buscando una posición en la que pudiese respirar con mayor facilidad y se quedó mirando el techo. Estaba muerto de cansancio, pero los pensamientos en su cabeza andaban en mil direcciones distintas, todos centrados en torno a un solo objeto: Clark. Una parte de él se sentía atraída y excitada ante esos pensamientos, pero otro se preguntaba qué cosa quería realmente Clark. Porque nadie hace nada por nada.

Notas finales:

ven que la actitud de batman se pega aqui.

el tipo es super cinico.

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